Hoy me alejo un poco del cine oriental para presentar una entrevista, o más bien charla, a Javier Iribarren y Jaime Adalid, actor y productor de la película independiente “Buenas Noches, dijo la Señorita Pájaro”, un homenaje en toda regla al giallo italiano que está cosechando excelentes críticas por diversos festivales especializados y que ha podido verse en algunos cines de forma esporádica. Lo que empezó como una entrevista se transformó en una charla sobre cine. Hoy traigo la primera parte, centrada en esta película que no deberías perderte.

Crítica de la película Jack Reacher

Tom Cruise está en plena forma en esta intriga de calidad con espectaculares secuencias de acción.

El guionista de Sospechosos habituales se pone tras la cámara para llevar al cine a un personaje que reúne todos los tópicos del justiciero del cine de acción mezclados con las criaturas de las novelas de intriga tipo best seller, Jack Reacher. El resultado es una entretenida película de intriga dirigida con enorme solvencia como un producto de evasión de calidad en el que se respetan las claves esenciales del género pero añadiendo a las mismas un acabado elegante incluso en sus escenas de acción más trepidantes.

Dicho de otro modo: Jack Reacher no es una película más del montón de intrigas que nos propone habitualmente el cine norteamericano cada temporada, sino que cuenta con elementos que la ponen en la liga del producto de evasión de calidad. Bien concebido. Me recuerda aquel cine de intriga policial y conspiraciones de los años setenta que ibas a ver para evadirte pero al mismo tiempo te respetaba como espectador y conseguía engancharte por su acabado perfecto. Estoy pensando ahora mismo en películas como Bullit, Los tres días del Cóndor, El último testigo, La organización criminal, El caso Thomas Crown… En definitiva un tipo de cine que aportaba evasión y entretenimiento sin bajar la guardia en lo referido a la calidad. Dicho de otro modo, Jack Reacher me recuerda un cine de intriga anterior al momento en el que el género se perdió definitivamente en la senda de la espectacularidad visual y prefirió olvidar la creación de personajes y situaciones interesantes. Ese cine de los setenta se definía precisamente por contener pocas escenas de acción, pero muy trabajadas y contundentes. Es así como despliega sus secuencias de acción Jack Reacher, que incluye una secuencia de persecución en automóvil espectacular capaz de recordarnos la de Steve McQueen en Bullit, pero haciendo que el perseguidor sea al mismo tiempo perseguido, de tal manera que se implican en la secuencia tres elementos en movimiento, el más difícil todavía. Además las secuencias de combate cuerpo a cuerpo se ven a la perfección, no hay cortes rápidos ni piruetas imposibles en esta sucesión de combates callejeros. Sólo golpes entre los participantes, con un estilo muy especial de lucha desarrollado en España que Cruise aplica con singular contundencia.

Otra característica de aquel buen cine de intriga y acción de los años setenta, era la creación de villanos consistentes, capaces de ganarse su protagonismo en la historia con muy poco tiempo de presencia en la pantalla. Eso también se cumple en Jack Reacher, donde el director alemán Werner Herzog se convierte en una grata sorpresa como actor tras haber sido durante años un maestro tras las cámaras en películas como Aguirre o la cólera de Dios, Nosferatu o Fitzcarraldo. El trabajo de Herzog interpretando al gran malo de esta intriga es modélico y narrativamente su personaje tiene algunos puntos en común con la que sigue siendo una de las grandes creaciones del director de la película, Ralph McQuarrie, como guionista, el misterioso y siniestro Kaiser Sozé de Sospechosos habituales. Ese personaje de Herzog sirve además como excelente ejemplo de los buenos resultados que pueden obtenerse en una trama aparentemente más convencional cuando se trabaja sobre la creación de personajes interesantes desde el comienzo en la fase de escritura del guión. Ocurre lo mismo con el propio protagonista, un personaje al que parecía imposible sacar del tópico pero al que esta película dota de una personalidad que va más allá de los lugares comunes de la narrativa más habitual en el campo del best seller.

Posiblemente la característica más interesante de Jack Reacher es el trabajo que hacen tanto el director y guionista, McQuarrie, como el protagonista y productor, Cruise, para tomar lo que más les interesa del personaje de las novelas originales y convertirlo en otra cosa. Las versiones cinematográficas deben desarrollar siempre su propia personalidad narrativa y visual frente a las fuentes originales de las que parten sus historias. No es un derecho, sino incluso una obligación del cine frente a la literatura o cualquier otra fuente de inspiración. En esa parcela, creo que el trabajo de adaptación de Jack Reacher supera al original en el que se basa sin renegar de sus elementos esenciales. Esa es la clave: respeta el espíritu, pero ha enriquecido el personaje protagonista con referencias propias aportadas por los responsables de la versión cinematográfica. Reacher se ha construido por tanto a la medida de Cruise, que con este trabajo en mi opinión confirma la recuperación de su carrera como estrella que inició en Misión imposible: protocolo fantasma. Pero además se adorna con características propias de la mitología del western: es un nómada, y en la versión cinematográfica está mucho más cerca de las recreaciones del pistolero errante que de las figuras propias del cine de intriga al que pertenece el entorno argumental en el que se mueve. Eso hace mucho más interesante el cruce entre personaje y argumento de lo que pude ser en la novela, más convencional.

Y acompañando a todos estos elementos y a un guión bien construido, Jack Reacher abre con una secuencia de francotirador donde el director echa el resto en lo referido a la creación de suspense visual propio de una intriga intensa de Alfred Hitchcock. Cabía temer que después de un arranque tan potente la película no pudiera mantener el tono, pero McQuarrie es suficientemente hábil al contar su historia para que el tono no sólo no decaiga, sino que progrese e incluso vaya ganando aún mayor interés al construir su intriga, alternando la acción física y de persecución con otros momentos de intriga intensa e inquietante, como la entrevista de la abogada interpretada por Rosamund Pike con el padre de una de las víctimas, el ataque que sufre el protagonista en la casa de un sospechoso o el ajuste de cuentas del villano con uno de sus sicarios a base de meterle dedos al asunto…

Miguel Juan Payán

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Crítica de la película El hombre de los puños de hierro 

Irregular puzle de homenajes al cine de explotación de artes marciales, espagueti western y blaxploitation.

