Superagente Makey ★★

Julio 13, 2020

Crítica de la película Superagente Makey

Alfonso Sánchez aprovecha el tirón popular del humorista Leo Harlem, para montar una comedia demasiado estereotipada y algo torpe en su desarrollo.

     La filmografía española es prolija en películas sobre agentes de la ley un tanto peculiares, y dados a los espasmos chistosos de distinta naturaleza. Dentro de este tipo de obras, quizá sea la saga de Torrente la que goza de mayor proyección taquillera. Pese a seguir la línea descrita, Superagente Makey se distancia de Torrente por su tono más light y moralizante, pensado expresamente para no perturbar el sentido de lo políticamente correcto, y contentar tanto a los padres, como a los abuelos y a los más pequeños de la casa (nada de palabrotas ni de comentarios sexuales).

     Esta característica favorece a que Superagente Makey se posicione como una producción destinada a enganchar a un público de amplio espectro, que lo único que busca en la cartelera veraniega  es divertirse con las meteduras de pata de un individuo anclado en la moda de los ochenta, y amante de las cintas de acción protagonizadas por Jean Claude Van Damme y Steven Seagal.

     La trama arranca con Makey en su barrio madrileño, donde ejerce como policía. El hombre sueña con resolver algún día un tinglado en el que pueda dar rienda suelta a su espíritu justiciero; sin embargo, el agente debe contentarse con asuntos más rutinarios. Un día, Makey para el autocar que lleva a los jugadores del Real Madrid al estadio Santiago Bernabéu, con lo que el equipo se pierde el clásico por incomparecencia. Tras este hecho, el protagonista es enviado a la Costa del Sol, como castigo. Una vez allí, el servidor de la ley da con una peligrosa red de narcotraficantes, mientras aprovecha para arreglar los asuntos pendientes que tiene con su hija.

     Con este argumento, Leo Harlem desata todo su arsenal de recursos humorísticos y gestuales, entre los que se cuenta su pétreo rostro y su tendencia a potenciar la naturaleza desastrada de su personaje. Sin embargo, el engranaje en el que se sustentan semejantes actuaciones parece un tanto obsoleto, como si se tratara de la repetición de un molde que antes que Harlem hubiera sido usado hasta la saciedad en títulos como Superagente 86 o Sevilla Connection.

     No obstante, lo peor de la propuesta reside en lo artificioso de la misma; y en la escasa pegada de las situaciones orquestadas. La historia evoluciona como a bandazos, y la carga sentimental relacionada con la unión entre el protagonista y su hija está resuelta con pinceladas un tanto torpes. Todo parece demasiado estereotipado, y el supuesto homenaje a los filmes del estilo de Superdetective en Hollywood y Loca academia de policía no pasa de concitar mucha música de sintetizador y mucha camiseta a lo Bruce Willis.

     Al final, las ocurrencias de Harlem, Jordi Sánchez y Silvia Abril se pierden en el conjunto deslucido que exhibe la película desde los títulos de crédito. Un problema que agrava la sensación de que el argumento avanza con una marcha equivocada, y que queda ampliamente patente con el poco adecentado episodio de la huída de la cárcel, y con la incoherente escenificación de la conspiración de los narcotraficantes rusos, residentes en la Costa del Sol.

Jesús Martín

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Modificado por última vez en Viernes, 17 Julio 2020 11:08
Jesús Martín

Soy un auténtico apasionado de las películas que despiertan la imaginación