Crítica Padre no hay más que uno 2. La llegada de la suegra ★★★

Julio 24, 2020

Crítica de la película Padre no hay más que uno 2. La llegada de la suegra

Mejor y más divertida que la primera entrega. Que no es siempre sencillo.

     Y menos cuando se hace un proyecto en apenas un año, desde que se estrenó la primera entrega y se anunció la secuela, hasta que ha llegado la misma. La clave, para mí, tiene que ver con un guión que seguro que no ha sido fácil crear en tan poco tiempo, entre el propio Segura y Marta González de Vega, pero lo han conseguido, quizá beneficiados del hecho de que en esta ocasión partían más de una idea original que en la anterior, remake de la película argentina que también fue adaptada en Italia y en Francia. Aquí las ideas son más frescas, más libres y, también, un puntito más cafres. Una de las cosas por las que su humor funciona.

     La secuela parte de que siempre, tras la calma, llega una nueva tormenta. En este caso en forma de una nueva criatura. Javier y Marisa van a ser padres de nuevo, y aunque Javier ha mejorado mucho en sus funciones como padre en casa, sigue causando algún desastre, por lo que Marisa está preocupada de que durante su embarazo no sea capaz de mantener las cosas bajo control. Eso hace que llegue a casa la suegra, personaje interpretado por Loles León, a la que Javier no quiere ver ni en pintura, y que pondrá patas arriba la convivencia mientras colabora con la familia y ataca a Javier continuamente. Aunque puede que no sea por los motivos que todos creemos.


     Se nota que el reparto está más cómodo, más suelto y confiado con sus personajes, algo que se agradece, como también es más que justo reconocer que la presencia de Loles León es un plus considerable para que la película siga creciendo. Los niños están más liberados también, hay más química y sus historias en casi todos los casos funcionan mejor. Aunque eso supone menos tiempo para los personajes de Silvia Abril y Leo Harlem, pero más para ver en funcionamiento al matrimonio de la pareja protagonista, que pasaba gran parte de la primera película separados. Hay más cameos también, y algunos como el de José Mota, funcionan realmente bien. Otros puede que incluso pasen desapercibidos a la audiencia.

     Es una comedia familiar, pero no busca que todos sus personajes sean perfectos. Busca que todos tengan un punto cafre y que el humor sea muy disparatado por momentos, algo muy efectivo. Tiene algún que otro problema de ritmo, especialmente con historias que no llevan a ninguna parte y que ralentizan el relato (la niña que quiere ser andaluza, los problemas de pareja de Leo Harlem y Silvia Abril que desaparecen durante gran parte del metraje, ciertos tópicos que no encajan…), pero en general es superior a la primera entrega, pese a ese product placement tan excesivo que llega a distraer de la película. Por lo demás, una buena comedia familiar para reinar en la taquilla veraniega y hacer que vuelva a funcionar como antes.

Jesús Usero

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Jesús Usero

Periodista cinematográfico experto en televisión