Micmacs ★★★★

Junio 20, 2011

Crítica de la película Micmacs

Muchas veces cuando me pongo a dar la brasa en estas líneas acerca de lo tarde que nos llegan muchas películas, el lector puede pensar que hablo sólo de la filmografía americana, que, no cabe ninguna duda, es la más importante y comercial del planeta. También es de cajón que muchas películas de todos los rincones del mundo se pierden y nunca llegan, sean de lugares tan lejanos como la India, Japón o China, o tan cercanos como Francia. Todo no puede llegar. No hay sitio y seguramente tampoco haya mercado. Pero también me refiero a películas importantes, de cierto peso y relevancia. Que la última película de Jean Pierre Jeunet llegue con dos años de retraso y encima de una forma tan limitada… Pues, qué quieren que les diga, los cinéfilos y seguidores de este director deben estar algo moscas.

Porque Jeunet no es un donnadie ni un cualquiera. En su haber tiene películas como La Ciudad de los Niños Perdidos, Delicatessen o Largo Domingo de Noviazgo, sin olvidarnos de la película que le ha convertido en un ídolo en medio mundo, Amelie, de la que hay seguidores por todos los rincones, y que debería garantizar una mayor proyección internacional de su cine, que además el buen hombre hace una película cada cuatro o cinco años. Y sí, Micmacs no arrasó precisamente en la taquilla gala, pero como para tener que esperar dos años para que llegue a España… Pues es demasiado tiempo. Repito, es el director de Amelie.

Y en un verano cargado de secuelas de todos los tipos y géneros, de cintas de animación que a veces son algo cansinas, de estrenos que repiten una y otra vez las mismas claves argumentales, narrativas y visuales, la película de Jeunet es un soplo de aire fresco, algo completamente diferente a lo que podemos ver en cartelera sin dejar de llevar el sello de su creador, una mirada distinta a una película que busca entretener y emocionar. Que busca que el espectador disfrute durante 100 minutos de proyección en este peculiar universo.

Digo que lleva el sello de su creador porque si se ha visto Amelie o Delicatessen, a los 5 minutos ya sabemos de quién es la película. Tiene una forma de narrar, de contar historias, personal, única e inconfundible. Su cine está plagado de referencias y claves que llevan de una de sus películas a otra. Antes he mencionado Amelie y Delicatessen porque ésta es un cruce entre ambas con un despliegue visual y de imaginería que ya quisieran para sí el 99% de las historias que nos llegan. Es poderoso y casi hipnótico, y cae en lugares comunes (ese ojo en la cerradura…) que son parte imprescindible de sus universos.

Unos universos que son uno en realidad y cuyos personajes son perfectamente extrapolables entre películas. Bazil, el protagonista de Micmacs, bien podría ser vecino de Amelie antes de su desgracia, y si apareciese alguien tocando el serrucho en esta película, a nadie le extrañaría. Sus personajes son cautivadores, bizarros, divertidos, irrepetibles… Incluso cuando se puso más serio y nos trajo la que, para mí, es su mejor película, Largo Domingo de Noviazgo, ciertas cosas permanecían como parte imprescindible de su cine, como la presencia de Dominique Pinon. Son señas de identidad. Son las cosas que hacen que todas sus películas (a excepción de Alien Resurrección), parezcan formar parte de un mismo engranaje.

Aquí la historia nos lleva a la vida de Bazil, un joven amante del cine que ve cómo su vida es destrozada en dos ocasiones por las armas. Primero cuando pierde a su padre por una mina personal, después ya de adulto, cuando una bala perdida se le aloja en el cráneo sin poder ser extraída, lo que puede matarle en cualquier momento. Y además le hace perder su casa y su trabajo, le lleva a la calle, donde conoce a un grupo de personas sin par y además se permite preparar una venganza contra los responsables de su tragedia. Los directivos de las dos empresas fabricantes de las armas que le han llevado a ser un vagabundo. Pero también a entender la vida de otra forma.

Todo ello está contado como una fábula, un cuento con moraleja que permite a los personajes participar en las más dispares aventuras y misiones, con un aire a caballo entre la serie de televisión Misión Imposible y Ocean’s Eleven. Pero como en todo cuento, los malos son malísimos y los buenos son buenísimos. No hay grises en este mundo.

