Jesús Martín

Jesús Martín

Soy un auténtico apasionado de las películas que despiertan la imaginación

Crítica de la película Noche de bodas

Imaginativo aquelarre familiar, con el que Matt Bettinelli-Olpin y Tyler Gillett narran lo disparatada y gore que puede llegar a ser una celebración matrimonial.

Según las supersticiones populares, los cuchillos son concebidos como armas capaces de acabar prematuramente con las uniones maritales. Por eso, quien encuentre estos utensilios de cocina entre sus regalos de boda, debe dar una moneda (no se especifica la valía de la misma) a quien se haya atrevido a incluir semejantes artefactos en la lista de obsequios. De esta manera, este acto será concebido por los espíritus del amor eterno como una compra, y no como parte de los gifts nupciales. Este comportamiento puede parecer neurótico, pero tal vez habría restado algo de hemoglobina derramada, a la incauta protagonista de Noche de bodas.

Con cuchillos o sin ellos, Matt Bettinelli-Olpin y Tyler Gillett toman de manera literal lo del sangrado que supone un convite matrimonial, y lo convierten en una cacería humana de inusitadas consecuencias.

La trama arranca con la ilusionada Grace (Samara Weaving): una chica que está a punto de hacer efectivo su enlace con Alex Le Domas (Mark O’Brien), el benjamín de una poderosa y excéntrica familia estadounidense. El clan parece salido de un reality de Cuatro, con sus peleas internas y sus salidas de tono cercanas a la paranoia surrealista. Pero Grace está decidida a pasar por alto toda la parafernalia previa a la luna de miel. Sin embargo, tales preliminares ocultan un desenlace inesperado, cuando el patriarca de los Le Domas propone a la novia escoger un juego de distracción nocturna. Al parecer se trata de una tradición que mantienen desde los tiempos del fundador del clan, por lo que la ingenua mujer vestida de blanco accede a la propuesta. El lúdico pasatiempo que sale elegido por azar es el del escondite; algo que resulta un poco infantil a primera vista, pero que se convierte en una actividad peligrosa y macabra, cuando la chica descubre que los Le Domas se proponen acabar con su vida, en caso de que la encuentren antes del amanecer.

Crítica de la película Abuelos

Simpática y sentimental comedia de Santiago Requejo, con la que pretende defender el protagonismo social de los mayores de cincuenta y cinco años..

A primera vista, Abuelos puede parecer una película reivindicativa; destinada a luchar contra la marginación profesional que sufre el colectivo de los que ya peinan canas. Sin embargo, esta realidad queda pronto superada por un guion que toca temas diferentes, no siempre relacionados con el ámbito de la obsolescencia laboral.

La historia comienza con un comercial en paro, llamado Isidro (Carlos Iglesias). Este individuo siente que su mundo se ha acabado, y que sus habilidades en el campo de las ventas están oxidadas. Así lo experimenta en las extrañas entrevistas de trabajo a las que acude, donde la técnica del brainstorming es más importante que exponer los méritos curriculares. Este hecho lleva al angustiado y entristecido Isidro a solicitar la ayuda de sus amigos, Arturo (Roberto Álvarez) y Desiderio (Ramón Barea); y juntos deciden idear un negocio que suponen de éxito inmediato: una guardería que permita a los padres tener acceso a sus hijos en todo momento, al tiempo que desarrollan sus actividades laborales. Los tres se empeñan a fondo en su proyecto, pero las situaciones de Arturo y Roberto son muy diferentes a la de su compañero. Arturo es un novelista de éxito, que es considerado un experto en el universo femenino. Una pose que el escritor pierde momentáneamente, cuando una supuesta hija y su pequeña acuden a él, para pasar unos días en su apartamento. Por su parte, Desiderio es un jubilado que ansía profundamente ser abuelo, pero cuyo vástago se niega a concederle este simple anhelo.

Crítica de la película Untouchable

Ursula Macfarlane realiza un brillante documental en clave de película de terror, sobre las supuestas agresiones sexuales del productor Harvey Weinstein.

