Miguel Juan Payán

Miguel Juan Payán

Profesor de Historia del cine, Géneros cinematográficos y Literatura dramática

Crítica de la película El asesino de los caprichos

Verdú, Garrido y Álamo lo mejor. Actores frente a un policíaco flojo.

Encuesta policial peleada consigo misma. Así podría definirse esta película que parece dividida entre ser un relato de asesinatos en serie y al mismo tiempo una exploración del personaje de Maribel Verdú, que como Aura Garrido y Roberto Álamo tira de oficio para sacar adelante una historia que no acaba de decidirse por enfocarse en ser un relato en profundidad sobre su personaje o atender al enigma de intriga que nos propone. Resultado de esa aparente indecisión es que no acaba de definirse y además cae en una precipitación en su tercer acto que resulta un poco decepcionante. El problema de servir a dos amos sin alcanzar un equilibrio e imponer claramente el tema que debería ser el corazón que diera sentido a la trama y el argumento. Tiene cosas interesantes en el argumento, pero es desigual en su trama y no acaba de dejar claro su tema, que debería haber sido lo que le otorgara fuerza y personalidad.

Verdú consigue a base de miradas y trabajo muy astuto de actriz forjada en mil batallas insuflar vida y personalidad a su personaje, que por lo demás está construido como con retazos de varias cosas amontonadas pero no ordenadas, algo que podría decirse también de la intriga que se nos cuenta. Lo mismo se puede decir en el caso de Aura Garrido. Es precisamente el juego de los actores, y su trabajo en común,  lo que levanta interés y presta algo de solidez a la película, que por otra parte resulta repetitiva en algunos elementos -el karaoke, la llamada de teléfono no respondida a tiempo en dos ocasiones, las visitas del personaje de Verdú al baño que no sirven como definición del personaje-, plana y muy previsible en sus claves de intriga -obvia la manera de señalar al asesino con precipitación y en un estadio muy inicial del relato-, de manera que cuando maneja todo lo referido a la intriga propiamente dicha se observa cierta precipitación o desinterés por sacar adelante el laberinto policial para poder centrarse en el personaje de Verdú. Sin embargo, éste tampoco está demasiado desarrollado más allá de la pose, y su vida le llega por la actriz.

Crítica de la película Paradise Hills

Curiosa versión revisionista de los cuentos de hadas y brujas con mensaje incluido.

El mensaje es un tanto obvio, pero no por ello deja de ser eficaz como entretenimiento. La película recoge el testigo de la corriente de revisionismo de las fábulas sobre adolescentes que pueblan la fantasía más reciente, pero, y eso es lo más interesante de la propuesta, aciertan a mezclarlas con un punto de revisión de los mensajes de los cuentos infantiles tradicionales. Añadiendo pinceladas de ciencia ficción y de terror, sobre todo en el tercer acto de su fábula, la película consigue mantener un buen ritmo como propuesta de intriga. Recuerda por un lado los cuentos de Grimm y Andersen y pone en cuestión hábilmente y de forma siniestra desde su primera secuencia de canción-baile-boda todas las fábulas y parafernalia de las tradicionales princesitas Disney, Cenicienta y sus colegas. El puntito sado-maso de la máscara y la letra de la canción dan muy  mal rollo aunque no seas ni adolescente ni fémina ni te vayas a casar, lo cual es un punto positivo a favor para la dirección y el guión de la película, muy bien llevada en general en todo el metraje. Creo que atrapa a todo tipo de público por su construcción de la intriga y su ritmo.

Crítica de la película Joker - Guason

La mejor película del año. Joaquin Phoenix está inmenso. Todos somos Joker.

Le pongo cinco estrellas. Me faltan estrellas para ponerle. Le pondría diez si me dejaran. Es la mejor película no solo de este año sino de los últimos años.

El logo de la productora con el que arranca la película es ya en sí mismo toda una declaración de principios sobre lo que vamos a ver a continuación: el retorno del gran cine que los grandes estudios cultivaban allá por los años setenta, cuando pensaban en la calidad, buscaban a su público con más respeto por el público, y no se volcaban en la sobrexplotación de franquicias, secuelas, etcétera.

