El Rehén ★★★★

Agosto 14, 2018

Crítica de la película El Rehén

Inteligente y activa cinta de conspiraciones terroristas y agencias de espionaje, donde Jon Hamm realiza una interpretación a la altura del inolvidable Don Draper, de la serie Mad Men.

El título original de Beirut sitúa a la perfección el curso narrativo de esta poliédrica película, dirigida por el competente Brad Anderson (incomprensiblemente, algunas de sus obras, como Vanishing on 7th Street y Asylum, todavía no han sido estrenadas en salas). El responsable de El maquinista pinta un desolado y caótico paisaje humano y vivencial, con la capital del Líbano como telón de fondo, como si se tratase de un protagonista más dentro de este argumento agrio y descorazonador.

La acción del filme comienza en los años setenta, con un diplomático norteamericano llamado Mason Skiles (Jon Hamm): un experto en manejar situaciones complicadas, el cual enmascara sus servicios a la CIA con el disfraz de trabajador en la embajada de USA en Beirut. Él piensa que controla todos los hilos de la complicada política de la zona; pero sus percepciones se hunden, cuando su esposa es asesinada en un ataque terrorista a la mansión donde ambos residen. Décadas más tarde, Mason se ha convertido en un abogado alcoholizado, que malgasta su talento en juicios que no le interesan lo más mínimo. Sin embargo, un día recibe la visita de un agente de la “compañía” para la que colaboraba en los setenta. El gobierno pide al antiguo diplomático que medie para la liberación en Beirut de un amigo, secuestrado por el familiar de un peligroso terrorista vinculado con los atentados de Múnich de 1973. No obstante, la cosa se pone un tanto difícil para el protagonista, cuando descubre que el líder de los secuestradores es alguien muy ligado a su pasado.

Brad Anderson aprovecha al máximo el enriquecedor guion elaborado por Tony Gilroy (Michael Clayton): un escritor cinematográfico que engrandece sus historias cuando el personaje principal es un tipo golpeado por las circunstancias. Y en esa tesitura se encuentra el papel que encarna Jon Hamm, el cual muestra sus cicatrices sin ocultar el sentimiento de pérdida y culpa que preside cada una de sus acciones a lo largo de la movie. El maquiavélico Don Draper consigue, con las trazas apuntadas por Gilroy, firmar una de las mejores caracterizaciones de su carrera, en la piel de este individuo entregado al olvido que proporciona el alcohol y la embriaguez.

A su lado, la normalmente efectiva Rosamund Pike (Perdida) logra mantener la tensión sobre lo que ocurre en la pantalla, sin aflojar el pulso de las tramas políticas laberínticas; y que desgraciadamente mantienen en la actualidad su reguero de sangre y violencia, enquistadas en el escenario de Oriente Medio. Brad Anderson diseña un espectáculo reflexivo, en el que no hay buenos ni malos; y donde la incongruencia de los posicionamientos interesados y de los fanatismos ciegos marcan una trama que revela sus mejores momentos al reflejar las contradicciones sentimentales de Mason, como del resto del plantel de personajes que conjuntan el argumento.

Una galería de seres superados por las sombras que planean constantemente por las decisiones de los diferentes gobiernos, y que –como exhibe El rehén- suelen salpicar con dolor la vida de los inocentes.

Jesús Martín

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VENGADORES: LA GUERRA DEL INFINITO XXXXX

El Pacto ★★★

Agosto 14, 2018

Crítica de la película El Pacto

Belén Rueda se echa a las espaldas esta intriga con pinceladas de terror.

No es nada nuevo. Belén Rueda puede hacer que historias más o menos convencionales y tópicas salgan adelante simplemente estando ahí, ante la cámara, defendiendo su personaje y lo que se cuenta como una loba defendiendo a sus cachorros. Es lo que ocurre en este caso, donde además encuentra buen respaldo con el trabajo de Dario Grandinetti y la breve pero contundente aparición de Antonio Durán “Morris”, al que habría estado bien ver en más metraje de la historia, sobre todo porque su personaje se interesante pero entra demasiado tarde en el asunto, restando más peso a la trama de intriga.

Todo gira no obstante en torno a la presencia y el personaje de Belén Rueda, y eso en cierto modo presta cierto tono de endeblez a la trama en su conjunto. Solo otro personaje en la trama, el de Grandinetti, llega para ejercer como contrapeso y como resultado de este equilibrio la trama y la película ganan puntos. Queda desdibujado el personaje de la hija, interpretada por Mireia Oriol, que en una clave más ambiciosa para la historia habría tenido sin duda más desarrollo.