La mirada y las palabras cargadas de aparente sinceridad de la actriz Erika Rosenbaum abren la puerta al sórdido mundo creado por Harvey Weinstein, donde –según cuenta el documental- la violación a las aspirantes a estrellas del cine y a sus ayudantes más atractivas era la norma para él. A modo de thriller, la cineasta británica Ursula Macfarlane diseña una atmósfera que atrapa por la monstruosidad que despliega, y en la que la figura del depredador es retratada por las numerosas víctimas a las que violentó sexualmente.

La documentalista consigue establecer un ritmo narrativo sorprendente, que dibuja una clara línea de exposición, nudo y desenlace para tratar con rigor los espeluznantes hechos que toca. Para ello, Macfarlane toma la inteligente resolución de alejarse del eco mediático del juicio contra Weinstein, y procura ir paso a paso por su senda delictiva, desde sus inicios como productor musical en la ciudad de Búfalo.  Allí, la directora localiza el testimonio de una mujer, a la que convenció para viajar a Nueva York con fines profesionales. Una vez allí, en la habitación de hotel que ambos compartían, el entonces joven Harvey Weinstein abusó de su compañera, sin atender a la negativa de ella.

Este acto sirve para poner en antecedentes al espectador sobre la bestialidad de las agresiones sexuales que el cofundador de Miramax prolongó durante más de treinta años, y cuyas consecuencias fueron tapadas por bufetes de abogados y pagos millonarios a las víctimas. Una manera de silenciar las violaciones, que la documentalista enlaza directamente con el concepto de poder. Los testimonios de los protagonistas directos (tanto las mujeres de las que supuestamente abusó, como las personas que trabajaban a su lado) señalan al distribuidor americano de Cinema Paradiso como un tipo déspota y dictatorial, pese a su olfato para localizar buenos guiones y a su artificiosa cordialidad. Un individuo que se definía a sí mismo como el sheriff de la Meca del Cine.

Crítica de Playmobil: La película

Lino DiSalvo homenajea a los muñecos con los que han jugado millones de niños de cinco generaciones distintas.

Si las figuras de Lego y la sintética Barbie tienen sus propias obras cinematográficas, ¿por qué los entrañables “clicks” no iban a merecer la misma distinción? Lino DiSalvo se hizo la misma pregunta, cuando encontró por casualidad a sus compañeros infantiles de horas interminables, guardados en una caja, olvidada en su antigua casa. Y de ahí surgió el esqueleto de esta película, que no es más que un figurado playground escolar, con múltiples universos encuadrados en una historia más o menos compacta (no confundir con verosímil).

La trama de Playmobil comienza en el mundo de los humanos. Allí, Marla (Anya Taylor-Joy) y su hermano Charlie (Gabriel Bateman) sueñan con dotar a sus respectivas vidas de la misma magia que imprimen a sus muñecos de Playmobil. Sin embargo, todo cambia cuando los padres de los chicos perecen en un accidente de coche. Entonces, Marla se convierte en una persona excesivamente protectora para con Charlie, quien echa de menos a su divertida sister de antaño. Una noche, el crío se escapa de casa, y se refugia en unos grandes almacenes, donde se está preparando una enorme exposición de Playmobil. Marla se asusta, y sigue a su brother hasta ese lugar. Una vez dentro, ambos discuten; y, casi como un hechizo, los dos son transportados al cosmos de plástico de los clicks. Transformados en un par de quecos (él, como vikingo, y ella, como una dama con malas pulgas), Marla tendrá que emprender una intensa búsqueda para dar con el paradero de Charlie, y regresar juntos  a su existencia humana.

Crítica de la película Padre no hay más que uno

Santiago Segura utiliza con destreza los elementos habituales de las comedias familiares, en donde las gracias de los niños y los chistes de fácil lectura suponen su mayor acierto.

El subgénero de los clanes numerosos, y de los problemas que conlleva hacerse cargo de una populosa prole, suele ser bastante agradecido de cara a la taquilla. Uno de sus mayores puntales comerciales estriba en que familias al completo suelen disfrutar con el humor light y moralizante que desarrollan tales películas. De La familia y uno más a Padre no hay más que dos, el cine español es prolijo en títulos de la citada naturaleza. Catálogo muestral, al que Santiago Segura le saca el debido partido, con esta cinta que sigue la tradición de los líos consanguíneos entre un padre desquiciado y unos vástagos descontrolados, que no hacen otra cosa de meterse en problemas.