Todo en uno. Pero todo amontonado. Mucha acción pero poco ritmo. Demasiado material y personajes que compiten por convertirse en epicentro del relato generándose cierto caos.

De partida la película tiene elementos interesantes. Empieza siendo una especie de homenaje del cine de artes marciales de la Shaw Brothers, en su variante de películas de sable, que hicieron furor en los cines de programa doble en los años sesenta y setenta. Toda la presentación se desarrolla por ese camino, pero lamentablemente las luchas no están bien filmadas porque se decantan más hacia planteamientos visuales propios del videojuego. En esa parcela es curiosa la intervención de la estrella de la WWE, la lucha libre televisiva, Batista, ejerciendo como villano. Pero le convierten en una especie de dibujo animado transformándole en un muñecote de acero cuando recibe un golpe, lo cual puede ser visualmente llamativo, pero resta interés por el personaje, una especie de variante del mutante Coloso de los X-Men que visualmente se comporta como un personaje de videojuego. De ahí que la pelea final enganche menos de lo que debería, porque es pura viñeta de videojuego, más que cine propiamente dicho.

Crítica de la película El legado de Bourne con Jeremy Renner

El legado de Bourne hace honor a la saga y abre nuevos horizontes para la misma con solvencia y un trío protagonista impecable. Un espectáculo de intriga muy logrado. Muy entretenido. Visualmente espectacular desde su primera secuencia. Y lo que es más importante: fiel a la trilogía protagonizada por Matt Damon. No debemos olvidar que su director y guionista, Tony Gilroy, ha estado en la construcción y gestión de la franquicia de Bourne desde su principio, trabajando en los guiones de la misma. De manera que le ha resultado bastante asequible construir esta especie de pieza complementaria de la trilogía compuesta por El caso Bourne, El mito de Bourne y El ultimátum de Bourne, integrando con fluidez El legado de Bourne en el resto.

Entre las cosas que más me han gustado de la película destacaría especialmente a Jeremy Renner, uno de los grandes descubrimientos del cine de acción de los últimos años, que ha completado una temporada brutal de creciente protagonismo con sus brillantes intervenciones en Protocolo fantasma (casi se come a Tom Cruise, jefe de pista del asunto) y Los Vengadores (donde no le perdió la cara al resto del amplio reparto convocado para la ocasión). Renner es un actor que me recuerda el estilo “cool” de Steve McQueen. Además aquí le acompaña una de las mujeres más atractivas del cine de nuestros días, Rachel Weistz, que no ha hecho más que crecer y madurar como actriz desde su simpático pero tópico papel de la heroína de las dos primeras entregas de La momia y a estas alturas de su carrera cuenta con títulos suficientes en su filmografía como para ser tomada muy en serio como intérprete, además de haberle sacado un impresionante partido de atractivo físico con la madurez. Completando el trío nos encontramos a uno de los rebeldes de Hollywood, un enorme actor, grande de verdad, en mi opinión el legítimo heredero de Robert De Niro, sino le hubieran puesto encima la etiqueta de conflictivo, cuando quizá su gran pecado es ser un tipo perfeccionista y exigente: Edward Norton. Un tipo que aparece corriendo por una calle, mira a cámara y ya se ha metido al público en el bolsillo construyendo el 90 por ciento de su personaje sólo con esa mirada. Y la mirada se la lanza a un veterano de los que también llena el plano sólo con aparecer y abrir la boca: Stacy Keach. Quienes se empeñan en recordarle sólo por aquella entretenida serie de televisión en la que interpretó una de las versiones más macarras del muy macarra detective Mike Hammer, creado por Mickey Spillane, deberían tener en cuenta que también ha protagonizado joyas como Fat City, de John Huston, o Forajidos de leyenda, de Walter Hill, y eso por citar sólo dos de las más destacadas contribuciones a su filmografía, donde no puede faltar tampoco su anterior encuentro con Edward Norton interpretando a un líder nazi oportunista y francamente siniestro en American History X. A estas aportaciones se añaden en clave de cameo para unir esta película al resto de la saga y darle continuidad a la trama las de algunos de los co-protagonistas de la trilogía de Bourne, Joan Allen, David Strathairn y Scott Glenn.

El director saca el máximo partido a ese reparto de lujo, sólido y solvente como pocos, manteniendo la forma de narrar de la cámara en movimiento y los planos muy cercanos en las escenas de diálogo, trabajando las escenas de interiores con notable dinamismo y desarrollando un estilo que consigue una perfecta comunión entre el fondo y la forma. Citaré sólo un par de ejemplos para no alargar esta crítica más de lo necesario o desvelar algún spoiler que pueda reventarle la intriga a los lectores.

El primero precede a una de las escenas de más tensión, una tensión que llega precedida por un plano muy significativo en el que el personaje de Rachel Weisz baja por una escalera cuya espiral provoca vértigo, descendiendo hacia el caos en el que va a convertirse su vida.

La otra está algo más adelante, hacia la mitad de la película, en un punto de inflexión clave de la trama, Gilroy nos muestra a los Renner y Weistz desdoblados en cuatro figuras frente a un espejo. Es un momento en el que él le dice a ella que no puede llamar a nadie por teléfono. Es el momento de ruptura definitiva con la vida que ella conoce hasta ese momento. Y la manera elegida por el guionista y director para mostrar ese punto de inflexión, con esas dos figuras que se desdoblan, como una metáfora visual sobre el cambio de identidad, es un detalle que evidencia la coherencia y el cuidado con el que se ha concebido toda la película, y una gran solvencia de la misma a la hora de hacer que el guión escrito cobre vida visualmente en la pantalla.