Lo que hace realmente a la película una maravilla no sólo visual, son los personajes que la habitan. Esa gente como el hombre bala, el inventor, la contorsionista, la madre o el propio protagonista, encarnado por un encantador Dany Boon. Esos personajes son tan maravillosos que no dejan que salgamos de la película en ningún momento. La llegada a la casa de los vagabundos de Bazil, con los personajes presentándose y sus historias es simplemente magistral.

El humor es blanco, como si de una peli de Pixar se tratara (tiene algo de Toy Story), y efectivo, y sirve las historias secundarias con una economía de medios y un ritmo excelente (la historia de amor, el récord Guinness…), dejando a los protagonistas en la piel de adultos con corazón de niños, porque un cuento tiene que estar protagonizado por niños. Y si no, vean cómo reaccionan al sexo, con que humor y con unos ojos casi infantiles. Sin olvidar el hecho de que son huérfanos adoptados por una peculiar madre.

El caso es que siempre queremos saber más de ellos y de sus historias. Y sí, el tema de las armas como trama central es algo obvio y peca de moralina, como todos los cuentos. Y ya no cuenta con el factor sorpresa de las películas anteriores de Jeunet. Y quizá no es tan buena como ellas. No es una película perfecta. Pero si sumamos a todo eso el homenaje al músico Max Steiner, al cine clásico y su peculiar forma de entender la vida, tenemos una muy buena película. Diferente, fresca, única.

De esas que merece mucho la pena ir a ver.

Jesús Usero

 

 



Crítica de la película Resacón 2, ¡Ahora en Tailandia!

Siempre se dice que segundas partes nunca fueron buenas. Tampoco hay que ser un experto cinéfilo que se sabe de carrerilla todas las secuelas cinematográficas de la historia para saber que esa afirmación tiene mucho de cierto. Que muchas de las secuelas que vemos no valen para mucho más que para llenar salas de cine y arcas de las distribuidoras. Películas sacacuartos que acaban decepcionando hasta a los más fervientes seguidores de la película original. Sea por falta de originalidad, por excesos visuales o por simple agotamiento de la fórmula. Las secuelas no suelen gustar. (Otra cosa es que sigamos viéndolas o no…)

Pero también hay secuelas brillantes, dignas sucesoras de la original y excelentes películas que saben enganchar al público y que a veces incluso superan al original. Películas como El Padrino 2, El Imperio Contraataca, Aliens El Regreso o Zombie, de la que hace no mucho hablábamos en uno de nuestros debates, son películas que demuestran que se pueden hacer buenas segundas partes. Muy buenas de hecho. No hace mucho en estas mismas líneas, les hablaba de Kung Fu Panda 2. Y me juego unas cañas a que Cars 2 es tan buena o más que la original. Pues algo muy parecido sucede con Resacón 2… Que es muy buena, y, por momentos, más salvaje y divertida aún que la original.

Eso sí, muchos la han despellejado ya por ser un calco de la original. Una copia que repite paso por paso todos y cada uno de los elementos de la primera película, pero situándola en un nuevo escenario, el de la ciudad de Bangkok. Y sí, es cierto, lo hace. Es un calco de Resacón en Las Vegas. Pero descarado, además. Seamos serios. O, mejor, no lo seamos tanto. Cuando en una comedia como ésta, resulta que nos repiten toda la trama de la película original, ¿no será que es un chiste más? ¿Otra broma dentro de la película? Se ve a la legua que lo que buscan los guionistas y el director Todd Phillips, es conseguir que el espectador sonría por inercia, por el mero hecho de pensar “Pero que sinvergüenzas que son…”. Es un guiño de los propios autores del asunto para con el espectador que se refleja hasta en los diálogos (como la conversación telefónica inicial). Y nosotros aceptamos ese guiño y aprovechamos para pasárnoslo en grande.

Porque Resacón 2 es una de las películas más esperadas del año, como demuestra su brutal carrera comercial en USA. Y eso que la primera parte empezó como una película algo desapercibida en nuestro país, pero gracias al boca a boca se mantuvo. Y el DVD y la televisión (y la piratería, para que engañarnos), la han convertido en una de las comedias más respetadas por la audiencia de los últimos años. Porque no tomaba prisioneros. Porque era salvaje, bestia, políticamente incorrecta y muy divertida. Y sin hacer bromas escatológicas, aunque aprovechando muy bien el cuarto de baño, hacía reír a la gente a base de bien.