En cualquier caso, es elección del director y co-guionista cómo va a conducir su historia y su película, y hay que decir que El pacto funciona correctamente como producto de intriga, y si tiene alguna pega en todo caso responde a la ambigüedad sobre su verdadera naturaleza que pueda transmitirse al espectador a través del tráiler. Es un relato interesante, curioso a su manera, eficaz en su desarrollo, pero no es una película de terror como quizá puedan esperar algunos espectadores a tenor del tráiler que se ha difundido sobre la película. Tiene pinceladas de terror, pero su manera de desenvolverse en la mayor parte de su metraje la sitúa sobre todo en el territorio de la intriga. Quiero decir que la película en sí misma no engaña en ningún momento en ese sentido. Tiene muy claro lo que es y se desarrolla coherentemente por el camino que ha elegido. Pero la promoción puede jugarle una mala pasada llevando al espectador a buscar en ella otro registro narrativo que no posee.

De hecho, una de las cosas que me ha gustado de El pacto es precisamente esa capacidad para arriesgarse y tirar por el camino menos fácil a la hora de plantear su trama. Podría haber tirado por el espectáculo fantástico dominado por el terror y con pinceladas de intriga, pero invierte su carga genérica para buscar por un camino de intriga con pincelada de terror que la lleva por ejemplo a potenciar más el peso de la interpretación de sus actores y asentar su propuesta sobre el eficaz dúo Rueda-Grandinetti. Me parece una opción interesante, aunque ya he comentado que habría sido interesante desarrollar más algunas subtramas con personajes como el de la hija y el de Antonio Durán. En lo referido al argumento propiamente dicho, opta por la simplificación de la anécdota y por un perfil de rapidez y brevedad que lleva a los personajes a tener poco desarrollo más allá de lo imprescindible para que sirvan como herramientas de la trama. Por eso pienso que es tan destacable el trabajo de Belén Rueda y Darío Grandinetti, así como el de Antonio Durán: porque estamos ante uno de esos casos donde es el actor el que presta casi toda la “carne” al personaje, cuyo desarrollo esquemático en una trama bastante esquemática y que va al lío del asunto sin desviaciones ni subtramas puede producir la sensación de excesiva sencillez buscando la máxima eficacia. Quizá por eso El pacto me produce la sensación de tener prisa por contarnos su propuesta y no querer complicarse la vida, y pienso que desperdicia algunos elementos interesantes que incluye en su conjunto pero desdibujados como en un segundo plano.

No me parece mal del todo. Una industria que se precie tiene que producir este tipo de historias de género sencillas y eficaces, y en eso me ha recordado todo el tiempo el tipo de relatos con más intriga que terror que consumíamos en las revistas de cómics de terror tipo Creepy y Dossier Negro, relatos breves y contundentes a los que no cabe pedirles más que precisamente esa eficacia como vehículo de entretenimiento bien defendido por sus protagonistas y correctamente resuelto en lo visual.

Miguel Juan Payán

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VENGADORES: LA GUERRA DEL INFINITO XXXXX

Megalodón ★★

Agosto 11, 2018

Crítica de la película Megalodón

Simpática por momentos, pero sin aprovechar el tremendo potencial que tiene.

Es decir, que estamos hablando de una película que propone el enfrentamiento entre un Megalodón, un tiburón gigante, y Jason Statham, lo que con las suficientes dosis de sorna y un director que supiese qué hacer con el proyecto podía haber dado una de las películas más divertidas y especiales del verano. Una especie de Sharknado pero con presupuesto. Quizá algo más seria, pero sin tomarse nunca en serio a sí misma del todo. Y sobre todo entretenida. Salvajemente entretenida. Eso esperábamos y eso es lo que no consigue la película durante la mayor parte de su metraje, en un efecto similar al que sufrió recientemente Operación Rampage, y que hace que toda la cinta esté a medio gas.

Crítica de la película The Equalizer 2 

Mejor que la primera, con un Denzel Washington soberbio y en su salsa.