Joker lleva en su seno a modo de influencia muchos buenos momentos de gran cine de los años setenta y alguno que otro de los años ochenta. Arranca con poderosos ecos que recuerdan Taxi Driver, pero no tara en revelarse como un descenso a la locura del nivel de El resplandor. Una de sus secuencias, el encuentro del protagonista con Wayne en el lavabo, me ha recordado aquel otro momento, también de revelación y que hace avanzar la historia, o lo que es lo mismo, al protagonista hacia la locura, en el que el protagonista de El resplandor se encontraba con el antiguo guarda el hotel Overlord. Y en las secuencias del metro se respira todo el aroma de las buenas películas policíacas que nos servía el cine de los setenta en el marco de la producción comercial de los grandes estudios, tipo The French Connection.

Crítica de la película El crack cero

Precuela nostálgica dominada por el talento de Carlos Santos y Pedro Casablanc.

José Luis Garci vuelve sobre sus pasos, quizá en exceso, en un ejercicio que entra con frecuencia en el escabroso territorio de la cita y la autocita. En su empeño por hacer un homenaje a claves estéticas y visuales de la novela y el cine negro más clásicos resulta comparativamente mucho más fría y cerrada que los dos precedentes de las pesquisas del detective Germán Areta protagonizados por Alfredo Landa.

Garci resuelve su precuela de El Crack mayoritariamente en interiores, con mucho diálogo y algunos giros de la palabra que se resisten al oído del espectador. Ejerce su legítimo derecho a homenajear visualmente la sencillez de planificación del policiaco estadounidense de los cuarenta, pero busca el camino de la tragedia cotidiana en cada frase con demasiado empeño y unos diálogos que se les resisten a algunos de sus actores. Son víctimas de un intento de replicar los cuchillos afilados que hacían vibrar al espectador saltando de un lado a otro entre los personajes del cine negroclásico, pero que necesitan una puesta a punto.

Crítica de la película Géminis

Entretenida. Técnicamente curiosa. Visualmente atractiva. Guión tópico.

Lo primero que quiero aclarar es que en lo visual pienso que es un buen espectáculo para ver en cine. Pantalla grande y tal. Ang Lee sabe dominar ese nuevo aporte técnico con una solidez que puntúa a favor del espectáculo. Hay poco que criticar y mucho que valorar en ese terreno. Lee cumple. Y la acción funciona.

Otro asunto es la historia. El guión y los diálogos son un explotación de tópicos. Todo es muy previsible y sin aportes nuevos a la fórmula argumental que aplican. Es una sucesión de esquemas ya mejor explotados en sagas como la de Jason Bourne o Misión imposible. Y en su conjunto remite a los esquemas argumentales muy manidos del cine de acción de los años noventa.

A su favor cuenta con los actores para defender con solidez incluso las propuestas, frases, momentos y topicos más sonrrojantes de su guión y diálogo. Le ponen vida a personajes que son recortables, bocetos sin desarrollo, sin viaje en sus historias. Y así podemos digerir esa sistemática sucesión de previsibilidad que habita toda la película.

Crítica de la película Mientras dure la guerra

Amenábar vuelve con su mejor película y un reparto de gigantes.

Amenábar y sus actores se crecen, se agigantan, adquieren tamaño y forma de gran cine tratando una materia prima difícil en una de las mejores películas sobre la Guerra Civil que ha rodado el cine español.

Más allá de lo que cada cual piense sobre lo que en la película se cuenta. Más allá de lo que nos recuerde a cada uno este fresco histórico sobre las propias historias de nuestra familia, para bien o para mal, y más allá de lo que a unos y a otros pueda parecerles desde su personal punto de vista la visión de los acontecimientos y personajes que aparece en la pantalla, resulta difícil ponerle pegas a esta película desde la objetividad.

Crítica de la película RAMBO Last Blood

Lástima: no empieza a ser realmente Rambo hasta los 20 minutos finales.

Después de una larga espera y las buenas vibraciones que como disparate de acción nos dejó la cuarta película de la saga, Rambo: Last Blood me deja una sensación agridulce de desperdicio de reparto por guión flojo y que además en su primera parte aplaza la acción a que nos tiene acostumbrados la saga en sus entregas anteriores.

El problema añadido es que esa primera parte, la más emotiva -forzadamente emotiva, todo hay que decirlo-, aborda un tema serio, un asunto tan grave y trágico como la trata de blancas, y eso encaja mal con el tipo de disparate de acción y aventuras que siempre ha propuesto el tipo de propuestas que protagoniza este icónico personaje.

Es una pena porque sin duda la película esporádicamente en su primer y segundo acto y totalmente en el tercer acto, entra en el juego de lo que esperan los espectadores de la saga de Rambo, e incluso incluye un desenlace que es la acción más brutal del protagonista en sus cinco aventuras cinematográficas.

