Ted 2 ★★★

Julio 27, 2015

Crítica de la película Ted 2

Ted 2. Una gamberrada divertida y salvaje, ligeramente más floja que la primera.

Ted 2 es lo que promete. Un encadenado de gamberradas al estilo Seth MacFarlane, y tiene todo lo mejor de las creaciones cómicas de este humorista, junto con todo aquello que a la hora de saltar al cine le sirve de lastre. Es divertida, tiene muchos golpes de humor gamberro, y uno de los mejores chistes de humor inteligente que vamos a ver este año en un cine: el que se desarrolla en el club de la comedia, poniendo en evidencia cuáles son las fronteras del humor, hasta dónde se puede o no se puede llegar, si hay o no temas tabú… Obviamente es un asunto que le interesa especialmente a MacFarlane y afecta a sus creaciones, así que ha pensado mucho en ello y como resultado le sale un chiste de humor auténticamente salvaje, demoledor, inteligente y que cumple con la función del humor como herramienta de reflexión.

Es en ese momento, con los chistes sobre Gollum, el cameo de Liam Neeson, y en general siempre que MacFarlane consigue apartarse del cómodo territorio del humor más facilón, simplón e infantil, radicado en la escatología y vulgarización del sexo como tema de comedia por la vía de la ordinariez (ya saben, chistes de penes negros, chistes de penes grandes, chicas con pene, penes blancos, penes en mallas, etcétera), cuando la película funciona mejor y muestra que MacFarlane puede, pero no quiere, currarse un humor más inteligente, menos tramposo y facilote, más trabajado e inteligente, con el que podría hacer una disección satírica más eficaz de la sociedad estadounidense. Lamentablemente en esta película ha optado por el camino fácil y rellena toda la primera parte de esta secuela con una ración doble de escatología y chistes sobre sexo bastante tontorrones que casi borran la dosis de buena comedia que tienen otros momentos de la película. Es curioso ver cómo la propia película se enfrenta consigo misma como si fuera bipolar. Como consecuencia de ello, esta segunda entrega es más floja que la primera.

Por otra parte MacFarlane vuelve a encontrarse con el tiempo, su peor enemigo. Nuevamente se hace notar que no tiene del todo controlado el ritmo en el formato de largometraje, especialmente en los fragmentos más narrativos, como los del juicio. Es ahí donde la película se pierde en el tono y el ritmo, interrumpe la comedia, hace un extraño paréntesis de reivindicación, y se anula a sí misma aparcando los chistes. Y en lo referido a guión, el romance y el desenlace son tal zambullida en el tópico metido con calzador que resultan sorprendentes en un director que presume, o al menos así lo parece, de ser tan rompedor en otros aspectos.

Lo cierto es que, en contra de lo que afirma uno de mis colegas, a mí no me parece que ese humor de escatología y sexo facilón y adolescente sea “humor salvaje”. Me parece que es mucho más “humor salvaje” la secuencia en el club de la comedia. Para que quede más claro, les propongo que vean la nueva serie creada y protagonizada por Denis Leary: Sex&Drugs&Rock&Roll. En ella hay chistes de sexo, pero desde un punto de vista no adolescente, sino contemplando el asunto con todo el sarcasmo, el cinismo y la madurez que merece. Prueben a verla, comparen y luego ya me cuentan.

Además lo que ocurre con los chistes de escatología y los chistes de sexo es que, como todo mecanismo del humor, hay que saber administrarlos; bien dosificados son una máquina de risas, pero si se abusa de ellos, pierden su vigor y se corre el riesgo de pegar un gatillazo con ellos.

 

Miguel Juan Payán 

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Crítica de la película Mil maneras de morder el polvo

Disparate de Seth MacFarlane divertido a ratos. Peor que Ted y Padre de familia.

¿Es divertida? Pues sí. ¿Te ríes? Pues también. Algunas veces. ¿Está guapa Charlize Theron? Obviamente. ¿Es buen actor Seth MacFarlane? Pues…. Uuuupsss, con eso hemos entrado en el territorio comanche de este proyecto. El primer resbalón del mismo es que Seth MacFarlane no es tan buen actor de carne y hueso como trabajando con su voz en los dibujos animados, o ejerciendo como guionista o creador de gags. Ni mucho menos. Y en esta ocasión además está entre pesos pesados que no le arropan sino que lo dejan en evidencia. Repasemos: Theron, Liam Neeson, Amanda Seyfried, Neil Patrick Harris, Giovanni Ribisi… Por favor, que alguien caritativo saque de la película al pobre MacFarlane, que está sufriendo la criatura.

Bueno, pero ¿te ríes? Que sí, que te ríes, que tiene unos cuantos chistes buenos. Y muchas ovejas. Aunque, claro, se le ha ido algo la pinza con los chistes más simplones, los escatológicos. Me explico: hay un buen chiste de pedos en la taberna. Luego hay muchos más chistes de pedos que no tienen ni puñetera gracia. Y un momento en el duelo con Neil Patrick Harris que es la mejor prueba de que a MacFarlane a veces se le pasa el arroz y le queda la paella churruscada e inservible. Muy eficaz en los chistes cortos y visuales, en este caso se le va la pinza en el gamberreo hacia el territorio infantil, de humor de parvulitos, el caca-culo-pedo-pis, que encaja mal con sus muchos más eficaces chistes de sátira y escarnio social. Hay un momento en que sus chistes de pedos dejan ya de hacer gracia, por cansinos, porque los prolonga en exceso, como si de repente se hubiera convertido en ese amiguete gamberro que no sabe cuándo hay que dejar de hacer el gilipollas. En eso esta película no tiene medida. Exprime algunas situaciones en exceso. No sólo las escatológicas. Por ejemplo le ocurre lo mismo con el chiste de los bigotes, al que incluso le dedica uno de esos números musicales que tan difíciles son de encajar en el ritmo de la comedia. Y le ocurre lo mismo con el metraje. El largometraje el sienta peor al humor de MacFarlane que las dimensiones del capítulo de televisión. La película le sale demasiado larga, tiene un bajón de ritmo cuando se pone romántica con Theron, en el entrenamiento y demás. Desaprovecha sin embargo dos de los personajes más propicios para darle un aire más disparatado y gamberro al asunto desde la sátira social, el amiguete interpretado por Ribisi y su novia prostituta interpretada por Sarah Silverman (el mayor desperdicio de la película).  Para quien esto escribe son los más divertidos y eran el mejor camino para desarrollar la fórmula que seguramente habría sido más jugosa desde el punto humorístico que meterse en el huerto de la peripecia romántica. Esa fórmula está en el título: Mil maneras de morder el polvo… en el oeste. Si MacFarlane se hubiera mantenido en la explotación de esa especie de manual o guía de sátira cínica sobre la mitificación del pasado de los Estados Unidos a través del western que impone en los primeros compases de esta película, repasando esas mil maneras de morder el polvo, es muy posible que le hubiera ido mejor. Habría obtenido mejores resultados que con esta especie de actualización de las claves de la sátira del cine del oeste que ya propusiera hace muchos años, allá por 1974, Mel Brooks, en Sillas de montar calientes.

De manera que sí, te ríes. Sí, hay algunos chistes muy buenos, y unos cameos muy divertidos. Pero a la película se le atraganta el protagonista, el metraje, la historia de amor y los chistes de pedos.

Es el típico fenómeno en el que los actores se deben haber divertido mucho haciendo la película, por ejemplo en la escena de Theron, la flor y Neeson, pero esas risas no consiguen trasladarse al patio de butacas.

Miguel Juan Payán

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