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Ammonite ★★★

Mayo 19, 2021
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Crítica de la película Ammonite

Kate Winslet y Saoirse Ronan se lucen en un romance de miradas.

      Miradas mejor que palabras y mucho primer plano y tomas largas, que no es lo mismo que innecesariamente alargadas. El ritmo es aquí clave y es el ritmo de la protagonista, la recolectora de fósiles Mary Anning que interpreta Kate Winslet. Estos son los recursos con los que Francis Lee, director y guionista, envuelve a sus dos actrices principales para que puedan brillar como el motor esencial que mueve lo que es una historia de amor, aunque claramente funciona mejor y es más interesante como un retrato de la soledad.

      La soledad del personaje de Anning, la mujer rodeada de tonos pardos y grises y fríos azules, con una vida austera reflejada tanto en su casa como en la tienda de fósiles de cuya venta vive, junto con su madre; la soledad de la mujer que rechaza la socialización por mucho que se la ofrezcan (personaje del médico); la soledad que puede servir como metáfora reivindicativa de la mujer sometida a pasar desapercibida mientras la paleontología y los coleccionistas y estudiosos de fósiles se nutren de sus descubrimientos y de su trabajo; la soledad a la espera de ser descubierta por la luz que late en la mirada de los ojos de Charlotte y estalla en la secuencia de sexo de la película, en la que hay que aplaudir que el director se atreva a romper con el quiero y no puedo del juego de postales copulatorias para ilustrar ese momento clave, no por el morbo sino por lo bien y naturalmente que explica el vínculo que se establece entre las protagonistas (dando sentido y forma a su historia de amor y además abriendo paso a la historia no narrable tras el final de la película que va más allá de la secuencia del museo), y la soledad de esa madre de la que arranca el juego de metáforas con sus figurillas de perros en miniatura. Perros de porcelana, no perros vivos. Perros que se lavan y se limpian como la protagonista limpia sus fósiles de animales extintos, esto es, que como los propios perros de su madre no están vivos, y por lo tanto no le plantean ni a la madre ni a la hija reto alguno de socialización.

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      El personaje de la madre, interesante, tratado con el mismo tono austero que define a la película y al personaje de Winslet. Y esa manera de tratar el distanciamiento de madre e hija como subtexto de la propia consecuencia del dolor que han sufrido ambas, con el diálogo sobre los hijos/hermanos muertos, cortante, que siembra el eco en las dos mujeres. El distanciamiento como manera de protegerse.

      Esos son temas mucho más interesantes en la película que la propia historia de amor, más proclive a desplazarse por un camino resbaladizo, encerado con los lugares comunes del género romántico sin proporcionarnos grandes sorpresas, más allá del gran trabajo de las actrices y el compromiso con sus personajes. Ejemplos de los tópicos que se acumulan: la mariposa atrapada en el vaso y Charlotte atrapada entre las sábanas de la cama matrimonial; la huida de la velada musical de Anning en una noche empapada lluvia -un tópico del melodrama clásico-, el anillo de casada que Charlotte se quita para mover la piedra en la que encontrarán el fósil, corolario previsible de esa secuencia del principio en la que Anning no puede mover ella sola otra piedra con otro fósil sin que se le rompa; la carta del marido interponiéndose entre ellas…

      El contenido de drama romántico está muy por debajo del planteamiento visual de la película, que en distintos momentos recuerda, salvando las distancias pertinentes, El piano, de Jane Campion o presenta ecos de Retrato de una mujer en llamas, de Céline Sciamma, al tiempo que, en sus mejores fases de expresión y personalidad, enlaza, en ejercicio de coherencia autoral, con otras dos películas escritas y dirigidas por Francis Lee, director interesante al que es bueno seguirle la pista: The Farmer´s Wife (2012) y Tierra de Dios (2017). 

      El romance queda en anécdota frente a las acertadas decisiones de puesta en escena y el trabajo para darle todo el peso a su mejor baza, las actrices.

      Para dejarlo más claro: esta película, buena película, es mucho mejor y consigue todo aquello a lo que aspiró, sin conseguirlo, El secreto de las abejas (Annabel Jankel, 2018).

                                                    Miguel Juan Payán

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Modificado por última vez en Viernes, 21 Mayo 2021 12:26
Miguel Juan Payán

Profesor de Historia del cine, Géneros cinematográficos y Literatura dramática

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