Y no olvidemos que la pérdida de identidad es uno de los temas centrales de toda la franquicia que aquí se asocia también en el personaje de Weisz al tema de la responsabilidad sobre los propios actos, especialmente en el caso de los avances científicos, y tanto en el caso del personaje de Weisz como en el de Norton, al tema del autoengaño. La doctora se engaña diciéndose que ella sólo es una científica y ella y el personaje de Norton se engañan diciéndose que están justificados por su patriotismo

Otra cosa que me gusta de la película es su manera de desarrollar toda la trama de intriga primando la claridad y la fluidez en la exposición, sin por ello renunciar a recursos como el flashback que ayudan a explicar los vínculos previos establecidos entre sí por los tres personajes principales incorporando fogonazos narrativos de su pasado. Ello contribuye a darle mayor solidez, verosimilitud y complejidad a toda la trama.

El legado de Bourne sustituye el protagonismo más claro de Matt Damon en la trilogía anterior por un astuto protagonismo compartido. Así convierte al espectador al mismo tiempo en perseguidor y perseguido, adaptando a esta trama de acción y espionaje la fórmula de verdugo y víctima que hace funcionar el cine de terror. Asistimos tanto a los intentos de cazar al agente fugado y desmantelar a base de asesinatos toda la estructura de la conspiración que lleva a cabo el personaje de Norton con su equipo de analistas y al mismo tiempo somos partícipes de la peripecia de los fugitivos. Además me parece que en esta ocasión el personaje de la acompañante femenina es más sólido que el de las féminas de la trilogía anterior, básicamente porque introduce esa componente de responsabilidad, culpa y autoengaño de la que he hablado anteriormente.

Miguel Juan Payán

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Crítica de la película MS1: Máxima seguridad.

Entretenimiento garantizado. Acción, policíaco y ciencia ficción con fugas carcelarias y sentido del humor. De 8 sobre 10. Amor a primera vista. En serio. Empieza la película dando leña, en plan Luc Besson, en plan Traffic, en plan: “relájese, señor espectador, vamos a entretenerlo durante más o menos hora y media”, y luego de repente me veo metido en un interrogatorio con Guy Pearce en plan macarra, como si hubiera estudiado en la escuela de Vin Diesel o Jason Statham, pero con un máster en Shakespeare, porque el de Memento y L.A. Confidential a estas alturas como actor no tiene que demostrar absolutamente nada. Y a unos cinco minutos de proyección me las prometo tan felices como si de repente hubiera entrado en un bar de copas y me hubiera tirado los tejos una rubia tipo Charlize Theron, pero encima de mi altura (vamos que ni he tenido que currarme el cansino rollete del cortejo ni tendré que subirme a una escalera para poder hablar con ella: muy gozoso). Luego volvemos atrás para completar la escena de acción con la que arranca la película, un juego de flashback con mucha flexibilidad que se convierte en trepidante persecución, algo de videojuego y con notable protagonismo del ordenador, todo hay que decirlo, y a los cinco minutos de película soy un espectador feliz, pero inquieto. Inquieto porque la clave después de un principio tan cañero siempre es la misma: ¿van a ser capaces de mantener el interés y no defraudar en lo que sigue? Me acuerdo de películas tan distintas como Demolition Man o Gladiator, con arranques curiosos y frenazo posterior camino de un desenlace pelín flojeras, y esa felicidad inicial se convierte en inquietante tensión con la culminación de la estación del metro y frente a la pregunta: y ahora, ¿qué? Ustedes me entenderán, sin duda, porque les debe haber pasado lo mismo muchas otras veces, con rubias, morenas, castañas y con muchas películas. Pero, amigos, entonces aparece Lennie James, el agente secreto con familia y bomba de la maltratada serie Jericó, al que también vimos en el primer capítulo de The Walking Dead interpretando a Morgan, y con Guy Pearce y Peter Stormare, ya es mucha munición de talento interpretativo metida en el asunto. Y el asunto es en su arranque una fórmula que sigue jugando al flashback con flexible y muy televisiva (no telefílmica, no se confundan, esto es un elogio, no un reproche) agilidad. Así que empiezo a relajarme, porque muy mal se les tiene que dar para no ser capaces de mantenerme atrapado en el anzuelo cual pececillo confiado que se ha enganchado a la intriga que el están contando, que tiene su puntito de cine policíaco neonoir (pero sin llegar a imitar Blade Runner, eso habría sido fatal) y mantiene la regla básica para que este tipo de ejercicios de hibridación funcionen: si vas a mezclar géneros, que domine uno claramente –en el caso de Blade Runner era el cine negro, en éste caso que nos ocupa es el policíaco de intriga con trama de espionaje- y deja que la ciencia ficción oficie como envoltorio solvente para introducir giros inesperados derivados del medioambiente en el que se desarrolla la historia sin que ésta pierda su verdadera naturaleza y personalidad. Por ejemplo ese toque sobre las reformas arquitectónicas incorporadas al despacho oval, que traen a esta película un lejano eco del espíritu de fantasía futurista en torno a personajes presidenciales de la clásica 1997: rescate en Nueva York de John Carpenter, que fácilmente se intuye como una de las fuentes de inspiración de los creadores de este largometraje: cambien la ciudad de Nueva York por una prisión situada en una plataforma orbital y ya tenemos el remake no declarado en el horno. Más resumido: que la película no cambie de género a mitad de su metraje, que se mantenga en el género elegido en principio, que éste nunca pierda terreno frente al otro género presente en la trama, en este caso la ciencia ficción… Vamos que los artífices de MS1: Máxima seguridad se han aprendido muy bien la lección de cruce genérico de Ridley Scott en Alien y Blade Runner, y para redondear el asunto han hecho un seminario viendo Atmósfera cero para que no les pase lo mismo que a Demolition Man: que de repente la historia policíaca quedaba en anécdota o pretexto para juguetear con la ciencia ficción. ¿Qué a qué viene ahora citar Atmósfera Cero, de Peter Hyams? Pues verán ustedes, es que ésta, como aquélla, no sólo maneja el policíaco y la ciencia ficción, dos géneros, sino que añade otra pelota en el airem, otro género, puesta allí por ese funambulista que es el director y productor parisino Luc Besson, co-guionista y autor del argumento. Y eso es lo mismo que hizo en su momento Peter Hyams en Atmósfera cero, jugar con tres géneros: policíaco, ciencia ficción y finalmente western, porque su película se desenvolvía en la parte final como una especie de variante futurista de Solo ante el peligro, aquella de Gary Cooper, el reloj y los pistoleros que vienen a ajustarle las cuentas dirigida por Fred Zinnemann en 1952. MS1: Máxima seguridad ocurre algo parecido. Los dos géneros del principio se convierten rápidamente en tres: policíaco, ciencia ficción y, para rizar el rizo, película de cárceles, con fuga incluida. De manera que la película me ha ganado por su forma de presentar la historia, de poner las cartas sobre la mesa con una clara y ágil voluntad de entretenimiento. Alguno podrá reprocharle que es una variante de 1997: rescate en Nueva York, que el Snow de Guy Pearce es una actualización del Plissken el Serpiente de Kurt Russell en aquella otra, pero lo importante no es tanto la coincidencia argumental, que es más guiño que homenaje de Besson a la película de Carpenter (el mismo tipo de guiño que la revelación final del nombre de pila del protagonista, tomada de Cobra… o ese plano final en plan Casablanca…), sino que estamos ante una película diferente que está narrada visualmente de forma distinta, pero con gran eficacia, y que además consigue construir su trama por un camino distinto, tomando de la película de Carpenter el punto de arranque argumental pero edificando luego según su propia fórmula de mayor solidez para los antagonistas, los presos fugados. Y por lo que se refiere a los dos protagonistas, Guy Pearce y Maggie Grace, tienen a su favor lo que, según expliqué la semana pasada en mis comentarios sobre Blancanieves y la leyenda del cazador, no tuvieron Kristen Stewart y Chris Hemsworth: humor. Guerra de sexos. Química. Mucho más divertido para el espectador. En cada momento en que la trama llega a un punto en el que podría estancarse, han encontrado la manera de reactivarla, añadiendo algo más, hasta llevarnos a un final de acción más trepidante que el principio. Así que se evaporan los fantasmas de Demolition Man y Gladiator, con un final de acciones en paralelo y acción que es un colofón equilibrado con el arranque. Sin defraudar las expectativas creadas. La película tiene incluso la coherencia de no quedarse simplemente en el final de acción, sino que vuelve por el camino en el que comenzó la trama, regresa a la intriga, que queda así como género dominante en la trama, vuelve al tema del maletín, e incluso nos reserva una sorpresa, un último giro. Y, por favor, que nadie se me ponga puntilloso con la viabilidad científica de algunas cosas que se narran, porque esto es un producto de diversión y evasión de primera clase, no un documental del National Geographic sobre prisiones en el espacio. Recuperen su brújula y entiendan qué tipo de película estamos viendo. Todas las licencias están permitidas por motivos dramáticos siempre que se mantenga la coherencia en el interior del relato y nos entretengan.

