Crítica de la película Un pequeño contratiempo

Resultona comedia romántica con tintes mágicos, firmada por el australiano Josh Lawson

      Las películas con saltos en el tiempo, maldiciones destinadas a corregir el rumbo existencial de las potenciales víctimas del hechizo, y amores capaces de soportar cualquier conjuro (por malo que este sea) suelen quedar bien en la pantalla. Sin embargo, desde que Charles Dickens escribió Cuento de Navidad, existe una norma que no es bueno transgredir: hay que definir muy bien los personajes que sufren las consecuencias de una penitencia sobrenatural; en caso contrario, todo el engranaje argumental se derrumba como un castillo de naipes. Algo así es lo que le ocurre a Un pequeño contratiempo.

      Con escasa pericia, el cineasta, guionista y actor Josh Lawson centra la atención en un personaje carente de la entidad necesaria, y del que se ofrecen simples pinceladas de su carácter y de los vicios y virtudes que presiden su existencia.