Candyman ★★★

Agosto 25, 2021

Crítica de la película Candyman

Nia DaCosta recupera, y mejora ostensiblemente, el espíritu de la cinta original de 1992.

      Candyman alcanzó en los noventa una cierta popularidad, merced a la actividad comercial de los antiguos y añorados videoclubes. Pese a su modesto presupuesto inicial, Bernard Rose logró captar la atención de un número elevado de espectadores, con la historia del retratista negro de la segunda mitad del siglo XIX, enamorado de la hija de un hombre importante en los estados sureños de USA. En semejante época de marginación racial y esclavismo, el padre de la joven enloqueció al saber que su heredera esperaba un vástago del  citado hombre de piel oscura. Una realidad que lleva al rico empresario  a denunciar a Daniel Robitaille, por violación. Debido a semejante acusación, el artista es golpeado hasta la muerte, aunque antes le amputan una mano y es expuesto ante miles de abejas, que deforman su cara y cuerpo.  Esa es la leyenda que dio pie al argumento del film de 1992, y que alumbró una franquicia que alcanza ahora su cuarto título (aunque no sería descabellado encuadrar la obra de Nia DaCosta como una secuela de la movie inicial de Bernard Rose).

      La resurrección del “hombre de los caramelos” tiene lugar en un antiguo complejo residencial de Chicago, llamado Cabrini Green. Este enclave fue usado en los sesenta como asentamiento de familias con escasos recursos económicos. Allí, un individuo se dedica a repartir dulces entre los niños, hasta que un día entrega una chuchería a una pequeña blanca con una cuchilla escondida.  La policía cerca al tipo, y le abate a tiros. Este sujeto pronto es suplantado por un espectro con mayor poder de atracción popular, conocido como Candyman. Ya en la época actual, Anthony McCoy (un pintor en crisis de creatividad plástica, que regresa a Cabrini Green en busca de inspiración) y su novia acuden al macabro escenario donde el “hombre de los caramelos” perdió la vida; el mismo donde McCoy nació. Poco a poco, el incauto Anthony se empieza a obsesionar con Candyman, hasta el punto de traerle al mundo real. Y lo hace mediante una extraña obra en forma de espejo, con la invitación pública de que la gente pronuncie frente a ella el nombre del fantasma, cinco veces seguidas.

Candyman 2

      La directora neoyorquina Nia DaCosta, junto a Jordan Peele y Win Rosenfeld, consigue elevar la factura dramática de Candyman, a través de una historia repleta de situaciones terroríficas, en la que cobra especial peso la figura del alter ego del “hombre de los caramelos”: Anthony McCoy (Yahya Abdul-Mateen II). Esta fórmula, en apariencia ingeniosa y efectiva, permite a la cineasta saltar con precisión entre la realidad y la ficción, cambios presididos por la sombra del asesino del garfio. Sin embargo, semejante apuesta quita también importancia al personaje de Daniel Robitaille (el original y enfurecido psicópata nominado Candyman), para otorgársela a McCoy, y al otrora misterioso tipo que repartía dulces.

      Con todo ello, el regreso del icónico y gigantesco Tony Todd (quien vuelve a encarnar a Candyman, como si no hubiera pasado el tiempo desde principios de los noventa) es uno de los elementos más nostálgicos y destacables de la movie de DaCosta. Y eso que el personaje queda desdibujado al máximo, y solo sirve para provocar los necesarios sustos en la trama.

      Al final, después de tanto juego y atracón de pesadillas y sueños truculentos, la película queda suspendida en una confusión generalizada, que lastra las imaginativas armas usadas para dotar de interés al renacimiento de Daniel Robitaille/ Candyman.

                                            Jesús Martín

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Modificado por última vez en Viernes, 27 Agosto 2021 00:53
Jesús Martín

Soy un auténtico apasionado de las películas que despiertan la imaginación