La segunda parte hace reír tanto o más. De hecho es aún más salvaje, bestia y políticamente incorrecta, y ataca lo último que le quedaba por atacar. Chistes sobre la disparidad racial. No, no son chistes racistas. En manos de los tres pringados que protagonizan la cinta no podían ser racistas. Son chistes sobre el choque cultural entre Oriente y Occidente. O sobre las cosas que, pese a barreras como el idioma, nos unen a todos.

Y además se aprovecha algo que ya ocurría en la película anterior. Bangkok, como Las Vegas, aparece como pocas veces la habíamos visto en pantalla, con su cara oculta y su cara más dedicada al turismo. Y allí aparecen Bradley Cooper, Ed Helms y Zack Galifianakis (qué brillante química hay entre los tres o cuatro cuando se suma Justin Bartha), que despiertan sin recordar nada de la noche anterior y con un amigo al que encontrar. Y tendrán que revivir la noche paso a paso para recuperarle. Aunque suponga ser perseguidos por la mafia o entrar en conflicto con agentes del gobierno, sin olvidarnos de un curioso grupo de monjes y un mono para llegar a una boda, la de Stu (Helms) esta vez.

Y no importa que sepamos cómo va a transcurrir la historia porque de eso se trata. La sorpresa no está en lo que sucede a continuación, sino en cómo sucede. La sorpresa no es ver al Mr. Chow interpretado por Ken Jeong, sino cómo, dónde y cuándo aparece. La sorpresa no es que se las tengan que ver con un animal, sino lo que ése animal hace. Y la sorpresa no es que haya fotos en los títulos de crédito, sino ver las fotos y que las de la primera entrega parezcan parte de una película infantil.

Escenas como las del autobús, el monasterio, la venta de drogas o el local de striptease, hacen que se te salten las lágrimas de la risa, y siempre encuentras motivos para sonreír, al menos, durante todo el metraje. Sí, Todd Phillips no es el director con más inventiva visual de la historia, y sí, podían haberse arriesgado más y haber hecho una película diferente, menos intrascendente, más… especial. Pero entonces ya no sería Resacón 2 y quizá no hiciese reír tanto. Porque, además, esa es la única pretensión de la cinta. Hacer reír. Nada más. Y encima lo consigue. Aunque Heather Graham no aparezca por ningún lado. Todos y todo lo demás están presentes (pero todos, todos…).

Como les decía, muchos críticos la han atacado por el hecho de la falta de originalidad en lugar de aceptarlo como una broma más, otra de las muchas que aparecen en la película. Yo sólo sé que en una sala llena de periodistas las risas no escasearon durante la hora y media de proyección. Así que alguien quizá miente… Lo mejor que pueden hacer es juzgar ustedes mismos. Con un grupo de amigos y unas cervezas hay pocas películas que puedan ofrecer tanto por tan poco. Y no olviden quedarse hasta ver todas las fotos.

Estos tipos son tan buenos, que encima guardan lo mejor para el final…

Jesús Usero

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Crítica de la película ¡Qué Dilema! 

No sé en principio cómo será recibida en nuestro país la última comedia de Vince Vaughn, pero no conviene olvidar que en USA su estreno estuvo rodeado de una extraña polémica debido a que en uno de los trailers se veía una escena en la que el actor tenía un diálogo con el que la comunidad gay se puso en pie de guerra al considerarlo ofensivo y fuera de lugar. Se rumoreó que la película podría perder esa escena o incluso no ser estrenada en cine y llevada directamente al mercado del DVD para zanjar la polémica, aunque su director, Ron Howard, aseguró que ni la escena era ofensiva, ni el diálogo era homófobo, y que habría que esperar a ver la película para entenderlo todo.

