Under the Skin ★★★★

Julio 08, 2020

Crítica de la película Under the Skin

Interesante película de ciencia ficción que puede sorprender.

    Pasó en su momento desapercibida, pero merecía mejor eco de los espectadores del que tuvo. Es el típico caso que denomino “película termómetro”, porque mide el nivel de criterio de aficionados y comentaristas del asunto cine y puede pillar a más de dos desprevenidos. Es el caso típico de árboles que no dejan ver el bosque… si no sabes qué debes mirar.

     Por un lado es una propuesta valiente, arriesgada, dispuesta a jugar con cartas que el cine más previsible ha desechado hace tiempo presa de la estricta y muy limitadora exigencia del blockbuster. Y como resultado de ello, es una película que a los aficionados a la ciencia ficción de calidad que no buscan la versión más obvia y superficial del género en su variante cinematográfica, expresado como estallido visual de efectos visuales, paisajes exóticos y acción trepidante, les puede sorprender en positivo.

     Pero igualmente hay que advertir que a pesar de su coincidencia argumental con películas como Hidden (Lo oculto) (1987) y Species (Especie mortal) (1995), no juega en su misma liga, me atrevería a decir que ni siquiera practica el mismo deporte. Lo de Under the Skin es muy bueno, pero va por otro camino, y conviene tenerlo en cuenta antes de sentarse a recuperar la que en mi opinión es una de las películas más interesantes que ha propuesto el género en los últimos años.

     Jonathan Glazer ya demostró en sus dos largometrajes anteriores, que no es un director al que le guste ir por el camino dominante en cada género en el momento en que aborda sus proyectos. Siempre se complica la vida. A veces la jugada le sale mejor, Sexy Beast, y otras se le pone la cosa más difícil, caso de Reencarnación, pero en cualquiera de esos casos, y en Under the Skin también, siempre va a intentar darle al género en el que trabaja algo más de lo previsible manteniendo en el interior de sus películas un interesante duelo entre el esteticismo y el contenido. Cuando el contenido, como en el caso de Reencarnación, es más flojo, la balanza tiene a inclinarse hacia el esteticismo en exceso mostrando la debilidad de la propuesta, que no obstante seguirá siendo interesante porque sabe rodearse de actores que defienden bien sus personajes. Cuando, como en el caso de Sexy Beast y en mi opinión la pienso que incomprendida por muchos Under the Skin, el equilibrio de contenido y abordaje esteticista que aporta el ojo del director produce resultados más interesantes.

     Sea como fuere, el primer interés de Glazer como director para un aficionado al cine es despejar la duda de qué recursos va a aplicar a la historia que cuenta y la ruptura con las tendencias dominantes en el cine comercial del género en el que trabaja.

     En Under the Skin no hace concesiones y deja ya claro desde el principio que no piensa darle al espectador una película fácil ni previsible dentro de lo que éste pueda entender por género de ciencia ficción. El trabajo con el sonido, la imagen y el tiempo, manteniendo los planos desde el primer momento más allá de lo que el espectador actual está acostumbrado a resistir antes del corte, es una declaración de principios en ese sentido. Y el trabajo con las estrategias de extrañamiento del espectador a través del juego con la falta de referencias en el espacio propiciada por el juego con el vacío en blanco en la primera aparición de Johansson con el cadáver de la muchacha y luego en negro en las escenas de depredación puede chocar al espectador, pero la situación en la que pretende ponernos la película a los espectadores.

     Y ese es el primer reto que afronta.

     Luego hay otros dos obstáculos con los que se enfrenta. El primero es poner en primer término desde el primer momento el desnudo de Scarlett Johansson, una estrella en alza en el momento en que se rueda la película. Recuerden: los árboles no nos dejan ver el bosque. Se hablará mucho del cuerpo de la actriz, del desnudo y del morbo. Poco de por qué es imprescindible para el personaje y la historia ese desnudo, que por otra parte juega hábilmente con lo que el público espera en cada momento… para tirar por otro camino.

