Solo ★★★

Julio 31, 2018

Crítica de la película Solo

Cine de supervivencia rodado con mucho estilo. Una historia basada en hechos reales que demuestra que el espíritu de lucha del ser humano es muy superior a lo que imaginamos habitualmente. Una persona empeñada en sobrevivir pese a las circunstancias, el paisaje, las heridas y pese a sí mismo. Hugo Stuven, en su segunda película como director, demuestra tener muy claras las cosas a la hora de narrar una historia así, con un enorme potencial visual, aprovechado perfectamente el paisaje en el que se mueve, un personaje más de la historia, tan importante o más que los humanos, sobre todo porque se trata, en principio, del enemigo, del rival a batir para el protagonista de la historia, aunque no es ni mucho menos el único. O el más importante…

La película narra la historia de un surfista que cae desde un acantilado y se ve obligado a sobrevivir en un rincón remoto de la costa, alejado de todo y todos, durante 48 horas, con graves heridas y enfrentándose a sus propios demonios, que son al final el enemigo a batir. Un tipo solitario y que ha buscado vivir sin ataduras toda su vida, que se encuentra solo y aislado de verdad en un momento puntual, lo que le hace valorar, entre la realidad y el sueño, lo que tiene, ha tenido o ha perdido a lo largo de su vida. Sus decisiones vitales. En definitiva, quién es y en quién se ha convertido o podría convertirse. Algo habitual en situaciones de vida o muerte, que la película refleja muy bien.

Al frente del reparto, presente casi en cada plano de la película, Alain Hernández como el surfista que se encuentra ante la situación que definirá su vida, un Álvaro que no siempre es la persona más agradable o cariñosa del mundo, ni siquiera con aquellos más cercanos a él, ni tampoco el más considerado, aunque en el fondo es buena gente. Un tipo decente cuando se le conoce. Decidido, determinado, inteligente, con un punto de soberbia… Como cualquiera de nosotros. Aunque, nuevamente, si destacamos a alguien más del reparto es a Aura Garrido. Su “relación” con el personaje de Hernández es sin duda de lo mejor de la cinta, y la actriz demuestra una vez más su espectacular talento de la forma más sencilla.

La película, con un metraje de lo más ajustado, es excelente visualmente, atractiva, potente en su historia y desarrollo, un cruce entre 127 horas e Infierno Azul, mezclando las visiones y alucinaciones del protagonista con la realidad a la que debe sobrevivir (el momento caída es sensacional). Es emotiva y entretenida, y nos tiene al borde del asiento gran parte del tiempo. Los diálogos, sobre todo al principio, necesitaban pulirse más, bastante más, y no tiene el mismo interés ciertas partes de la trama, que no revelamos por no hacer spoilers. Pero se trata de una buena película, sólida y distinta a lo que se hace habitualmente dentro de nuestras fronteras.

Jesús Usero

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VENGADORES: LA GUERRA DEL INFINITO XXXXX

Crítica de la película Operación U.N.C.L.E. de Guy Ritchie con Henry Cavill

Homenaje al género de espionaje y aventuras de la primera era dorada de la televisión.

Guy Ritchie le saca partido a la nostalgia en esta adaptación de la serie que en España conocimos como El hombre de C.I.P.O.L., cuyo tono sesentero escapista es quizá la máxima seña de identidad de este largometraje en el que el director de películas como Lock & Stock, Snatch: cerdos y diamantes, RocknRolla y los dos largometrajes de Sherlock Holmes protagonizados por Robert Downey Jr. y Jude Law se queda por debajo de las posibilidades que le ofrecía el material que tenía entre manos, o al menos por debajo de lo conseguido en todos esos títulos citados. Tampoco es que podamos decir que Operación UNCLE es un título “menor” dentro de la irregular filmografía de Ritchie, pero lo que sí está claro es que en todos esos títulos estaba mejor respaldado por su reparto. O dicho de otro modo: que parte del gancho de su cine está en un tanto por ciento muy elevado en los actores con los que cuenta para contar sus historias. Por ejemplo en esta película las contribuciones  breves, escasas incluso, de los mal aprovechados Jared Harris y Hugh Grant, le proporcionan un gancho a sus secuencias que está por encima del rendimiento del trío protagonista. Y, ojo, no es que Henry Cavill, Armie Hammer o Alicia Vikander sean actores flojos o estén mal en el largometraje. Mi impresión es que Ritchie no les saca todo el partido que podría sacarles, porque, equivocadamente guiado por el tono, el ritmo y la forma de concebir los personajes en la serie original, aplica una fórmula similar y no llega a profundizar en ninguna de sus criaturas, ni en las situaciones, ni en los conflictos. Todo tiene un tono muy de serie sesentera floja y superficial, con personajes que son poco más que bocetos o recortables; a pesar de que tenemos un montón de información sobre ellos, esa información se desperdicia porque no da lugar a personajes sólidos, sino a estereotipos. Era un defecto muy propio de las series sesenteras que curiosamente, en su afán por mantener ese tono de inocencia e ingenuidad superficial, ha ejercido ya como lastre en otras adaptaciones al cine. Ejemplo ilustrativo de ello son Los vengadores, dirigida en 1998 por Jeremiah Chechik y Wild Wild West, que puso en pantalla en 1999 Barry Sonnenfeld. Operación UNCLE es notablemente superior a las dos, es mucho mejor, ojo, pero no obstante cojea de ese mismo homenaje que se convierte en pleitesía frente a la serie original, así que le sobra ingenuidad y le falta la insolencia que constituye la mejor característica del cine de Guy Ritchie. Para ganar en el terreno de la insolencia necesitaba a actores capaces de aportar másgarra a sus personajes, o lo que es lo mismo: una capacidad para completar lo que le falta al guión y al tono general de la película. Piensen por ejemplo en lo que hizo Brad Pitt con su personaje de gitano incomprensible en Snatch, o en ese dúo cómico salvaje de Gerard Butler y Tom Hardy en RocknRolla, o en Jason Statham y Jason Flemyng en Lock and Stock, o en Robert Downey Jr. y Jude Law en las dos películas de Sherlock Holmes firmadas por Guy Ritchie. Para que quede más claro: Alicia Vikander es una buena actriz, pero todavía no es capaz de hacer lo que es capaz de hacer Rachel McAdams. A modo de prueba, imaginen a McAdams en el papel de Vikander en esta película y es posible que entiendan mejor lo que quiero decir. No veo la química que debería haber entre Cavill y Hammer y que está en otros dúos y grupos masculinos del cine de Ritchie.

