Crítica de la película Acuarela

Fallido cuento romántico debido, entre otras cosas, a la multiplicidad de subtramas y tópicos y los problemas de ritmo. .

Tras su escarceo en la comedia pura con El comandante y la cigüeña, el director milanés Silvio Soldini regresa al territorio que, a priori, mejor domina: el drama romántico. Con un subgénero tan manoseado es difícil no caer en los personajes y estructuras arquetípicas, y a pesar de alguna pequeña variación en su planteamiento argumental y dibujo de la protagonista, el director de la afamada Pan y tulipanes no puede evitar que todo suene a déjà vu.

Crítica de la película El amor menos pensado

Juan Vera reproduce, con una cierta sensación de cansancio discursivo, la crisis de una pareja de mediana edad. Y eso a pesar de que Ricardo Darín y Mercedes Morán confeccionan un trabajo sincero y verosímil, en la piel de los protagonistas de esta tibia comedia romántica.

El amor ha dado pie a múltiples historias en formato de celuloide. Sin embargo, para alcanzar ese estado de profunda emoción sensible hacia otra persona, es necesario agarrarse en la mayoría de las ocasiones a un proceso evolutivo, marcado por el paso del tiempo. El romanticismo del simple toque de la mano, o el escalofrío de una mirada, no es el mismo en la adolescencia, a los veinte, a los treinta, a los cuarenta, a los cincuenta, o a los sesenta tacos. Las sensaciones se tornan más difíciles de encontrar conforme se acumulan las velas en la tarta de cumpleaños, y es necesario reinventar los sentimientos compartidos con cada paso de los días.

Crítica de la película Siberia

Fallido intento de cine de intriga con un guión disperso y trama poco solvente.

Hay un puñado de ideas interesantes en Siberia, pero sus artífices no han sabido gestionarlas adecuadamente y con coherencia y se quedan en la superficie de las mismas sin llegar a profundizar realmente ni en trama, ni en personajes, ni en conflictos.

Esta propuesta es, en muchos aspectos, víctima de la epidemia de “postureo” que invade nuestras existencias en los últimos tiempos. Solo rasca, y muy ligeramente, la superficie de lo que propone, de manera que todo está ahí como propuesta, pero en bruto, sin llegar a cultivarlo realmente para que de lugar a una historia interesante.

Por ejemplo: podría haber sido una muy interesante propuesta de cruce de la novela nórdica de intriga con el modelo más anglosajón de la novela negra, rematado todo ello con un enfrentamiento final de western. Pero una dirección más bien plana y con poco recurso o interés innovador o de exploración del lenguaje visual se limita a repetir en ese viaje una sucesión de tópicos, navegando por una zona previsible de lugares comunes que en ningún momento consiguen interesar al espectador realmente, porque todo aquello que se le ofrece es material ya muy gastado y en todo momento se presenta con un tono gris, como sin ritmo, confundiendo esa especie de distanciamiento gris entre los personajes y esa pose de existencialismo angustioso de su protagonista con el propio tono de presentación visual y la narración de la película. Que el personaje de Keanu Reeves sea un individuo poco comunicativo no debe confundirse con que la película deba meterse en ese mismo bucle de falta de comunicación con el espectador. Pongo un par de ejemplos para que quede más claro. El primero: vean la recomendable El silencio de un hombre, de Jean Pierre Melville, y comparen el personaje de Alain Delon con lo que pretenden hacer aquí con Keanu Reeves. El segundo: Fuego en el cuerpo, de Lawerence Kasdan, su capacidad para generar sensualidad con la incapacidad de implicarnos de los encuentros sexuales de Siberia. Son fríos como la estepa. Y en la secuencia supuestamente más dura de la película, clave para definir un giro en la relación de la pareja protagonista, me refiero a la de los “hermanos de sangre” al estilo ruso, piensen en que tendría que haber sido tan impactante como la de la violación de Perros de paja, de Sam Peckimpah, pero por el contrario es fría. Nuevamene cuestión de dirección fría, gélida, plana, distante. Otro tanto puede decirse de un guión que cae en las frases hechas, que pretende ser “profundo”, pero en lugar de eso resulta bastante superficial, simplón incluso.

