Arthur y la guerra de los mundos ★★★

Crítica de la película Arthur y la guerra de los mundos

Aunque muchos traten de exponer su cine como una muestra de la filmografía gala, siempre he visto a Luc Besson más como un director de cine con una sensibilidad más cercana a las películas americanas, tanto en su contenido como por las claves narrativas que atesora. Sin duda con gotas francesas, claro, pero mayoritariamente decantado por el cine como espectáculo, el cine de palomitas yankee que llena las salas de cine. Hasta en su deseo de contratar estrellas internacionales o de rodar muchas de sus películas en inglés, se nota ese apego por el cine americano.

Es más, si analizamos sus guiones y producciones, como la saga Transporter o Venganza entre muchas otras (es un tipo muy muy prolífico, la verdad), nos seguimos encontrando esas claves. Quizá su mayor diferencia con el cine de acción yankee actual es que no tiene tantos remilgos a la hora de plantear la violencia en pantalla, mientras que los americanos cada vez hacen sus productos más y más light (¿he oído La Jungla 4.0 por ahí?). Y es cierto que a veces el cine de Besson, como director, guionista o productor, tiene que ser censurado en su llegada a USA.

Hasta películas de aventuras como Adele no pueden ser exhibidas en países anglosajones sin pasar por la censura, pese al tono familiar de la película, debido al topless en la bañera de la protagonista. Es más, Besson da lo mejor de sí, a nivel creativo y a nivel de taquilla, cuando se intenta acercar a los productos americanos que más admira. Cuando se sale de ello y trata de hacer cosas más europeas y/o francesas, el público parece menos interesado y la crítica le cose a palos, como en el caso de la mencionada Adele y el Misterio de la Momia o en películas como Juana de Arco.

La saga de Arthur y los Minimoys es el perfecto ejemplo de lo que decimos. Película rodada en inglés que intenta emular el cine de aventuras para toda la familia americano, en este caso mezclando animación y personajes reales, de un modo, irónicamente, bastante superior a las mezclas que hemos visto en las películas que llegan desde el otro lado del Atlántico, ya sea Hop, El Oso Yogui o Alvin y las Ardillas. Sobre todo porque Besson tiene claro que desea que toda la familia se lo pase bien y disfrute del viaje, no sólo los niños.

Y lo consigue. De hecho, tras tres películas nos encontramos con el hecho de que ésta es la mejor de la franquicia, la más animada y entretenida, donde con los personajes ya presentados y admirados por sus seguidores (que los tiene), se dedica a montar una escena de aventuras tras otra, con un ritmo trepidante, bastante sentido del humor y ganas de emocionar a las familias que acuden a ver la película de la mejor forma posible. Ante todo con continuos homenajes a películas que van desde La Guerra de las Galaxias (la más reconocible de todas) a Indiana Jones, pasando por Los Goonies o Cariño he Encogido a los Niños.

El caso es mezclar la coctelera y meter al espectador en una montaña rusa de continuas aventuras, un no parar de cosas sucediendo en pantalla que no dejan tiempo a uno para que se aburra en el poco más de hora y media de duración de la película. De hecho permite que nos olvidemos de la segunda entrega, que era con diferencia la más aburrida de las tres y no llevaba a ninguna parte. Con la ausencia del factor sorpresa que pudo suponer la primera película de Arthur y los Minimoys. No hay mucho con lo que sorprender argumentalmente en esta entrega, así que la película trata de cerrar todas las tramas por el camino de la acción y lo visualmente interesante o atractivo.

Y lo consigue. Al menos en el mundo de la animación. Quizá el mayor lastre sea el del mundo de los humanos, más decantado hacia el humor absurdo (y poco gracioso), durante gran parte del metraje, y no es hasta el último tramo con el asalto al pueblo por parte del ejército de Maltazard cuando realmente el mundo real toma un cierto interés y las cosas se animan. Algún chiste funciona, como el de la hormiga, pero ver a los guerreros zulúes triscando por la casa o a Maltazard disfrazado o incluso a los padres de Arthur haciendo cosas raras para evitar que los bomberos acaben con una colmena… pues eso, que son las partes más flojas.

El resto, aventuras hasta decir basta. La escena del tren es brillante, lo mismo que la batalla final a lomos de extraños animales. La persecución de burbujas bajo el agua, la llegada a la colmena… son momentos de entretenimiento puro que funcionan a las mil maravillas y que nos llevan a emocionarse con el universo de los Minimoys. Alguna escena, de hecho, se hace corta, aunque parece más por culpa del presupuesto que por falta de ganas. Y poco importa que la animación sea más tosca que las mejores películas americanas del género. La diversión está garantizada. Hasta la guerra de sexos entre la princesa Selenia y Arthur parece funcionar mejor que en otras películas y termina como se supone en estos casos.

Es más, sólo el chiste de Darth Vader y George Lucas, ya merecen la pena el precio de la entrada. Ojo a ese joven periodista clavado a Lucas entrevistando a Vader (recordemos que la película se ambienta en los 50 o 60). Impagable. Si uno tiene que llevar a la familia a ver una película este fin de semana, la verdad es que pocas opciones serán tan entretenidas para todos como esta, aunque no sea una película perfecta ni tampoco quiera serlo. Es lo que es y no engaña. Sin duda la más entretenida de la saga y posiblemente la más divertida. Quizá no la mejor, pero se disfruta mejor que las otras. Y eso es mucho.

Jesús Usero

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Modificado por última vez en Miércoles, 07 Noviembre 2018 09:45
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