Crítica de la película Drácula, la leyenda jamás contada

Mezcla de géneros entre la espada y brujería y el terror con toque superheróico.

Es un puzle de referentes visuales y narrativos diversos. Hilvanada con hilos visuales que van desde la réplica de los planos paisajísticos de El señor de los anillos o El hobbit de Peter Jackson hasta los planos de ejércitos en marcha y enfrentamientos que toman como referencia de 300 de Zack Snyder, aunque le salen más cercanos a su secuela, 300: el origen de un imperio, de Noam Munro, esta nueva versión del personaje creado por Bram Stoker incluye también algún que otro guiño en plan “cameo” visual de los planos del prólogo de Drácula de Francis Coppola, que es la última gran visión del personaje creada para el cine, una gran película, aunque personalmente no me convenza como adaptación por su tono plañidero y forzadamente romántico que convierte la novela original en una variante de Romeo y Julieta, en lugar de la historia de corrupción faústica y ocaso de la aristocracia frente a la burguesía que era originalmente. Coppola puso amor desgarrado y fatal, condenado al final trágico,  donde había sexo desbordado y entrega a las pasiones como rebelión contra la norma y la esclerotizada sociedad victoriana… Pero ese es asunto que ya trataré en otra ocasión. Volviendo a Drácula, la leyenda jamás contada, a todo lo anterior añade un complicado y laborioso proceso de producción y lo que sospecho es su objetivo añadido a última hora, consistente en ser la primera pieza en el intento de Universal por crear su propia franquicia de personajes al estilo de la galería de los superhéroes de la Marvel o la DC con los monstruos del terror gótico que ya le permitieron al estudio hacerse dueño y señor del cine fantástico en los años treinta y parte de los cuarenta. Drácula, Frankenstein, la Momia, el Hombre Lobo estarían llamados a convertirse, si la jugada sale adelante, en una especie de alternativa terrorífica al superhéroe, simplemente cambiando superpoderes o por los atributos especiales derivados de su naturaleza sobrenatural o terrorífica (léase el Drácula que aquí se convierte en una bandada de murciélagos…). El intento no es nuevo, ya lo propuso en su momento en el cómic Alan Moore con algunos personajes icónicos del relato de terror gótico y la novela clásica de aventuras en La liga de los hombres extraordinarios, que tuvo una floja, si bien que entretenida, adaptación al cine. La aportación final de Charles Dance a Drácula, la leyenda jamás contada, va por un camino que parece querer imitar las apariciones de Samuel L. Jackson como Nick Furia en las películas de la Marvel que acabaron por dar lugar a Los Vengadores, pero sólo el tiempo podrá confirmar o no esta sospecha mía sobre cuál es el “juego” que ha empezado con esta película.

El problema es que con todos esos referentes, influencias visuales, obligaciones y objetivos, Drácula, la leyenda jamás contada, se pierde un poco a la hora de centrar su verdadera identidad. Tiene momentos entretenidos propios del relato de espada y brujería tipo Conan el bárbaro de Robert E. Howard, como el encuentro con la criatura en las cueva, y posiblemente si hubiera seguido por ahí a por todas, aceptando su identidad como relato de héroes bárbaros, habría funcionado mucho mejor, jugando con ese grupo de guerreros que acompaña al antihéroe Vlad el Empalador. Sus primeros compases van por ese camino. Pero luego afloja con una historia de amor endeble que fracasa en emular el desgarro intenso de la versión de Drácula dirigida por Coppola, y la brújula del relato empieza a dar vueltas como loca sin llegar a centrar del todo sus objetivos… Resultado, es entretenida pero no explota al máximo sus mejores armas. Un par de ejemplos: se habla mucho de Vlad como el Empalador, pero se nos hurta ese papel de guerrero salvaje y brutal que sí estaba, en brillante forma de sombras chinescas, en la película de Coppola. Tampoco está bien aprovechado el Vlad Tepes histórico tan aprovechado como debiera con su corolario de momentos sangrientos que le convirtieron en un guerrero temido por los turcos que protegió las fronteras de occidente de la invasión otomana. Y por otra parte no está el Drácula de la novela de Stoker plenamente aprovechado, ni siquiera para el objetivo de emulación superheróica que mencionaba anteriormente, de tal modo que parecen reservarse el potencial del personaje para entregas posteriores, en lugar de poner toda la carne en el asador desde el principio.

Resumiendo: me gusta la parte de espada y brujería y enfrentamiento con los turcos. Pero el resto me parece flojo.

Miguel Juan Payán

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Crítica de la película Lucy de Luc Besson con Scarlett Johannson

El cine de Luc Besson siempre ha sido algo o muy pedante, dependiendo del momento en que le pille su filmografía. Esa pedantería es una de sus características desde Kamikaze 1999: el último combate, y salió a flote sobre todo, nunca mejor dicho, en El gran azul.Al mismo tiempo es uno de los directores y productores europeos que tienen más clara la necesidad de vender espectáculo y darle al público lo que quiere. Ambas cosas se alían y al mismo tiempo colisionan, para bien y para mal, en Lucy.

Por un lado la película juega la misma baza de protagonismo femenino y “chica guerrera” tipo Nikita que a Besson se le ha dado siempre bien en la taquilla, y como demuestra la recaudación de Lucy en Estados Unidos ha vuelto a funcionarle en esta ocasión. Pero al mismo tiempo la película es presa de la contradicción y la indecisión. Besson ficha a Scarlett Johansson, consagrada como estrella del cine de acción con su papel como la Viuda Negra en Iron Man 2, Los Vengadores y Capitán América, el soldado de invierno, pero al mismo tiempo reniega de ese referente de las películas Marvel en las que interviene la actriz, y en su intento de apartarse de dicho antecedente que utiliza como gancho comercial, con un trailer que casi parece un anticipo de un largometraje de la Viuda Negra, deja a sus secuencias de acción desprovistas de los ingredientes visuales mínimos para crear tensión, sustituyendo la acción física por una especie de variante de los poderes de los mutantes de los X-Men. Buen ejemplo de ello es la secuencia de enfrentamiento de la protagonista con los matones coreanos en el hospital, donde para no repetir la trepidante secuencia de Johansson en Iron Man 2, castra ese momento y lo deja sin acción física, a pesar de que el trailer de la película vende precisamente ese otro tono de “chica guerrera” y ya situación pide a gritos un intercambio de tortas como panes al estilo de las que reparte Liam Neeson en una de las películas producidas por Besson, Venganza. Si Besson no quería ser presa de Scarlett Johansson como fenómeno mediático lo tenía fácil: elegir a otra actriz menos mediática para el papel. Claro que entonces es muy probable que hubiera perdido el gancho comercial de su protagonista y el trabajo que hace Johansson para insuflarle vida a un personaje que sobre el papel es poco más que una silueta bidimensional tipo recortable y al que ella anima hasta convertirlo en algo más interesante.

En su empecinada negación de la falta de originalidad de su propuesta, en ese sobresfuerzo por negar su propia naturaleza, la película es presa de una especie de gatillazo, es un coitus interruptus desde el punto de vista de la acción. Lo paradójico es que por mucho que pretenda ser otra cosa, Lucy es una explotación de las historias de superhéroes.  Aunque tenga aspiraciones de reflexión filosófica más elevadas y busque en el baúl de la ciencia ficción una pretenciosa exposición final, tampoco puede presumir mucho de originalidad por ese camino dado que está aplicando claves presentes ya en 2001 de Stanley Kubrick, e incluso más recientemente en una producción más modesta e interesante, The Machine, con la que además comparte un mismo planteamiento visual de cartel originial con rostro de la protagonista en blanco. The Machine es más madura en sus planteamientos, menos fiestera visualmente hablando, y no cae en las contradicciones en las que cae Lucy. Porque no pretende ser lo que no es. Besson se pone pretencioso tirando de filosofía facilona del Reader´s Digest, digna de figurar en el envase de un paquete de patatas fritas. Quiere hablar de la naturaleza humana al mismo tiempo que deja sus personajes reducidos a meros recortables, tópicos bidimensionales, amputando de la trama toda clase de conflicto que podría haber contribuido a darles mayor relieve. Un ejemplo de ello: la no-relación entre el policía y la protagonista, que se queda en mero brochazo apresurado, más que en fina pincelada para que complete el paisaje el espectador.  En sus prisas por facturar la empanada mental filosófica con espíritu de postal turística comprada en el quiosco que nos enchufa en el tramo final de su película, Besson acaba por pasar por algo o solucionar expeditivamente asuntos que habrían contribuido a hacer más interesante la trama y sus personajes. Ejemplo de ello es la forma totalmente tópica en al que intenta darle algo de carne al personaje protagonista poniéndola a hablar con su madre, mero artificio que sólo se sostiene porque Johansson antes y además de ser un sex-symbol y una estrella del cine de acción, ya era, y es, una gran actriz, y aguanta ese juego de primer plano y monólogo moñas como una campeona. Pero al mismo tiempo eso evidencia la flojera de un guión que no queda redimido ni siquiera por los planos que Besson toma prestados del cine del coreano Park Chan-wook (como el que cierra el periplo narrativo del personaje del gánster coreano, otro tópico de recortable bidimensional).