El argumento refleja la situación de Javier (Santiago Segura): un tipo obsesionado con su trabajo en una empresa informática, al que su esposa siempre le reprocha que no encuentre tiempo para ella y para sus hijos en común. Un día, después de que el protagonista comunicara a su pareja que no podía ir al viaje de aniversario que tenían programado, la mujer decide escapar al Caribe, acompañada de su alocada cuñada. Esto obliga a Javier a cuidar de sus cinco churumbeles, hasta que la madre regrese a España. La misión de controlar y realizar las actividades de la casa supera al incauto informático y desarrollador de apps, quien comprueba en sus propias carnes lo difícil que es manejar con soltura el rol de su esposa en el hogar.

Crítica de la película Súper Empollonas

Imaginativa comedia gamberra, con la que debuta como directora de largometrajes la actriz Olivia Wilde.

Desde hace más de tres décadas, las películas relacionadas con las graduaciones estudiantiles son sinónimo de despiporre colectivo y surrealista. Un hecho que se multiplica por mil, si la película en cuestión posee la nacionalidad norteamericana. Esta norma, marcada a fuego por la industria del celuloide, prende con fuerza en la mente de Olivia Wilde para su primera obra como directora.

La actriz de Tron toma como protagonistas de su ópera prima a dos chicas que se han pasado el instituto preparándose para ir a una universidad de élite. Estas jóvenes son Amy y Molly: dos amigas que se insuflan mutuamente la estima que los demás no les otorgan. El día de fin de curso de acerca, y las muchachas están preocupadas por lo que sucederá en un futuro próximo. Tras unas charlas un tanto nerviosas con Amy, Molly entra en el servicio unisex del instituto, y escucha cómo tres de sus compañeros se refieren a ella como a una perdedora. La inteligente teenager se enfrenta a ellos echándoles en cara su supuesto rol de perdedores; pero todo su mundo se derrumba, cuando los tres chavales (que ella siempre había concebido como descerebrados) le confiesan las impresionantes universidades que han aceptado sus respectivas solicitudes. El descubrimiento llena de desazón a Molly; ya que se da cuenta de que no ha servido de nada haber pasado toda la etapa de secundaria estudiando para los exámenes e implicándose en las actividades extraescolares. Esto lleva a la joven a embaucar a su colega Amy, para que ambas acudan a la megafiesta que da uno de los alumnos más populares del centro. La única pega es que desconocen la dirección del anfitrión de la party.

Crítica de la película Utoya. 22 de julio

Escalofriante recreación de Erik Poppe, de la matanza indiscriminada que perpetró el ultraderechista Anders Breivik, el 22 de julio de 2011.

Unas imágenes exhiben la estruendosa explosión en un edificio de oficinas del gobierno, en Oslo (Noruega). Estas secuencias, tomadas de manera confusa y un tanto amateur, dan paso al  nervioso movimiento de una cámara, que sigue a una chica llamada Kaja; la cual pasa un tiempo de relax y confraternización juvenil en la noruega isla de Utoya, al lado de su hermana pequeña. La adolescente muestra preocupación por lo ocurrido en la capital, y habla de ello con su madre y sus amigos; cuando de repente se escuchan unas detonaciones a lo lejos. Al principio, los chicos piensan que son petardos; pero todo se vuelve oscuro y neurótico, en el momento en que los adolescentes ven a un grupo de compañeros corriendo despavoridos a ponerse a salvo. A partir de esta escena, Erik Poppe introduce al espectador en la pesadilla real que experimentaron los chavales que estaban de campamento en la citada localización, el fatídico 22 de julio de 2011.

El cineasta nórdico opta por una estructura casi de documental, con personajes que, pese a estar inventados en sus respectivas identidades, guardan una correlación fiel con gran parte de las víctimas del sádico Anders Breivik.

Utoya. 22 de julio toma el estilo audiovisual de la impactante Elephant (Gus Van Sant, 2003), y lo mezcla con ciertos toques de El proyecto de la bruja de Blair (Eduardo Sánchez, Daniel Myrick, 1999); todo para generar un producto directo y descarnado, en el que no existe banda sonora, y donde los planos parecen gestionados por la urgencia y el miedo que padecen los muchachos que huyen de la muerte.