Miguel Juan Payán

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Crítica de la película Blancanieves y la leyenda del cazador

Blancanieves y la leyenda del cazador, entretenida aventura con Charlize Theron como lo mejor, ritmo desigual y algo larga. Poniendo toda la carne en el asador en lo referido a despliegue visual y efectos especiales, acercándose al terror en algunos planos, jugando con las claves del cuento con cierta flexibilidad y originalidad, y contando como mejor aliada con un gran trabajo interpretativo de Charlize Theron, esta nueva versión cañera y guerrera de Blancanieves da una visión del asunto no revolucionariamente innovadora, pero si suficientemente competente como para entretenernos con competencia durante la mayor parte de su metraje. Tiene a su favor un arranque interesante, que engancha, con Theron echándose la película sobre sus bellas espaldas como una especie de variable brujeril de la Cersei Lannister de Juego de Tronos, y tirando para arriba con el asunto sin problemas, totalmente eficaz en su encarnación de la mala de la historia, que a ratos parece haber estudiado en la academia del lado oscuro de la fuerza del Emperador Palpatine de Star Wars y en otros momentos recuerda a la vampiresca condesa Bathory que buscaba la juventud consumiendo la sangre de jóvenes doncellas.

Terrorífica y bella hasta hacer que sea totalmente absurda la pregunta al espejo, porque la más guapa de toda la película es ella, sin duda, Theron es el plato fuerte de este largometraje que además en su primera parte funciona bastante bien como película de evasión convirtiéndose en una historia de fuga y persecución donde Kristen Stewart sigue poniendo algunas carillas que recuerdan en principio a la Bella de la saga Crepúsculo pero finalmente consiguen encontrar una personalidad propia para su versión guerrera de Blancanieves, y Chris Hemsworth interpretando un personaje que recuerda mucho al de Val Kilmer en Willow, pero con menos sentido del humor.

Es una lástima que ese arranque y esa primera hora de metraje, como digo bastante completa en lo referido a entretenernos, empiecen a perder ritmo en el momento en que se produce el inevitable encuentro con los enanos, que no obstante son un excelente trabajo de efectos visuales sobre actores reales, en una línea que anticipa lo que se va a hacer con los enanos de El Hobbit. La entrada en el Santuario que sigue al paso por el Bosque Oscuro, mucho más interesante, se pierde en un paisaje de colorines como si de repente tuvieran que rendir pleitesía a la versión Disney del mismo asunto y, para mi sorpresa, se produce un innecesario frenazo en el ritmo de la narración que con la aparición del ciervo me ha sacado totalmente de la película. A parte de que el ciervo me recuerde mucho algunos bichejos míticos de la filmografía del maestro de dibujos animados japonés Hayao Miyazaki, concretamente La princesa Monoke, me ha recordado también al león Aslan de El león, la bruja y el armario, y si a eso añadimos la entrada en funciones del príncipe como una especie de Robin Hood y el desenlace con Blancanieves convertida en algo así como una especie de Juana de Arco, el puzzle de referencias se hace ya notar en demasía quitándole protagonismo e identidad propia al tema central.

