Francis Lawrence, el director, nos habla de Los juegos del hambre: En llamas

Director de Constantine y Soy leyenda, Francis Lawrence enfrenta el reto de poner en marcha la segunda aventura de Katniss Everdeen en la pantalla grande en Los juegos del hambre, en llamas, continuando la labor que iniciara en la película anterior Gary Ross, un trabajo sobre sobre el que nos aporta algunas pistas y del que afirma: “Siempre es difícil entrar en una secuela. Nunca lo había hecho anteriormente. Incluso cuando me hice cargo de la dirección de algunos episodios en series de televisión como Reyes o Touch, estaba ya antes en la parte creativa. Por tanto era nuevo para mí entrar en una saga con la que no estaba implicado previamente. Pero tuve claro que lo esencial era sentarme, pensar en lo que quería hacer y sobre todo quería tener libertad creativa total para poder hacer lo que yo pensara que era lo mejor. Por otra parte trabajar con este equipo de jóvenes estrellas me pareció maravilloso. Son muy buenos actores y actrices así como grandes personas y eso lo hizo más fácil. Además en esta segunda película la historia nos permitía ver cosas distintas de ese mundo del que sólo habíamos visto una pincelada en la primera entrega. Aquí podemos ver muchísimo más de ese mundo de Los juegos del hambre. Además en el aspecto emocional todos los protagonistas han cambiado significativamente y entramos en nuevas dimensiones de los personajes. Poder explorar este nuevo mundo y poder trabajar con este reparto, hizo que la decisión de hacer o no la película fuese muy fácil de tomar”.

Para Francis Lawrence “lo más importante de esta segunda película de la saga de Juegos del hambre es que transmite un mensaje sobre las consecuencias de la guerra. Obviamente hay momentos en los que se necesita una revolución, una rebelión, pero a veces se idealiza eso. Porque esos cambios muchas veces significan unas consecuencias tremendas en pérdida de vidas y destrucción y demás. Creo que ese es el mensaje que transmite”.

Una de las preguntas que se hacen los seguidores de la saga es si en esta ocasión los combates y la violencia ser verán en un montaje tan rápido y poco claro como en la primera entrega. Preguntado sobre si ha tenido que responder a algún tipo de control de producción sobre este aspecto, el director de la película niega categóricamente toda injerencia externa en sus decisiones a la hora de recrear los momentos de acción de la película: “En ningún momento se me dijo que aflojara en el tema de la violencia. Ni mucho menos. Pero para mí la historia de la película son las consecuencias de esa violencia. Y lo que me interesa es el impacto emocional de la violencia, no me preocupa tanto el aspecto más gore y de escenas muy gráficas en las que se ve la violencia. Lo que me interesa es cómo la gente puede sentir la emoción de esas escenas y situaciones de violencia. Por lo tanto tuve que ser bastante creativo a la hora de establecer unas situaciones en las que el público pudiese sentir esas emociones pero sin someterlo a una sensación de asco por escenas muy crudas. Nadie me hizo cambiar absolutamente nada”.

En cuanto a por qué una saga de estas características llega a la cartelera sin versión en 3D, el director apunta: “Nunca pensamos en si había que hacer 3D o no. Lo que desde el principio pensamos en orientarlo hacia IMAX. Pensamos que esa proporción que se consigue en un cine IMAX es perfecta para la arena cuando van a luchar en la jungla. Me encanta trabajar con setenta milímetros para IMAX, aunque es bastante engorroso, hay mucho ruido, es muy difícil y aparatoso. Es cierto que en algún momento la productora y yo sí hablamos de hacerla en 3D, pero cuando repasamos las posibilidades de escenas en las que podía encajar mejor no llegamos a encontrar nada que realmente fuese perfecto para encajar el 3D”.

Miguel Juan Payán

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Crítica de la película Agua para elefantes

Otra nueva película con Robert Pattison de protagonista y otro nuevo intento de colocar al actor como ídolo romántico a raíz de su papel en la saga Crepúsculo. Aún no está claro si Pattison conseguirá tener una carrera alejado del vampiro que le ha dado fama, pero está claro que sus intentos van encaminados en esa línea de imagen romántica de príncipe de cuento de hadas. Al menos eso intentaron vendernos en su anterior película, aunque fuese más un drama familiar, y al menos eso es lo que se desprende de esta nueva película que llega a nuestras carteleras.