El actor ha quedado absuelto según las últimas noticias, de los cargos de agresión sexual este pasado miércoles, debido a la ausencia de un testigo del caso.

Quizá nunca sepamos lo sucedido realmente, pero en este caso en concreto, Kevin Spacey ha sido absuelto de todos los cargos según la corte de Massachusetts en la se juzgaba el mismo. El actor fue acusado por un joven quien aseguraba que en 2016 el actor abusó de él en un bar, donde le agredió sexualmente cuando él solo contaba con 18 años. Tras esa denuncia muchas otras salieron a la luz, incluyendo algunas muy antiguas y otras recientes en las que se acusaba al actor de comportamiento poco profesional o adecuado en el set de House of Cards, donde habría llegado a acosar a miembros del equipo.

Crítica de la película Wild Rose

Jessie Buckley se desmelena en este musical de naturaleza country, cuyo estilo recuerda al de The Commitments.

La voz rota y agresiva de Jessie Buckley alerta a los espectadores sobre el tono agridulce de este musical, que no sigue la norma habitual de las producciones del género calificado como feelin’ good. Pocas cosas de las incluidas en el guion de Wild Rose sirven para alcanzar el estado de bienestar que se percibe con Mamma Mia! o Amanece en Edimburgo; ya que la zozobra existencial que se respira recuerda más a las contorsiones dramáticas de The Rose, o a los accesos aguardentosos y costumbristas de The Commitments y Fama (más la película de Alan Parker, que la homónima serie de televisión).

Tom Harper construye una historia más cercana al cine de Ken Loach, que a los grandes espectáculos melódicos que copan las carteleras teatrales y cinematográficas. Pero el ejercicio resulta realmente estimulante, gracias sobre todo a la enérgica interpretación de la irlandesa Jessie Buckle. La actriz de Chernobyl realiza una caracterización memorable, en la piel de la peleona y soñadora Rose Lynn: una chica de Glasgow que acaba de salir de la cárcel, y que es capaz de arriesgar cualquier cosa por su anhelo de viajar a Nashville, en USA.

Crítica de la película Yesterday

Danny Boyle y Richard Curtis diseñan convincentemente un mundo en el que The Beatles no han dejado legado alguno.

¿Qué habría pasado si The Beatles nunca hubieran copado las listas de éxitos? ¿Cómo habría sobrevivido la música del siglo XX sin las genialidades de John, Paul, George y Ringo? Estas preguntas son las que dotan de base argumental a esta extraña colaboración entre Danny Boyle y el guionista Richard Curtis. Y lo que sustentan tales diatribas es una historia altamente imaginativa y colorida, en la que las canciones del cuarteto de Liverpool son las auténticas protagonistas; incluso a pesar de ser temas supuestamente inéditos, para la mayor parte de los personajes que pueblan el metraje del filme.

Yesterday arranca con la pesarosa existencia de Jack Malik (Himesh Patel): un cantautor que está a punto de tirar la toalla, debido a la nula aceptación de sus actuaciones musicales. El joven solo encuentra el apoyo en su amiga y manager: una profesora de matemáticas llamada Ellie (Lily James). Sin embargo, todo ese desánimo cambia de repente. Un extraño apagón hace que Jack tenga un aparatoso accidente de tráfico, por lo que es ingresado en el hospital. Cuando el muchacho despierta, este descubre atónito que nadie recuerda a The Beatles, grupo que ni siquiera aparece en las búsquedas por Internet. Sin saber muy bien cómo reaccionar a la noticia, el protagonista interpreta un día Yesterday; y sus amigos le animan a escribir canciones tan buenas como esa. La oportunidad de alcanzar el triunfo en las ondas lleva a Jack a echar mano del extenso repertorio del cuarteto de Liverpool, y ofertarlo como propio. Pronto, las versiones de estos temas grabadas en youtube llaman la atención del famoso Ed Sheeran, quien se muestra entusiasmado con la capacidad compositora del otrora reponedor en un supermercado. Tras el apoyo de Sheeran, el protagonista es catapultado a un mundo de fans y contratos millonarios, que amenaza con destruir sus intereses artísticos, creativos y sentimentales.

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