Otro ejemplo de contradicción: Besson se pone reflexivo y sesudo en su parte final, pero no puede evitar entregarse nuevamente a los fuegos de artificio invitando a los dinosaurios a pasearse por el paseo de la protagonista, o jugar con una banalización simplona de la identidad sexual femenina de Dios.

Lo que sí me ha gustado de la película, que no aburre pero tampoco convence, es el buen uso que hace del montaje fluido para hacer avanzar su trama en los primeros treinta o cuarenta minutos de proyección, que para mí son los mejores de la propuesta. Eso sí, ésta se desfonda, en mi opinión, cuando Besson se mete en un huerto, un callejón de difícil salida, aumentando la apuesta de su argumento con la escena de transformación en el avión camino de París. A partir de ahí, creo que Lucy pierde fuelle y empieza a perderse en su laberinto de contradicciones, del que no puede sacarla ni siquiera el aseado trabajo de Morgan Freeman o el fenómeno de la cultura popular en que se ha convertido Scarlett Johansson.

Miguel Juan Payán

Miguel Juan Payan

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Crítica de la película Los Mercenarios III

Digna sucesora llena de acción y humor, aunque algo inferior a las anteriores. Al menos para quien esto escribe. Luego podremos discrepar todos y debatir sobre gustos, intereses, preferencias o posturas al respecto de una película que, antes de su estreno, ya ha generado suficiente polémica como para que por un lado llene los cines y por otro los vacíe. Polémica que ha ido desde la aparición de la película online en calidad DVD en la red 20 días antes del estreno a la supuesta (pero muy supuesta) mofa que hace de la Legión el personaje de Antonio Banderas en un momento determinado de la película. No, no hay mofa, se lo garantizo a todos los lectores. Lo que hay es unas ganas enormes de entretener y de hacer un personaje con aire de comedia, pero cargado de drama. Más adelante lo explicamos con detalle.

Por otro lado también se ha hablado mucho de la ausencia de sangre en la película debido a la rebaja que querían los productores, de la temida R (que incluye sangre y vísceras a gogo, desnudos y tacos en inglés y a las que sólo pueden acceder mayores de 17 años o menores acompañados), al PG13 de esta película, que permite al público adolescente llenar las salas pero que reduce el nivel de sangre en la película a casi nada. Algo que tampoco está mal ni afecta a la trama, ni perjudica a las escenas de acción. Además, se supone que cuando se estrene como es debido en el mercado de vídeo tendremos la versión más explícita. Pero, qué quieren que les diga, no es algo imprescindible. La acción llena la pantalla, hay tiros, muertos y explosiones como para llenar diez películas normales y sigue siendo tan trepidante como las anteriores. En algunas cosas incluso más.

Tampoco entiendo las críticas negativas que está recibiendo la película en Estados Unidos y por parte de algunos fans que la basan en la ausencia de sangre y en lo poco original del guión y el desarrollo de la trama. ¿En serio? ¿A estas alturas? De nuevo, alguno entra despistado a la sala y se cree que va a ver Shakespeare o algo por el estilo. Son Los Mercenarios, es cine de evasión pura que homenajea al cine de acción de los ochenta, aunque la sensación que uno tiene al ver la película es que en esta ocasión es más deudora de los 90 que de la década anterior. Mayor presupuesto, menos explícita, más espectacular, más concebida para el gran público que sólo para los amantes de la acción. Que al final es de lo que se trata. De que un género como éste siga teniendo su nicho en la taquilla y entre el público, que cada vez tiene menos posibilidades de ver este tipo de cine en la gran pantalla. Acción pura y dura, sin aventuras, sin cómics, sin más que tiroteos, explosiones, artes marciales, vehículos y similares. Todo junto en la misma película. Merece la pena pagar la entrada y merece la pena ver la película en una sala de cine.

La trama trae a Barney Ross y sus chicos un villano del pasado, desconocido para nosotros, y antiguo miembro del grupo, supuestamente muerto. Barney siente que sus amigos pueden morir si quieren vengarse del sujeto, así que decide formar un grupo de jóvenes Mercenarios para atrapar al sujeto en una misión suicida en la que las cosas no salen como se esperaba. El director australiano casi debutante (es su segunda película) Patrick Hughes, sabe cómo presentar la película con dos escenas de acción sensacionales que, además, introducen a tres personajes y actores queridos por todos como son Wesley Snipes, brutal incorporación, esperemos que sigan sacándole partido, Mel Gibson, villano de la función y el rey en lo suyo, y Harrison Ford, tomando el papel de Bruce Willis en las anteriores como intermediario de la CIA, con mucho humor y socarronería.

Jesús Usero

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Crítica de la película 3 días para matar

Entretenida recuperación de Kevin Costner como protagonista, pero con lastre sentimentaloide.

El cine producido y/o dirigido por Luc Besson peca siempre de un exceso de formulismo comercial y tópicos de explotación que vuelven a repetirse en esta ocasión en la que además ejerce como co-guionista. La acción está bien. La intriga de partida tiene interés. La estrategia de rodear al protagonista de personajes y situaciones que se salen de los tópicos (en este caso los ocupas de su piso, la bicicleta color púrpura, el antagonista y al mismo tiempo confidente de sus problemas como padre Mitat), es acertada y funciona, presta solidez a la propuesta. Y sin duda Kevin Costner tiene la misma solvencia para manejar, resolver y darle entidad a personajes tópicos y más bien bidimensionales que Liam Neeson. De manera que esa es la parte positiva.

Lo malo es que, como ocurre siempre en el cine de Besson, la película parece servir a dos amos a la vez. Y junto a la trama de intriga, bien llevada con esos elementos que he mencionado, nos encontramos un paquete sentimentaloide de propaganda familiar que es habitual en las propuestas de este productor, guionista y director. Y servir a dos amos es la mejor manera de cargarse el invento. En la parte más moñas y simplona, de mensaje tradicionalista tontorrón, vemos al asesino de la CIA interpretado por Costner enseñando a montar en bicicleta a su hija, que por otra parte es ya demasiado zángana para dedicarse a tal menester. Además le vemos enseñándola a bailar para. Y finalmente el moribundo agente acaba por estar más vivo cuando se está muriendo y hasta le tira los tejos a su mujer, dicho sea de paso una espectacular Connie Nielsen. Rematando la faena nos tropezamos una imagen de pasteleo turístico con el protagonista destacado en la noche parisina con la torre Eiffel iluminándose al fondo del plano que casi me hace salir disparado camino del retrete para vomitar.

Esa parte, la peor de la película, convive y es un lastre para la intriga. Hay un momento concreto en la que  3 días para matar pierde todas las posibilidades de desarrollarse como una variante de Venganza, otra producción de Besson bastante mejor. Es el momento en el que el protagonista rescata a su hija de una violación en grupo, muy tópica, con un plano de salida de esa situación que parece sacado de la parte más vomitiva de El guardaespaldas, con la moza en brazos y todo. A partir de ese momento el pastelón familiar devora la intriga y lastra la acción. De hecho la película parece perder el contacto con otro de sus personajes interesantes, la maquiavélica y curvilínea Vivi interpretada por Amber Heard, personaje desaprovechado para dejarle sitio a los paseos de Costner con su niña y su bicicleta, que no nos importan absolutamente nada.