Antonie Fuqua y Denzel Washington le han pillado totalmente el pulso al personaje de Robert McCall en esta segunda película, y se nota que ambos están más cómodos para abordarlo, más relajados, con menos lastres de presentación de personaje, y acercándose a una trama donde mantienen varios “casos” a la vez en el aire, como malabaristas hábiles del cine de intriga salpicado ocasionalmente con secuencias de violencia rápida y brutal donde de paso encuentran y explotan cierto tono de autoparodia -el tema del reloj- sin por ello descascarillar la tensión.

Creo que en esta segunda película consiguen equilibrar mejor esas dos identidades que conviven en las historias de la serie The Equalizer tal como las han repensado para el cine. La alianza entre una forma de abordar la intriga que remite al tono de cine setentero con historias de conspiración se da aquí la mano mejor que en la primera película con la parte de acción trepidante. Y el encuentro de Denzel Washington con Pedro Pascal funciona bien, aunque sin grandes sorpresas. El juego de los actores en general es el mejor aliado de la película para salir adelante y hacer sólidas e interesantes las partes más frágiles del relato. Esa fragilidad deriva del hecho de que en realidad tampoco es que no estén contando nada nuevo. Es una película de acción e intriga sólida, solvente y resolutiva en su contenido, que como muchas de las que habitaron la cartelera en la etapa de clásicos del género en los años setenta sale adelante porque tiene un guión bien organizado y bien equilibrado en sus partes esenciales, porque Fuqua sabe cómo sacarle el máximo partido a Denzel Washington, su actor-fetiche, en este género -no se le dio tan bien en el flojo remake de Los siete magníficos, pero incluso en aquella las partes más sólidas derivaban de la química director actor entre Fuqua y Washington, una de las mejores asociaciones de director-actor del cine actual, como vienen demostrando desde Día de entrenamiento-, y porque sabe cómo reforzar a su protagonista con la contribución de un cuadro de actores de reparto en el que además de Pascal saca muy buen partido a las breves pero contundentes contribuciones de Melissa Leo y Ashton Sanders en papeles más relevantes, pero también, y esto es aún más llamativo y sin duda esencial para darle solidez y madurez a la propuesta, en contribuciones más breves pero esenciales de Bill Pullman, Orson Bean y Sakina Jaffrey para revestir de mayor solvencia las partes más de tránsito y acompañamiento de otros momentos más esenciales de la historia. Derivado de todo ello, esta segunda película tiene más personalidad que la primera, tiene un final de acción más interesante y dinámico, y en su conjunto todo está más conseguido. Además puede profundizar más en el pasado del personaje incorporando información sobre el mismo de manera dinámica a la trama, lo que le proporciona más base y desarrollo al trabajo de Washington dando como resultado un personaje más completo.

Se preguntarán ustedes por qué si todo esto está tan bien no le he atizado cuatro estrellas en lugar de tres. Pues porque ahí algunas cosas que me chirrían especialmente. Vamos con ellas. Primero ese “buenismo” cargante que impregna algunos momentos particularmente babosos de la película. A ver, tengo clarísimo, y lo advierto antes de que salga el listillo/a de turno a tirarse del tirante, que el tema del buenismo forma parte de la propia personalidad del personaje. Lo acepto, no me lo trago ni por un segundo, ojo, me crispa y me parece un lastre que se empeñen tanto en convertirlo en una especie de banderita de buen rollo, pero, como decían en el anuncio aquel de los juegos de mesa: aceptamos barco como animal de compañía. Me gustaría que el tema de la redención lo llevaran por un lado menos simplón, sobre todo porque me parece una manera de justificar que el menda se ponga las botas cada vez que se lía a repartir leña con consecuencias particularmente brutales y sangrientas. Da la sensación de que la previsible satisfacción sádica del espectador por ver tan expeditivo reparto de tollinas quedara liberada de toda responsabilidad o mal rollo por la vía del buen rollo. Me parece algo farisaico el asunto. Pero lo que me ha aniquilado en esta película es el desenlace del abuelete que busca el cuadro. Creo que ahí se les ha ido la mano. Mucho. Es un final de telefilme, modo “El equipo A” y creo que no pega nada con la interesante y narrativamente saludable amargura y tristeza que transpira todo el resto de la película. Tampoco me convence el “momento mensaje” metido con calzador entre Denzel y su joven vecino en el edificio de los camellos, pero al menos en ese caso lo bien que funcionan los actores hacen que lo pueda hacer pasar por la garganta y me lo trague a regañadientes sabiendo que es más falso que el alma del propio Judas. Otro arrebato de telefilme. Y, bueno, lo de ese Deus ex machina del golpe de viento en la torre ha conseguido que escuche incluso el mecanismo de poleas de guión como si estuviera rascándome la toga en un teatro griego mientras me tatúan en el antebrazo apò mekhanês theós. Esperaba que resolvieran ese interesante huerto de estrategia en el que se habían metido sin salirse por la tangente. Ah, y bueno, lo del pasajero con pinta chunga que, ¡sorpresa!, resulta ser un chungo, no puedo decir que me haya sorprendido especialmente. En general, la parte de intriga propiamente dicha, me ha sorprendido poco, principalmente porque pescan peces de plástico en el mismo barril de siempre y no arriesgan, pero tampoco voy a pedirle más a este tipo de producto que, insisto, en todo lo demás me parece bastante sólido y me ha proporcionado un buen rato de cine de acción e intriga, tomándose además el tiempo necesario para construir su historia abordando personajes y asuntos de carácter más secundario, cosa que es muy de agradecer.