Los actores tampoco ayudan mucho. Reeves parece tener puesto el piloto automático con las sobras de los gestos que le han quedado de las dos entregas de John Wick, y cuando la amante le pide a su personaje que diga el nombre de su esposa al copular la situación llega a ser ridícula. Aquí la mayoría de los actores construyen sus personajes desde la pose, antes que desde la autenticidad.

Esa dirección que desperdicia los elementos de intriga y la acción, cosa que se puede comprobar simplemente con el desenlace de la película, y un guión disperso, sin orientación clara, que no parece saber realmente lo que quiere contar y en qué quiere centrarse, es un lastre muy pesado para todo lo demás que pretende ofrecer esta propuesta.

Miguel Juan Payán

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VENGADORES: LA GUERRA DEL INFINITO XXXXX

Nueva comedia romántica en nuestras pantallas para alimentar el mono que puedan tener los aficionados al género, que tampoco creo sea demasiado teniendo en cuenta el ritmo al que se estrenan este tipo de películas en todo el mundo. Con Derecho a Roce aún colea en nuestras carteleras, mientras que producciones más románticas como One Day o Tentación en Manhattan se han estrenado hace casi nada en España. Menos comedia, sí, pero cine romántico. Y ahora llega Dime con Cuántos…

Una película sencilla, apañada y pulcra, que ni ofrece nada nuevo ni pretende revolucionar a nadie, pero que parte de la base de hacer una cinta similar a la antes mencionada protagonizada por Mila Kunis y Justin Timberlake, una comedia romántica algo gamberra y pasada de vueltas, centrada en la química de sus protagonistas y en un humor más gamberro y menos convencional… En este caso los protagonistas son Chris Evans, recién salido del éxito internacional de Capitán América, y una experta en el campo de la comedia como es Anna Faris, en un papel menos absurdo que el que le hemos visto interpretar en Una Conejita en el Campus o la saga Scary Movie, pero bastante estrafalario también. O hecho a su medida, o hecho suyo por la actriz.

Y sí, la química funciona y los personajes son, en cierta medida, encantadores, sin llegar a ser demasiado empalagosos, ya se encarga Faris de ser lo suficientemente extraña y Evans de ser lo suficientemente gamberro para evitarlo en gran parte del metraje, pero hay muchas cosas que no terminan de encajar y que dejan la película un escalón por debajo de lo que se espera de una película como ésta, y bastante lejos de lo que en realidad podía haber llegado a ser.

El primero y más importante es la premisa inicial, tan machista, sexista y pasada de vueltas que desconcierta y puede llegar a ser ofensiva, con esa protagonista preocupada de que, por haber tenido demasiadas parejas sexuales no vaya a ser capaz de encontrar marido y tener hijos. Sí, como leen, tener una vida sexual plena y libre fuerza a la protagonista a dejar de tener sexo con nuevos amantes y fijar su vista en sus antiguos novios para encontrar el amor de su vida… Es para caerse de espaldas…

Y si esa historia no fuese suficiente, el humor no termina de funcionar. Se esfuerzan demasiado y ni siquiera la aparición de maestros de la comedia como Martin Freeman, Andy Samberg, Thomas Lennon o Chris Pratt logran arrancarnos mucho más que una sonrisa. Hay momentos divertidos, los hay (la visita al apartamento de Pratt y el final de la misma, el flashback, la cinta de video…), pero son pocos. Insuficientes para justificar más de 100 minutos de película. Supuestamente de comedia.

Al final queda una comedia sencilla, menos rompedora de lo que piensa, algo sosa e inofensiva. Y algo retrógrada. Y eso, en los tiempos que corren, es un pecado capital en una película de este género.

Jesús Usero

 

Crítica de la película Carta blanca

Los Hermanos Farrelly vuelven a la carga. Hacía tiempo que no sabíamos nada de ellos, pero aquí les tenemos otra vez, intentando reverdecer los laureles de un éxito que una vez fue suyo y que últimamente les elude de forma considerable. Y eso que Carta Blanca fue número 1 de taquilla en USA durante el fin de semana de su estreno. Pero ni con esas. El resultado final en la taquilla ha sido otro fiasco, otra película de la que se esperaba mucho más y que al final no ha sido tan tanto como prometía ser.