El problema es que por servir a dos amos, algo que también se observaba en la otra producción de Besson estrenada en los últimos meses, Malavita, la película acaba peleándose consigo misma, buscando una alianza imposible entre la acción y las babas. La idea de partida es prometedora, pero se frustra con un tramo final de la narración en la que la acción se convierte en un recurso manido para darle vida a una intriga que ha muerto estancada en lo sentimentaloide. Una pena, porque Costner defiende muy bien su papel y consigue hacer sobrevivir el interés y el entretenimiento incluso en el tramo final del relato, hasta el último plano de la película, un pastelón que sin su presencia habría sido intragable. A pesar de que en la resolución de las secuencias de acción abusen tanto de la imagen de Costner sufriendo los efectos alucinatorios de su enfermedad.

Podría haber sido una película mucho mejor jugando una baza más seria en el tratamiento de la familia perdida y la enfermedad. No era preciso llegar a las claves mucho más interesantes y dramáticas de, por ejemplo, El amigo americano, de Wim Wenders, pero al menos le hace falta más solidez y sobriedad en sus excesos sentimentales, las lecciones de bicicleta y demás, simplones y moñas.

Lo mejor es Costner recuperando un papel protagonista en clave de acción y demostrando que merece más oportunidades de estar encabezando el reparto en lugar de ser sólo un secundario estrella como en la última peripecia de Jack Ryan.

De hecho, después de ver la película, creo que alguien debería empezar a plantearse en serio hacer algo para poner a Liam Neeson y Costner frente a frente. Podrían saltar chispas.

Miguel Juan Payán

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Jesús Usero

Crítica de la película Oldboy

Flojo remake norteamericano de la excelente película de Park Chan-wook. Innecesario.

No tengo nada en contra del remake por sí mismo, siempre y cuando la nueva versión consiga desarrollar su propia personalidad, caso por ejemplo de Infiltrados, la versión que rodó Scorsese de la película china Infernal Affairs, o de Los siete magníficos, la versión Sturges del clásico de Kurosawa Los siete samuráis. Eso por poner dos ejemplos que creo todo buen aficionado al cine conoce. Pero este no es el caso que nos ocupa. Spike Lee siempre me ha parecido un director muy interesante, sobre todo en la primera fase de su carrera, que a partir de su biografía de Malcolm X se decantó hacia planteamientos más comerciales. Incluso en este territorio diferente del cine más personal y reivindicativo de sus primeros trabajos, Aulas turbulentas, Nola Darling, Cuanto más mejor, Haz lo que debas, Fiebre salvaje…), consiguió resultados muy interesantes y rodó una buena película de intriga, Plan oculto, y otros dignos, como La última noche. Por eso me ha sorprendido, en negativo, su trabajo de dirección en Oldboy. Primero me lleva a preguntarme para qué o por qué ha decidido meterse en el huerto de rodar un remake tan plano, con tan poca personalidad, visual, narrativa y actoral. Me ha hecho pensar que en manos de otro director, como por ejemplo David Fincher, que ya anduvo en un el mismo vecindario argumental al de esta historia con su película The Game, quizá habría alcanzado mayor interés este remake que junto a su planteamiento visual tremendamente plano desperdicia el talento de sus actores. Está claro que Josh Brolin está como actor por encima de algunos encargos que le caen encima, por ejemplo este. En el momento de la revelación del secreto que es el último y terrible chasco de la película, su interpretación sin embargo no convence nada. Otro tanto ocurre con su compañera de reparto, Elizabeth Olsen, mucho mejor actriz que lo que le deja mostrar Lee en este largometraje. Samuel L. Jackson está caricaturizado e inaguantable, lo mismo que Sharlto Copley, y en cuanto a Michael Imperioli, está más equilibrado, pero poco más. Respecto a las secuencias de acción, que eran el plato fuerte visual de la versión original, pasan aquí sin pena ni gloria. Recuerden las secuencias originales de la pelea con el martillo. Y la etapa de encierro se hace realmente difícil de seguir sin que los párpados te traicionen y se empeñen en cerrarse a poco que te descuides. En conclusión: una muy floja y totalmente innecesaria versión del original de Park Chan-wook, que además no saca todo el partido que podría a su reparto y visualmente se sitúa muy lejos de su precedente asiático.

Insisto: creo que Spike Lee tiene más cine dentro y mucho más cine que ofrecernos que el que nos propone en este trabajo, el más flojo y decepcionante de su carrera, tan anodino que explica por qué me pongo a temblar cuando escucho que Will Smith quiere hacer un remake de Grupo salvaje.

Me temo lo peor.

Miguel Juan Payán  

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Crítica de la película El juego de Ender

El juego de Ender, ciencia ficción de calidad, imprescindible para los amigos del género y recomendable para aficionados al buen cine.

La adaptación al cine de El juego de Ender, la novela de Orson Scott Card, no era nada fácil y de hecho todo apunta que muy posiblemente el mejor terreno para trasladarla al audiovisual era el de la serie o miniserie de televisión. A pesar de ello, el resultado final de esta adaptación a la pantalla grande de la fábula sobre sobre la corrupción de niños soldados convertidos en asesinos tiene una excelente factura visual, saca el máximo partido a su despliegue de efectos visuales, y propone una forma de entender la ciencia ficción más madura y cercana a los planteamientos literarios del género. Esa misma tendencia marcó las películas de ciencia ficción en su paso a la edad adulta, iniciada con 2001 de Kubrick a finales de los sesenta, y finalizada abruptamente con ele estreno de La guerra de las galaxias de George Lucas más o menos una década más tarde. El juego de Ender en su forma como película es el perfecto ejemplo para definir esa frontera que separa las versiones cinematográficas de las historias que adaptan, en una lógica mutación que impone las necesidades del medio cinematográfico sobre las necesidades y logros de la literatura. La película elige centrarse en el personaje que da título al libro, podando el resto de las subtramas implicadas en el relato original Fundamentalmente la gran sacrificada es la subtrama que protagonizan la hermana y el hermano de Ender, que en el momento de aparición de la novela fue un excelente ejercicio de prospectiva de su autor, anticipando el papel de internet y las redes sociales en el devenir político. Eso elimina casi totalmente el papel del hermano de Ender, que en la novela era un antagonista, la gran amenaza, y deja el papel de la hermana bastante mermado narrativamente. Teniendo en cuenta que todas las novelas de Orson Scott Carr hablan de la familia, es una pérdida que muchos seguidores del libro podrían considerar lógicamente muy sensible. Pero al leer los créditos de la película se me ocurrió que el término “basado en…” tiene un significado que quizá a muchos se nos podría haber escapado cuando hacemos balance de las adaptaciones de la novela al cine. Lo cierto es que dentro de una novela no hay nunca una sola, sino muchas historias distintas, y como ejemplo basta citar una destacada obra maestra de la ciencia ficción cinematográfica, Blade Runner, que dejó fuera de su relato varios elementos y subtramas interesantes de la novela de Phillip K. Dick que la inspiró, ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, especialmente el tema del Mercerismo. Es un excelente motivo, entre muchos otros, paras volver a insistir en que es esencial leer, porque además leer sigue siendo el mejor pasatiempo que conozco. Teniendo en cuenta esa pluralidad de historias que habitan en toda novela y el hecho de que leer sigue siendo mi pasatiempo favorito, incluso por delante del cine, no me causa mucho problema ni escrúpulo ver versiones cinematográficas que adaptan la parte del libro original que a sus creadores les parece más significativa. Siempre y cuando sigan siendo fieles a eso que algunos llaman “el espíritu” del original y yo prefiero calificar simplemente como las tripas del asunto. Ese “espíritu” y esas tripas están plenamente presentes en esta versión cinematográfica de El juego de Ender, aunque inevitablemente sus artífices hayan decidido podar toda la parte “política” de la novela, que servía como contrapeso de equilibrio de la parte más belicista de la misma. Lo cierto es que me molesta más que la simplificación que se impone en la versión cinematográfica nos deje una peripecia de formación de Ender más concentrada en lo referido a su largo periodo de aprendizaje, promoción y liderazgo, una reducción de las batallas que debe librar y del papel del libro que da título a la historia así como un resumen del papel que tiene el videojuego como alternativa de género de fantasía y cuentos infantiles que en la obra de Orson Scott Card complementa con excelentes resultados las claves de ciencia ficción.