No sé si se trata de una prueba de fuego o no de cara a la taquilla (en USA ha funcionado correctamente, no de forma espectacular, pero sí correctamente), pero está claro que el actor puede caer en cierto encasillamiento si no deja pronto este tipo de papeles. A finales de año llega una nueva entrega de la saga vampírica que no le va a ayudar en esa labor. El chico necesita un cambio de rumbo y de imagen lo antes posible si quiere que su carrera avance de verdad.

Como siempre en estos casos, no podemos juzgar la película con respecto a la novela en la que se basa, porque no sería justo para ninguna de las dos. Son dos medios completamente distintos y todo lo que aparece en una novela no puede ser incluido en una película. Se convertiría en una serie de televisión. El libro de Agua para Elefantes cuenta con muchos seguidores a lo largo del mundo. Para ellos una recomendación, la misma que para cualquier lector que ve convertida una obra que adora al cine, no hacer comparaciones. Mejor quedarse con la esencia de lo que cuentan. Y que sea fiel a eso.

La historia de un joven estudiante de veterinaria que lo pierde todo con la muerte de sus padres y se une a un circo buscando trabajo es la esencia de la historia de la película. Todo ello narrado desde los ojos de un anciano que lo recuerda todo con nostalgia y melancolía y que nos traslada a la América de la gran Depresión con un circo en un tren recorriendo el país. Y por supuesto con Marlene, la mujer de la que se enamora, la fruta prohibida sobre la que gira toda la trama. No vamos a creer que la película va sobre limpiar elefantes.

Aunque servidor tiene cierta debilidad por este tipo de historias, las de un anciano que recuerda un tiempo mejor, un tiempo de magia y en el que todo era posible, la película no sabe manejar del todo ambos tiempos y lugares y sólo se centra en el pasado, mientras que el tiempo futuro con la presencia del siempre excelente Hal Holbrook no queda apenas desarrollado más allá que por su voz y las escenas de inicio y final, que saben a poco, la verdad.

El problema de Agua para Elefantes, a fin de cuentas, no es la menor presencia de Holbrook. Es el exceso de ñoñería que inunda la cinta. Para gente que busque el drama más facilón y sin demasiada garra, es posible que la película les dé justo lo que pedían. Pero para espectadores algo más exigentes el nivel de azúcar en sangre que la película despliega puede ser excesivo y hacer la proyección demasiado larga. No tengo nada en contra del romanticismo y de las películas románticas. De hecho disfruto de las tramas románticas cuando están bien planteadas y desarrolladas (mi compañero Miguel Juan Payán me llamaría moñas sin lugar a dudas), es cuando se superan los límites permisibles sin ofrecer nada a cambio cuando uno empieza a fijarse en las flaquezas de la película. Y Agua para Elefantes recae demasiado en los cruces de miradas lánguidas y los quiero y no puedo, para hacer avanzar la trama. Y eso no hace avanzar la trama, la hace desaparecer.

El otro problema recae no en las interpretaciones, sino en la falta de química entre la pareja romántica, entre los dos protagonistas de la película. Ahí es donde realmente pierde fuerza la historia de amor. Pattison y Whiterspoon no transmiten pasión, no transmiten fuerza o un entendimiento más allá de las palabras. Y cuando basas tu historia de amor central en la química entre ambos y sus miradas en lugar de en el guión y las situaciones, los diálogos y el desarrollo de personajes. Eso es lo que impide que sea verdaderamente una buena película.

Porque mala tampoco es. Maneja bien el ritmo pausado de una historia de este estilo y sobre todo mantiene con interés la historia sobre el circo y el mundo que rodea ese peculiar universo de payasos y contorsionistas que conforman una gran familia. Eso lo mueve de forma excelente y siempre nos deja con ganas de más (como la huida del elefante a la ciudad, los viajes en tren o el momento debajo de la tienda cuando el elefante busca bebida pese a estar encadenado al suelo).

Y por supuesto está Christophe Waltz, esa fuerza de la naturaleza capaz de coger a un supuesto villano de la historia y darle una profundidad y una tridimensionalidad a través de su rabia, de su inteligencia y de sus pequeños gestos que convierten a este actor en uno de los mejores del momento. No sé por qué pero cada vez que le veo pienso en el gran Mark Strong también…

En definitiva, una película para ver en pareja y con ganas de achucharse, inofensiva y quizá algo larga, con sus pros y sus contras, a la que los lastres le pesan demasiado en cierto sentido, pero que posee momentos muy interesantes y a Waltz, por el cual ya merece la pena ver la película. No llega a cansar ni ofende, pero se observa entre bambalinas que esa historia de circo y amor podía haber dado mucho más de sí si se la hubiesen currado un poco más.

Eso sí, a las fans de Pattison les va a encantar seguro…

Jesús Usero