He echado también de menos el sentido del humor. No tiene. Ni una gota. Todo es trágico, siniestro, serio, y finalmente épico… Pero de humor nada de nada. Eso perjudica la creación de una química más directa, estilo guerra de sexos, entre el cazador y Blancanieves, algo que habría beneficiado un desarrollo más dinámico de la historia evitando la caída de ritmo que he mencionado antes. En lugar de eso, se plantea un extraño requiebro a la versión original del relato con el beso del príncipe que merced a un juego de miradas entre Blancanieves y el cazador deja en el aire en plan intriga si hay rollito o no entre ellos y haciéndome sospechar que se les ha pasado por la cabeza facturarse una secuela si el rendimiento en taquilla de ésta les convence.

En la manera de desenvolverse visualmente camino de su desenlace la película no duda en tirar de un recurso algo manido, el plano aéreo y paisajístico, buscando una especie de tono épico heredado de El señor de los anillos, con varios planos que recuerdan los paseos por la Tierra Media de la Hermandad del Anillo. Menos mal que consigue levantar otra vez el vuelo en la parte final, proponiéndonos el enfrentamiento definitivo entre la heroína y la villana, en una fase de la historia en la que ya ha quedado muy lejos el relato original y parece abrirse paso a otro tipo de historia que, si ustedes me lo permiten, me hace sospechar que caso de haber una secuela podría ser, con relativa facilidad, más interesante que esta primera película.

Porque el problema con Blancanieves u otro cualquier cuento infantil es que, nos gusten o no, nos los conocemos del derecho y del revés, lo cual reduce la posibilidad de sorprender, por novedosa que sea la versión.

He de reconocer que han sabido darle una personalidad propia a esta versión, proporcionándonos además numerosos momentos de acción trepidante y la oportunidad de ver a una Charlize Theron en plenitud, pero por otra parte creo que se les ha ido un poco de tiempo, me sobra el desvarío ecológicofestivo del ciervo, las hadas y la tortuga florero, y alguien debería decirle a Kristen Stewart que está mucho más guapa en cámara cerrando los labios en lugar de tener la boca abierta continuamente como si siguiera esperando que Edward Cullen venga a hacerle una visita. A la escena en de la muerte posterior a morder la manzana me remito.

Resumiendo: moderadamente entretenida, más aún en su trepidante primera parte que en la segunda, con un trío de cazador, Blancanieves y príncipe al que creo que podrían haberle sacado más jugo en el guión, porque los actores cumplen, si bien la parte del león en lo referido a lucimiento se la lleva Charlize Theron.

Miguel Juan Payán

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Crítica de la película Safe

Safe es una recomendable cita con el cine de acción total. Un Jason Statham en plena forma no defrauda a sus seguidores. Imaginen la película Gloria de John Cassavetes (e intenten olvidar la versión con Charito Stones que dirigió Sidney Lumet, hecho inexplicable), pero cruzada con un cómic de Punishser, el justiciero urbano con la calavera en el pecho de los cómics de la Marvel. De hecho, me atrevería a decir que en algunos momentos Safe es mejor versión de las viñetas de Punisher que cualquiera de las tres películas sobre ese personaje que se han rodado hasta el momento, aunque no se base directamente en el mismo… Dar cera, pulir cera. Esa es la consigna que sigue Jason Statham en su filmografía, y le va de maravilla. Le va de maravilla a él y a sus seguidores, aficionados al cine de acción puro y duro, sin contemplaciones ni componendas, sin “mensajes” ni vainas. Lo que ocurre es que, al contrario de lo que puedan pensar muchos “iluminados gafapastas”, el hecho de que muchos seamos aficionados a pasarlo bien el cine y a hacer algo tan sencillos como evadirnos viendo películas de acción no significa que nos tengamos que tragar cualquier cosa con puñetazos, patadas y apretamiento de gatillos que nos pongan delante del hocico. Queremos acción de calidad, bien escrita, bien construida. Nos gustan las tramas de intriga coherentes, sin agujeros en el guión, sin repeticiones tontas, sin rolletes eróticofestivos metidos con calzador. Y por supuesto no nos gusta la acción por la acción, porque además eso es aburrido, a menos que pongas de tu parte unos botellines de cerveza para poder echarte unas risas con lo absurdo de algunas situaciones que te escupe la pantalla y acabes viendo Cobra, el brazo fuerte de la ley con la carcajada puesta durante toda la proyección. El arrollador éxito en la taquilla de Los Vengadores ha reivindicado una vez más la pertinencia del cine como entretenimiento y producto de ocio y evasión, poniendo otra vez las cosas en su sitio y demostrando que lo que lleva a la gente a las salas no es simplemente una película con mucho dinero dentro, sino una película con mucho dinero dentro bien parida. El público de hoy no es tonto, aunque algunos críticos se empeñen en tratarlo como tal. Muchos, la mayoría, van (vamos) al cine la mayor parte de las veces esencialmente a evadirnos y no a angustiarnos. No queremos encontrar el sentido de la vida o repasarnos los conceptos del amigo Kierkegaard mientras vemos la película. Y sospecho que nos importa poco que luego haya por ahí sueltos algunos fundamentalistas de la intelectualidad partidarios de disciplinarnos a todos como a niños díscolos como si se hubieran formado para ejercer la crítica cinematográfica bajo las consignas del fallecido líder cinéfilo norcoreano Kim Jong Il. Así las cosas me parece un momento excelente para disfrutar de la última propuesta que nos hace ese repartidor de tortas y evasión cinematográfica que es Jason Statham, al que por dedicarse esencialmente a protagonizar películas de acción tantos sobrados de la crítica ningunean y miran por encima del hombro, olvidando que el hombre se dedica a lo suyo, no pretende recitar a Shakespeare (como si hiciera Arnold Schwarzegenner en sus tiempos, en El último gran héroe, parodiándose, o mejor dicho, parodiando su propia imagen cinematográfica y los palos que le metían los críticos a su trabajo ante las cámaras). En Safe, Statham no se autoparodia, simplemente se limita a hacer su trabajo. Un gran trabajo. Un trabajo del mismo tipo del que realizaba John Wayne cuando aparecía con su sombrero, su revólver, su rifle y su caballo en cualquier película del oeste. O como el que hacía Jean-Paul Belmondo, que después de ser estrella de la Nouvelle Vague con Godard se pasó al bando de los maestros del entretenimiento y la evasión, convirtiéndose en una de las grandes estrellas del acción del cine europeo. Statham demuestra en Safe lo mismo que ya había demostrado en otras de sus películas recientes, que está hecho de la pasta de un Charles Bronson o un Belmondo para replanteado para el cine de nuestros días. Vale, no es un Lee Marvin o un Jack Palance, no es un Robert Mitchum o un Steve McQueen, pero en su propia liga es imbatible, y con todos mis respetos para los seguidores de Bruce Willis, me cae más simpático que el de la Jungla de Cristal. Ya está, ya lo he dicho. Ahora pueden empezar a disparar sus tomates, que los esquivaré intentando moverme como Neo delante de las balas en Matrix, aunque con la tripa cervecera lo voy a tener un poco fastidiado. Se hará lo que se pueda. Volviendo a Safe, el primer acierto es dividir el protagonismo de la trama en dos personajes, comenzando la historia con la niña perseguida, lo que propicia un planteamiento argumental más interesante, ya que será la niña, y no el personaje de Statham, el que nos meta en esa fábula de guerra de bandas. Además han tenido mucho cuidado de no caer en más tópicos de los estrictamente necesarios, y te tragas, cuela, es verosímil y no chirría, la relación que se establece entre la niña y su protector, al menos durante la mayor parte de la película. La reunión y asociación del personaje d de la niña, que conduce la historia en su principio, con el personaje de su protector, Statham, es fluida, coherente, perfectamente asumible sin despertar en principio el escepticismo del espectador. Es una lástima que en un momento determinado del relato, los guionistas hayan decidido darle al protagonista una nueva identidad, montando una trama sobre su pasado que nos resulta menos creíble que todo lo anterior y nos saca de la película. Un error tolerable por lo bien que funciona el asunto como espectáculo de acción hasta ese momento. Creo que en la parte final del guión les han faltado agallas para tirar la historia por el camino que habían emprendido en principio, con todas las consecuencias. No era necesario explicar “más” el personaje de Luke, ni buscar esa especie de giro o sorpresa innecesaria en el relato, que me suena a virguería inspirada por las estrategias y libros de guión escritos desde las escuelas, más que desde el día a día de la narración cinematográfica. Eso de que hay que justificar todo, cuando de partida te están poniendo delante de las narices a un pavo que con las manos desnudas se lleva por delante a tres o cuatro tíos armados y con pinta de armario de dos puertas. La suspensión de la credibilidad y la complicidad del público era ya total en la primera parte del relato, no era necesario adornar la fábula para explicar nada. De hecho, el personaje de Statham deja de ser creíble precisamente cuando se empeñan en “explicárnoslo” y justificar su capacidad de supervivencia y su habilidad para dar cera y pulir cera. Afortunadamente, al final lo arreglan con dos detalles: el asalto al casino estilo Grupo salvaje y el desenlace del combate final entre protagonista antagonista, presentado de manera muy astuta como una especie de eco de planificación y planteamiento visual del cine de acción ochentero más ramplón, en plan duelo singular… pero solventado con astucia y sorpresa que además estrecha el vínculo entre el personaje de la niña y su protector. Después de eso: ¡quiero ver la secuela! Me gustaría ver cómo se desenvuelven estos dos personajes en el futuro que les espera.