Muchos también acusaron a la distribuidora alegando que todo era un montaje comercial para impulsar la taquilla de la película por aquello del morbo, porque era una cinta con la que nadie sabía qué hacer y que, de hecho, se había relegado al limbo de los estrenos de enero y febrero, que es cuando suelen aparecer esas películas en las que casi nadie confía ni sabe bien cómo estrenarlas. Una vez vista, podemos asegurar que Howard tenía bastante razón. Hay que tener la sensibilidad muy a flor de piel para sentirse ofendido por el chiste, tiene su explicación dentro de la trama (y de hecho sin esa escena la película no tendría sentido) y, la verdad, el problema de la misma no es que el chiste sea homófobo o no. Es que, como gran parte de la película, no es gracioso. Pero nos sirve para darnos cuenta de cómo está el patio y de lo nerviosa que anda la gente como para saltar a las primeras de cambio con algo como esto. Lo que me hace pensar que si esta escena les puso así, alguno cuando vea Resacón 2 tendrá un infarto. Esta películas es más bienintencionada que ácida, la verdad.

Polémicas algo absurdas aparte, ¡Qué Dilema! supone el regreso de un director tan laureado como Ron Howard, a un género que conoce bien gracias a películas como Un, Dos, Tres… Splash o Loca Escapada a Las Vegas, pero que no tocaba desde hace más de 10 años, cuando dirigió EdTV. Y para hacerlo ha contado con dos nombres muy fuertes de la comedia en los últimos años en USA, como son Vince Vaughn y Kevin James, que campan a sus anchas por el metraje sin que nadie haya puesto mucho freno a sus tics varios, algo de lo que se resiente la película.

Y es una pena porque el tema que trata es curioso e interesante, con un tipo que descubre por azar que la mujer de su mejor amigo le está engañando, pero no sabe cómo decírselo a su amigo sin devastarle, sobre todo en un momento muy delicado, en el que la empresa de ambos se está jugando su futuro. Es argumento de dramón y tiene más de drama que de comedia durante las casi dos horas que dura la película.

Su mayor pega, principalmente, es que nos lo venden como una comedia, nos hacen pensar que vamos a echarnos unas risas con los amigos y resulta que no es así. Es posiblemente una de las películas más adultas y serias en las que hemos podido ver a sus dos actores protagonistas, que intentan por todos los medios hacer reír vía el sarcasmo, las situaciones surrealistas y los momentos raros, pero que no lo consiguen ni la mitad de las veces. Sólo hay que ver el brindis de Vaughn en la cena de aniversario de su novia, la siempre excelente Jennifer Connelly… Se supone que tiene que hacer reír al espectador y consigue que nos sintamos… raros.

Y eso que la película se esfuerza por presentarnos al protagonista y su mundo antes de entrar en faena. Se esfuerza demasiado, eso sí, haciendo que la historia tarde demasiado en arrancar y dando la sensación durante demasiado tiempo de que no sabe muy bien qué quiere contarnos. SI la historia de dos amigos que tienen la oportunidad de sus días, la de un adicto al juego que no es capaz de comprometerse, la de la vida de cuatro amigos en la madurez de sus vidas o todas ellas a la vez. Y luego resulta que la trama central es otra… A veces la economía narrativa da más de lo que quita y se necesita ser breve y conciso y no marear tanto la perdiz.

Esa divagación inicial es la mayor deuda de la película. Ni siquiera que sea menos graciosa de lo esperado, porque si la película es buena, da igual el género, aunque intente ser graciosa, si es algo simpática y la parte de drama está bien conseguida, adelante, será una película entretenida, interesante… Pero su arranque se eterniza haciendo que nos aburramos bastante y no lleguemos a empatizar con los protagonistas. Es algo que se nota en la innecesaria enfermedad de Vaughn con el juego. No aporta absolutamente nada a la película pese a que todo el rato lo andan recordando.

Y eso que los actores cumplen con creces. Desde el dúo protagonista masculino y su excelente química, a las respectivas parejas, con una Connelly que brilla creando un personaje de un par de pinceladas o Winona Ryder, que lo da todo en el personaje femenino más interesante de la película, pero también el más polarizado. Hasta Channing Tatum está muy bien y suyos (junto a Vaughn) son los momentos verdaderamente divertidos de la película (ojo a la pelea en la casa y la vuelta un día después).

¡Qué Dilema! no es mala película pero podía haber dado mucho más de sí. Su insigne director parece haber trabajado de encargo y su guión no está todo lo pulido que debería. Quiere ser una comedia adulta sobre un dilema moral, la traición, los celos y la madurez, pero se queda a medio gas, funcionando mejor el drama, porque reír hace más bien poco. Quedándose a medio gas en todos los frentes.

