Blitz ****

Miguel Juan Payán 25 Jun 2011

Cine policíaco duro, potente, como cabía esperar de la adaptación de una novela de Ken Bruen, uno de los grandes del relato policíaco actual. Si además contamos con Jason Statham encarnando a uno de los personajes más cañeros y carismáticos que ha producido el género en literatura en los últimos años, el detective Brant, ególatra, mal hablado, corrupto, capaz de tirarse incluso a la mujer de su mentor, gentuza de la peor especie, algo así como el Bullit de Steve McQueen pero pasado vuelta y vuelta por el lado oscuro, la cita es obligada para todos los aficionados al cine de policías y una buena opción para entretenerse con una trepidante historia de cazadores y cazados en un paisaje y con planteamientos y personajes alternativos a los del cine estadounidense, porque el asunto se desarrolla en Londres.

Créanme: el cambio de paisaje se nota y se agradece. Visto que ya nos conocemos de cabo a rabo la geografía urbana norteamericana, ¿qué tal pasear por esta intriga de acción –no de mucha acción, porque predomina la investigación, pero no al estilo norteamericano- recorriendo las calles de la capital británica? Atrévanse que les garantizo que merece la pena cambiar de aires, y no sólo porque el cine policíaco británico tiene su propia personalidad, como demuestra esta película junto a muchas otras joyas del género cocinadas en Inglaterra desde los tiempos del blanco y negro (buceen en ese filón de cine policíaco en el que podrán descubrir unas cuantas joyas del cine de temática policial). Se trata además de que, al contrario de lo que puedan pensar los amigos del comentario fácil, víctimas de la miopía de lo previsible, esta película no es una más de la abundante filmografía de Jason Statham. A algunos los árboles no les dejan ver el bosque. Es cierto que la presencia de Statham marca a Brant definitivamente y que con seguridad no es exactamente el que conocemos por las novelas de Bruen, pero entre las opciones existentes, ésta no era ni mucho menos la menos recomendable. Statham es habitualmente vilipendiado por el tipo de cine de acción en el que le vemos casi siempre, pero como animal cinematográfico en este terreno no tiene competencia. Es más que una variante de Bruce Willis adornada con las maneras de macarruzo londinense, y el papel de Brant le viene como un guante aunque no sea exactamente tal y como le habíamos imaginado leyendo las novelas. En eso ya se sabe que cada lector se compone su propia versión del personaje en la cabeza, de manera que es imposible que los encargados de reparto acierten a complacer a todo el personal. Es una batalla perdida de antemano. Pero en este caso,  Statham es el Brant casi perfecto. Como afirma la frase promocional de la película: un policía asesino a la caza de un asesino de policías. Y no me digan que la premisa no es buen anzuelo para llevarles a pasar por taquilla si les gusta este género o instala cierto toque de curiosidad incluso aunque sean ajenos al mismo. ¿Qué puede salir de ahí?

Pues lo que sale es una trama de intriga con acción cuidadosamente dosificada pero trepidante que fácilmente puede calificarse como una de las mejores películas que ha protagonizado Statham, y conste que yo no soy de los que le hace ascos a su filmografía, que casi siempre me entretiene y a la que he ido cobrándole mayor aprecio como cine de evasión competente desde que vi la gamberrada de Crank (cierto: la segunda se la podían haber ahorrado, y lo mismo la tercera de Transporter, pero incluso con esas aberraciones encuentro una manera de sacarle jugo en clave de entretenimiento).

Así que, vale, preparen las estacas y la hoguera que lo confieso: suelo divertirme viendo películas de Statham, creo que es un tipo que llena la pantalla al estilo de los Charles Bronson y los Burt Reynolds de los setenta, y para ser totalmente sincero en esta especie de declaración de principios, además el tipo me cae mejor que Bruce Willis.

¡Hala, ya lo he dicho! La intelectualidad vigente y suprema puede empezar a quemarme por tener tratos con el maligno, ceder a la tentación y pecar buscando la evasión en el cine.

En Blitz Statham no sólo hace uno de sus mejores trabajos, cierto es que más adaptando a Brant a su estilo que adaptándose al estilo de Brant, pero eso da lo mismo. El resultado es sobradamente convincente y sirve como motor para una peripecia urbana de perseguidores y perseguidos altamente satisfactoria para los amigos del buen cine de acción. Porque el cine de acción puede ser bueno, regular o malo. Como el cine de autor, que lo mismo te regala una joya impagable y preñada de talento que te propina un puñetazo en todo el ojo o te aburre la vida contándote cosas que no te interesan absolutamente nada aunque al perpetrador del delito cinematográfico le parezca del máximo interés. Y Blitz es muy buen cine de acción. Mejor, con diferencia, de lo que hemos visto protagonizado por Statham en los últimos tiempos.

En todo caso, y para los despistados, repito: la acción en Blitz es un adorno bien administrado como consorte de la trama de investigación, lo cual es bueno y mejora el resultado final del conjunto de la película. Donde las producciones estadounidenses parecen estancarse en el miedo a que de repente no haya ni carreras, ni tiroteos, ni peleas, ni persecuciones, los británicos saben que lo interesante es lo que ocurre antes y después de la acción, no durante. Y que además las secuencias de acción, si son contadas, consiguen ser mucho más interesantes y atractivas para el espectador. Sobre dosificación de la acción basta con pensar simplemente en el ritmo de clásicos como Bullit o French Conection, donde la acción estalla cuando debe estallar y no continuamente.

Las novelas de Ken Bruen son una forma de tomarle el pulso a nuestro tiempo recorriendo las calles de la ciudad y jugando con gran originalidad con los estereotipos básicos del género policíaco. El hecho de que en las mismas el propio Brant sea un fanático seguidor de las novelas policíacas de Ed McBain es una declaración de afecto por los grandes del género del propio autor y explica el camino emprendido por Bruen para narrar las peripecias de sus personajes, que navegan entre lo divertido, lo lenguaraz y lo descarado, a ratos recordando el vitriólico estilo narrativo de Reservoir Dogs o Pulp Fiction (ya que estamos, bueno sería ver una adaptación de Bruen al cine perpetrada por Tarantino, y ojo que en este caso el término “perpetrar" es en positivo). Por ello en su esqueleto, con ese desfile de personajes interesantes que sin ser del todo secundarios acompañan a Statham en esta peripecia, Blitz tiene mucho en común con las novelas del Distrito 87 de Ed McBain (traducidas al cine y la televisión en numerosas ocasiones, por ejemplo en El turbulento distrito 87, con Burt Reynolds como protagonista), aunque lo más interesante de su propuesta va por otro camino. En su desarrollo es un ejemplo de procedural,  la fórmula que narra la investigación de la policía, el procedimiento, pero dada la turbulenta personalidad de su protagonista, Brant, acaba convirtiéndose en una crook story, la trama policial narrada desde el punto de vista de los delincuentes, porque Brant, como el personaje interpretado por Denzel Washington en Día de entrenamiento o el encarnado por Michael Chiklis en la serie The Shield, al margen de la ley, es un poli que habita en la frontera que separa la ley del crimen,  y tiene un pie puesto en cada uno de los lados de la misma. Ese carácter fronterizo del personaje que tan bien ha sabido explotar en sus novelas Bruen, marca también a la película, proporcionando muy interesantes resultados.

Miguel Juan Payán

Modificado por última vez en Jueves, 30 Junio 2011 16:22
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