También es cierto que los Farrelly vuelven pero sobre todo vuelven en nombre, no tanto como aquel par de directores y guionistas totalmente salvajes y descacharrantes que hacían chistes sobre prácticamente lo que fuese sin importar el mal gusto o lo políticamente correcto, sólo hacer reír al espectador con películas como Algo pasa con Mary o Dos Tontos muy Tontos. Parece ser que el paso de los años ha terminado por irlos domesticando poco a poco y hacer que su cine se vuelva cada vez más común, más para todos los públicos. En ese sentido Carta Blanca era una especie de intento de recuperar su vertiente más salvaje y gamberra.

Claro que, no nos engañemos, tras todas las capas de humor soez y vulgar del cine de los Farrelly, siempre se escondían historias más o menos bienintencionadas y con final feliz en el que lo que realmente importa es el amor, la familia, la historia de “chico se queda con chica”, etc. Algunos de sus chistes son memorables, pero el contenido de sus películas es más bien blandito. Tierno si se quiere.

No cuesta mucho imaginar que Carta Blanca nace a la luz del éxito de Resacón en las Vegas. Es una película que, incluso por temática, cae en las redes de lo políticamente incorrecto, con un grupo de amigos que intentan recuperar el tiempo perdido, la juventud y el ligoteo, las fiestas salvajes, cuando sus mujeres les conceden una semana para hacer lo que deseen sin repercusiones para su matrimonio. El sueño de cualquier hetero sapiens, según los directores. Aunque uno se plantea si estando casado con Christina Applegate realmente se necesita ir a buscar mujeres de mejor ver… No tiene mucho sentido, porque al menos la historia de Owen Wilson está planteada de forma que podamos entender cierta frustración sexual en el matrimonio.

Pero lo que en Resacón en Las vegas se convierte en gamberrismo puro y duro, en un trío de personajes completamente fuera de lugar que montan un pollo de padre y muy señor mío, lleno de secuencias cada una más bestia que la anterior, y donde al ir recordando la noche perdida las cosas se salen aún más de madre, y en la que pese al final feliz, las fotos nos recuerdan que de niños buenos estos tipos no tienen nada, aquí todo es mucho más sencillito, más calmado, más inocente. Tienen momentos gamberros e incluso asquerosos, pero no son Bradley Cooper y compañía. Les falta mala baba.

Es por eso que el guión no termina de funcionar y nos lleva de un lado a otro sin lanzarse nunca del todo a la piscina, sin llegar a rematar la faena ofreciéndonos la cara más salvaje de este grupo de amigos que pronto se convierte en pareja debido a que la mitad de ellos abandona la aventura. Ese par de amigos que se enfrentan a su semana en soledad son un par de ositos de peluche algo despistados. No son un par de cafres, y ahí es donde se equivoca la película. Este tipo de cinta necesita cafres, frikis o similares para llegar a buen puerto. O gente drogada que no sepa lo que anda haciendo. Aquí se desaprovecha el momento de las drogas en un campo de golf. Y es una pena.

Por supuesto que tiene momentos memorables en los Farrelly recuperan todo su esplendor como directores y nos recuerdan que siempre queda algo de su anterior magia. EL chiste de la masturbación en el coche (mudo, en el que todo se dice con los gestos), la salida del jacuzzi en el gimnasio (ofensivo a más no poder, hace daño a la vista), la visita a la mansión de los amigos sin saber que la cámara les espía… Son instantes en los que las risas se elevan, son los mejores momentos de la cinta.

Esos y la presencia de Stephen Merchant, productor, guionista y actor ocasional, el que era representante de Ricky Gervais en la brillante serie Extras (además de responsable junto al actor), aparece lo justo en la película para que no lleguemos a olvidarnos de su cara tan particular, de su voz y sus expresiones británicas, y de un personaje y un actor que son unos robaplanos de mucho cuidados. Suyo es el genial chiste final, suyo el mejor momento con las drogas. Cuando termina la película, es a él al que más echamos de menos. Y su ausencia se nota en gran parte del metraje.

Wilson y Sudeikis tiene buena química, y se nota. Y la película es tiene momentos muy divertidos. Pero le puede ese final ultraconvencional que acaba con nuestras esperanzas de ver algo distinto (además de ser altamente inverosímil), a veces le pierde la escatología, algo común en los directores, y a veces se pierde en largas escenas que no llevan a ninguna parte y no hacen reír.

