Judas y el Mesías negro ★★★★

Marzo 24, 2021

Crítica de la película Judas y el Mesías negro

Poderosa, inteligente, de absoluta actualidad… una brillante película.

      Y una a la que le faltan apenas unas décimas para convertirse en una de las mejores películas del año. En el mundo convulsionado que rodea la sociedad norteamericana hoy en día, polarizado quizá en exceso, Judas y el Mesías Negro no sólo se reivindica como una película actual que trata temas tan recientes como dolorosos, pese a estar ambientada hace más de 50 años, sino que además lo hace con una enorme fuerza visual y un magnífico guión, además de dos actores que están nominados al Oscar con motivo. La película es tan fascinante como necesaria, y apenas un par de detalles la alejan de ser una de las más brillantes películas que hemos visto en este 2021. Pero son detalles que marcan la diferencia al final.

      La historia, basada en hechos reales, se centra en dos hombres, Fred Hampton, líder de los Panteras Negras en Chicago, y Bill O’Neal, un ladrón de poca monta que acaba convirtiéndose en informador del FBI y se une al grupo de Hampton para espiarle y comunicar sus movimientos a la agencia estatal, donde J. Edgar Hoover está obsesionado con acabar con ellos, a los que considera un grupo terrorista. Si no conocen la historia, perfecto, si lo hacen, también. Pero si investigan un poco descubrirán cómo terminó esta situación que tenía lugar en todo el país, con los Panteras Negras siendo objeto de investigación por el gobierno debido a sus ideas comunistas y su llamada a las armas.

Judas Y El Mesias Negro 2

      Una llamada que refleja aquí perfectamente el Hampton de un Daniel Kaluuya realmente brillante, cara a cara con el otro protagonista, Lakeith Stanfield (qué ironía la nominación de ambos a mejor actor de reparto, cuando ambos son protagonistas). Suyo es el peso de la trama y de la historia, y ambos representan lo que son y el mismo título indica, un Mesías negro, empeñado en unir a la gente de cualquier raza y condición frente a un estado opresor, y un Judas que le traiciona a cada paso del camino y que es convencido de que el estado está ahí para proteger a la gente de las peligrosas ideas de Hampton y los suyos.

      Por supuesto la película toma bandos, y hace bien porque no quiere mostrar una raza frente a otra. Su ira, su enfado es contra el gobierno y las fuerzas del orden. La película une a los pobres, humildes, abandonados (recuerden el título) frente a un estado opresor, y el guión consigue emocionar, interesar y humanizar a los personajes. Shaka King, además, ofrece un viaje visual que recuerda a los thrillers políticos de los setenta, con su misma fuerza y consistencia. Aunque el maquillaje de Martin Sheen sea… peculiar, es lo de menos. Reparto y narración están a un nivel increíble. Es el guión el que a veces se centra demasiado en la relación romántica de Hampton (tiene sentido, pero lastra el ritmo muchísimo) y no es capaz de limitar ese aspecto. Pero eso no resta todos los méritos a una película tan poderosa como esta.

Jesús Usero

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Modificado por última vez en Jueves, 25 Marzo 2021 10:55
Jesús Usero

Periodista cinematográfico experto en televisión