Lo que ocurre con esta versión cinematográfica de El juego de Ender, es que mirada desde la experiencia de haber leído la novela puede hacernos caer en la trampa del purista fundamentalista, llevándonos a pensar que esa poda de elementos de la misma es perjudicial para el relato, porque rompe la trinidad de distintas caras que presentaba el mismo: la peripecia de formación y superación de Ender en el entorno militar, que es un excelente ejemplo de la ciencia ficción militarista aplicada a reflexiones humanistas; las fábulas fantásticas desplegadas en el videojuego del gigante que introduce la fantasía en esa fórmula narrativa de ciencia ficción, incorporando elementos grotescos que son como un eco de las aventura de Alicia en el país de las maravillas, y finalmente la trama de manipulación y ascenso al poder de los dos hermanos en el frente civil, que añade una nota de distopía tecnológica al conjunto, además de constituirse en principal valedora del relato como interesante ejercicio de prospectiva y anticipación dentro de la ciencia ficción de carácter sociológico.

Pero lo mejor de El juego de Ender es que contrarresta esa pérdida de personajes, elementos y subtramas con un vigor visual que emparenta la película con el gran clásico entre las obras maestras del género, 2001 una odisea del espacio, y aunque el director cita como influencia al cine de David Lean en la vídeoentrevista que le hicimos para esta misma página, lo cierto es que a quien esto escribe le parece que la principal influencia de El juego de Ender está en las películas de Stanley Kubrick. Además de la lógica presencia como referente en clave de eco visual que se incorpora desde 2001, la película se desarrolla argumentalmente como una especie de variante de La chaqueta metálica en todo lo referido al entorno cuartelero que rodea al protagonista y su educación para dar la muerte a sus enemigos, incluyendo su antagonismo con el superior inmediato, Bonzo Madrid, o la manipulación emocional a que es sometido por el encargado de su formación, interpretado por Harrison Ford, y por el responsable de su entrenamiento como líder de la flota, interpretado por Ben Kingsley, dos “padrinos” del protagonista que incorporan a la historia el tema de la suplantación de la paternidad y la familia por el ejército. El tema de los niños convertidos en guerreros encuentra además una forma de desarrollarse que convierte a los jóvenes reclutas en una variante de los Drugos que protagonizaban La naranja mecánica, aunque para satisfacer las necesidades de amortización del presupuesto se hayan limado los momentos más violentos de la novela original en los duelos de Ender con sus compañeros, especialmente en el caso del personaje de Bonzo Madrid.  Por otro lado, el viaje de búsqueda de aceptación y definición de sí mismo que emprende Ender lo aproxima al antihéroe más completo de la filmografía de Kubrick: Barry Lyndon. Todo eso mientras la película bascula en lo referido a su escenografía entre 2001 (en el interior de la base y el espacio exterior) y Teléfono rojo: ¿volamos hacia Moscú? (en el diseño y la iluminación de los fragmentos que transcurren en el juego final con los mandos contemplando el resultado de la batalla).

De manera que cabe asegurar que todo aquello que la película ha podado de la novela original, está equilibrado sobradamente con su factura visual, sus referentes cinematográficos y un reparto que realmente consigue meternos incluso más que las propias imágenes en esta muy recomendable y madura propuesta de ciencia ficción cinematográfica, que además consigue hacernos reflexionar sin perder un ápice de su poder de entretenimiento.

Miguel Juan Payán

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Crítica de la película Las brujas de Zugarramurdi.

Lo más divertido de Álex de la Iglesia en los últimos años con un reparto brillante.

Álex de la Iglesia regresa por sus fueros al cine que mejor le ha sentado en la taquilla en toda su carrera. Es un retorno a las raíces en toda regla que argumentalmente empieza en un Madrid castizo de resonancias infernales y acaba en un País Vasco montañoso, boscoso y de gruta profunda donde se celebran aquelarres dignos de aparecer en las páginas del libro Las brujas y su mundo, de Julio Caro Baroja, en el que además hay capítulo dedicado precisamente a la brujería vasca del siglo XVI y los procesos de la Inquisición de principios del siglo XVII, como el de las brujas de la localidad navarra de Zugarrarmurdi. Ese paseo por las raíces, como avisó el propio director cuando presentó y asistió a la primera proyección de la película en un cine de Madrid, es una especie de antropología del disparate con ecos del esperpento de Valle Inclán sobre todo en sus protagonistas y su arranque.

Y también un grato viaje de recuperación de las claves de su cine más taquillero, del mismo árbol genealógico de su filmografía habitado por películas como Acción mutante, El día de la bestia o La comunidad. Y en su primera parte tiene ese mismo aire de parentesco con los clásicos del humor negro español del que Álex de la Iglesia y el guionista Jorge Guerricaechevarría son dignos continuadores. Me refiero, claro está, al quinteto esencial que todo buen aficionado a la comedia debería haber visto para entender conocer una parte fundamental de cómo somos y respiramos en la piel de toro, para bien y para mal: El extraño viaje, dirigida por Fernando Fernán Gómez sobre una idea de Luis García Berlanga, El Verdugo y Plácido, dirigidas por García Berlanga, y El cochecito y El pisito, dirigidas por Marco Ferreri, las cuatro últimas con guión de Rafael Azcona. Lo que ocurre en Las brujas de Zugarramurdi es que en su primera parte tiene un ritmo y un carácter trepidante en los diálogos que me recuerda más otras señeras colaboraciones entre Berlanga y Azcona, como La escopeta nacional y La vaquilla, donde los personajes disparan sus diálogos unos contra otros, contagiando al espectador y vertiginoso pulso de su fuga mientras nos ponen al día de cómo son sus miserables vidas y cómo han llegado hasta ese punto de ruptura.

Un proyecto que ha llamado la atención entre los fanáticos del cine de artes marciales es "Lady Bloodsport", un regreso tangencial a la saga que comenzó Jean Claude Van Damme y continuó Daniel Bernhardt que ahora vuelve con una mujer como protagonista. Desde Acción hemos contactado con varios miembros de la producción, a puntito de comenzar su rodaje. La primera entrevista que te ofrecemos es la de Andrew Dasz, asistente del coreógrafo del film y un auténtico experto en artes marciales.

 

Crítica de la película El mensajero.

Interesante historia de padre coraje al estilo americano con un buen reparto bien aprovechado.

Dwayne Johnson no es aquí La Roca, el personaje que creó en su etapa como estrella de la WWE y luego arrastró al cine con sus trabajos en La momia 2, El rey escorpión o más recientemente Fast and Furious. Aquí encontramos al Dwayne Johnson más actor en un papel totalmente distinto del que le conocemos, un personaje que se define por el drama y no por la acción, como demuestra la escena del encuentro con el hijo en la cárcel, una pesadilla para todo padre, que Johnson interpreta con solvencia, sin exceso melodramático, sin adornar el personaje. Las secuencias de acción son demasiado embarulladas, como las de la persecución del hijo del protagonista al principio o la paliza por la noche poco después. Pero el resto de la realización es bastante competente buscando crear estilo propio relacionado con el tema de la película, ese “basado en hechos reales” que queda respaldado por un tratamiento visual de cámara al hombro y pieza televisiva, con la cámara moviéndose entre los personajes en clave reporteril. Lo bueno es que eso lo hace sin renunciar a la naturaleza puramente cinematográfica de la propuesta, como demuestra la secuencia de la charla con el ex convicto en el bar, jugando con el espejo como elemento de ruptura para lo que con otra planificación habría sido una escena más convencional resuelta en plano contra plano. Además después de esa conversación, el personaje de John Bernthal (el Shane de la serie The Walking Dead, que después de dicha serie y este trabajo junto a La Roca está pidiendo a gritos más trabajos en el cine), cobra mayor protagonismo abriendo la trama a ese personaje del mundo criminal que se complementa a la perfección con el trabajo de Dwayne Johnson, prestándole respaldo. De hecho, Bernthal tiene una presencia de actor clásico del cine negro que recuerda a John Garfield.

