Black Beauty ★★★

Noviembre 26, 2020

Crítica de la película Black Beauty

La novela de Anna Sewell tiene al fin una adaptación a su altura de la mano de Disney+.

      La historia del caballo Black Beauty, en España conocida como Azabache, ha sido llevada al cine y a la pequeña pantalla en diversas miniseries y TV movies desde su publicación en 1877. La adaptación más reconocida hasta ahora era Belleza negra (Un caballo llamado Furia) de 1994, con Sean Bean y David Thewlis en su reparto, pero Disney ha aprovechado la situación del cierre de los cines por la pandemia para adquirir para su catálogo una nueva versión, perfecta para ver en familia durante las fiestas navideñas, y que en cines habría pasado ciertamente desapercibida.

      La desconocida Ashley Avis (La fuente de los deseos) dirige y escribe este nuevo acercamiento a la historia de Black Beauty, que corrige algunos errores de adaptaciones previas a la hora de trasladar la historia a imagen real, aunque el alma del relato y el punto de vista narrativo no se han visto alterados. La historia sobre este caballo salvaje que es capturado y separado de su familia, y después pasa todo tipo de penalidades y algunas alegrías desde que es potranco en una granja hasta que se retira tras desempeñar múltiples trabajos (caballo de carreras, tirador de cabriolés…), se diferencia respecto a otras gestas cinematográficas de animales por su punto de vista. Es el caballo (a quien le presta sus cuerdas vocales Kate Winslet) el que narra la historia en primera persona sirviéndose de la voz en off y reflexiona, desde su particularísima forma de ver el mundo, acerca de las relaciones entre humanos y animales, la crueldad y la bondad de las personas y la soledad. Un sentimiento este último que le conecta directamente con la sobrina de su criador, Jo Green (interpretada por una Mackenzie Foy que no deja de crecer), que llega a la granja tras haber perdido a su familia en un accidente de tráfico, convirtiéndose así en la única persona a la que el caballo respeta al compartir su sufrimiento. Esa conexión funciona muy bien, al construir un personaje animal mucho más maduro y libre de clichés que los que solemos ver en películas infantiles. Por otra parte, la inclusión de Jo no frena el protagonismo de Black Beauty, sino que le acompaña en su viaje emocional y genera una mayor empatía en el espectador, cuando en versiones anteriores el caballo cambiaba de dueños sin que estos dejaran poso alguno. En ese sentido, la primera mitad de la película en la granja, cuando se forja la amistad, funciona mejor que la segunda, en la que se abre una subtrama romántica muy sutil que por suerte no retira el foco del verdadero protagonista. Darle voz al caballo es su mayor virtud, pero con el paso de los minutos esa voz en off que cuenta lo que ya estamos viendo por imagen acaba siendo repetitiva.


      Black Beauty está menos orientada al público infantil que adaptaciones previas, aunque sigue desprendiendo la misma sensación de ligereza. Se encuentra lejos de las cotas de emoción que alcanzaba la relación de amistad de la reciente Togo, una película más ambiciosa que esta en todos los sentidos. Pero si aquella caló entre su público, este drama sobre dos almas gemelas conectadas por el sentimiento de pérdida también lo hará, aunque se conozca de memoria la historia.

Alejandro Gómez

 

 

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Modificado por última vez en Viernes, 27 Noviembre 2020 13:23
Alejandro Gómez

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