La increíble historia de David Copperfield ★★★

Diciembre 01, 2020

Crítica de la película La increíble historia de David Copperfield

Atrevida, divertida y trepidante adaptación de la obra de Dickens.

      Adaptación y actualización arriesgada. Armando Ianucci, que cuenta en su haber con dos películas como director, In the Loop y La muerte de Stalin, y numerosos trabajos claves que han definido en muchos aspectos la televisión británica en los últimos años, pone a prueba sus recursos y probado talento como narrador televisivo enfrentándose sin miedo y con total descaro a la novela e icónicos personajes de Charles Dickens en la que quizá para algunos sea una excesivamente trepidante adaptación.

      Para ello adopta tres herramientas esenciales, dos de las cuales resultan en un desafío a la manera más tradicional en la que se plantean las adaptaciones de este relato al cine hasta el momento. Imagino que eso le ha granjeado críticas y opiniones en contra de su forma de abordar el asunto, pero a mí me convence.

      El lenguaje visual pone la cámara en primer término de protagonismo en la panoplia de recursos empleada para el asunto. Cámara al hombro en muchos planos en el marco de un ballet de frenetismo trepidante donde el diálogo a gran velocidad, característico de las películas y guiones de Ianucci, salta de un personaje a otro como una patata caliente o una pelota de tenis de mesa, enloquecida y trufada de anfetaminas. El trabajo con la cámara acompaña ese planteamiento.

 


   

      Llama la atención el uso de colores y la manera de encadenar planos, con cenitales en el momento del destierro del niño protagonista y su entrada en la fábrica en Londres, por ejemplo.

      La segunda herramienta es más convencional: desfile de actores populares para hacer más disparatados a los ya de por sí disparatados personajes de Dickens, cuyo nivel de caricaturización se incrementa notablemente en esta versión. Muchos de ellos han trabajado con Ianucci, pero sea así o no, le saca el máximo partido a Tilda Swinton, lo mejor de la película, seguida por Hugh Laurie o Peter Capaldi, aunque en general todo el reparto y su trabajo en ese cierto punto de satirización de personajes icónicos pero no por ello intocables, está también entre lo mejor de esta película.

      El tercer recurso de esta visión modernizadora del clásico es la elección de un elenco más abierto de miras en lo que se refiere a la incorporación de las variables étnicas del mismo. Habrá quien piense que es forzado poner a Dev Patel en el papel de David Cooperfield, pero lo cierto es que el director no está sino reflejando la múltiple realidad racial de la sociedad británica de nuestros días, que es su objetivo: hacer un David Copperfield actual.

      Reconozco que a mí me gusta. Me convence. Disfruto de ese planteamiento desafiante que aplica Ianucci a Dickens, jugando con el sentido del humor más de lo que es habitual en este tipo de adaptaciones. Incluso forzándolo, por ejemplo en el momento en que le comunican a David Copperfield la muerte de su madre, con ese personaje que hace eco de todo lo que dice su jefe y por una vez en lugar de limitarse a repetir la última palabra se anticipa. Meter humor en momento trágico tiene mucha dificultad. A Ianucci le sale bien.

      La película me funciona porque la versión o versiones clásicas ya me las conozco y no me resulta especialmente estimulantes a estas alturas, lo cual que aplaudo el cambio. Me funciona porque Ianucci ha reclutado toda una legión de actores que se ajustan bien a su manera de entender el relato como un hiperactivo desfile de personajes presas de frenetismo, con la cámara pasando de uno a otro personaje en nervioso movimiento que añade vértigo a la puesta en escena. Me funciona porque es un perro viejo con trucos nuevos. Retiene lo suficiente de la identidad del clásico como para no faltarle al respeto, pero al mismo tiempo le aplica una visión que reta al espectador desde el principio, con esa apertura teatral que salta rauda a exteriores y carrera frenética hacia la casa, a no acomodarse a lo que ya sabe o espera de otra adaptación más de la novela de Dickens.

      Me interesa porque, desde su extremismo, no se conforma con ser la enésima versión de David Copperfield y muestra una personalidad que rompe con lo previsible y arriesga. En estos tiempos, hay que mojarse. Ianucci se moja, sin miedo.

Miguel Juan Payán

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Modificado por última vez en Miércoles, 09 Diciembre 2020 12:42
Miguel Juan Payán

Profesor de Historia del cine, Géneros cinematográficos y Literatura dramática