El reparto se refuerza en sus recursos secundarios con valores seguros entre los que destaca Susan Sarandon como la política ambiciosa, Barry Pepper como el policía antidroga, Benjamin Bratt como el traficante y Melina Kanakeredes, la co-protagonista de CSI: New York, como la preocupada madre. De todos estos elementos sale un equilibrio incluso en las escenas más convencionales que sacan partido a sus actores esquivando así la siempre peligrosa proximidad a planteamientos más propios del telefilme, un territorio en el que este tipo de historias basadas en hechos reales suelen naufragar en el tópico y la repetición melodramática propia de la programación de sobremesa del fin de semana. El reparto y un trabajo de guión y dirección bien orquestado alejan la película de esa posibilidad y la mantienen en un terreno intermedio entre la trama policíaca en clave de cine negro vertiente crook story, representada por el personaje de Bernthal, y la peripecia de padre coraje abnegado que como he dicho constituye una grata sorpresa en la filmografía de Dwayne Johnson y es su trabajo más sólido como actor hasta el momento.

Inspirada en el documental Snitch, que abordaba los sucesos relacionados con esa peripecia del padre coraje interpretado por Johnson para esta reconstrucción en clave de ficción, la película está construida como una sólida y creíble historia de intriga en la que las secuencias de acción no llegan hasta el final, están bien administradas y contribuyen a un buen desenlace de la tensión creciente que las precede. En todo momento podemos vivir la historia de los protagonistas con la sensación de que nos acercamos a esos enfrentamientos violentos al final del camino que tan bien ha dosificado el guionista y el director. En lugar de tirar por el camino más fácil, que habría sido explotar el argumento a modo de punto de partida para montar una fábula de acción más o menso convencional, los responsables de este proyecto han decidido ir por el camino más serio y también el más difícil, planteando una película que sigue los acontecimientos en esa clave de cámara al hombro, cierto es que en algunos planos movida en exceso, algo loca para mi gusto, pero en cualquier caso eficaz para ir desvelando las claves de una historia que también tiene su lado de denuncia, plenamente expresado en esa frase final que antecede a los créditos, sobre las penas aplicadas a distintos delitos en la legislación estadounidense, bastante farisea en estos asuntos. De hecho, lo que cuenta la película es cómo las fuerzas de la ley trasladan la responsabilidad de infiltrarse en las organizaciones criminales para combatir el tráfico de droga a un padre de familia absolutamente ajeno a ese mundo sometiéndolo a un chantaje en toda regla que mediante un truco legal les permite retener a su hijo como rehén hasta que el padre consiga facilitarles una detención que puedan explotar promocionalmente ante la prensa.

Un paisaje temible, pero sin duda real, que hace reflexionar sobre hasta qué punto los Estados Unidos mirados como el país de la libertad están empezando a convertirse en una pesadilla edificada sobre las ruinas de su propia mitificación.

Así pues, además de una buena trama de intriga, un eficaz trabajo de dirección y de interpretación, con alguna que otra grata sorpresa en el reparto (como digo Bernthal pide a gritos papeles protagonistas, esperemos que su físico con nariz de boxeador no le impida alcanzarlos o le deje encasillado en papeles de acción o tipo siniestro, sería un desperdicio de su talento), El mensajero tiene también su buena dosis de denuncia. Su mejor compañía serían títulos como la miniserie española Padre coraje (2002), dirigida por Benito Zambrano con Juan Diego como protagonista.

Miguel Juan Payán

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Segunda y último parte de la charla que mantuvmos con Javier Iribarren y Jaime Adalid respecto al rodaje de "Buenas Noches, dijo la Señorita Pájaro", sobre el cine de género y el cine en general.

IF.- Al margen de tocar un género complicado en España, el cine de terror, no hay tantas muestras de cine de género de calidad. Si hay películas pero no buenas. Aquí el reparto, con buen curriculum, no son caras conocidas. Es una baza bastante importante. El resto de personajes, ¿están todos sacados del propio género o ha querido César darle un toque de su propia cosecha?

J.I: Creo que hay varias historias dentro de la película y cada historia es un micro relato que luego resultan todos hilvanados, el proceso para trabajar un personaje como Ángela o del otro compañero, lo desconozco. En mi caso es una búsqueda novedosa de referencias del giallo, o alguien habrá visto películas y material que les ha dado César, y hayan indagado ahí. No sé qué decirte. Pero pienso que todos conectaron con su personaje y lo elaboraron en el contexto que César quería, crear un microcosmos y muchos mini microcosmos dentro y crear una historia que vista desde fuera tuviese sentido una vez vista la película.

IF.- Otra crítica bastante positiva que he podido leer y ver en la película es el uso de las localizaciones. Otras producciones similares de bajo presupuesto intentan contar con el mínimo número de actores y localizaciones para grabar durante fines de semana lo máximo posible y tener la película cuanto antes terminada. En cambio aquí hay muchos actores, muchas localizaciones, muy variadas e incluso he leído una crítica que hacía hincapié en que en la comisaría, la secuencia donde sales, Jaime, se nota que no es una comisaria pero es parte del propio encanto de la película, usar localizaciones como cualquier puerta y que aunque se note, funcione en la película. ¿Cómo fue el tema de permisos, encontrar las precisas, y demás?

J.A: Cuando me cuenta César lo que falta respecto a localizaciones, que eran unas cuantas, y me involucré al cien por cien porque me encuentro en posición de trabajar, me apetece investigar e indagar en temas de producción, me pongo a moverme, a hacer entrevistas, quedar con familiares y liar un poco a todo el mundo conocido y utilizando un poquito la cabeza y la imaginación, leyendo el guión, lo que me explica César de la película, pues voy quedando con él muy a menudo y le voy dando posibilidades, se van cayendo posibles localizaciones y surgen otras, es lo que tiene el cine independiente, no puedes cerrar algo, se te cae en el último momento y tienes que acudir a la creatividad, la improvisación y el aquí te pillo y aquí te mato, que es un tema que tiene mucho que ver con el tema del arte, al fin y al cabo. El tema de la comisaría de policía es una oficina de un tío mío que a mí me encajaba. En su origen se iba a grabar en el piso de arriba, más destartalado, pero teníamos la oportunidad de grabar abajo y estéticamente era mucho más bonito, César prefirió quedarse en esa planta. Es más, en el interrogatorio, hay un cuadro de Nueva York en el fondo. Antes de rodar, yo estaba haciendo todo lo imposible por quitarlo, y llegó César en el último momento y dijo, “No, déjalo”, y es por crear algo estéticamente diferente y un toque extravagante o un poco excéntrico. Ya fue demasiado difícil la película de por sí, y entre todos decidimos hacerlo un poco a lo loco.

IF.-¿Habéis contado con algún tipo de subvención o productora, aunque fuese modesta?

J.A: No, y ya empezamos viendo cómo venía la cosa del mundo del cine, el mundo audiovisual, cómo se estaban complicando las cosas. Ya veíamos que nos teníamos que olvidar de subvenciones y hacerlo por amor al arte y como bien decías antes, encomendándonos al arte, a lo que salga y creyendo a ciegas y con mucha fe en el resultado final sin depender casi de nosotros. Es la improvisación, fallos en el último momento, gente que tenía que irse a trabajar y había que adelantar horarios. El tema del planning, del plan de rodaje, tuve que hacer auténticos malabares para encajar los fines de semana. Había mucha gente que tenía que trabajar, obras de teatro, etcétera.

J.I: Hubo quebraderos de cabeza, pero cualquier producción los tiene.

IF.- Hemos hablado antes de los errores hechos a propósito como parte del homenaje al giallo. ¿Creéis que el público se da cuenta de eso? Contando con que se ha visto sobre todo en festivales de género, como Sitges o Cryptoshow.

J.I: Ha gustado mucho en festivales de cine fantástico y de terror, y creo precisamente porque la gente entiende cómo es ese cine, entiende el lenguaje del giallo, los signos de ese tipo de cine. Ese homenaje lo ven en cada aspecto, cada toma, cómo está montada, qué quiere decir, el simbolismo es muy fuerte en este tipo de películas… entonces, sí, muy buena repercusión por eso. Ahora nos queda quizás la parte de la gente que no ve mucho de tipo de cine variado, el gran público. Queda por ver cómo reaccionan frente a esto. Me acuerdo en España en los ’80 el cine que había era este. Vengo de Jerez de la Frontera y allí el cine que había era cine italiano, Joe D’Amato, cine de artes marciales, en fin, Yuen Hsiao Tien, Bud Spencer y Terence Hill, Cantinflas, eso es lo que había en el cine allí. Y te hablo del ’81, ’80, cuando ponían “Superman II” y “Flash Gordon” eso era el acabose. Me he tragado “Policía 2” de Franco Nero en sesiones dobles, triples, Jean Paul Belmondo, Adriano Celentano. Todo ese cine lo he mamado de pequeño, entonces, soy un poco como la cosa… tengo 39 años, pero a lo mejor los veinteañeros, los primeros treinta, a lo mejor ahora les pilla un poco de nuevo este cine, pero hay que arriesgarse. Igual que en España hay muy buenos directores que están, desde hace unos años promoviendo este cine, ahora Bayona con “Lo Imposible”, “El Orfanato” y muy bueno directores, Jaume Collet-Serra me parece muy buen director, muy técnico, y este cine creo que tiene que resurgir. Me gustaría que llegase otra vez a esa etapa donde había estudios, donde se hacían películas, nuestra Hammer española echo de menos, hubiese más gente como Paul Naschy, que en paz descanse.