Así es muy difícil hacer una buena película. Con polémica o sin ella.

Jesús Usero

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Carta blanca ★★

Mayo 06, 2011

Crítica de la película Carta blanca

Los Hermanos Farrelly vuelven a la carga. Hacía tiempo que no sabíamos nada de ellos, pero aquí les tenemos otra vez, intentando reverdecer los laureles de un éxito que una vez fue suyo y que últimamente les elude de forma considerable. Y eso que Carta Blanca fue número 1 de taquilla en USA durante el fin de semana de su estreno. Pero ni con esas. El resultado final en la taquilla ha sido otro fiasco, otra película de la que se esperaba mucho más y que al final no ha sido tan tanto como prometía ser.

También es cierto que los Farrelly vuelven pero sobre todo vuelven en nombre, no tanto como aquel par de directores y guionistas totalmente salvajes y descacharrantes que hacían chistes sobre prácticamente lo que fuese sin importar el mal gusto o lo políticamente correcto, sólo hacer reír al espectador con películas como Algo pasa con Mary o Dos Tontos muy Tontos. Parece ser que el paso de los años ha terminado por irlos domesticando poco a poco y hacer que su cine se vuelva cada vez más común, más para todos los públicos. En ese sentido Carta Blanca era una especie de intento de recuperar su vertiente más salvaje y gamberra.

Claro que, no nos engañemos, tras todas las capas de humor soez y vulgar del cine de los Farrelly, siempre se escondían historias más o menos bienintencionadas y con final feliz en el que lo que realmente importa es el amor, la familia, la historia de “chico se queda con chica”, etc. Algunos de sus chistes son memorables, pero el contenido de sus películas es más bien blandito. Tierno si se quiere.

No cuesta mucho imaginar que Carta Blanca nace a la luz del éxito de Resacón en las Vegas. Es una película que, incluso por temática, cae en las redes de lo políticamente incorrecto, con un grupo de amigos que intentan recuperar el tiempo perdido, la juventud y el ligoteo, las fiestas salvajes, cuando sus mujeres les conceden una semana para hacer lo que deseen sin repercusiones para su matrimonio. El sueño de cualquier hetero sapiens, según los directores. Aunque uno se plantea si estando casado con Christina Applegate realmente se necesita ir a buscar mujeres de mejor ver… No tiene mucho sentido, porque al menos la historia de Owen Wilson está planteada de forma que podamos entender cierta frustración sexual en el matrimonio.

Pero lo que en Resacón en Las vegas se convierte en gamberrismo puro y duro, en un trío de personajes completamente fuera de lugar que montan un pollo de padre y muy señor mío, lleno de secuencias cada una más bestia que la anterior, y donde al ir recordando la noche perdida las cosas se salen aún más de madre, y en la que pese al final feliz, las fotos nos recuerdan que de niños buenos estos tipos no tienen nada, aquí todo es mucho más sencillito, más calmado, más inocente. Tienen momentos gamberros e incluso asquerosos, pero no son Bradley Cooper y compañía. Les falta mala baba.

Es por eso que el guión no termina de funcionar y nos lleva de un lado a otro sin lanzarse nunca del todo a la piscina, sin llegar a rematar la faena ofreciéndonos la cara más salvaje de este grupo de amigos que pronto se convierte en pareja debido a que la mitad de ellos abandona la aventura. Ese par de amigos que se enfrentan a su semana en soledad son un par de ositos de peluche algo despistados. No son un par de cafres, y ahí es donde se equivoca la película. Este tipo de cinta necesita cafres, frikis o similares para llegar a buen puerto. O gente drogada que no sepa lo que anda haciendo. Aquí se desaprovecha el momento de las drogas en un campo de golf. Y es una pena.

Por supuesto que tiene momentos memorables en los Farrelly recuperan todo su esplendor como directores y nos recuerdan que siempre queda algo de su anterior magia. EL chiste de la masturbación en el coche (mudo, en el que todo se dice con los gestos), la salida del jacuzzi en el gimnasio (ofensivo a más no poder, hace daño a la vista), la visita a la mansión de los amigos sin saber que la cámara les espía… Son instantes en los que las risas se elevan, son los mejores momentos de la cinta.