Miguel Juan Payán

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Tras la anterior entrada del blog, dedicado al cine de artes marciales español, esta vez tenemos el placer de entrevistar a Steven Dasz,co-protagonista junto a su hermano Andrew de “Stunt Games”. Tras participar en numerosos proyectos en busca de su Camino, todo apunta a que su lucha en pos de un sueño va dando sus frutos, dando pasos pequeños y seguros.Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. ¿Cuándo comenzaste a practicar artes marciales, y por qué? Comencé a los 10 años. Mi padre, viendo que tenía mucha energía y no sabía contralarla nos sugirió a mí y a mi hermano comenzar a practicar algún Arte Marcial.  El gimnasio más cercano era a dos bloques de casa, donde dictaban clases de Tae Kwon Do. ¿Y tu afición al cine?

Yo diría que si no existiera el cine de artes marciales, algo faltaría en mi vida…Todavía recuerdo cuando vi por primera vez Enter the Dragon en súper 8mm, debería tener unos 4 o 5 años. Luego conocería a Chuck Norris y muchos otros. Hasta llegar a los actores Asiáticos, como Sammo Hung, Yuen Biao y Jackie Chan.

¿Cómo llegasteis a España y con qué objetivos? Siendo mi padre Español, realize la ciudadanía Europea. Y como tenia familiares lejanos viaje por primera vez a Benalmádena (Málaga) en el 2002. Donde viví un tiempo, pero como soy de ciudades grandes, me fui a Madrid en el 2003. Mi primer objetivo era  realizar un curso de especialista de cine, también comencé a tomar clases de interpretación con Adan Black (Actors Studio).  Finalmente decidí ir a USA donde tome clases de Lucha Escénica con Reuben Langdon y Kerry Wong quienes tenían experiencia  en producciones de Hollywood y Hong Kong. 4. Cuéntanos tus comienzos y andanzas en el mundo del cine a través de cortos, programas de televisión y el salto a producciones en Hong Kong o India. Mi primer corto lo rodé en Madrid en un fin de semana de Enero del 2004 con 0 grados de 00 a 5am. (The Contact). Luego en el 2005 volví a Málaga, donde realice un corto introduciendo a mi hermano Andrew. (Evolución).  También en la misma ciudad rodé un Spot Tv (Soloptical).  Mi primer trabajo como Coreógrafo de Cine lo hice en USA, en una producción de clase B (Float). También trabaje en un infocomercial (TAE BO) y un corto que se proyecto en el Egyptian Teather en Hollywood road (The New Guy). Volviendo a Madrid realize un docu-reality (Menuda Decisión), fui invitado a participar en ¿Que Apostamos? (2008)   y  en los famosos Show Records Guinnes (emitido en Italia), también estuve en un programa que seguro escucharon hablar (Hombres, Mujeres y Viceversa). Sobre (Stunt Games 2010), en realidad comenzó en 2005, cuando trabaje en el corto (Mujer de Luna),Patada viendo el profesionalismo del director David Xarach. Le comente sobre rodar juntos, la idea se hizo realidad en 2007. Cuando luego de estar en Tenerife, realizando un casting con mi hermano. Fuimos a Las Palmas de Gran Canarias y rodamos un teaser/trailer previo a la filmación. La mayor parte de la película está hecha en Las Palmas de GC y una parte en Madrid en el 2009. Luego viaje a Hong Kong, donde comencé a trabajar en producciones locales e internacionales (Medallion of Kung Fu, The Viral Factor, Chinese Zodiac), (Seven arivue) entre otras… ¿Con qué actores has trabajado? He trabajado con el creador del Tae Bo Billy Blanks, con Gordon Liu en (Medallion of Kung Fu), También estuve con las estrellas de India, Surya Sivakumar y Shruti Haasan (7 Aum Arivu). Recientemente, trabaje como reportero en el último film de Jackie Chan (Chinese Zodiac), dirigida por el mismo. Una de mis mejores experiencias. Aunque no hubo nada de acción y/o artes marciales. ¿Y con cuales te gustaría trabajar? Sin dudas, volver a trabajar con Jackie y cualquiera de los actores asiáticos del momento, Donnie Yuen, Sammo Hung, Jet Li, etc. Tras trabajar con estrellas asiáticas, ¿qué podrías decirnos de trabajar con Gordon Liu,      Nicholas Tse, Jay Chou, Wong Jin, Jackie Chan....? Tanto con Gordon como con Jackie, me sentí cómodo a la hora de rodar, será por que son practicantes de Kung Fu? A Jay y Nicholas, los considero actores de papel, son cantantes y no tienen nada de héroes  de acción. Con Wong, cuando lo vi, recordé que había trabajado en innumerables películas de los 80 8. ¿Algúna anécdota de estos rodajes? Con Gordon en The Medallion of Kung Fu, el papel fue ofrecido a mi hermano, pero como el no tenía previsto viajar a Hong Kong, yo decidí hacerlo. Estuve 6 semanas, para rodar 3 días. Recuerdo que en la primer entrevista con el Director me quede dormido y llegue tarde, por el Jet Lag. También hubo cambio de planes a la hora de rodar unas escenas de pelea con un actor Frances en un bar, donde realice la coreografía. Siendo Gordon Liu la estrella del proyecto, no podía haber una escena de pelea más larga o espectacular que la que el realizara conmigo, así que fue reducida a unos cuantos movimientos.

Con Nicholas y Jay, no tuvimos intercambio de palabras. Solo nos disparamos en una escena de la película The Viral Factor. Que por extrañas circunstancias, deletaron algunos planos míos. Estuve 14 días en Jordania, para rodar solo 4, y finalmente salir en cámara unos pocos segundos. Así es el cine... Recuerdo que un día, después de esperar todo el día para rodar y ya cambiándome para irme. Veo a un stunt vestido igual a mí. Por seguro, iba a doblarme, así que lo seguí hasta el plato y me pare al lado de él, esperando indicaciones. Aunque todos hablaban en cantones. Sabía lo que iban a hacer, y no pensaba dejar a "Mi doble" rodar la escena. Así que se hizo a un lado y rodé la acción. Con Jackie, todo fue diferente. Después de dirigirme en unas escenas y verlo trabajar es más interesante de lo que creía. El es el Actor, Director y lo que muy pocos saben, hace de Extra. Justamente, cuando mi hermano rodo su parte hablada en español. El mismo Jackie se puso una gorra, una mochila y se paseo por la escena como si fuera un extra. Steven Dasz y Billy BlanksSteven Dasz y Gordon Liu¿Ves diferencias entre rodar en Hong Kong, Thailandia o India? Siempre es diferente, trabajes donde trabajes. Por otro lado, Hong Kong o Thailandia tiene más significado e importancia para mí, porque sigo de cerca sus producciones y conozco a sus realizadores.
10. ¿Qué impresiones te dieron todas estas estrellas, tanto actores, como directores o coreógrafos?
Steven Dasz y Yuen WahRecuerdo a Gordon Liu hablando con los actores y gente de producción, su manera de ser amigable, pero a la vez no dejaba de ser un maestro de Kung fu. Jackie, siempre será Jackie. Pasan los años, pero él sigue haciendo cine con las mismas ganas que cuando comenzó. Espero volver a trabajar con él, solo el destino lo sabe...