IF.- Ya que mencionas a Paul Naschy, es cierto, que sus películas o las de Jesús Franco han tenido un resurgir en DVD, e incluso han seguido trabajando. Jesús Franco sigue rodando con ese toque de bajo presupuesto, serie B y Z.

J.I: Si, Jesús Franco es el Manuel De Oliveira de la serie Z.

IF.- Por otro lado tenemos el cine actual, de gran presupuesto, el uso del 3D en películas que ni lo necesitan… ¿Cómo veis, desde una producción como la vuestra, cómo veis el hacer un producto como vuestra película hasta llegar a un “Avatar” y el estado actual del cine?

J.A: Yo creo que es un desafío a ese tipo de cine. Es una manera de decir, de forma inconsciente, de gritar que se pueden hacer grandes cosas por otros medios, y si se pudiese apoyar proyectos como el nuestro, o posibles directores como César, actores como Javier, con una proyección tan grande, una creatividad y un talento…

J.I: Recuérdame que te invite después a comer (risas)

J.A: Un talento muy grande, con mucho potencial, es un desafío a toda la estructura que hay montada en el tema de la industria del cine. Es un desafío y un pulso que se intenta echar por encima de todo. Desde el punto de vista de productor independiente, de guerrilla, lo veo así, como un pulso. Me atrevería a decirte como espectador, que he visto películas con muchísimo presupuesto que ya quisieran tener cosas como “La Señorita Pájaro” en creatividad y talento.

J.I: Mira “Battleship”, no ha funcionado y tiene tropecientos millones de presupuesto y a la gente que le gusta este cine, no le ha gustado. La gente tiene que averiguar que hay escalas de cine. Que puede disfrutar tanto de una superproducción en el Kinépolis, aunque el tema de las salas de cine en España no es como antes, pero se puede recuperar ese cariño por el cine en una calle pequeñita, un cine recogido, esas butacas, ese olor a mueble antiguo y ver esas películas como se podían ver antes, creo que esta película recupera el cariño por esa época donde todo no era tan tecnológico, tan 3D como dices, y todo era más artesanal, era más… a lo “Cinema Paradiso”. Es una película que refleja perfectamente ese cariño al cine, a lo de antes, a recuperar sensaciones placenteras y que nos ayuden a seguir avanzando. Respecto al 3D, tengo que decir que hubo intentos, como “El Tesoro de las Cuatro Coronas”, de Ferdinando Baldi, con Ana Obregón, que era fantástica, increíble la película, pero no era como ahora. Es más como un entretenimiento y ha dejado de lado esa búsqueda de que las películas te aporten cosas a tu vida diaria.

I.F: ¿Creéis que ahora mismo hay hueco para este tipo de películas?

J.A: Creo que cada vez más se va a dar esa posibilidad, aunque va a haber muchas barreras, pero creo que los acontecimientos se están dando favorablemente para ello. Hay que abrir la brecha de alguna forma. Hay que decir, señores, se puede hacer, me apetece hacer un homenaje al giallo, y mira, más de veinte localizaciones, más de veinte actores, muy poco dinero, mucho talento y es una carta de presentación que lo que hace es abrir una brecha entendiendo muy bien cómo se presentan los tiempos que vienen y cómo pueden servir de ejemplo para decir, señores, se puede hacer, un homenaje al giallo o lo que sea. Creo que las circunstancias de hacer una película así, de serie B o cine independiente, en las que tú quieres meter un tipo de homenaje, a veces ayuda, a hacer esos guiños, y esos recuerdos y tener esas sensaciones que dice Javier que se han perdido. Esos olores, esos matices del cine antiguo.

J.I: Esas dobles sesiones. Ahora se han recuperado un poco, pero no es lo mismo. Se ve que está todo muy mercantilizado, muy merchandisintalizado, si se puede decir. Si, Rodríguez tiene gracia lo de “Planet Terror”, pero no deja de ser un espectáculo mainstream.

I.F: A nivel personal, ¿Cuáles son vuestros referentes cinematográficos? ¿Qué os ha dado ese amor por el cine que demostráis?

J.A: Yo me considero súper americano y muy sencillo, los típicos que gustan, son los que más me gustan. Quiero decir, me vuelven loco Robert Redford, me encanta Brad Pitt, me gusta muchísimo Dustin Hoffman, Anthony Hopkins, gente muy conocida que me han enseñado mucho en el cine y me sirven de referente. Bud Spencer y Terence Hill son otros dos grandísimos y directores, un poco más excéntricos como Terrence Mallick y un poco más rebeldes. Me gusta la rebeldía en el cine, me gusta mucho cosas de gente que hace algo nuevo, impactante, que no vende, que no gusta. Eso es lo que me llama la atención, es donde veo auténticos héroes. Creo que estos que te digo, que son bastante conocidos intentan hacer cosas de ese tipo, que no se saben, no se conocen, y me gustan mucho este tipo de actores, son mi referente.

J.I: Yo, diría el cine en general porque si te empiezo a hablar del policiaco de los ’70, Alan J. Pakula, William Friedkin, por el que mataría por trabajar con él, pasando por el cine de Samuel Brosnton, pasando el cine de artes marciales de los años ’60, Lo Wei, yendo a Peter Sellers, yendo a las series de la BBC que ponían en la televisión que eran brutales, “Arriba y abajo”, “Los Siete de Blake”, no sé. Las referencias son múltiples, no sabría decirte. Personalmente, actores, pues desde siempre, creo que Spencer Tracy era un actor realmente que me llamaba poderosamente la atención, Katherine Hepburn me gusta mucho como actriz, Meryl Streep, creo que objetivamente igual que todo el mundo, le doy la razón que me parece una actriz completísima, yo creo que las más versátil del mundo. Su interpretación en “La decisión de Sophie” no la ha igualado ninguna actriz hoy en día, de verdad, eso es brutal. Y de actores actuales, pues me gustan muchos, la verdad, compañeros españoles me gustan mucho, todos los compañeros de esta película me gustan mucho. José Coronado tengo una predilección con él muy grande. Aunque no coincidí en el rodaje de “No habrá paz para los malvados” pero me parece un actor que ha tenido una evolución brutal, y me encanta, aunque mucha gente diría que Javier Bardem es más técnico, que yo también estoy de acuerdo, aunque tiene un potencial de energía muy fuerte y creo que es muy técnico, tiene más técnica de la que parece que tiene, pero José Coronado tiene un póker de ases brutal de películas que me encantan. De actrices, me gusta mucho Carmen Maura, la tengo mucho cariño a esa actriz, aunque no he trabajado con ella pero me parecen brutales sus interpretaciones. Hay muchos, las referencias son múltiples.

I.F: ¿Y dentro del cine de terror? Javier, tú ya has tocado levemente el género con “El Internado”.

J.I: “El Internado” no era terror en sí, era más harrypotteriano, dirigido a un público familiar que no dejaban de tener miedo por el Gnomo, pero no era terror, no era “Historias de la Cripta”.