Esos y la presencia de Stephen Merchant, productor, guionista y actor ocasional, el que era representante de Ricky Gervais en la brillante serie Extras (además de responsable junto al actor), aparece lo justo en la película para que no lleguemos a olvidarnos de su cara tan particular, de su voz y sus expresiones británicas, y de un personaje y un actor que son unos robaplanos de mucho cuidados. Suyo es el genial chiste final, suyo el mejor momento con las drogas. Cuando termina la película, es a él al que más echamos de menos. Y su ausencia se nota en gran parte del metraje.

Wilson y Sudeikis tiene buena química, y se nota. Y la película es tiene momentos muy divertidos. Pero le puede ese final ultraconvencional que acaba con nuestras esperanzas de ver algo distinto (además de ser altamente inverosímil), a veces le pierde la escatología, algo común en los directores, y a veces se pierde en largas escenas que no llevan a ninguna parte y no hacen reír.

Pero acompañando de un grupo de amigos y unas birras, es la película perfecta para ver el fin de semana sin prestarle mucha atención a la trama y sí a sus momentos de salvajadas extremas, que los tiene y con toda seguridad arrancarán más de una carcajada en la platea. Quizá no vuelvan a ser los directores que una vez conocimos, pero el que tuvo, retuvo, y a lo mejor poco a poco les recuperamos para la gran pantalla.

Eso sí, Merchant se merece una película para él solo a la voz de ya. Si acaso acompañado por su amigo Gervais.

Jesús Usero

Crítica de la película Kick Ass: Listo para machacar

En uno de esos movimientos de cartelera de última hora que a veces hacen las compañías y que casi nadie entiende, muchos de vosotros habréis notado que la película Kick-Ass que tenía previsto estrenarse el próximo 4 de Junio, ya se encuentra en la cartelera de toda España, en las llamadas sesiones golfas, en la mayor parte de cadenas de cine del país. Imagino que los motivos tendrán que ver con darle algo de cancha a la película antes de su estreno, previsto justo antes del Mundial, una mala época para un género como éste. Así que durante este fin de semana y el próximo, todos aquellos que quieran o puedan acercarse a su cine a ver esta gamberrada sin mucha vergüenza y con todo el descaro del mundo, pueden hacerlo.

Digo que es una gamberrada sin vergüenza y con descaro, pero lo hago con todo el cariño del mundo, porque es lo mejor de la película. Su falta de pretensiones, su mala uva, su descarada explotación del género de superhéroes y de la violencia más alocada y canalla que uno pueda echarse a la cara. Desde su inicio hasta los últimos momentos la película no duda de hacer de la sangre, los golpes o las palizas, los asesinatos o la justicia por cuenta propia y ajena, su canto de sirena para encandilar al público. Y lo hace con frescura y naturalidad, como si ver a una niña de diez años soltando salvajadas y destripando o desmembrando seres humanos fuese lo más natural del mundo.

Porque esto es un tebeo y aquí nada es real, nada debe tomarse en serio. Todo es tan superlativo que deja sobre todo una sonrisa o carcajada en el espectador, no es creíble, no es una violencia real. a película sabe hacer reír porque sabe reírse de sí misma. El protagonista es un lerdo de padre y muy señor mío, al que de tanto leer tebeos de superhéroes se le cruzan los cables y decide meterse en un oficio para el que no tiene no sólo preparación, sino las mínimas luces que le hagan sobrevivir. Os podéis imaginar con esos mimbres cómo sale su primer enfrentamiento con unos criminales.

Kick-Ass es un antihéroe, que, como él mismo dice, “mi mayor superpoder es soportar palizas como nadie”. Friki, medio bobo y recibiendo más palos que una estera. En ese contrapunto que suele existir entre villano y héroe, está bien que quien se opone a él sea de su misma calaña, mientras que Hit Girl y Big Daddy son dos profesionales en el arte de acabar con los villanos por la vía rápida, sin juicios y sin preguntar a nadie. Obviamente es en esa dualidad entre la incompetencia del priemro y la efectividad de esa niña que habla como un camionero y asesina como una profesional, donde reside la gracia del invento. Kick Ass es muy friki, con o sin ropa. Los otros no lo son. Kick-Ass-movie-image

Es ahí donde Kick-Ass hace cómplice al espectador, que con poco que sea seguidor del mundo del cómic seguro que se ríe aún más, por su sano giro en los tópicos habituales de estas producciones hacia un camino más salvaje. Y bastante entretenido. Matthew Vaughn deja entrever las claves de lo que será su X-Men: First Class y lo que podía haber sido X-Men 3 de haber caído en sus manos. Al menos, una aventura sin complejos ni complicaciones, con un humor bastante negro (el chiste inicial sobre la muerte de la madre del protagonista o cómo les atracan continuamente a él y sus amigos, son demenciales) pero poca enjundia, poca chicha.