Pero acompañando de un grupo de amigos y unas birras, es la película perfecta para ver el fin de semana sin prestarle mucha atención a la trama y sí a sus momentos de salvajadas extremas, que los tiene y con toda seguridad arrancarán más de una carcajada en la platea. Quizá no vuelvan a ser los directores que una vez conocimos, pero el que tuvo, retuvo, y a lo mejor poco a poco les recuperamos para la gran pantalla.

Eso sí, Merchant se merece una película para él solo a la voz de ya. Si acaso acompañado por su amigo Gervais.

Jesús Usero



Crítica de la película Agua para elefantes

Otra nueva película con Robert Pattison de protagonista y otro nuevo intento de colocar al actor como ídolo romántico a raíz de su papel en la saga Crepúsculo. Aún no está claro si Pattison conseguirá tener una carrera alejado del vampiro que le ha dado fama, pero está claro que sus intentos van encaminados en esa línea de imagen romántica de príncipe de cuento de hadas. Al menos eso intentaron vendernos en su anterior película, aunque fuese más un drama familiar, y al menos eso es lo que se desprende de esta nueva película que llega a nuestras carteleras.

No sé si se trata de una prueba de fuego o no de cara a la taquilla (en USA ha funcionado correctamente, no de forma espectacular, pero sí correctamente), pero está claro que el actor puede caer en cierto encasillamiento si no deja pronto este tipo de papeles. A finales de año llega una nueva entrega de la saga vampírica que no le va a ayudar en esa labor. El chico necesita un cambio de rumbo y de imagen lo antes posible si quiere que su carrera avance de verdad.

Como siempre en estos casos, no podemos juzgar la película con respecto a la novela en la que se basa, porque no sería justo para ninguna de las dos. Son dos medios completamente distintos y todo lo que aparece en una novela no puede ser incluido en una película. Se convertiría en una serie de televisión. El libro de Agua para Elefantes cuenta con muchos seguidores a lo largo del mundo. Para ellos una recomendación, la misma que para cualquier lector que ve convertida una obra que adora al cine, no hacer comparaciones. Mejor quedarse con la esencia de lo que cuentan. Y que sea fiel a eso.

La historia de un joven estudiante de veterinaria que lo pierde todo con la muerte de sus padres y se une a un circo buscando trabajo es la esencia de la historia de la película. Todo ello narrado desde los ojos de un anciano que lo recuerda todo con nostalgia y melancolía y que nos traslada a la América de la gran Depresión con un circo en un tren recorriendo el país. Y por supuesto con Marlene, la mujer de la que se enamora, la fruta prohibida sobre la que gira toda la trama. No vamos a creer que la película va sobre limpiar elefantes.

Aunque servidor tiene cierta debilidad por este tipo de historias, las de un anciano que recuerda un tiempo mejor, un tiempo de magia y en el que todo era posible, la película no sabe manejar del todo ambos tiempos y lugares y sólo se centra en el pasado, mientras que el tiempo futuro con la presencia del siempre excelente Hal Holbrook no queda apenas desarrollado más allá que por su voz y las escenas de inicio y final, que saben a poco, la verdad.

El problema de Agua para Elefantes, a fin de cuentas, no es la menor presencia de Holbrook. Es el exceso de ñoñería que inunda la cinta. Para gente que busque el drama más facilón y sin demasiada garra, es posible que la película les dé justo lo que pedían. Pero para espectadores algo más exigentes el nivel de azúcar en sangre que la película despliega puede ser excesivo y hacer la proyección demasiado larga. No tengo nada en contra del romanticismo y de las películas románticas. De hecho disfruto de las tramas románticas cuando están bien planteadas y desarrolladas (mi compañero Miguel Juan Payán me llamaría moñas sin lugar a dudas), es cuando se superan los límites permisibles sin ofrecer nada a cambio cuando uno empieza a fijarse en las flaquezas de la película. Y Agua para Elefantes recae demasiado en los cruces de miradas lánguidas y los quiero y no puedo, para hacer avanzar la trama. Y eso no hace avanzar la trama, la hace desaparecer.