I.F: En España ahora mismo el cine de terror se hace copiando el americano, mientras que en Estados Unidos siguen copiando un poquito tanto los referentes suyos como el japonés. A pesar de esto, ¿en los últimos años hay alguna película que os haya atraído en especial? Ya sea occidental, oriental…

J.I: En los últimos años… como no quiero dejar un vacío, mientras lo pienso, la película de terror por excelencia es “Al final de la escalera” de Peter Medak, me parece un ejercicio impresionante y George C. Scott era un actorazo, quitando su carácter, me parece una actor fuera de serie. Y lo que hizo Friedkin con “El Exorcista” también se aprovechó mucho de la coyuntura. Ahora, “El exorcista”, con las redes sociales imagínate lo que hubiese sido. Se aprovechó mucho los periódicos de la época, los tabloides sensacionalistas, el basado en una historia real, pero hoy en día, terror, me tengo que remontar al remake que hizo Zack Snyder de “Zombie”, que aquí se llamó “El Amanecer de los Muertos” y no era terror propiamente dicho, esa es la película que ahora mismo recuerdo, del 2004. De todas formas no estoy siguiendo mucho el cine de terror ahora, tengo por ver “Exorcismo en Connecticuc”, “La última posesión”, “El último exorcismo”, la verdad que lo tengo un poco aparcado.

J.A: Esa pregunta, se la dejamos a César y te la va a clavar. (Risas)

I.F: ¿En qué otros géneros os gustaría trabajar?

J.I: Una comedia con el director de “Desafinado”, a lo Colomo, me encantaría, la verdad.

J.A: Como actor me gustaría trabajar próximamente con Javier Iribarren en una comedia (Risas)

J.I: Con todos los topicazos posibles pero que te recaudan casi 800.000€ en un mes.

J.A: Llegará pronto, en cuanto seamos estrellas, en un par de meses.

I.F: Ya se ha visto en Sitges y en el Cryptoshow. ¿Cómo ha sido todo esto?

J.I: Si, César tiene además contactos para festivales en México, se ha aceptado en el Festival de Cine Fantástico de la Costa del Sol. Hemos ido a Sitges, a la Costa del Sol, México, por los contactos que tiene César. Recuerdo cuando estaba Avoriaz, el Imagfic en Madrid, y recuerdo a Sitges en el ’83 con “Krull” de Peter Yates y con estas películas, lo veía en los periódicos y quería ir a Sitges. Siempre ha sido un festival puntero, pero había más diversificación. Avoriaz estaba muy fuerte, Imagfic estaba bastante bien, que luego se sustituyó por Ibervideo, que era en el IFEMA, una exposición de VHS y Beta, fantástico.

J.A: Creo que el Cryptoshow de Barcelona ha dado pie a que entremos de alguna forma, algún contacto que tuviera César en Barcelona, pero tuvo muy buena acogida, y ha sido una plataforma muy buena para Sitges.

J.I: César decía que en Sitges iba a Brigadoon, y era como “es que no va a…” pero creo que estar en Sitges es un privilegio. César sabía que tenía una cita ineludible con su destino en las próximas películas que vaya a hacer, y como fan del cine y entendido, hacer contactos es muy importante para ir. En Brigaddon ha habido directores famosos que han expuesto allí su primera película, creo que es una plataforma de lanzamiento muy muy valiosa y nunca sabes con quién te puedes topar allí. Creo que es una película que ha caído en un momento muy importante y hay que aprovechar las coyunturas que se han producido, el momento, el tipo de cine que es…

I.F: Viendo este tipo de películas independientes, y viendo el mundo del corto, donde cuando un director llama la atención, se valora o busca el hacer una versión con mayor presupuesto de la película, como por ejemplo Sam Raimi con “Posesión Infernal”, que gracias a su éxito, rodó “Terroríficamente muertos”, rehaciendo la primera película en sus quince primeros minutos y rodando algo totalmente diferente después. ¿Creéis que César valora esta posibilidad con “Buenas noches, dijo la Señorita Pájaro?

J.I: César tiene una personalidad a la de Raimi. Creo que no haría la misma película, un remake, reboot, un refrito raro de la película, y dirigiría otra película distinta. Es otra personalidad distinta, igual de obsesiva para hacer bien las cosas como puede ser la de Sam Raimi, pero creo que haría otra cosa. Hombre, comprar los derechos de la película, a cualquiera le gustaría, pero los directores suelen tener ese orgullo propio de decir, “la quiero dirigir yo”, lógico, les apetece estar en el proceso, dirigir, crear, es su trabajo, su profesión, y en el fondo, su vida.

I.F: ¿Tenéis algún proyecto entre manos?

J.I: Yo nada, quien lea esto, a ver si hay algún alma caritativa que me contrate.

J.A: No, moverse mucho y seguir en esta línea, que es donde menos crees que va a llegar la oportunidad es donde aparecerá. Cantidad de entrevistas que he escuchado de actores y directores que ahora son grandísimas estrellas, han llegado a poder consumar sus sueños y realizar sus proyectos por llamadas inesperadas, como en un festival, en Brigadoon, por ejemplo. No tenemos proyectos a la vista pero estamos moviéndonos para que se den las circunstancias para poder seguir en esto con esta ilusión y esta fuerza.

I.E: ¿Cómo veis ahora mismo al giallo? Este género está un poquito desaparecido.

J.I: Por lo visto no hay cantera. El cine italiano está tendiendo hacia el policiaco, como “Romanzo criminale” y este tipo de películas, y la comedia romántica italiana. No hay una generación que haya sustituido a Argento y compañía. No sabemos qué pasará en Italia, pero aquí en España creo que se está recuperando esa tendencia y estamos importando y estamos consiguiendo que haya más directores que busquen crear ese tipo de cine. La única referencia que ahora mismo me viene a la mente es Guillem Morales con “Los ojos de Julia”, ha creado una especia de giallo-slasher. No tiene quizás las características del giallo italiano tipo “Inferno”, o “Suspiria” pero tiene connotaciones como la relación asesino-victima, los juegos macabros… Creo que España tiene una gran cantera de directores esperando a salir, y actores por supuesto. Italia se ha quedado un poco atrás con eso. Pero creo que hoy en día por la globalización, no es una tendencia de un solo país. Si no que el giallo se puede exportar. Imagina que Italia en un par de años empieza a hacer manga, o de corte oriental. Creo que se pueden dar situaciones extrañas pero muy novedosas.

J.A: Quería recalcar que es una película bastante transgresora desde el punto de vista de lo que está siendo comercial hoy en día. Rompe un poco con el tema comercial y va un poco enfocada a ese público que está deseando ver cosas diferentes. Entonces nosotros depositamos fe y confianza sin esperar un resultado, eso nunca. Esto lo hacemos por amor al arte, por más cosas, pero amamos el cine todos y queremos que la gente vea algo diferente que va más allá de lo convencional y que es posible con estos medios y circunstancias. Animar sobre todo a las nuevas generaciones de gente joven que tiene ganas de crecer y que están bastante decaídos pero que se sepa por redes sociales, entrevistas como esta, que son posibles estas cosas, en equipo y con fuerza.

I.E: ¿Cómo veis la industria en España? ¿Creéis que es muy cerrada, que la protegen demasiado los que están, que no quiere que entre nadie nuevo? Por ejemplo, Rodrigo Cortés o Jaume Collet-Serra, que consiguen una carrera en Estados Unidos, ¿es por el hermetismo de la industria española?

J.A: Has puesto el ejemplo de dos personas muy inteligentes, que reúnen una serie de características que es muy difícil que se den en el cine español, que son creatividad, talento, ser empresario, que es muy importante desde el punto de vista del cine, tener proyección de futuro y tener un objetivo claro. Ser un Tom Cruise… el otro día vi una entrevista a Brad Pitt que le decían cuánto controlaba en el tema de producción. Puso la referencia de Tom Cruise, pero como él, no. Porque controla el cien por cien de todo. Tiene un control de la situación, del espacio, todo bajo control. ¿Por qué? Será un actor regular, o lo que quieras, pero es muy completo en todas las facetas desde el punto de vista empresarial, desde el punto de vista de producción, del guión, es muy completo, reúne requisitos que muy poca gente puede abarcar, porque es muy difícil compaginar la producción con el arte, con la creatividad, el arte dramático. En España, la producción y el arte dramático están siempre peleados. ¿Por qué? Porque no se entiende, los números y tal. Esta gente, como Jaume Collet-Serra o Rodrigo Cortés, son gente que son bastante polivalentes. Pueden moverse en varios círculos, y a la hora de negociar en industrias donde hay mucho bagaje, han sabido codearse muy bien porque han visto potencial. Aquí seguimos en ese tema convencional, que no avanzamos, no aspiramos a algo más abierto, y se crean pequeños ghettos, grupos, y es difícil entrar. Para mí el cine español es un tema que se está creando un cuello de botella importante.