Al contrario que otras películas de intriga y acción, The Equalizer 2 sí es una película, película. Y bastante completa.

Miguel Juan Payán

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VENGADORES: LA GUERRA DEL INFINITO XXXXX

Crítica de la película Mentes poderosas

Entretenido relevo de la saga de El corredor del laberinto con superpoderes.

Todo parece indicar que esta película es el comienzo de una franquicia llamada a sustituir, en la oferta de productos de ocio audiovisual de Fox, a la saga de El corredor del laberinto, con la que tiene muchos puntos de contacto argumentales en propuesta de conflicto y personajes. Pero ya que estaban metidos en el lío, los responsables de este proyecto, adaptado de la novela de Alexandra Bracken, incorporan al mismo el tema de los superpoderes y revisten todo el asunto, siguiendo la pista del material original, de una especie de mensaje de integración racial y liberación con fémina empoderada como protagonista.

Teniendo en cuenta todo lo anterior, no es difícil entender que estamos, ya desde el origen literario de la trama, ante una especie de traje fabricado en serie, eficaz para lo que ha sido fabricado, pero fruto de un proceso de creación cuidadosamente pautado por una fórmula que replica cuidadosamente los elementos presentes en otros productos anteriores de esa misma “especie” o “familia”, con poca posibilidad para la sorpresa.

Hay un factor de serialización en la fórmula que impide que pueda haber una sorpresa real en el espectador, y se observa una inevitable inclinación hacia lo previsible y la réplica de esquemas. Nada de ello impide que todo el asunto resulte eficaz como entretenimiento, aunque nos encontramos con más de lo mismo que hemos estado viendo en las sagas de Los juegos del hambre, Divergente, Percy Jackson, El corredor del laberinto, La quinta ola y alguna otra producción de ese mismo tipo. Naturalmente con diferencias en cuanto a resultados, porque está más cerca de La quinta ola que de Juegos del hambre o El corredor del laberinto, de las que está lejos en cuanto a espectáculo. La publicidad intenta vincular la película a otras propuestas que, independientemente de los trabajos anteriores de sus artífices, le pillan bastante más lejos, como la serie Stranger Things y La llegada. Es una lástima que realmente no esté más cerca de estas dos, sobre todo de la primera, que habría podido encajar bien en un planteamiento de alternativa a la fórmula de jóvenes adolescentes buscando su propia identidad en un mundo en el que se sienten traicionados por los adultos, tema recurrente en todas las sagas que he citado anteriormente. De haber tirado por el camino de Stranger Things, y considerando el cruce argumental con superpoderes el asunto podría haber tenido mayor interés acercándose al territorio de Chronicle, Josh Trank, pero en lugar de arriesgar por ese camino los responsables del proyecto han decidido ir a lo seguro, y al hacerlo creo que han cometido un error, porque la fórmula de Juegos del hambre y sus emuladoras está bastante sobrexplotada y la propuesta está bastante agotada. Es lástima que no hayan preferido jugar la baza de darle otra vuelta, al cine de superhéroes franquiciados desde fuera de las franquicias, aunque por lo demás cualquiera que haya leído tres cómics de X-Men o Nuevos mutantes sabe perfectamente que en lo esencial Mentes poderosas no es precisamente original o innovadora. Según veía la película pasaba ante mis ojos la oportunidad perdida de haber fabricado un híbrido con elementos de Cuenta conmigo y Stranger Things cruzados con superpoderes y arriesgando algo más estilo Chronicle, todo ello teniendo como referencia una aplicación de la fórmula de niños y adolescentes en una pesadilla de adultos que tan bien tratara Mark Twain en Las aventuras de Tom Sawyer y Las aventuras de Huckleberry Finn… pero supongo que eso ya va a ser mucho pedir para los tiempos de reciclaje sistemático de propuestas que vive el cine estadounidense actualmente, así que toca conformarse con un moderado nivel de entretenimiento y repetición de la fórmula. El caso es que incluso en la repetición de la fórmula tiene algunos puntos flacos, como la falta de aprovechamiento de personajes como los del presidente interpretado por Bradley Whitford y la cazadora de recompensas Lady Jane interpretada por Gwendoline Christie. Dicho sea de paso es en esos personajes donde está lo verdaderamente interesante de la historia, pero incomprensiblemente son poco más que cameos para adornar una trama que en su primer y segundo acto, aun siendo presa de la repetición y la fórmula, sale adelante como historia de viaje y aventuras juveniles pero en su ecuador se convierte en una atropellada carrera hacia un desenlace en el que revela torpemente su verdadera naturaleza como historia de amor que se come casi todo lo demás, en una propuesta argumental que desde los libros posee elementos para resultar más entretenida y trepidante en su paso al cine.

