En tiempo de brujas **

Miguel Juan Payán Marzo 03, 2011

Vaya por delante que En tiempo de brujas me parece una película entretenida. Aventuras con componente fantástico más o menos bien llevadas. Para entendernos, es como si el comiquero Nicolas Cage hubiera querido hacerse su particular versión de Solomon Kane, pero no teniendo los derechos del personaje de Robert E. Howard hubiera maquillado el asunto para acoplárselo y empujarse entre pecho y espalda una película de espada y brujería en toda regla que además personalmente me gustó más que la adaptación de Solomon Kane que vimos el año pasado. Y conste que con aquella también me lo pasé bien. Digamos que ambas son más o menos del mismo pelaje, pero si tuviera que repetir alguna, por los motivos que explicaré a continuación, vería otra vez antes ésta que la otra.

El asunto es que, de una vez por todas debemos ser conscientes de qué tipo de películas vamos a ver. Al final el truco es el siguiente: usted va al cine, se mira de qué va la cosa, elige película y entra en la sala tras pasar por taquilla. Cuando sale pueden pasar tres cosas: a/ la película le ha parecido peor de lo que esperaba, no ha satisfecho sus expectativas; b/ la película ha sido, más o menos, tal como se la imaginaba; c/la película es mejor de lo que esperaba.

Trailer

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Esto parece obvio, y lo es, pero hay que  recordarlo porque es la madre del cordero en esto de explicar cómo funcionan las películas y por qué a unos nos gustan más que a otros y la crítica no es una ciencia exacta, ni debe serlo. Muy al contrario: es muy divertido discrepar sobre películas, porque así acabamos hablando más de cine, que es lo que nos gusta. Lo que pasa es que todo debe hacerse sobre unas bases mínimas de preparación sobre el asunto del que se discute y por supuesto de urbanidad a la hora de sostener las opiniones propias sobre las ajenas.

Vamos que no llegue la sangre al río.

En esto es importante recordar algo que me decía mucho una profesora de literatura que me dio clases cuando estudiaba bachillerato: para los gustos se hicieron los colores.

Teniendo todo lo anterior en cuenta, comprenderán ustedes que todo es cuestión de expectativas, de tener las nuestras y de respetar las de los demás.

En mi caso, y ante En tiempo de brujas, tenía unas expectativas francamente bajas… Bajo cero, para ser sincero, que además cae en verso. Lo último que hemos estado viendo de Nicolas Cage no me invitaba a ser optimista. De hecho, el término “brujo” o “bruja” asociado a su persona me recordaba cierta película de un joven aprendiz de brujo de infausto recuerdo, así que muchas agallas le ha echado el buen señor para volver a presentarse en la cartelera con un tema de brujería bajo el brazo.

Pero, ya ven ustedes, la vida nos da sorpresas: me senté en el cine, empecé a ver la película y descubrí para mi sorpresa que me resultaba más divertida y atrayente de lo que había pensado. Los motivos son sencillos: sabe presentar su juego y mover las  piezas en el tablero. Tiene truco, claro está: sigue la pauta marcada para la ingeniería de guiones por el libro El viaje del escritor, de Christopher Vogler. Échenle un vistazo y ya verán como la película sigue escrupulosamente la estructura en tres actos marcada por el libro, con todos los personajes clave de la fórmula, el guardián de la puerta, etcétera. Y si les da pereza, confíen en mi palabra, que para eso están leyendo este comentario. El riesgo, como siempre que se sigue una fórmula, es aplicarla de manera cansina, que es lo que viene haciendo el cine americano reiteradamente en sus productos de explotación. Ejemplo: Wild, Wild West… o casi cualquier otra película con arañas gigantes producida por el peluquero de Barbra Streissand… (pinchen Youtube y escriban en el buscador Kevin Smith about Superman… les garantizo las risas).

En el caso de En tiempo de brujas se han currado algo más el asunto para que, aún siguiendo la fórmula, ésta resulte entretenida, jugando como tema central con la incógnita de si la joven es realmente un mal bicho entregado a la brujería o una víctima inocente de la pirada de pinza del personal en plena Edad Media sumida en una epidemia de peste. La ambigüedad de ese personaje es la clave. Pero tampoco se me emocionen, que esto no es El séptimo sello de Ingmar Bergman (ni tiene por qué).

Juega también a favor de la película la alianza forjada por Ron Perlman, que es el alma de la fiesta, y Nicolas Cage como dúo de antihéroes que a mí al menos me recuerda mucho y por supuesto salvando todas las distancias que ustedes quieran, la que en su día forjaron Charlton Heston y Richard Boone a las órdenes de Franklin J. Schaffner para El señor de la guerra. Ojo, no confundir con otra película del mismo título protagonizada por el propio Cage y Jared Leto, que también estaba bastante bien, dicho sea de paso. Ésta otra que yo digo iba de vikingos muy cabreados y Heston en plan molestafamilias ejerciendo el derecho de pernada sobre una joven del lugar, un impulso bastante comprensible teniendo en cuenta que la joven en cuestión estaba interpretada por la canadiense Rosemary Forsyth.

En tiempo de brujas tiene además un giro argumental de las aventuras de espada a las peripecias sobrenaturales, que llega en el momento clave en que la idea de viaje empezaba a necesitar algo distinto para seguir progresando con interés.

La parte más negativa la encontramos en algunos diálogos poco creíbles, como cuando califican a los dos protagonistas de desertores de unas Cruzadas narradas al principio como si hubieran tomado prestada la secuencia de títulos de crédito de la película de Lobezno, o cuando el personaje de Cage reclama “un juicio justo” para la bruja, en plena Edad Media, plena persecución de la brujería, plena epidemia de peste… Ni que le hubiera poseído el espíritu de Ally McBeal (o Perry Mason, si ustedes lo prefieren). Es ingenuo y además está fuera de época. Sólo le habría faltado invocar el Estado de Derecho. Lo de decir “viandas” en lugar de provisiones tampoco ayuda a creernos la cosa. Y a consecuencia de todo ello los motivos que llevan a los dos protagonistas a ejercer como escolta de la bruja son flojos, poco  creíbles.

También podrían haber sido algo más cuidadosos con la música. Es excesiva y redundante, como si quisieran meternos la épica por las orejas, en lugar de por los ojos.

Pero si dejamos esos pequeños pecadillos al margen, el resultado final ya digo que es entretenido, cine de evasión puro y duro, para pasar un buen rato devorando palomitas o lo que sea que ustedes consuman cuando van al cine.

Personalmente yo prefiero una cerveza.

Miguel Juan Payán

Modificado por última vez en Jueves, 03 Marzo 2011 15:11