     Observemos que el desnudo está tratado con una asepsia que no obstante nunca reniega del esteticismo. Al estar en la presentación del personaje de Johansson, despeja desde el primer momento todo intento de especular con el desnudo como elemento de morbo o intriga. Y además impone el juego de contrarios con el que va a trabajar el director para no darle al espectador lo que espera en cada momento. No es un streptease, no es un gratuito juego erótico o exhibicionista: simplemente este curioso ser no humano se viste con las ropas de la muchacha para camuflarse entre los humanos y comenzar su depredación, en unas imágenes que son anticipo de lo que se nos revela en el desenlace. Plena coherencia con el argumento, el tema y el contenido de la película.

     El tercer obstáculo que se impone el director es romper esporádicamente con la ficción narrativa para imponerle a la historia un ritmo más pausado y reflexivo prolongando los planos, imponiendo los planos medios y los primeros planos, e introduciendo momentos documentales que rozan el juego del experiemento: hombres en la cabina de la furgoneta con Johansson que no saben que les están grabando. Rodaje en calles con gente corriente como figurantes no avisados. La caída de la protagonista y el plano general lejano “robado” a la realidad desde una trampa de ficción. Y muy pocos diálogos, todos de carácter anodino y repetitivos, las mismas preguntas de Johansson como si hiciera una encuesta a sus futuras víctimas.

     Añadan a todo ello las elipsis, muy bien resueltas con esos planos de Johansson en la cabina de la furgoneta y el peso que ejerce en esos planos en determinados momentos el asiento vacío al lado de la conductora.

     igo que todo ello es un obstáculo porque pone exige al espectador una comunión con lo que se cuenta a la que no está acostumbrado en nuestros días. Le impone un ritmo y una forma de contar la historia desde un minimalismo de gestos y una contención visual y verbal que está muy lejos del parque de atracciones visual a que estamos acostumbrados.

     Pero tras todo ello no hay simplemente un ejercicio de mero exhibicionismo del director. Hay un contenido interesante. La definición de la humanidad a través de una alienígena asesina que lleva al espectador a una reflexión sobre nuestra natural inclinación a guiarnos por las apariencias.

     La primera parte de la película se nos presentan una serie de momentos -el niño llorando en la playa, por ejemplo- que parecen definir desde la contención, la frialdad, la repetición del dialogo-anzuelo para captar a las víctimas, a una depredadora. La juzgamos como tal, pero al mismo tiempo seguimos entrando con ella en el juego de seducción, arrastrados al mismo como cada una de sus víctimas de una manera casi visceral, y cada vez la seguimos hasta ser engullidos por el agua. Glazer consigue que finalmente nosotros también quedemos atrapados en esa repetición de la seducción, fascinados por este ser absolutamente frío y distante.

     El final de ese juego llega con el muchacho del rostro desfigurado, con el que a través del plano en que ella le conduce la mano hasta su rostro caemos ya totalmente en la trampa, porque entendemos la importancia de ese contacto humano íntimo más allá de lo sexual. Y es justo en ese momento donde la película se plantea un punto de giro esencial que va a llevarnos a recorrer con el personaje de Johansson un camino inverso hacia el desenlace, que al menos a mí me lleva a pensar en una nueva Lulú alienígena en una reinvención en clave de ciencia ficción de La caja de Pandora, el clásico de George Wilhelm Pabst estrenado en 1929.

     No es una película sencilla para el espectador porque no debe serlo. Para llegar a ese momento íntimo de la mano en el rostro (con el posterior plano de detalle de las manos del muchacho), el ritmo debe ser el que el director impone a su película, que es un viaje de descubrimiento poco convencional pero muy propicio como argumento de ciencia ficción.

     El concepto del mal y la inocencia están en el epicentro de la película. No podemos juzgar al depredador por depredar. La inocencia de ella descubriendo su propio cuerpo ante el espejo desarticula el exhibicionismo erótico gratuito y al mismo tiempo nos revela un momento de empatía total con la depredadora cuando, como un niño ante el espejo, empieza a descubrirse realmente y a construir la imagen de sí mismo.

     No se descuiden. Esta es una buena película.

Miguel Juan Payán

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Modificado por última vez en Viernes, 10 Julio 2020 17:17
Miguel Juan Payán

Profesor de Historia del cine, Géneros cinematográficos y Literatura dramática