Miguel Juan Payán

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El séptimo hijo ★★★

Diciembre 29, 2014

Crítica de la película El séptimo hijo

Divertida propuesta de cine fantástico al estilo Percy Jackson. Evasion y aventura para toda la familia.

Mejor que Hansel y Gretel, cazadores de brujas, y en una línea de aventuras con monstruos al estilo de las aventuras de Percy Jackson, el ladrón del rayo y demás, El séptimo hijo tiene todo el aire de esas aventuras de Simbad el Marino que cocinaba Ray Harryhausen con sus monstruos legendarios para adornar las navidades de los jóvenes aficionados al cine hace tres o cuatro décadas. Mezclando elementos del género de terror con los de las historias de espada y brujería, a ratos resulta incluso cercana a los paisajes de las aventuras de Conan el Bárbaro o Solomon Kane. Tiene además a su favor la contribución en los papeles de maestro del héroe y principal antagonista a dos pesos pesados de la interpretación que animan con su trabajo un argumento que peca de previsible y algo monótono en sus distintas fases del relato, pero bien interpretado y adornado con las criaturas creadas por JohnDykstra, resulta mucho más trepidante y divertido de lo que muchos nos esperábamos. Jeff Bridges en el papel del cazador de brujas que entrena al héroe hace una competente mezcla del Rooster Cogburn que interpretó a las órdenes de los hermanos Coen en Valor de ley y el clásico personaje tipo Obi Wan Kenobi de Star Wars o Gandalf de El señor de los anillos y El hobbit, y le añade un sentido del humor que acompaña la narración desde el primer momento haciéndola más digerible y amena. Dicho sea de paso, el esquema argumental de todo el asunto presenta, sobre todo en su principio, un parentesco mucho más que casual con la fórmula de Star Wars (la escena de la pelea en la taberna es un buen ejemplo de ello, si bien no el único). La parte del villano, villana en este caso, está muy bien servida por Julianne Moore, que para mi gusto supera en su encarnación de la pérfida reina bruja los intentos similares desplegados en fecha reciente por Charlize Theron en Blancanieves y la leyenda del cazador y Angelina Jolie en Maléfica, películas de las que también recibe algunas influencias esta que nos ocupa. Todas las comparaciones son odiosas y estamos hablando de tres de las mejores actrices de nuestros tiempos, pero lo cierto es que el trabajo de construcción del personaje que hace Julianne Moore supera, al menos en mi opinión, al que hicieron en su momento las otras dos, y por supuesto está mucho mejor que el que hiciera otra de mis féminas favoritas pero no obstante menos atinada, Famke Janssen en Hansel y Gretel

Otra ventaja es que la inevitable subtrama romántica no lastra el desarrollo de la trama aventurera central, y además los protagonistas de la misma me resultan mucho menos empalagosos que los de otros intentos similares extraídos de las novelas juveniles que se estilan en nuestros días como fuente de inspiración para el cine. Esperaba más leña por ese lado, pero me ha sorprendido ver la sobriedad y rapidez con el que solventan ese asunto para mantener en primer término siempre el código de aventuras, dejando el romance propiamente dicho en un segundo término.

Conclusión: una muy recomendable película de entretenimiento, evasión y aventuras para toda la familia, con cierto puntito siniestro que quizá inquiete a los más pequeños de la casa pero no a cualquier chaval adicto a los videojuegos o amiguete de las películas con monstruo.

Miguel Juan Payán

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Crítica de la película Exodus: Dioses y reyes

Más sólida y madura que Gladiator aunque también más fría.

Espectacular y muy bien dirigida, esta versión de la trama de Moisés que ya conocemos se enfrenta al reto de encontrar su propia personalidad más allá de todos los estereotipos e imágenes asumidas por un público que además tiene en la cabeza su propia versión de la historia que Ridley Scott pretende contarnos. Entran ademas en juego todo tipo de idealizaciones y prejuicios a favor o en contra de la vertiente mítica o religiosa incorporada al relato. Añadan a todo eso que si usted cree en Dios, o en cualquier equivalente de entidad creadora supranatural seguramente tendrá su propia imagen del mismo, lo cual complica mucho más todo el asunto porque obviamente Scott no puede tirar a estas alturas de la versión pirotécnica que aplicara a este mismo tema Cecil B. de Mille en Los diez mandamientos. No es viable y no puede funcionar, por mucho que todos sigamos recordando aquella versión del tema que vimos siendo niños o muy jóvenes y recordemos al impresionante Charlton Heston abriendo las aguas con su bastón. Esta es otra época, otro público mucho más escéptico y encima adicto a los documentales de recreación histórica de Nacional Geographic. Scott sale de todo este lío connota alta, pero para ello ya tenido que rebajar el tono épico que caracterizada Gladiator y buscar su camino hacia una mayor verosimilitud de la propuesta trabajando sobre actores y equilibrando muy bien los fragmentos épicos de batalla, plagas y prodigios varios con lo que realmente le interesa, que es el reto de creer o no creer, el sacrificio doble del héroe que alejado de su familia adoptiva egipcia, de su esposa y de su hijo, y convertido en líder de un pueblo al que en realidad no conoce para obedecer a un Dios al que no acaba de entender y con el que suele discutir amargamente. Creo que Christian Bale defiende muy bien ese papel incluso en los momentos más delicados por todo lo que he enumerado al principio, otro tanto se puede decir de su antagonista, un Ramses que a ratos se da cierto aire a Russell Crowe y al que Scott humaniza eficazmente a través de sus miedos con una escena que demuestra su notable talento como director, el faraón que intenta combatir la oscuridad encendiendo antorchas en un desesperado intento de proteger a su hijo. Scott maneja bien la elipsis, impone lo visual sobre lo verbal, y a cierta en muchas cosas, por ejemplo imponiendo un protagonismo del paisaje que me ya recordado Lawrence de Arabia, de David Lean. Pero falla en otras. No llega a desarrollar lo suficiente ningún personaje salvo Moisés y Ramses. Desperdicia a Sigourney Weaver. Y en su persecución de la credibilidad renuncia en exceso a lo épico, algo que ya le ocurrió en El reino de los cielos. Esta película es no obstante mejor que aquélla y mejor que Robin Hood. Y una vez más Scott reina en lo visual.