El otro problema recae no en las interpretaciones, sino en la falta de química entre la pareja romántica, entre los dos protagonistas de la película. Ahí es donde realmente pierde fuerza la historia de amor. Pattison y Whiterspoon no transmiten pasión, no transmiten fuerza o un entendimiento más allá de las palabras. Y cuando basas tu historia de amor central en la química entre ambos y sus miradas en lugar de en el guión y las situaciones, los diálogos y el desarrollo de personajes. Eso es lo que impide que sea verdaderamente una buena película.

Porque mala tampoco es. Maneja bien el ritmo pausado de una historia de este estilo y sobre todo mantiene con interés la historia sobre el circo y el mundo que rodea ese peculiar universo de payasos y contorsionistas que conforman una gran familia. Eso lo mueve de forma excelente y siempre nos deja con ganas de más (como la huida del elefante a la ciudad, los viajes en tren o el momento debajo de la tienda cuando el elefante busca bebida pese a estar encadenado al suelo).

Y por supuesto está Christophe Waltz, esa fuerza de la naturaleza capaz de coger a un supuesto villano de la historia y darle una profundidad y una tridimensionalidad a través de su rabia, de su inteligencia y de sus pequeños gestos que convierten a este actor en uno de los mejores del momento. No sé por qué pero cada vez que le veo pienso en el gran Mark Strong también…

En definitiva, una película para ver en pareja y con ganas de achucharse, inofensiva y quizá algo larga, con sus pros y sus contras, a la que los lastres le pesan demasiado en cierto sentido, pero que posee momentos muy interesantes y a Waltz, por el cual ya merece la pena ver la película. No llega a cansar ni ofende, pero se observa entre bambalinas que esa historia de circo y amor podía haber dado mucho más de sí si se la hubiesen currado un poco más.

Eso sí, a las fans de Pattison les va a encantar seguro…

Jesús Usero

Crítica de la película Destino oculto con Matt Damon

Empiezo aclarando, para que luego el personal más despistado no se despiste y prepare los tomatazos de rigor para un servidor: sí, vale, ésta película se basa en un relato de Phillip K. Dick, y sí, a mí me ha gustado bastante, pero no esperen ver ni Blade Runner, ni Desafío total, ni Minority Report, que esto va de otro palo. Saca a la luz de una manera original y hasta cierto punto novedosa en su hibridación de géneros, lo mejor de las reflexiones paranoicas y de teoría de conspiración de este autor genial y esencial en la literatura estadounidense… moviéndose en los términos y el territorio de las historias románticas.

Sigo aclarando la fórmula, porque puede despistar en su comienzo. Empieza como lo que parece ir a convertirse en una historia centrada en la política, estilo El candidato, aquella de Michael Ritchie protagonizada por Robert Redford.

Luego da un giro y parece que estuviera uno viendo la comedia romántica de rigor, más entretenida, más creíble y mejor escrita que la media de las comedias románticas de rigor que nos caen encima en la cartelera en estos días, construida sobre la química de sus dos actores protagonistas, en una escena en un baño que, aunque el romanticismo de fórmula cinematográfica “made in Hollywood” te de cien patadas, consigue ganarte y hacer que te intereses por cómo van a acabar esos dos pardillos que se ponen a ligar en un retrete, o excusado, si son ustedes de la parte alta y finolis de la ciudad. Es entonces cuando advertí una estructura de cine más clásico de Hollywood, estilo Frank Capra, que no es mi director favorito precisamente pero nunca he sido tan imbécil como para negar que era un maestro en esto de tejer historias de “American Way of Life” y “hombre hecho a sí mismo”, de ésas que tanto les gustan a los estadounidenses y se venden tan bien fuera idealizando esta realidad perra que nos rodea para que nos parezca un cuento de Disney en el que además no han matado a la madre de Bamby.

Viene a continuación un giro inquietante que por unos momentos me hizo temer que me la habían colado doblada otra vez con un pestiño tipo ¿Conoces a Joe Black? (pues no, no le conocía, pero no me iría a tomar dos cañas con él aunque le tocara pagar después de tragarme esa abominación de más de dos horas sólo tolerable a ratos por los ojos de Claire Forlani y con Brad Pitt más empanado que nunca y Anthony Hopkins urgentemente necesitado de convertirse en Hannibal Lecter y regalarse un ración de sesos). ¡Falsa alarma! Afortunadamente Destino oculto no es algo parecido a ¿Conoces a Joe Black?