J.I: Tenemos que ser más aperturistas. Creo que va con la idiosincrasia del país. Falta una visión empresarial un poco más amplia, falta dejar salir, dejar bullir la creatividad y a nivel empresarial falta mucho por avanzar. Estamos acostumbrados en términos generales al tema de subvenciones y ayuda, pues nos ha perjudicado a la hora de proyectar de una imagen más creativa y desarrollar más ideas, más conceptos, cómo construir algo diferente a lo que hay, sobre todo para luchar contra la crisis, que es mundial. Hay países que lo enfocan mucho mejor y están más reforzados cinematográficamente. Tenemos que seguir ese ejemplo, tenemos que hacer autocrítica, reflexión y para delante.

 

I.F: Ahora mismo existe un círculo de cine fuera del convencional que aman este tipo de películas, y que incluso podríamos denominar underground, que en muchas ocasiones son fans de un tipo muy concreto de cine y hacen sus homenajes. Incluso existen distribuidoras especializadas en este cine. ¿Cómo veis este movimiento?

J.I: Lo bueno que tiene la democratización de las redes sociales es que todo el mundo acceso a expresar su voz, su idea y su acto creativo. Eso no significa que todo el mundo quiera formar parte del negocio y darse a conocer. Mucha gente sí, pero puede que mal informada acerca de cómo funciona esto. No es tan fácil, no es llevadero y hacer cine cuesta mucho más de lo que en principio pueda parecer a un chico que tiene un ordenador con el que sube películas. Hay que separar un poco los conceptos. Respetar, por supuesto, lo que hace cualquier persona en un momento dado por divertimento y después la gente que quiere, a través de las redes sociales, dar a conocer un trabajo porque piensa que puede lograr un mayor acercamiento a su obra pues también. Son dos conceptos muy diferentes. La propia gente que sube cosas a la red sabe que lo hace porque se entretiene un poco y ya está.

J.A: El futuro, si se van a fomentar plataformas para que gente pro, con pocos recursos, tengan los medios para poder promocionarse y eso es la gran competencia de los que están arriba. Es lo que se va a ir desarrollando en el futuro.

J.I: Que se puedan realizar películas por 50.000€ , pagar menos a los actores pero promover la continuidad en el trabajo.

J.A: Que es lo que está pasando ahora mismo. Ese chip ya está latente. Eso ya ha cambiado. El que quiera seguir con temas de subvenciones y haciendo el formato y tipo de cine de hace tres o cuatro años, que se olvide, eso ha cambiado. Hay que adaptarse y renovarse o morir.

I.F: ¿Creéis que los directores más conocidos, como Almodóvar o Amenábar, son conscientes de este cambio? ¿Y apadrinar nuevos talentos?

J.A: Si, tienen la potencia, el empuje y la fuerza, si ellos quieren, de hacerlo. Segurísimo. Por ello admiro esas facetas, como la de Robert Redford. Creo que ahora mismo, se ha desvinculado del tema famoso, el tema del nombre, y está haciendo una campaña que no se ve, de fomentar todo eso, con Sundance. Es una cultura anglosajona que viví en Londres. Anthony Hopkins da, miles, pero miles de libras cada muy poco tiempo para que estudien actores nuevos, de fuera en Londres. Yo pude estudiar la carrera de Arte Dramático en Londres gracias a una beca de Anthony Hopkins, pero no lo sabe nadie. Lo sé yo, porque tengo el título gracias a él, pero la gente no lo sabe. Esto es lo que yo admiro y lo que va a pasar en España, antes o después. El que no quiera asimilarlo, lo tiene chungo.

J.I: Habrá que readaptarse. Esto tiene que sufrir una readaptación bastante grande. Pienso que pueden apadrinar nuevos talentos, pero es que los directores que ya tienen un nombre consagrado, es como cuando tienes un estilo de vida que tienes que mantener. No veremos a Almodóvar entrando en formatos que corresponden a directores más noveles, pero que tampoco me parece mal. Tú esperas una película de Pedro Almodóvar, que tenga su bouquet, ha adquirido su tonalidad, su forma de manifestarse, de merchandising…

I.F: En Estados Unidos y en otros países, muchos directores juegan con los formatos, con el cine digital, como Steven Soderbergh. En Japón existe un mercado propio del V-Cinema. Demuestran irse renovando, pero ¿en España?

J.A: En España, no es negocio y porque no dan nuevos valores y cars no conocidas. No es negocio y el director español de hoy en día está bastante pillado. No es el caso de Amenábar o Almodóvar, que podrían hacerlo perfectamente, pero hay directores que están pillados y no pueden acceder a eso, pero insisto en que cambiará esa tendencia por que o se hace eso…

I.F: Hay mucha producción, gracias a una subvención, y casi ni se distribuye, pero el coste para los cineastas es menor. A pesar de esto, no se arriesgan en otros géneros, es casi hacer las mismas películas siempre, con excepciones puntuales.

J.I: Una temática más amplia sería necesaria en España, para que no tengamos un propio concepto de sota, caballo y rey. Todos sabemos a lo que nos referimos cuando la gente se queja de que siempre se buscan unas temáticas parecidas. Creo que en España se pueden volver a hacer películas de otro tipo. Hay épocas de nuestra historia muy jugosas, y hay historias contemporáneas fantásticas que se pueden llevar a cabo aquí. Cesc Gay me parece un director brutal a la hora de determinar ciertas historias de relaciones. Cuando nos quitemos ciertos complejos y bajemos a la Tierra, mejoraremos mucho. Ahora hay una crisis tremenda, galopante, que están afectando mucho a todos terrenos, a este también y hay que adaptarse o morir.

J.A: La gente quiere nombres ahora mismo, conocidos, porque si no es un riesgo muy grande. Ahora es puro negocio y o te guardas las espaldas, desde arriba, todo muy bien cubierto, o la gente no se arriesga y eso está afectando al cine.

I.F: Si queréis añadir algo…

J.A: Si, queremos decir un poco quién ha participado en esta maravillosa película, el reparto y el equipo técnico. Agradecerles encarecidamente todo su apoyo de parte de César, por supuesto. Agradecer muchísimo la aportación, la calidad y el talento de actores como Angela Boj, Sergio Celebrousky, Lucía Caraballo, Chema Coloma, Cova de Alfonso, Raúl del Álamo, Nüll García, Isabel Gálvez, el gran Javier Iribarren, Itziar Lazkano, Silma López, Ramón Merlo, Alba Messa, Ángela Monge, Ayelén Muzo, Ruxandra Oancea, Rebeca Pérez Roldán, Maya Reyes, Irene Rubio, Jimina Sabadú, Cristina Soria y Jesús Teyssiere. Productores, César del Álamo y aquí el presente, con la música original de Matias Nadal, dirección del gran César del Álamo. La edición también de César, que se lo ha currado enteramente el tío. Vestuario, Irene Rubio.

J.I: Con Cordelia, su empresa, de ropa bastante variada para eventos y películas. Hace muchos viajes por todo el mundo buscando tendencias.

J.A: El maquillaje de Ánima Berriatua, Vanesa de la Fuente, Ana Herrera Martínez, Raquel Sanabria, Viviana Sánchez y Laura Veliya Ayuso. El asistente de dirección, el gran Pedro Ruiz Alba, Clara Used Plaza, sonido, el gran Jorge Garrigos, Arman Ciudad, efectos especiales, Santi Gijón y Daniel Martínez Muñoz y el departamento eléctrico, de cámara y segundo ayudante de dirección, el gran Norberto Ramos del Val. Bueno y guión, vamos a hablar de Juan José Ramírez Mascaró, que además estuvo presente durante toda la producción. El equipazo técnico es inmejorable y si lo juntas con una calidad de actuación tan chula, tenemos este resultado.

J.I: Ha quedado cuanto menos una película curiosa. Creo que vamos a conseguir que la vea cuanta más gente posible mejor, sobre todo cuanto más gustos heterogéneos, mejor. Ese será nuestro objetivo. Podrá gustar más o menos pero por lo menos que llame la atención y habremos logrado el objetivo.

 

I.F: ¿Repetiríais con el mismo equipo?

J.I: Yo, a muerte, sí. Me parecen unos actores y equipo técnico excelentes y por supuesto. Si puede ser cobrando, ya ni te cuento. Son excelentes y enhorabuena a todo el equipo, incluso por el ambiente de trabajo.

 

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