Miguel Juan Payán

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Crítica de la película El juego de Ender

El juego de Ender, ciencia ficción de calidad, imprescindible para los amigos del género y recomendable para aficionados al buen cine.

La adaptación al cine de El juego de Ender, la novela de Orson Scott Card, no era nada fácil y de hecho todo apunta que muy posiblemente el mejor terreno para trasladarla al audiovisual era el de la serie o miniserie de televisión. A pesar de ello, el resultado final de esta adaptación a la pantalla grande de la fábula sobre sobre la corrupción de niños soldados convertidos en asesinos tiene una excelente factura visual, saca el máximo partido a su despliegue de efectos visuales, y propone una forma de entender la ciencia ficción más madura y cercana a los planteamientos literarios del género. Esa misma tendencia marcó las películas de ciencia ficción en su paso a la edad adulta, iniciada con 2001 de Kubrick a finales de los sesenta, y finalizada abruptamente con ele estreno de La guerra de las galaxias de George Lucas más o menos una década más tarde. El juego de Ender en su forma como película es el perfecto ejemplo para definir esa frontera que separa las versiones cinematográficas de las historias que adaptan, en una lógica mutación que impone las necesidades del medio cinematográfico sobre las necesidades y logros de la literatura. La película elige centrarse en el personaje que da título al libro, podando el resto de las subtramas implicadas en el relato original Fundamentalmente la gran sacrificada es la subtrama que protagonizan la hermana y el hermano de Ender, que en el momento de aparición de la novela fue un excelente ejercicio de prospectiva de su autor, anticipando el papel de internet y las redes sociales en el devenir político. Eso elimina casi totalmente el papel del hermano de Ender, que en la novela era un antagonista, la gran amenaza, y deja el papel de la hermana bastante mermado narrativamente. Teniendo en cuenta que todas las novelas de Orson Scott Carr hablan de la familia, es una pérdida que muchos seguidores del libro podrían considerar lógicamente muy sensible. Pero al leer los créditos de la película se me ocurrió que el término “basado en…” tiene un significado que quizá a muchos se nos podría haber escapado cuando hacemos balance de las adaptaciones de la novela al cine. Lo cierto es que dentro de una novela no hay nunca una sola, sino muchas historias distintas, y como ejemplo basta citar una destacada obra maestra de la ciencia ficción cinematográfica, Blade Runner, que dejó fuera de su relato varios elementos y subtramas interesantes de la novela de Phillip K. Dick que la inspiró, ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, especialmente el tema del Mercerismo. Es un excelente motivo, entre muchos otros, paras volver a insistir en que es esencial leer, porque además leer sigue siendo el mejor pasatiempo que conozco. Teniendo en cuenta esa pluralidad de historias que habitan en toda novela y el hecho de que leer sigue siendo mi pasatiempo favorito, incluso por delante del cine, no me causa mucho problema ni escrúpulo ver versiones cinematográficas que adaptan la parte del libro original que a sus creadores les parece más significativa. Siempre y cuando sigan siendo fieles a eso que algunos llaman “el espíritu” del original y yo prefiero calificar simplemente como las tripas del asunto. Ese “espíritu” y esas tripas están plenamente presentes en esta versión cinematográfica de El juego de Ender, aunque inevitablemente sus artífices hayan decidido podar toda la parte “política” de la novela, que servía como contrapeso de equilibrio de la parte más belicista de la misma. Lo cierto es que me molesta más que la simplificación que se impone en la versión cinematográfica nos deje una peripecia de formación de Ender más concentrada en lo referido a su largo periodo de aprendizaje, promoción y liderazgo, una reducción de las batallas que debe librar y del papel del libro que da título a la historia así como un resumen del papel que tiene el videojuego como alternativa de género de fantasía y cuentos infantiles que en la obra de Orson Scott Card complementa con excelentes resultados las claves de ciencia ficción.

Lo que ocurre con esta versión cinematográfica de El juego de Ender, es que mirada desde la experiencia de haber leído la novela puede hacernos caer en la trampa del purista fundamentalista, llevándonos a pensar que esa poda de elementos de la misma es perjudicial para el relato, porque rompe la trinidad de distintas caras que presentaba el mismo: la peripecia de formación y superación de Ender en el entorno militar, que es un excelente ejemplo de la ciencia ficción militarista aplicada a reflexiones humanistas; las fábulas fantásticas desplegadas en el videojuego del gigante que introduce la fantasía en esa fórmula narrativa de ciencia ficción, incorporando elementos grotescos que son como un eco de las aventura de Alicia en el país de las maravillas, y finalmente la trama de manipulación y ascenso al poder de los dos hermanos en el frente civil, que añade una nota de distopía tecnológica al conjunto, además de constituirse en principal valedora del relato como interesante ejercicio de prospectiva y anticipación dentro de la ciencia ficción de carácter sociológico.