Miguel Juan Payán

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Crítica de la película Los increíbles 2

Excelente secuela de la película Pixar, que se ha tomado el tiempo adecuado para regresar. Quizá por eso es tan bueno el regreso de esta familia de héroes. Aunque otros elementos de gran éxito de la familia Pixar habían tardado un tiempo similar en volver, como Monstruos, y no habían tenido el mismo brillante desarrollo de guión que esta secuela de nuevo dirigida por Brad Bird, quien siempre ha dicho que sólo haría la secuela si tenía la historia perfecta, y no era sólo un producto más para hacer caja. Parece ser que las dos cosas las ha clavado, porque no sólo tiene un producto de enorme éxito comercial (va a recaudar el doble que la película original en todo el mundo) sino también de gran calidad.

Los Increíbles 2 comienza justo donde acababa la película original, explorando un poco más el conflicto entre héroes y humanos, entre personas con poderes y un mundo que los necesita y teme a partes iguales, por lo que su presencia está prohibida. Y no va a ser fácil cambiar eso, por lo que un par denuevos personajes ofrecen a Elastigirl la posibilidad de ser el nuevo rostro que cambie eso, y devuelva a los superhéroes su estatus anterior. Eso obliga a su marido a quedarse en casa cuidando de la familia, tarea que para él no será nada sencilla. A partir de aquí he oído comentarios de todo tipo, desde que se trata de una película verdaderamente feminista a que es un ataque al feminismo desde el liberalismo. Y análisis geopolíticos de la película…

No creo que sea el principal aspecto de la película, que al final es una sátira sobre el mundo de los superhéroes, con mucho humor para toda la familia y un excelente tono de cine de aventuras con estética sesentera. Reírse de todo y de todos es la clave, y usar los tópicos familiares para ello (ante la ausencia de la figura materna como cuidadora, la familia se tambalea) funciona siempre y cuando lo tomemos como la comedia que es. Trepidante, humana, con la que podemos identificarnos, con ganas emocionarnos y cercana. Pero no, no es un análisis político completo de la situación mundial, aunque apunte maneras respecto a ciertos temas que en todo el mundo están de absoluta actualidad.

Pero sin perder nunca de vista la meta. El entretenimiento. La aventura trepidante con set pieces de acción tan brillantes como la del tren (y sus homenajes), el asalto a la casa o el tercio final. Con momentos realmente divertidos y con mala uva sobre criar a los hijos (Edna y Jack Jack reyes de la función), y con sus gotas, dentro de quienes hacen la película, de feminismo y demás, pero sin alejarse demasiado de los valores tradicionales de Disney, que al fin y al cabo es donde nos movemos. Muy bien escrita, muy bien dirigida aunque le sobren un par de minutos a sus casi dos horas de metraje. Una magnífica secuela.

