Cruella ★★★

Crítica de la película Cruella

Stone y Thompson hacen buena una fábula tramposa de diseño brillante.

Junto al brillante despliegue visual, terreno en el cual Cruella se despliega aspirando a ser caja de sorpresas que busca el homenaje al diseño del dibujo animado en el que se inspira, 101 dálmatas, en todos los aspectos visuales de su propuesta, fotografía, peluquería, vestuario, diseño de personajes, vehículos y en general todo, encontramos lo mejor y el pilar central de su propuesta en dos actrices que se crecen trabajando también la caricatura, base de toda la película.

         El cara a cara entre la Estella/Cruella de Emma Stone con la Baronesa interpretada por Emma Thompson es lo mejor de una película que por otra parte es un brillante truco de diseño milimétricamente pensado para reunir todos los elementos básicos de atractivo para la taquilla, empezando por su despliegue de la banda sonora para marcar el ritmo de las imágenes, que inicialmente me ha recordado mucho la fórmula y planteamiento aplicados en uno de los éxitos recientes del cine, Bohemiam Rhapsody. Forma parte así de esa nueva cepa mutada del género musical camuflado, sin números de baile, o mejor dicho, con los números de baile sustituidos por el movimiento de cámara -la cámara es la que baila- en planos secuencias y secuencias de montaje con las cuales se acelera el ritmo de presentación de personajes, sin profundizar demasiado más allá de la justificación de lo trágico para respaldar las conductas de los mismos. La primera hora y veinte de película se despliega así a un ritmo vertiginoso.


Cruella 2

         Cierto es que no es un esquema novedoso, pero no es menos cierto que en Cruella está bien aplicado con una presentación visual poderosa que gana identidad consiguiendo no quedarse solo en una sucesión de secuencias de ritmo trepidante reforzado con muletas de temas musicales clásicos. Cierto es que si pones a Deep Purple y su tema Hush en la secuencia del robo y luego empalmas con un tema de la Electric Light Orchestra, y además cuando arranca la guerra de Cruella con la Baronesa acompañas la secuencia de montaje con el One Way or Another de Blondie respaldado por la voz de Deborah Harry, tienes mucho camino hecho; cierto es que si metes el tema de los Rolling Sympathy For the Devil como remate final del desfile de temazos tienes mucho camino hecho. Pero no es menos cierto que acierta en la eficaz combinación de esos elementos, en ese cuidadoso diseño que teje imágenes con música en esta fábula donde luce también una tímida reflexión sobre la naturaleza siniestra que habita en la trastienda optimista y moralista de los cuentos de animación de Disney.  Hay que saber sacar adelante ese cóctel de alma videoclipera con astucia para mantener el equilibrio necesario de manera que la música sea compañera de las imágenes y no solo una muleta que devalúa y ningunea lo visual sometiéndolo al imperio exclusivo de lo sonoro. Ese equilibrio está logrado en Cruella.  

         Y luego están ellas. Su mejor baza. La dos Emmas. Reinando sobre todo lo demás. Música incluida. Y está ese momento de reconocimiento de su propia naturaleza en la protagonista, que recuerda a Tim Burton (una de las mayores influencias en esta película, junto con Charles Dickens y su novela Oliver Twist en el arranque). Y ahí es donde la película revela al mismo tiempo su personalidad y naturaleza por completo, dando paso al último acto de la historia, más previsible que todo lo demás.

         Aún así, Cruella supera las dos películas anteriores de imagen real protagonizadas por Glenn Close, se resiste a entregarse como rehén al oportunismo de explotación del icónico clásico de animación, y merced a las dos Emmas, encuentra su propia personalidad en la caricatura escapando de limitarse a contarnos algo que ya nos había contado, con menos gracia, todo hay que decirlo, la claramente inferior, aunque con éxito, El diablo viste de Prada.

         Hablando claro: Cruella tiene mucho truco. Vuelve otra vez sobre el tema de los pecados de los padres, recurrente en Disney y Marvel de manera alarmante; no es tan oscura como algunos palmeros habituados a flipar en colorines con la golosina sonora y visual pretenden, visto que en todo momento intenta edulcorar el lado más oscuro y siniestro de la protagonista con aliados simpáticos y mascotas perrunas que sirvan como maquillaje que la exonera de sus truculencias, y además la justifica por medio de una antagonista que ejerce como antecesora más siniestra de la propia Cruella, y es imposible no pensar que el punto siniestro y oscuro del que intenta presumir desde el primer momento en su propuesta alternativa de la tradicional cabecera/sello de presentación de las producciones Disney es otra cosa que puro maquillaje. Pero no se deja atrapar del todo dentro de esa jaula. Y además cuenta con sus Emmas y con un director de eficacia probada para entretener que garantizan que el viaje sea más apetecible y entretenido de lo que podría haber sido en manos de otras actrices y otro director.

         Por cierto, la selección musical muy bien, incluyendo el tema de Florence and the Machine que acompaña esos títulos de crédito finales al estilo de los de apertura de las películas de 007. Pero podrían ser menos previsibles en la selección y apartarse un poco de la playlist más obvia. Por poner un ejemplo, si vamos a presumir de entrar en la trastienda oscura y truculenta del personaje, lo mínimo es imaginar que en alguna realidad paralela más perfecta que la nuestra una Cruella de Emma Stone más salvaje y menos domesticada se mueve al ritmo de temas como White Riot de The Clash en lugar del Bloody Well Right de Supertramp, o Pretty Vacant de los Sex Pistols en lugar de Livin´Thing de la Electric Light Orchestra. Y ya si me cierran la película con el Rock N Roll Nigger de Patti Smith me explota la cabeza de gusto.

                                                  Miguel Juan Payán

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Modificado por última vez en Viernes, 04 Junio 2021 12:00
Miguel Juan Payán

Profesor de Historia del cine, Géneros cinematográficos y Literatura dramática