Pero lo mejor de El juego de Ender es que contrarresta esa pérdida de personajes, elementos y subtramas con un vigor visual que emparenta la película con el gran clásico entre las obras maestras del género, 2001 una odisea del espacio, y aunque el director cita como influencia al cine de David Lean en la vídeoentrevista que le hicimos para esta misma página, lo cierto es que a quien esto escribe le parece que la principal influencia de El juego de Ender está en las películas de Stanley Kubrick. Además de la lógica presencia como referente en clave de eco visual que se incorpora desde 2001, la película se desarrolla argumentalmente como una especie de variante de La chaqueta metálica en todo lo referido al entorno cuartelero que rodea al protagonista y su educación para dar la muerte a sus enemigos, incluyendo su antagonismo con el superior inmediato, Bonzo Madrid, o la manipulación emocional a que es sometido por el encargado de su formación, interpretado por Harrison Ford, y por el responsable de su entrenamiento como líder de la flota, interpretado por Ben Kingsley, dos “padrinos” del protagonista que incorporan a la historia el tema de la suplantación de la paternidad y la familia por el ejército. El tema de los niños convertidos en guerreros encuentra además una forma de desarrollarse que convierte a los jóvenes reclutas en una variante de los Drugos que protagonizaban La naranja mecánica, aunque para satisfacer las necesidades de amortización del presupuesto se hayan limado los momentos más violentos de la novela original en los duelos de Ender con sus compañeros, especialmente en el caso del personaje de Bonzo Madrid.  Por otro lado, el viaje de búsqueda de aceptación y definición de sí mismo que emprende Ender lo aproxima al antihéroe más completo de la filmografía de Kubrick: Barry Lyndon. Todo eso mientras la película bascula en lo referido a su escenografía entre 2001 (en el interior de la base y el espacio exterior) y Teléfono rojo: ¿volamos hacia Moscú? (en el diseño y la iluminación de los fragmentos que transcurren en el juego final con los mandos contemplando el resultado de la batalla).

De manera que cabe asegurar que todo aquello que la película ha podado de la novela original, está equilibrado sobradamente con su factura visual, sus referentes cinematográficos y un reparto que realmente consigue meternos incluso más que las propias imágenes en esta muy recomendable y madura propuesta de ciencia ficción cinematográfica, que además consigue hacernos reflexionar sin perder un ápice de su poder de entretenimiento.

Miguel Juan Payán

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Paramount Pictures Spain tiene el placer de ofreceros el tráiler definitivo de la película española de animación 3D “Las aventuras de Tadeo Jones”, que estará en cines a partir del próximo 31 de agosto. El film ha sido presentado en el prestigioso Festival de cine de Annecy, el certamen de cine de animación más importante del mundo.

La película supone el debut en el largometraje del personaje de Tadeo Jones, creado por Enrique Gato, ganador de dos premios Goya (2005 y 2008), por sus anteriores cortometrajes de Tadeo.

El propio director cuenta que “han pasado 11 años desde que Tadeo nació como un borrador en un bloc de notas hasta que ha llegado a protagonizar su primer largometraje, convirtiéndose en algo mucho más grande de lo que nunca pudimos siquiera soñar. Hoy, con todo este viaje hecho realidad, solo nos queda sentarnos a disfrutar de un trabajo espectacular y de la ilusión de todos los que lo han hecho posible”.

En esta ocasión, Tadeo Jones se convertirá en un gran explorador y vivirá una trepidante y divertida aventura de la mano de sus nuevos compañeros: Sara, una joven y bella arqueóloga; Belzoni, un loro mudo, Freddy, un peculiar guía peruano con chaqueta multiusos, y Jeff, el inseparable perro de Tadeo. Todos ellos emprenderán este emocionante viaje que llegará a finales de agosto a los cines, en formato 3D y 2D, para el público familiar.

La película cuenta con las voces de Oscar Barberán (Tadeo), José Mota (Freddy), Michelle Jenner (Sara), y José Corbacho (Tadeo en la versión catalana); y una banda sonora con canciones de One Direction, y el tema “Te voy a esperar” interpretado por Juan Magán y Belinda.

Los datos:

Un equipo de más de 200 personas, 48 meses de producción, 50 localizaciones, 14.500.000 de ficheros informáticos generados. Formato 3D estereoscópico. Todo ello, hace de “Las aventuras de Tadeo Jones”, una de las superproducciones españolas más importantes del año.

Sinopsis:

Debido a una fortuita confusión, Tadeo, un albañil soñador, será tomado por un famoso arqueólogo y enviado a una expedición a Perú. Con la ayuda de su fiel perro Jeff, una intrépida profesora, un loro mudo y un buscavidas, intentarán salvar la mítica ciudad perdida de los Incas de una malvada corporación de cazatesoros.

“Las aventuras de Tadeo Jones” es una producción con vocación internacional y cuyos derechos de distribución ya han sido vendidos a más de 24 países de todo el mundo, incluyendo los principales mercados europeos y latinoamericanos, así como India y China.

Crítica de la película Blancanieves y la leyenda del cazador

Blancanieves y la leyenda del cazador, entretenida aventura con Charlize Theron como lo mejor, ritmo desigual y algo larga. Poniendo toda la carne en el asador en lo referido a despliegue visual y efectos especiales, acercándose al terror en algunos planos, jugando con las claves del cuento con cierta flexibilidad y originalidad, y contando como mejor aliada con un gran trabajo interpretativo de Charlize Theron, esta nueva versión cañera y guerrera de Blancanieves da una visión del asunto no revolucionariamente innovadora, pero si suficientemente competente como para entretenernos con competencia durante la mayor parte de su metraje. Tiene a su favor un arranque interesante, que engancha, con Theron echándose la película sobre sus bellas espaldas como una especie de variable brujeril de la Cersei Lannister de Juego de Tronos, y tirando para arriba con el asunto sin problemas, totalmente eficaz en su encarnación de la mala de la historia, que a ratos parece haber estudiado en la academia del lado oscuro de la fuerza del Emperador Palpatine de Star Wars y en otros momentos recuerda a la vampiresca condesa Bathory que buscaba la juventud consumiendo la sangre de jóvenes doncellas.