Jesús Usero

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Concurso EL PADRINO

Junio 15, 2018

Aprovechando el re-estreno de EL PADRINO el 29 de JUNIO podréis ganar una de las 8 camisetas de la película

Basada en el bestseller de Mario Puzo, y considerada una de las mejores películas de la historia, El Padrino es el violento y emocionante retrato de una familia siciliana que lucha por mantener su poder en la norteamérica de la posguerra, llena de corrupción, engaños y traiciones. La película, que obtuvo 10 nominaciones a los Oscar® y obtuvo tres, incluyendo el de mejor película de 1972, se presenta ahora restaurada bajo la supervisión del propio director.

El Justiciero ★★

Marzo 26, 2018

Crítica de la película El Justiciero con Bruce Willis

Un remake de la película de Charles Bronson, algo regulero. La moda de los remakes llega ya hasta la serie B con esta película de Eli Roth protagonizada por Bruce Willis que intenta recuperar el espíritu de justicieros vengadores que nacieron con y a la sombra del Paul Kersey que Bronson interpretó en los años 70 por primera vez, una especie de Harry el Sucio en versión justiciero, que reflejaba un clima político y social, una época muy concreta, en la que Estados Unidos vivía en un momento crítico que definiría en gran medida las décadas posteriores. No es la misma situación, aunque pueda parecérsele (no hay un Vietnam de por medio) pero hay suficientes paralelismos para que la idea pudiese funcionar. Y no lo hace.

Un médico que vive de forma impecable, buen padre, marido y hermano. Mejor profesional, que ve como una noche su mujer es asesinada y su hija puesta en coma tras un robo en su casa. Harto de ver cómo la policía es incapaz de hacer algo por encontrar a los culpables, se pone manos a la obra él mismo para hacer justicia y buscar por su cuenta a los responsables. Y lo que en los 70 era la protesta de la clase media ante una situación de descontento, crisis y crimen en las grandes ciudades, aquí no sabemos nunca si quieren glorificar el uso de las armas, o satirizarlo. Si están a favor o en contra del justiciero. Desaprovechando el tema de las redes sociales, internet y la opinión pública, algo que queda en mera anécdota.

Potente visualmente, poderosa aunque imperfecta. La primera película como director de Samu Fuentes seguramente será comparada con El Renacido, la película que le dio el Oscar a Leonardo DiCaprio, aunque no es del todo justa la comparación. Pero sí comprensible. Su uso del paisaje y el tipo de paisaje que presenta, su ausencia de diálogos durante gran parte del metraje, la fuerza de sus imágenes y el carácter de su protagonista, un cazador solitario entre montañas, le dan un tono cercano, sí, aunque en esencia sea una película completamente distinta. No se trata de una búsqueda de venganza y supervivencia, sino de una historia sobre la soledad y el aislamiento en la naturaleza, y sobre lo poco preparados que estamos entonces para relacionarnos con otros seres humanos.

La película cuenta la historia de un cazador, interpretado por Mario Casas, que es el último habitante de un pueblo perdido en las montañas, y que baja muy de cuando en cuando al pueblo que hay en el valle, para comerciar con las pieles de lo que caza (mantiene al pueblo a salvo de los lobos) y para comprar lo que necesita… bueno, y otras cosas. Cuando una mujer entre en su vida, todo cambiará para él. A partir de ese momento comienza realmente la película, la historia de ese hombre aislado y la situación que le lleva a encontrarse con no una, sino dos mujeres, lo que incluso en el último tercio de la película incluye una pequeña parte de thriller con un tono casi cercano a Hitchcock.

Crítica de la película Captain Fantastic

Matt Ross diseña una imaginativa odisea en clave ecologista, con una familia que abandona voluntariamente la vida urbana para instalarse en pleno bosque. El filme resulta convincente y emocionante, liderado por la presencia de un brillante Viggo Mortensen.

Tras bucear por las experiencias juveniles al lado de su madre, el peculiar Matt Ross (28 Hotel Room) ha sacado adelante una activa película, que centra su discurso en varios frentes: las relaciones entre padres e hijos, las cosas innecesarias que dominan al ser humano contemporáneo y la defensa a ultranza de poder llevar una vida alternativa a la del resto de los mortales.

Aliado con un actor tan comprometido con las causas aguerridas como Viggo Mortensen, Ross construye con las citadas tesis un filme compacto y reflexivo, en el que las posiciones rígidas respecto a la existencia quedan superadas por perspectivas diferentes en la manera de entender la comunión absoluta con lo que nos ofrece la Tierra.