Crítica de la película El Cuento de las Comadrejas

Campanella vuelve a fascinarnos con un relato único.

En su vertiente más creativa, porque ya sabemos que hay dos Juan José Campanella, el director de cine de habla hispana, en Argentina principalmente, y el director de televisión respetado y admirado, pero más al servicio de la narrativa norteamericana que de sus propias historias. ¿Significa esto que menospreciemos el papel que juega el autor en el medio televisivo americano? Para nada, y Campanella ha dado algunos de los mejores episodios de tv de los últimos años. Pero cuando lo comparas con el trabajo del autor en películas como El Hijo de la Novia, El Secreto de sus Ojos, Luna de Avellaneda o la que nos toca hoy, El Cuento de las Comadrejas, todo palidece…

La historia nos presenta a un muy peculiar grupo de ancianos, liderados por una antigua estrella de cine, su esposo, un actor que nunca pasó de secundario, el director que ayudó a encumbrarla y el guionista que escribió sus mejores papeles. Esos personajes, ligados al mundo de la interpretación, se enfrentan a dos  jóvenes que parecen admirarlos, sobre todo a ella, con locura, y que les tratan con reverencia, como a las estrellas que un día fueron. Aunque quizá debajo de todo ese afecto y admiración, se esconda un motivo oculto que complique las cosas para este peculiar grupo de ancianos que tienen también más de un secreto que esconder, y que además no son precisamente un grupo de personas con las que uno pueda meterse sin que haya… consecuencias.