Terrorífica y bella hasta hacer que sea totalmente absurda la pregunta al espejo, porque la más guapa de toda la película es ella, sin duda, Theron es el plato fuerte de este largometraje que además en su primera parte funciona bastante bien como película de evasión convirtiéndose en una historia de fuga y persecución donde Kristen Stewart sigue poniendo algunas carillas que recuerdan en principio a la Bella de la saga Crepúsculo pero finalmente consiguen encontrar una personalidad propia para su versión guerrera de Blancanieves, y Chris Hemsworth interpretando un personaje que recuerda mucho al de Val Kilmer en Willow, pero con menos sentido del humor.

Es una lástima que ese arranque y esa primera hora de metraje, como digo bastante completa en lo referido a entretenernos, empiecen a perder ritmo en el momento en que se produce el inevitable encuentro con los enanos, que no obstante son un excelente trabajo de efectos visuales sobre actores reales, en una línea que anticipa lo que se va a hacer con los enanos de El Hobbit. La entrada en el Santuario que sigue al paso por el Bosque Oscuro, mucho más interesante, se pierde en un paisaje de colorines como si de repente tuvieran que rendir pleitesía a la versión Disney del mismo asunto y, para mi sorpresa, se produce un innecesario frenazo en el ritmo de la narración que con la aparición del ciervo me ha sacado totalmente de la película. A parte de que el ciervo me recuerde mucho algunos bichejos míticos de la filmografía del maestro de dibujos animados japonés Hayao Miyazaki, concretamente La princesa Monoke, me ha recordado también al león Aslan de El león, la bruja y el armario, y si a eso añadimos la entrada en funciones del príncipe como una especie de Robin Hood y el desenlace con Blancanieves convertida en algo así como una especie de Juana de Arco, el puzzle de referencias se hace ya notar en demasía quitándole protagonismo e identidad propia al tema central.

He echado también de menos el sentido del humor. No tiene. Ni una gota. Todo es trágico, siniestro, serio, y finalmente épico… Pero de humor nada de nada. Eso perjudica la creación de una química más directa, estilo guerra de sexos, entre el cazador y Blancanieves, algo que habría beneficiado un desarrollo más dinámico de la historia evitando la caída de ritmo que he mencionado antes. En lugar de eso, se plantea un extraño requiebro a la versión original del relato con el beso del príncipe que merced a un juego de miradas entre Blancanieves y el cazador deja en el aire en plan intriga si hay rollito o no entre ellos y haciéndome sospechar que se les ha pasado por la cabeza facturarse una secuela si el rendimiento en taquilla de ésta les convence.

En la manera de desenvolverse visualmente camino de su desenlace la película no duda en tirar de un recurso algo manido, el plano aéreo y paisajístico, buscando una especie de tono épico heredado de El señor de los anillos, con varios planos que recuerdan los paseos por la Tierra Media de la Hermandad del Anillo. Menos mal que consigue levantar otra vez el vuelo en la parte final, proponiéndonos el enfrentamiento definitivo entre la heroína y la villana, en una fase de la historia en la que ya ha quedado muy lejos el relato original y parece abrirse paso a otro tipo de historia que, si ustedes me lo permiten, me hace sospechar que caso de haber una secuela podría ser, con relativa facilidad, más interesante que esta primera película.

Porque el problema con Blancanieves u otro cualquier cuento infantil es que, nos gusten o no, nos los conocemos del derecho y del revés, lo cual reduce la posibilidad de sorprender, por novedosa que sea la versión.

He de reconocer que han sabido darle una personalidad propia a esta versión, proporcionándonos además numerosos momentos de acción trepidante y la oportunidad de ver a una Charlize Theron en plenitud, pero por otra parte creo que se les ha ido un poco de tiempo, me sobra el desvarío ecológicofestivo del ciervo, las hadas y la tortuga florero, y alguien debería decirle a Kristen Stewart que está mucho más guapa en cámara cerrando los labios en lugar de tener la boca abierta continuamente como si siguiera esperando que Edward Cullen venga a hacerle una visita. A la escena en de la muerte posterior a morder la manzana me remito.

Resumiendo: moderadamente entretenida, más aún en su trepidante primera parte que en la segunda, con un trío de cazador, Blancanieves y príncipe al que creo que podrían haberle sacado más jugo en el guión, porque los actores cumplen, si bien la parte del león en lo referido a lucimiento se la lleva Charlize Theron.

Miguel Juan Payán

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Battleship ★★

Abril 11, 2012

Crítica de la película Battleship

Battleship es como un tráiler de hazañas bélicas de dos horas y pico con arrollador despliegue visual estilo Transformers.

Somos muchos los que nos preguntábamos cómo demonios iban a poder organizar algún argumento en torno al juego de los barquitos que practicábamos con desigual fortuna siendo chavales, armados únicamente con un lápiz y una hoja cuadriculada, generalmente en el momento más soporífero de la clase de matemáticas (seamos sinceros: ¡que levante la mano el que haya tenido un profe de matemáticas que le hiciera amar esa interesante asignatura y le damos un pin al más suertudo del planeta!). Luego, claro, suspendíamos las matemáticas. Mi asignatura más odiada. Así me va en lo económico… Pero esa es otra historia. Volviendo a Battleship y el juego de los barquitos, si todo se hubiera quedado en un papel cuadriculado y un lápiz y los barquitos repartidos estratégicamente, la cosa no habría dado para una película. Pero si incorporamos a la fórmula a la firma juguetera Hasbro la cosa cambia. Porque Hasbro parece empeñada en aprovechar la ocasión y sus líneas de juguetes para abrirse paso en la industria del cine y ponerse tras la pista de la editorial Marvel y su explotación de sus personajes de cómic. El desembarco de la juguetera en la pantalla grande tuvo sus dos primeras cabezas de playa con Transformers y G.I. Joe, y ahora hasta su versión del juego de los barquitos de toda la vida, que en las tiendas de juguetes españolas creo recordar que se bautizó como Hundir la flota, o algo por el estilo, es su tercera andanada de juguete transformado en ficción cinematográfica.

