Crítica de la película Infierno bajo el Agua

Sin lugar a dudas, Infierno bajo el Agua es una de las más gratas sorpresas del verano..

Alexandre Aja es un director más que conocido por el fan del cine de terror y de género, que nos dejó impresionados con Alta Tensión, por ejemplo, para luego dar el salto a Estados Unidos y aprovechar la moda de los remakes de cine de terror para brindarnos tres de los mejores, la sorprendente Las Colinas tienen Ojos, la muy cuidada Reflejos, y la hilarante y desvergonzada Piraña 3D. Luego llegó Horns, también interesantísima, y la más oilvidada La Resurrección de Louis Drax. Y con Infierno bajo el agua vuelve al terror puro, al miedo como principal motor narrativo de la película, por encima del guión y de la historia que quiere contarnos…

Una historia tan sencilla como imposible. Una joven, nadadora profesional, vuelve a casa de su padre durante un huracán de clase 5, para buscarle. Pronto se encontrará junto a él en un sótano que se inunda poco a poco, rodeada de caimanes con ganas de convertirles en la merienda. Desde el minuto uno al último, sabemos que para que la historia siga adelante, los personajes deben tomar todas las malas decisiones posibles. Todas. Si arriba es la vida y abajo la muerte, los personajes siempre irán abajo. Si no la película duraría cinco minutos o menos… Por ejemplo, cuando la protagonista llega a casa de su padre y le encuentra inconsciente tras el asalto de un caimán… quien misteriosamente ha decidido perdonar la vida al personaje… O cuando deciden tomar un camino que claramente dirige a más peligro en lugar del que finalmente deben tomar cuando el primero se muestre una mala idea…

Lo último de Alexandre Aja funciona pero no termina de convencer. Una historia basada en la novela de Joe Hill del mismo título, hijo de Stephen King y autor de varias novelas de terror más que interesantes, aunque a Horns no le he podido hincar el diente. El Traje del Muerto me gustó bastante. Y esta película tiene elementos más que interesantes, potentes, aunque no termine de explotarlos. La historia de un joven acusado del asesinato de su novia, aunque puesto en libertad por falta de pruebas, que se enfrenta al desprecio de la gente pese a saber que es inocente, y que una noche de borrachera, tras destrozar una imagen religiosa, se despierta con cuernos en su cabeza, convertido en el demonio que todos creen que es.

Desde ahí su misión será descubrir quién mató realmente a su novia, sobre todo cuando descubra que la gente se ve obligada a contar la verdad cuando habla con él, sus más oscuros y terribles secretos, sin inhibiciones ni reservas, dejándose llevar por sus más bajos instintos. Daniel Radcliffe se echa encima la película en uno de sus papeles más interesantes, por no decir el mejor hasta la fecha (y que me perdonen los fans de Harry Potter), y lo hace sin despeinarse, con bastante contención y fuerza, sin excesos, demostrando el talento que posee el actor aunque tenga un personaje que no termine de encajar del todo, demasiados bandazos por el camino. Eso sí, no viene mal tener nombres como Juno Temple, Max Minghella, Heather Graham, James Remar o David Morse como acompañamiento para que incluso funcione mejor.

La historia no es que vaya a sorprendernos, dudo que nadie, incluso quien no se haya leído el libro, tarde en descubrir al culpable. Pero funcionan sus giros a la comedia negra, como el momento con la camarera, los policías o la auténtica fiesta, la escena con los periodistas y después, el bar. Cuando camina por esos pastos, la película alcanza cotas de genialidad, gamberrismo y mala uva que pierde con el romanticismo que lastra, con momentos como el innecesario y largo flashback a la infancia o la “charla” con el hermano y las drogas. Además por momentos, sobre todo en el final, parece perder la garra habitual de Aja.

Es como si por momentos, según la película se alarga, el director deja de estar interesado en el relato y pierde la fuerza que otros momentos, sobre todo el bloque central, tienen. La historia es original y en lo moral gira hacia la venganza más que la justicia, es oscura y tiene momentos que producen mal rollo suficiente como para apreciar la película (ojo al par de escenas de Heather Graham con peso… sensacionales). Todo eso hace que nos olvidemos de sus muchos peros, y elevemos la película por encima de cualquier producto de género habitual, sobre todo cuando camina en lo gris de los personajes (de nuevo, ojo a los padres del protagonista). El resultado queda lejos de otras muestras más brillantes del cine de Aja, pero sigue siendo una buena película de género. Eso siempre es apreciable.

Jesús Usero 

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