I am Woman ★★★

Diciembre 22, 2020

Crítica de la película I am Woman

Trabaja con eficacia en el territorio del melodrama y el biopic.

      Desde el primer momento esta gira por la vida de Helen Reddy deja clara su vocación reivindicativa de la situación de la mujer en la industria de la música, con su vista al productor norteamericano de la firma Mercury, con el plano en el que la directora opone al personaje masculino sentado invadiendo espacio vital en la mesa y la protagonista, Tilda Cobham-Hervey, sentada en su silla, tras haber dejado a su hija en la recepción.

      La directora Unjoo Moon es muy hábil y encadena un ejercicio de contundencia expositiva en su película, pero es poco sutil. No nos deja dudas de sus intenciones desde esa secuencia de arranque donde por otra parte se muestra demoledoramente clara incluso en el uso del color. El hombre en su territorio, con la copa en la mano y el traje perfectamente conjuntado con las cortinas que dominan el fondo envolviendo a Helen, en escorzo y con su vestido significativamente rosa, color de refuerzo de la vulnerabilidad frente a ese hombre que la rechaza porque el éxito de los Beatles ha hecho que las cantantes ya no estén de moda y el producto dominante sean grupos de hombres.

I Am Woman 2

      Todo está puesto sobre la mesa. No cabe engañarse.

      El plano siguiente, en el metro, con la hija, principia el desfile de momentos y situaciones tópicas que en ocasiones pueden incluso resultar demasiado ingenuos por su obviedad, un lastre en el que se ve obligada a moverse la actriz protagonista intentando defender el  largometraje más allá del territorio del telefilme previsible. Lo consigue, pero tiene mucho en contra.  

      El tono más tópico apenas queda equilibrado y superado por ejemplo en la secuencia siguiente por el trabajo con el solapamiento del tema musical que ella canta con la banda sonora de drama del propio largometraje, que expresa la exteriorización de los pensamientos internos de la protagonista, nuevamente frente a los hombres, con el tema de la desigualdad salarial y la explicación por diálogo: “Son hombres, tienen familias que alimentar”. La falta de elegancia y lo poco sutil de la propuesta vuelve a poner en evidencia el desequilibrio que genera poner el mensaje por delante de la propia libertad del espectador para llegar a conclusiones por sí mismo. Y someter lo visual a ese mensaje.

      Esa falta de confianza en la capacidad del espectador, ese subrayado excesivo, obvio, previsible, anula precisamente la fuerza del mensaje, que está mejor servida cuando la película no muestra, pero sí explica de forma más sutil, algo que le da personalidad. La fuerza a la propuesta de I Am A Woman aparece brevemente cuando supera los tópicos del territorio de biopic y melodrama en el que inevitablemente habita y el propio mensaje frente a sus recursos más obvios, como el plano holandés frente al espejo, que es puro exhibicionismo. Es de hecho una declaración que apuesta por la representación narrativa frente a la profundización en la verdad del relato. Los planos en el vagón de metro me sacan de la película por falsos, y otro tanto puede decirse de la repetición de los planos de Helen cantando en el local, que me recuerda que la película dura casi dos horas y le sobra metraje.  

      El mensaje de “perseguir los sueños”, que incluso está en el diálogo del personaje de Danielle Macdonald, es demasiado obvio y lo devora todo, aunque la película se encauza como entretenido relato de melodrama romántico con la incorporación de Evan Peters al asunto, aunque, en serio, el tema del ajedrez y el “Haces que quiera mejorar” es realmente difícil de digerir.

Miguel Juan Payán

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Miguel Juan Payán

Profesor de Historia del cine, Géneros cinematográficos y Literatura dramática