Así que sí: se puede escribir un guión para una película sobre el juego de los barquitos, y el resultado es Battleship, una película larga que pasa de las dos horas y que a pesar de algunos momentos ciertamente chirriantes, se me ha hecho más corta de lo previsto. Incluso me ha convencido más que las dos primeras entregas de Transformers. Quizá porque aquí no hay robots gigantes transformándose en camiones y furgonetas varias (¿había un robot transformado en carricoche de helados en alguna o lo he imaginado en mis pesadillas sobre el particular?). O quizá porque tiene muchos elementos de la ciencia ficción militarista que me gusta leer de vez en cuando sobre personajes como Miles Vorkosigan, protagonista de las novelas de Lois McMaster Bujold, la heroína de la space opera Honor Harrington, de las novelas de David Weber, el capitán John Black Jack Geary de la saga La flota perdida, de Jack Campbell, o el guardiamarina Seafort de las novelas de David Feintuch… entre otras.

Digo esto para que quede claro que la fórmula de ciencia ficción militarista aplicada al argumento de Battleship no despierta rechazo alguno en quien esto escribe. Antes al contrario: el militarismo aplicado a la ciencia ficción no me molesta en absoluto, de hecho creo que forma parte de una curiosa manera de exorcizar miedos y fantasmas político sociales que aquejan a la sociedad norteamericana de nuestros días, así que me ofrece la oportunidad de ver plasmados en pantalla todas esas cuestiones y de paso entretenerme con algunos momentos de acción. Por otra parte militarismo había, y mucho, en el ciclo de la caballería de John Ford, y no por eso pone nadie en cuestión joyas del cine como Fort Apache, La legión invencible o Misión de audaces. De hecho la última entrega de Star Trek dirigida por J.J. Abrams tenía también algunos elementos de ciencia ficción militarista muy claros que vuelven a aparecer en Battleship, como el protagonismo del joven alocado pero líder nato que encuentra su “camino” y la manera de honrar a su familia ejerciendo como héroe en el seno del ejército, que se convierte en su otra “familia” (el concepto de ejército y familia está en John Ford repetido hasta la saciedad). Que de ese modo el alocado del principio se convierta en un hombre ponderado, equilibrado y respetable me parece más de ciencia ficción que la hipótesis de una invasión extraterrestre, pero eso es otro asunto.

De manera que, insisto, el militarismo de película de reclutamiento más bien descarada, así estilo Top Gun u Oficial y caballero que luce Battleship, ya saben: prota gamberrete y alocado encuentra churri macizorra y se pone el uniforme para conseguirla, no me molesta en exceso, quizá porque siempre me río mucho viendo a Clint Eastwood en El sargento de hierro, no me trago nada de lo que me cuentan este tipo de fórmulas argumentales y para su tranquilidad les aseguro que por muchas películas bélicas de propaganda que haya visto y mucha churri macizorra que me incluyan en la ecuación nunca se me ha pasado por la cabeza apuntarme a la Legión Extranjera o similar. Mi escepticismo me lo impide. No cuela. No me lo trago. Y como afortunadamente a mi familia la tengo en casa, no tengo que ir a buscar sucedáneos en un cuartel.

Dicho todo lo anterior, la verdad es que Battleship tiene momentos muy entretenidos y alguna que otra aportación que me ha divertido mucho, como esas ruedas alienígenas de metal destripadoras de todo lo que pillan a su paso (no me vendrían mal un par de esos bichos para abrirme paso en las procelosas aguas de la vida cotidiana), o esa manera de traducir al cine con los destructores proyectiles extraterrestres la fórmula de letra y número -D4… tocado… D5, D6,D7… ¡hundido!- que tanto nos divertían siendo chavales (lo confieso: me encantaba el juego de los barquitos, aunque pase de lo militarista olímpicamente).

Lo que no aguanto de la película, quizá porque no soy norteamericano, sino español, por la gracia de Dios, es ese descaro en meter la propaganda patriótica en el argumento poniendo en riesgo la propia credibilidad de la historia, algo que nunca hizo John Ford, algo que Clint Eastwood supo revestir de autoparodia y sentido del humor en El sargento de hierro, algo que en las novelas de ciencia ficción militarista más logradas suele estar convenientemente revestido de una tajante profilaxis en lo que a identificación de los personajes con un país concreto real y actual se refiere. Porque, miren ustedes, héroes con y sin uniforme los hay en todas partes y debajo de cada bandera que ondee al viento, tenga barras y estrellas o colores en rojo y gualda, como la bandera española, por poner un ejemplo. Pero ese panfleto de resurrección del acorazado USS Missouri y sus veteranos, derrapando entre las olas como la motocicleta del Motorista Fantasma para salvar el mundo a los acordes de una banda sonora en la que brillan, como no podía ser menos, las aportaciones de AC/DC, se me ha hecho particularmente difícil de tragar. Igual si fuera norteamericano lo vería de otro modo, pero ya digo: soy español, por la gracia de Dios. Y no cuela el alarde patriotero y la entrega de medallas a los veteranos. Así que vale: es entretenido ver cómo los alienígenas vuelven a invadir otra vez el planeta y los norteamericanos salvan por enésima vez el mundo, pero el guión es demasiado obvio como producto de reclutamiento y el desarrollo de personajes es mínimo, esquemático. Eso por no hablar de que podrían haber sacado mayor y mejor partido a los invasores propiamente dichos, en lugar de encelarse tanto con el despliegue visual dedicado a sus máquinas –imagino que lo han hecho movidos por la necesidad de replicar la fórmula de la saga Transformers que tanta pasta ha dejado en la taquilla-, además de no aprovechar la presencia de Liam Neeson en el reparto. Battleship es como un largo tráiler de dos horas y pico, trepidante, visualmente entretenido, brillante en sus efectos visuales, pero que no llega a cobrar entidad sólida como película, desplegándose sólo como un espectáculo de acción continua. Eso sí: aviso que hay una secuencia final después de unos largos títulos de crédito.  