A partir de ese inquietante momento, la cosa se enfoca finalmente y se orienta más hacia el relato fantástico que hacia la ciencia ficción. Y una vez orientada, funciona muy bien, porque mantiene un curioso equilibrio entre el relato romántico con fundamento y la fábula sobre la teoría de la conspiración que tanto obsesionaba a Dick. Algún listo vendrá diciendo ahora que han copiado el argumento de Matrix, así, con un par, y estará olvidando que lo que ocurre es que los Wachowski saquearon a modo, con cierto talento para el pastiche y la mezcla en la primera entrega (de las otras dos, mejor no hablar) la narrativa de Phillip K. Dick. Siendo Destino oculto la adaptación de una de las obras de este autor, lógico es que se detecten puntos en común entre ambas.

Pero la oferta de Destino oculto va por otro camino.  En mi opinión su aportación  principal reside en su habilidad para trabajar la mezcla de géneros sin traicionar el interés inicial que suscita en el espectador. La historia sigue teniendo el vínculo romántico de los dos pardillos del retrete como epicentro,  y seguimos interesados  por lo que les pueda ocurrir. Pero cuando parece que va a estancarse en eso, da un giro que hace crecer no sólo la trama, sino los propios personajes. Y eso caminando por el filo de la navaja, al borde de un abismo que en cualquier momento podría haber sumergido toda la historia en las pantanosas aguas de bodrios infumables y “moñoños” (calificativo favorito de mi colega y sin embargo amigo Usero), como Xanadú o Tal para cual, esas dos atrocidades que machacaron la carrera cinematográfica de Olivia Newton-John, una de mis musas del paso de la infancia a la adolescencia, dicho sea de paso… Estaba totalmente encoñado con ella cuando me empecé a quitar de encima los granos, no me importa reconocerlo. Vayan al Youtube, escriban The Rumor Olivia Newton John y ya me dirán si la chica no estaba para tirarse por un barranco, o lo que toque, y con una voz para escucharla, aunque ciertamente las letras de las canciones fueran muy moñas.

Destino oculto se aparta de ese insondable abismo de moñez en el que se precipitaron Xanadú y Tal para cual y vuela más alto en su peripecia romántica precisamente cuando incorpora a la misma la trama de conspiración paranoide de clave fantástica. Conste que un servidor el romanticismo lo aguanta sólo si está muy bien hecho, si lo cantan Olivia Newton-John, Carly Simon (en mi opinión el tema Nobody Does it Better en La espía que me amó es el mejor de toda la saga de 007), Basia con su basianova, o Phil Collins, pero éste sólo si es cantando el tema Against All Odds (Take a look at me now) en los títulos de crédito de la película Contra todo riesgo y está allí Rachel Ward. A pesar de eso Destino oculto me parece una buena opción para ver cine romántico con fundamento, sin moñadas, y creíble… Y con creíble quiero decir que, como en ese tema de Phil Collins, comprendamos que, como el protagonista, estamos dispuestos a hacer todo lo que sea preciso saltándonos los planes del temible Equipo de Ajuste de Phillip K. Dick (o incluso pillando una hipoteca asesina, doy fé de ello después de 20 años de matrimonio) simplemente para que ella se vuelva a mirarnos cuando damos con la Mujer, así, con mayúscula, como decía Sherlock Holmes hablando de Irene Adler, la única fémina que le puso el mundo del revés y las hormonas a bailar la conga.

¡A ver si al final resulta que Frank Capra llevaba razón…!

¡Vaya! Ahora para quitarme toda esta tiña romántica que se me ha quedado pegada tendré que ver otra vez Grupo salvaje como penitencia… y de paso impedir por todos los medios que mi mujer lea esta crítica para que no me suba los impuestos conyugales.

Miguel Juan Payán

Revista mensual que te ofrece la información cinematográfica de una forma amena y fresca. Todos los meses incluye reportajes de los estrenos de cine, analisis de las novedades televisivas, entrevistas, pósters y fichas coleccionables tanto de cine clásico como moderno.

     

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