Crítica de la película Downton Abbey

Buena prolongación de la serie original que gustará a los seguidores de la misma.

Entre 2010 y 2015 la serie de televisión Downton Abbey se destacó en la oferta televisiva por su calidad y consiguió abrirse un hueco en las preferencias de los espectadores. Era televisión de calidad, y aunque su tema y propuesta no eran tan novedosas como algunos de sus “fans” incondicionales pretenden, no era nada nuevo (revisen la serie Arriba y abajo, de 1971), sin duda merecía estar siempre citada entre las producciones de mayor calidad de la pequeña pantalla.

Otra cosa es que a algunos nos interesen poco o nada las peripecias de la aristocracia británica de medio pelo y sus entregados y felices sirvientes, como es el caso de quien esto escribe.

Frente al largometraje que aquí comento me encuentro en la misma situación de obligado reconocimiento de la calidad de algo cuyo contenido no solo no me interesa absolutamente nada, y tiro de obligada objetividad, aparcando mi intenso desapego personal frente a toda esta fauna de personajes que tan poco inspiradores me resultan.

A Downton Abbey le reconozco en positivo el buen ritmo de la narración y la manera de mover elegantemente el protagonismo compartido de todos estos personajes sumidos en ese laberinto de falsas apariencias. El lenguaje visual se gana mi atención y mi aplauso sobre un guion que en realidad revisita y explota sin arriesgar las claves de la serie original, abusando de la baza del previsible interés de los seguidores de la serie por seguir metiéndose en las vidas de esta pintoresca fauna que constituyen los habitantes de esa mansión británica entregada a las tensiones y pequeñas intrigas que promueve el festejo de la visita real al lugar.

Crítica de la película It. Capítulo 2

Más floja que la primera, repitiendo claves de la misma y demasiado larga.

La película enfrenta un serio problema de ritmo y aunque sus casi tres horas de metraje no son aburridas, desperdicia algunas de sus mejores claves y lo sembrado en el primer largometraje, dejando algunos flecos particularmente crispantes. Por ejemplo, ¿qué ocurre con lo planteado con el marido del personaje de Jessica Chastain? ¿Qué ocurre con el secreto de Richie Tozer?

Lo que ocurre es que incluso en esa duración tiene elementos para resultar entretenida y puede permitirse vivir de las rentas de lo sembrado en la primera película, pero no progresa, no profundiza en las claves de los personajes adultos, en sus neuras y sus complejos, en los miedos y culpas que son el alimento de de Pennywise.

De hecho una de las flaquezas de la película es que no le saca tanto partido como podría a Bill Skarsgaard en el personaje de Pennywise. Lo que nos ofrecen en el payaso es más de lo mismo que ya vimos en la primera película. No hay progreso e incremento de la inquietud. La resolución y todo el tercer acto de este Capítulo 2 es reiteración de lo visto en el desenlace del 1. Por comparación con sus equivalentes infantiles, los personajes y actores adultos salen perdiendo. El único que mantiene el tipo es Bill Hadder. Lo que hace gracia o resulta simpático en los críos no lo es tanto, e incluso llega a ser repetitivo, en estos adultos que están dibujados como niños grandes y cuya madurez no opera en sus reacciones ante la amenaza de Pennywise. Eso perjudica el trabajo de actores. Jessica Chastain está como desdibujada, corriendo de un lado para otro, gritando, en un papel por debajo de sus posibilidades. Otro tanto puede decirse de James McAvoy. Siendo unos perdedores, manteniendo ese perfil de hechos polvo, cabría pensar que la madurez sin madurar de estos personajes fuera más interesante psicológicamente en su construcción, pero no lo es, es muy plana, excesivamente simple en la manera en que se comportan y supuestamente superan los retos, con recursos muy obvios. El tema del ritual es poco original en la manera de presentarse en pantalla.

Revista mensual que te ofrece la información cinematográfica de una forma amena y fresca. Todos los meses incluye reportajes de los estrenos de cine, analisis de las novedades televisivas, entrevistas, pósters y fichas coleccionables tanto de cine clásico como moderno.

     

Contacto

 
91 486 20 80
Fax: 91 643 75 55
 
© NOREA Y ALOMAN EDICIONES, S.L.
c/ La Higuera, 2 - 2ºB
28922 Alcorcón (Madrid) NIF: B85355915
 
Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

En caso de duda para pedidos, suscripciones, preguntas al Correo del lector o cualquier otra consulta escríbenos por WhatsApp