Miguel Juan Payán

 

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Crítica de la película Infierno blanco

Una poderosa película que devuelve el cine de aventuras a la cartelera con un inmenso Liam Neeson.

Salí del cine con ganas de meterme otra vez a verla desde el principio. No digo más. Eso sí, un aviso importante: hay que tragarse unos largos títulos de crédito hasta el final para ver la verdadera última escena de la película.

El arranque con un plano protagonizado por la naturaleza llenando la pantalla seguido en la secuencia siguiente por la industrializada imagen de la planta en la que trabaja el protagonista pone sobre la pantalla desde el primer momento la claves de naturaleza contra civilización que caracterizan al género más cinematográfico que quepa imaginar, el western, dando una pista respecto al tono épico, mítico, que va a servirle al director para desarrollar esta muestra ejemplar de relato de aventuras y supervivencia servida además por uno de los actores que puede presumir de ser capaz de ejercer como heredero de las grandes estrellas del género de épocas anteriores. Liam Neeson es lo más próximo a John Wayne, James Stewart o Henry Fonda que tenemos en nuestros días, así que esperemos que nos dure mucho tiempo, porque esa materia prima no abunda entre los actores de actuales.

No es la primera vez que se aplica el título de Infierno blanco a una película de aventuras y superviencia. Hay que recordar que como El infierno blanco (con artículo delante) llegó a las pantallas españolas y más recientemente al mercado del DVD una peripecia protagonizada por John Wayne y dirigida por William A. Wellman en 1953 que no tiene nada que ver con la que en este artículo nos ocupa, pero que recomiendo igualmente porque es una excelente compañía para hacer programa doble con la protagonizada por Neeson.

Ambas películas comparten una misma mirada épica al tema de la superviviencia, si bien inevitablemente la que estrena el próximo viernes Joe Carnahan en la cartelera española incluye a unos personajes que lo son todo en el desarrollo de su trama: los lobos. A ratos, se diría que estamos viendo un fragmento de Tiburón cambiando el escualo por los canis lupus, porque en cierto momento la película deja de lado un posible desarrollo de la trama en clave de odisea de supervivencia tipo Viven, Camino a la libertad, Bajo cero o Hasta donde los pies me lleven, para decantarse por un desarrollo de persecución y caza en el que los supervivientes de un accidente aéreo astutamente narrado en todo momento desde el punto de vista del protagonista,  tienen que convertirse prácticamente en una manada de lobos para enfrentarse a unos depredadores cuyo territorio de caza han invadido sin proponérselo.

Neeson clava el papel de líder de esa manada humana integrada por el habitualmente variopinto grupo de individuos que tienen sus enfrentamientos y en algunos momentos son, cierto es, presas del tópico, pero se le pueden perdonar esos momentos previsibles del pasado y las ensoñaciones de los personajes porque están cuidadosamente insertados en flashback en la narración y consiguen no romper el ritmo de la aventura propiamente dicha. Se le puede perdonar también que esa supuesta sorpresa final sobre el motivo que llevó al personaje de Neeson a separarse de su esposa no sea tanta sorpresa porque lo veíamos venir de lejos. Se le pueden perdonar ambas cosas porque están respaldadas por otro flashback, el del protagonista en la infancia, con su padre, y por esa poesía que marca y hace crecer el tono épico de la lucha del personaje de Neeson contra los lobos: “De nuevo en la lucha/el último gran combate que yo conoceré/Vivir y morir en este día/Vivir y morir en este día”

El tono de ese poema otorga a esta adaptación del relato Caminante fantasma de Ian Makenzie Jeffers, que ha escrito el guión junto con el propio director, un tinte épico que no es fácil ver en el cine en nuestro tiempo y que lamentablemente pocos actores pueden servir con solvencia, lo que me recuerda el papel de Ed Harris en Camino a la libertad, por ejemplo. El resultado es la mejor película dirigida hasta el momento por un director, Carnahan, que siempre me entretiene y me resulta convincente como dispensador de cine de evasión, pero hasta ahora nunca había conseguido incorporar en sus trabajos – Sangre, balas y gasolina, Narc, Ases calientes, El equipo A- ese giro final que consigue que una película nos deje con ganas de volver a entrar a verla otra vez. Con Infierno blanco, por lo menos en lo que a mí respecta, lo ha conseguido.

¿Por qué? En primer lugar por su gran capacidad para entretenerme con una trama que suele invitar a caer en el tópico, tanto en el tratamiento de los personajes como de las situaciones. De hecho, yo diría que es inevitable. Incluso el gran Robert Aldrich incurrió en algunas trampas, tópicos y estereotipos en una película que por otra parte me parece un buen ejemplo de cine de aventuras, El vuelo del Fénix, allá por 1965. No pasa nada por ello. La clave está en darle al espectador suficiente materia prima más o menos diferente o sorpresiva para que pueda tolerar esos lugares comunes casi inevitables, y Carnahan lo consigue haciendo de su película una astuta mezcla de cine de aventuras, historia de superviviencia y… ¡terror! Los ataques de los lobos permiten establecer una pauta de inquietud añadida a todo el relato,  que se convierte así en una historia de perseguidores y perseguidos en la que la belleza de los entornos naturales presente en todos y cada uno de los planos no consigue sobreponerse en protagonismo a la tensión que provoca esa carrera para huir de las dentelladas.

En segundo lugar, Infierno blanco incluye una de las escenas de muerte más inquietantes que hemos visto en los últimos meses en la pantalla. Me refiero a la que ocurre casi al principio de la odisea de supervivencia, dentro del refugio en el que se convierte el fuselaje del avión.