 

Porque desprovista de artificios y de su sentido del humor, la película no cuenta nada del otro mundo, ni contiene una doble lectura, un mensaje, una razón de ser. Es una sucesión de momentos más o menos divertidos, que además requieren a veces de ciertos conocimientos sobre el cómic en general y Kick-Ass en particular, que la pueden hacer inaccesible al público general. La historia tarda mucho en arrancar y se acaba plagando de tópicos y situaciones reiterativas (¿cuántas veces necesita alguien ser salvado en el último suspiro?) sin nada original en sus vértebras. A veces incluso peca de pastel y ñoña, y deja claro un mensaje de “estos chicos son así porque no tienen sexo”, tan simple como poco elaborado. Porque si de algo carece la película es de un mínimo de erotismo.

Como suele ser habitual en USA, toda la fuerza la lleva la violencia, no el sexo. Así, historias tan interesantes como el pasado de Big Daddy y su relación con la policía, la relación padre hijo entre Niebla Roja y el gángster Frank D'Amico o la de Kick Ass y su padre (perfectamente desarrolladas en el tebeo) quedan cojas y abandonadas, sosas. Siendo lo más interesante, argumentalmente de la película. Por no hablar de un pequeño bache narrativo a la mitad de la cinta, que llega a desesperar... kick-ass-movie
Con todo y con eso el reparto está sembrado (sobre todo Mintz-Plasse, Strong y Moretz, una niña que roba todas las escenas sin despeinarse). Y aunque a veces uno desearía que se viesen mejor las coreografías de los tiroteos o peleas, las escenas de acción están bien dosificadas. Y reírte te ríes sin problemas cada par de minutos. Tiene suficiente mala leche como para encandilar con su humor al más pintado. Pero no acaba de rematar la faena. No termina de asimilar toda la carga del tebeo, sólo rasca la superficie.

Ser subversivo no es decir muchos tacos y mostrar mucha sangre. Es contar una historia con dureza y sin reparos, como nunca ante se había contado. En Kick Ass la clave está en las relaciones, que parecen interesar poco al director y guionista de la cinta. Prefiere quedarse con la violencia y los chistes. Una pena, porque esta historia daba mucho más de sí. Quizá en la secuela sepan aprovechar algo mejor ese potencial latente de este peculiar superhéroe. Mientras, tampoco está nada mal para echar un rato, mejor aún en compañía.

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Noche loca **

Mayo 10, 2010

Quizá sea cosa de que uno lleva muchos años siguiendo la carrera televisiva de Steve Carell y Tina Fey. Quizá sea el hecho de que sus aportaciones allí suelen ser ingeniosas, divertidas, cachondas y, a menudo, hilarantes. El caso es que me esperaba más de esta película, que no llega a cumplir las expectativas al juntar en la pantalla a dos grandes de la comedia.

Y no es que ninguno de los dos esté mal, o que la película sea aburrida. Es que resulta intrascendente. Uno puede ver Noche Loca, pasar un rato agradable, y a los diez minutos olvidar completamente la película que ha visto. Con cualquier otra cosa, me conformaría. Si uno pasa un buen rato con una película, si al menos se ha entretenido con ella, es más que suficiente, ¿no? Pero teniendo en cuenta quienes son sus protagonistas, la verdad es que resulta un pelín decepcionante la cosa.

oche Loca sigue un esquema que parece estar de moda últimamente, las comedias en las que una pareja se ve metida en apuros, mezclando el género principal con dosis de intriga y acción. Títulos como Sr. y Sra. Smith, Killers que se estrena en verano, o Exposados, cumplían con ese esquema. Pero aquí la mayor diferencia radica en las edades de los protagonistas, que ya no son unos jovencitos, ni un matrimonio empezando, sino una pareja estable con hijos, que decide escapar un día de su aburrida existencia, cenando en un restaurante de lujo y haciéndose pasar por quién no es. Eso provoca que una serie de personajes les persiga intentando terminar con su vida.

