La película de Denis Villeneuve, Dune, incluye en su reparto al actor español Javier Bardem.

No sabemos mucho de cómo será Dune de Denis Villeneuve, hasta el punto de que ni siquiera sabemos cuándo se estrenará la película o películas si finalmente son dos entregas. Lo poco que sabemos es que el director planea hacer un Star Wars para adultos en sus propias palabras, y que cuenta con un reparto cada vez más y más interesante.

Crítica de la película Loving Pablo

Fernando León de Aranoa (Barrio) se acerca a la figura del narcotraficante Pablo Escobar, desde la perspectiva de la periodista y amante del citado narcotraficante.

Puede que los seguidores de la serie Narcos echen en falta los tics mediáticos, con los que los creadores de esta producción para la pequeña pantalla afrontaron la agitada y delictiva existencia de Pablo Emilio Escobar Gaviria; pero Fernando León de Aranoa ha preferido quedarse en el retrato más o menos fiel de tan macabro personaje.

Con semejante propósito, el cineasta de Los lunes al sol hace suyo el libro Loving Pablo, Hating Escobar; que la presentadora de televisión Virginia Vallejo elaboró sobre la cambiante faz del enemigo público número uno en Colombia y Estados Unidos, durante más de una década.

La cuidada ambientación de la época (años 80 y principios de los noventa) sirve al director madrileño para meter al espectador en la neurosis criminal que preside cada una de las escenas del filme, destinadas a mostrar el interior de un individuo tan peligroso como sanguinario; al que Javier Bardem presta su físico amenazante y camaleónico.

El consejero *****

Noviembre 24, 2013

El consejero, una de las mejores  y más literarias películas de Ridley Scott, asentada en uso clásico del diálogo y los actores.

Ridley Scott se asocia con Cormac McCarthy, uno de los mejores escritores norteamericanos de la actualidad, y comprensiblemente el resultado es una de sus películas más literarias, en el buen sentido del término. Quiero decir que es literaria pero sin dejar de ser plenamente cinematográfica. De hecho, esa naturaleza literaria la lleva a potenciar las secuencias asentadas sobre diálogos, plano contra plano, entregando todo el poder y el peso dramático a los actores, pero al estilo del cine negro clásico, recuperando y mejorando claves estéticas y narrativas poco habituales en el cine de nuestros días, aunque las mejores series de televisión saben sacarles un excelente partido. Posiblemente muchas de las personas que dicen no haber entendido qué quería hacer el director en esta película habrán aplaudido un ejercicio similar en producciones de las mejores series de la pequeña pantalla. Lo que me lleva a pensar que lo que puede ocurrir es que la gente acuda a ver El consejero esperando tropezarse con una especie de Gladiator o Alien y se pegue la sorpresa de que esta película está más en la línea de Red de mentiras y American Gánster, películas con las que podría formar fácilmente una trilogía bien avenida de distintas visiones de Ridley Scott sobre esa otra realidad que nos rodea compuesta por las tramas de espionaje y las tramas mafiosas.

El consejero debería ser saludado como una de las mejores muestras que alianza entre el cine y al  literatura que ha dado el cine. Y crean que no hay muchas. Se cuentan con los dedos de la mano las películas que manteniendo  una fidelidad a lo literario consiguen desarrollarse como cine de pleno derecho con toda la personalidad visual que requiere la narración cinematográfica. Un ejemplo sería Matar un ruiseñor, con la que en 1962 Robert Mulligan adaptó a la pantalla grande la novela de Harper Lee. Otros ejemplos serían varias películas del director que me atrevo a señalar como el mejor adaptador al cine de obras literarias: John Huston. Así lo demuestran películas como El halcón maltés (1941), sobre la novela de Dashiell Hammett, La jungla de asfalto (1950), de la novela de W.R. Burnett, La noche de la iguana (1964), de la obra teatral de Tennessee Williams, Bajo el volcán (1984), de la novela de Malcolm Lowry, Sangre sabia (1979), sobre la novela de Flannery O´Connor, o Dublineses (1987), de James Joyce. Dado que no es fácil que el cine respete tanto a al literaturas como en estas ocasiones, sino más bien todo lo contrario, creo que El consejero, que tiene en común con las citadas esa personalidad literaria, debería ser tenida también muy en cuenta por quienes siguen siendo lectores ávidos y sin duda reconocerán en sus diálogos largos y sus personajes que se expresan más por la palabra que por la acción, las características de buena literatura que Cormac McCarthy aporta a este su primer guión para el cine.

Pero esa naturaleza literaria no impide que la película incluya también escenas de acción que opino se encuentran entre las más inquietantes que pueden verse en la filmografía de Ridley Scott. Lo que ocurre es que están astutamente dosificadas para organizar un puzle con las secuencias de diálogos largos, de manera que nos conducen por una espiral creciente de suspense que desemboca en el momento terrible final, preludiado por esa larga conversación telefónica del protagonista, interpretado por Michael Fassbender, con el jefe del cartel al que da vida Rubén Blades. Quienes hayan leído novelas de Cormac McCarthy encontrarán muy familiares tanto la construcción como el desarrollo de situaciones, diálogos y personajes en este guión del escritor, que opino ha encontrado en Ridley Scott un fiel aliado para este traslado de las claves de su literatura a la escritura para el cine. El reparto, en su mayoría, consigue moverse en esa clave que sigue la pista a los personajes creados por McCarthy para sus novelas. Son los gestores de esas largas escenas de diálogo que construyen el ritmo de intriga del relato caminando hacia el trágico final. Difícil encontrar una película que deje en reposar sobre los hombros del actor tanta responsabilidad en la administración del ritmo de la película. Puede observarse sobre todo en lo referido a las escenas que comparten Michael Fassbender con Javier Bardem y con Brad Pitt. Quienes comparan ese protagonismo de los diálogos largos y el juego de actores en plano contra plano, un abordaje visual que Scott consigue actualizar de manera sutil imponiendo su propio estilo a la puesta en escena, con el cine de Quentin Tarantino anda algo despistado. El abordaje de Tarantino y el de Scott son completamente distintos, dos caras de una misma moneda, si ustedes quieren, pero dos caras distintas. En Tarantino el diálogo se alarga buscando un efecto más circense desde las palabras, quiere busca en el espectador el estímulo de lo imprevisto, la chispa del chiste callejero, una variante del colegueo cotidiano que nos acerca a los personajes. La manera de utilizar los diálogos para acercarnos a los personajes en El consejero de Ridley Scott no es una aproximación festiva al asunto como la que aplica Tarantino, sino un ritual de catarsis más sutil y envolvente, como la de una serpiente hipnotizando a su presa, que nos conduce al epicentro de una pesadilla y oficia como pórtico para una bajada a los infiernos. Sin tono festivo. Sin chistes ni chascarrillos. Tan inquietante como su resolución final, que por eso es tan reveladora de la verdadera naturaleza del mundo y la sociedad en la que nos movemos y cómo se maneja el poder en el seno de la misma, aunque no queramos darnos cuenta. Los largos diálogos de Tarantino son una celebración, una fiesta de fuegos de artificio frente a los diálogos de McCarthy y Scott en El consejero, que básicamente son un réquiem.

Bienvenidos a una visión del infierno que sospecho disfrutarán más los amigos de seguir frecuentando la lectura como forma de ocio.

Miguel Juan Payán

©accioncine

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