Finalmente, y temo que por tratarse de una muy entretenida película de aventuras esto que voy a comentar sea injustamente pasado por alto, Liam Neeson hace una composición ejemplar de su personaje en conflicto, y no me refiero tanto a las escenas de anuncio de perfume bajo la sábana con su esposa perdida, sino a esos primeros planos sobre su rostro, por ejemplo el que nos lo muestra bebiendo en el bar al principio, donde con una sola mirada perdida nos explica que su personaje lo ha perdido todo. Sospecho que el profundo dolor que aparece en los ojos de Neeson en esas secuencias nace desafortunadamente de su propia experiencia como viudo de Natasha Richardson, fallecida en un desafortunado accidente en marzo de 2009. Y esa mirada al abismo de la pérdida es lo que otorga mayor verosimilitud y consistencia a una historia que sin este enorme actor al frente sería sin duda algo menos interesante.
Por otra parte, ese final con un par de agallas hace aún más grande la película, y la convierte en una invitación a seguir luchando con uñas y dientes, algo muy esencial en estos desafortunados tiempos que vivimos.
Miguel Juan Payán

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Paul ★★

Julio 19, 2011

Crítica de la película Paul de Greg Mottola con Simon Pegg y Nick Frost

A medio camino entre Zombies Party y Arma Fatal, Paul es una buena diversión veraniega en clave de sátira del género de alienígenas que llega a la cartelera antes que los dos pesos pesados de las invasiones veraniegas en ese terreno, Super 8 y Cowboys & Aliens, pero coindice con ellas en su tratamiento de homenaje (en su caso a base de guiños frikis) a una forma de entender este tipo de historias que se aplicaba ene el cine de los años setenta y ochenta. No se asusten, no es nostalgia, sino más bien celebración. No es casualidad que en su banda sonora tenga, como Super 8, un tema de la Electric Light Orchestra (la mítica ELO) que ayuda a marcar la pauta eminentemente optimista y de celebración del cine y la propia existencia que comparten estas tres producciones.

Cierto es que no me he reído tanto como con Zombis Party, pero Paul tiene unos cuantos golpes desternillantes y una manera de entender la comedia como mezcla del chacarrillo más obvio, el gag visual más  simple y al mismo tiempo salpicar todo eso con el humor inteligente y pícaro que caracteriza habitualmente los trabajos de sus dos protagonistas, el dúo cómico británico formado por Simon Pegg y Nick Frost, aquí bien adaptado a las claves del cine de evasión norteamericano y con muy buena química con su protagonista femenina, Kristen Wiig.

El objetivo es poner en solfa, satirizar ese cine de los setenta y ochenta, desde Encuentros en la tercera fase o E.T. hasta Men in Black, tomando como epicentro del relato a un alienígena macarrilla que aporta un aire claramente gamberro a la historia. Aunque no le han sacado el máximo jugo a Paul, imagino que porque en algún momento debieron temer que les cerraran las puertas de la calificación por edades, dejando fuera del cine en Estatados Unidos a su público esencial, los jóvenes, la película consigue colar algunos momentos hilarantes, como el de la resurrección del pájaro, la atracción morbosa que siente uno de los dos protagonistas por las chicas disfrazadas de Ewoks o la explicación de por qué los policías británicos, al contrario que los rurales norteamericanos, no llevan armas, que nos dejan ver lo que podría haber sido todo el asunto si hubieran tenido algo más de agallas para entrar a fondo en el tema. No es algo que les podamos reprochar. La comedia comercial estadounidense actual es más flojeras que la de décadas anteriores, por eso ya no hay un Blutarsky como el interpretado por John Belushi en Desmadre a la americana y el desternillante chiste del burro en Despedida de soltero con Tom Hanks se nos ha convertido en el chiste del tigre o el mono en las dos partes de Resacón en Las Vegas (aunque la segunda le eche más narices al asunto).

Paul tampoco es, como podría haber sido, el equivalente de Los cazafantasmas en el terreno de las películas con extraterrestres, pero es suficientemente divertida y moderadamente gamberra como para que pasemos el rato con ella agradablemente, especialmente cuando navega por la autoparodia, citando clásicos del cine de Spielberg, convocando a heroínas esenciales del cine de ciencia ficción o paseándonos por esa convención de cómic que en mi opinión tampoco ha sido del todo bien aprovechada y a la que podrían haberle sacado más jugo, en lugar de caer en la trampa de la parodia facilona de los fundamentalismos religiosos, que además es mera caricatura simplona e ingenua del fanatismo desaforado, en plan chiste de jardín de infancia tipo “caca-culo-pedo-pis”, como dice mi colega Jesús Usero.

Resumiendo: que Paul podría haber dado de sí más risas, pero me ha resultado más simpática, por su friquismo y su nostálgica mirada al cine cocinado en los setenta y ochenta, que Arma fatal, así que le daría un aprobado aseado como palomitero entretenimiento de cine de verano complementado con un polo o un helado bien frío o mejor aún con un par de cervezas, si bien ese final que se marcan en plan dulzón estuvo a punto de saltar de la butaca, porque es un desenlace que reniega del supuesto gamberrismo de su principio. Le falta un hervor en lo referido a gamberra, pero al mismo tiempo me temo que para algunos espectadores será ofensiva por la imagen de las creencias religiosas que utiliza de forma algo torpona y con dibujo de trazo grueso, poco estilizado. Mejor habrían invertido ese metraje en sacarle más jugo a las peripecias de los dos protagonistas perseguidos por los dos siniestros lugareños, que entran y salen de la historia precipitadamente y son malgastados en un par de chistes simplones.

Luego me hace mucha gracia a nivel personal lo ingenua que resulta en su sarcasmo en referencia al tema religioso. Dos minutos de Flanders en la serie Los Simpson superan de lejos cualquiera de las bromas que construyen los artífices de Paul sobre la religión en su forma más extremista e intolerante.

Miguel Juan Payán

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