Lo que podía haber derivado en una comedia de enredo, por el asunto de la confusión de identidades, gira más en torno a la acción y al suspense. Lo cuál le aporta una cierta vidilla al asunto y permite disfrutar de algunas muy competentes y extrañas secuencias de acción (como la persecución de coches con el taxi de por medio. Divertida y bien rodada).

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Lo más interesante, quizá, a nivel visual, es que un director habitualmente tan soso como Shawn Levy, consiga en este caso una extraña potencia visual, rodando la película con cámaras digitales y con un más que interesante aspecto de la fotografía. No es que sirva de mucho en una comedia, pero la ciudad de Nueva York cobra vida de forma mucho más interesante en este formato. Una ciudad de Nueva York que se encuentra aprovechada al máximo, no sólo por esa aparición de Central Park, sino por el uso de calles y callejones, el río, los tejados, las avenidas... LA ciudad no se convierte en un personaje más (como reza el tópico), pero sí que conforma un excelente paisaje donde representar las aventuras de nuestros protagonistas.

Y claro, luego están Steve Carell y Tina Fey, dos monstruos de la pantalla que no son estrellas por sus físicos impresionantes (aunque Fey está muy atractiva en determinadas partes de la cinta), sino por su capacidad para resultar queridos por los espectadores. Son gente como nosotros, que podrían ser nuestros vecinos, y que tienen una química bastante peculiar, que se estropea ligeramente cuando ambos empiezan a competir por ver quien resulta más gracioso. El resultado en esos casos suele ser que ninguno lo es.

Pero funcionan como pareja, y tienen momentos que son bastante divertidos. La escena de regreso al restaurante, intentado pasar por gente guay. Las visitas a la casa de Holbrooke y los cruces de miradas entre ambos. El club de lectura de las mujeres con la presencia de Carell... Son momentos que te hacen sonreír, pero no reírte a carcajadas, quizá porque exceden el tiempo que deberían aparecer en pantalla y se alargan interminablemente (como la escena del baile), quizá porque la película es así.

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No se trata de una película de carcajadas y risas continuas, sino más bien de sonrisas cómplices, de continuos guiños al espectador. De ahí la retahíla de estrellas invitadas y cameos varios que muchas veces son más divertidos que los propios protagonistas. Mila Kunis, James Franco, Ray liotta, William Fitchner, Will.I.Am, Mark Wahlberg, Leighton Meester, Mark Ruffalo... Todos ellos tienen su pequeño momento de gloria, su escena, o sus escenas. De hecho Wahlberg está magnífico en un papel que podía haber tirado por el camino de la exageración y que el actor toma con una calma y una tranquilidad bastante peculiares. Y sin camiseta en todo momento.

Una cosa interesante es que el guión viene firmado por Josh Klausner, autor de las dos últimas entregas de Shrek, y antiguo colaborador de los hermanos Farrelly, pero dudo mucho que se hayan mantenido sus líneas de diálogo en la cinta, ya que Carell y Fey son muy dados a la improvisación (algo que se puede ver en las tomas falsas al final de la cinta). En muchos sentidos, el guión es más parte de ellos dos que del guionista oficial.

Y la cinta apenas llega a la hora y media de rodaje, lo cual indica que no nos da tiempo ni a aburrirnos en este peculiar viaje de una pareja aburrida, que termina perseguida por un grupo de delincuentes por una confusión de identidad. La historia tampoco da más de sí. Tiene la gasolina justa y necesaria. No aburre, no empalaga... Pero quien haya visto Virgen a los 40 o Chicas Malas, por poner sólo dos ejemplos, con su carga de mala uva y sarcasmo, se quedarán con las ganas aquí. El mensaje es de la familia del “buenrrollismo”.

En manos de otra gente quizá se trate de una buena comedia. En manos de estos nombres, se esperaba más. Es más recomendable que otras comedias que hemos visto y veremos este año. Pero no es lo que esperaba de la mezcla entre 30 Rock y The Office. A esta gente hay que exigirles más. Porque sabemos perfectamente de lo que son capaces. Y cuando se quedan en terreno seguro, no son ellos mismos.

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