11. ¿Prefieres la parte de actor, la de especialista, coreógrafo….? Primero te comento, que no soy especialista. No me prendo fuego y no me tiro de edificios. Como especialista trabaje en Tarragona en un Stunt Show (Fort Frenzee) pero no mucho más. Sí, me considero Coreógrafo de Acción o Especialista en Lucha Escénica. Lo que más me interesa es ser Actor de Acción, aunque todavía me queda un largo camino… y:Calibri">12. ¿Piensas establecerte definitivamente en Asia? Por supuesto, estoy establecido en Asia… Hong Kong es mi hogar Cada vez que viajo fuera, extraño sus costumbres y su gente. También he estado en Macao, Shanghái, Beijing y Bangkok. ¿Qué opinas del cine de artes marciales actual? En Asia no paran de innovar, en China se ruedan superproducciones estilo Hollywood. Thailandia es el sitio del momento. Y en Indonesia se ha comenzado a rodar largometrajes de artes marciales/ acción. Sobre producciones americanas veo demasiado SGI, aunque hace poco se estreno Haywire. Un interesante trabajo que muestra unas escenas de peleas muy reales. ¿Y del papel de la mujer en este subgénero cinematográfico? Justamente en Haywire, la protagonista es Gina Carano, peleadora de Muay Thai y MMA (Artes Marciales Mixtas). Yo creo que las mujeres, tienen una buena ventaja. No hay tantas mujeres que sepan pelear, y menos que lo hagan delante de la cámara. A nivel marcial, ¿cómo es tu entrenamiento diario?Katana 02 Intento entrenar todos los días, a veces hago excepciones. Realizo entrenamiento básico de Boxeo, estiramientos y trabajo de patadas estilo Tae Kwon Do. 16. ¿Cómo es intentar ganarse la vida en el cine de artes marciales en España y en otras ciudades del mundo? Yo creo que si hubiera decidido hacer dinero como primer objetivo, seria robador de bancos. En España, la cultura es otra y todo lo que tenga que ver con algo ajeno, esta visto como extraño-o. Por lo menos esa es mi experiencia. En otras partes del mundo, como en USA es más aceptado y existen ejemplos de Actores de que viven de ello. Aunque hay mucha competencia. En Hong Kong, no hay convenio de actores, es tierra de nadie. A veces llegas a trabajar por casi nada y otras cobrar algo aceptable. También trabajo como entrenador personal y modelo de fotos. Eso me da libertad para hacer castings y/o moverme a otras ciudades. 17. ¿Cuál es tu objetivo dentro del mundo del cine? Existen diversos actores y diversos estilos de mostrar la acción. Yo busco mi lugar y tener un estilo característico. Cuéntanos la gestación y desarrollo de “Stunt Games” y cómo ha logrado la financiación y distribución en un mercado como el nuestro. Stunt Games, antes de llegar a ser una película comercial. Lo primero que tuvo es trabajo humano. El Director, yo y muchos otros que se fueron sumando al proyecto, intentamos hacer lo mejor que pudimos. Hubo empresas locales que ayudaron con el catering, otras con vestuario, etc… Luego de terminada y debido a su promoción en festivales y difusión en internet, una productora se intereso en comercializarla. Personalmente, creo que el resultado se puede mejorar. Habrá que esperar a la 2 parte… 19. ¿”Stunt Games” va a salir de España? Stunt Games, ya salió de España. Con mi hermano y yo que no paramos de movernos de ciudades como NYC, Toronto, Beijing, Shanghai y Bangkok (Aunque estamos establecidos en Hong Kong) Y David el director que hace unas semanas se estableció en Los Ángeles. No dudo que Stunt Games, abrirá nuevas puertas y oportunidades a sus realizadores. ¿Algún nuevo proyecto con el equipo de “Stunt Games”? Si por supuesto, está en fase de borrador Stunt Games 2. Personalmente, cometí algunos fallos en la primera, y aprendí de ello. Si ruedo la 2 parte, estaré preparado para no cometer los mismos errores.

Stunt Games Portada

Por último, quería agradecer a ti, al Director y a todo el equipo de la revista ACCION por el trabajo que hacéis y la oportunidad de brindarme la entrevista. Y si los lectores quieren saber más información sobre mí, pueden buscarme en el siguiente link http://www.imdb.com/name/nm2531116/

Muchas gracias.

Portfolio (Photos)
http://www.modelmayhem.com/stevendasz

Facebook &
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FIGHT CHOREOGRAPHERS GROUP (FCG)
Acting Stunt - Fight Choreographer & Coach
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http://www.youtube.com/watch?v=KBrTtp3_crA&feature=BFa

http://www.youtube.com/watch?v=DNDiEJCoZqw

http://www.tudou.com/programs/view/4oAQ6D7ZMRk/

http://www.tudou.com/programs/view/8A5WSTmz-N8/

Crítica de la película Battleship

Battleship es como un tráiler de hazañas bélicas de dos horas y pico con arrollador despliegue visual estilo Transformers.

Somos muchos los que nos preguntábamos cómo demonios iban a poder organizar algún argumento en torno al juego de los barquitos que practicábamos con desigual fortuna siendo chavales, armados únicamente con un lápiz y una hoja cuadriculada, generalmente en el momento más soporífero de la clase de matemáticas (seamos sinceros: ¡que levante la mano el que haya tenido un profe de matemáticas que le hiciera amar esa interesante asignatura y le damos un pin al más suertudo del planeta!). Luego, claro, suspendíamos las matemáticas. Mi asignatura más odiada. Así me va en lo económico… Pero esa es otra historia. Volviendo a Battleship y el juego de los barquitos, si todo se hubiera quedado en un papel cuadriculado y un lápiz y los barquitos repartidos estratégicamente, la cosa no habría dado para una película. Pero si incorporamos a la fórmula a la firma juguetera Hasbro la cosa cambia. Porque Hasbro parece empeñada en aprovechar la ocasión y sus líneas de juguetes para abrirse paso en la industria del cine y ponerse tras la pista de la editorial Marvel y su explotación de sus personajes de cómic. El desembarco de la juguetera en la pantalla grande tuvo sus dos primeras cabezas de playa con Transformers y G.I. Joe, y ahora hasta su versión del juego de los barquitos de toda la vida, que en las tiendas de juguetes españolas creo recordar que se bautizó como Hundir la flota, o algo por el estilo, es su tercera andanada de juguete transformado en ficción cinematográfica.

Así que sí: se puede escribir un guión para una película sobre el juego de los barquitos, y el resultado es Battleship, una película larga que pasa de las dos horas y que a pesar de algunos momentos ciertamente chirriantes, se me ha hecho más corta de lo previsto. Incluso me ha convencido más que las dos primeras entregas de Transformers. Quizá porque aquí no hay robots gigantes transformándose en camiones y furgonetas varias (¿había un robot transformado en carricoche de helados en alguna o lo he imaginado en mis pesadillas sobre el particular?). O quizá porque tiene muchos elementos de la ciencia ficción militarista que me gusta leer de vez en cuando sobre personajes como Miles Vorkosigan, protagonista de las novelas de Lois McMaster Bujold, la heroína de la space opera Honor Harrington, de las novelas de David Weber, el capitán John Black Jack Geary de la saga La flota perdida, de Jack Campbell, o el guardiamarina Seafort de las novelas de David Feintuch… entre otras.

Digo esto para que quede claro que la fórmula de ciencia ficción militarista aplicada al argumento de Battleship no despierta rechazo alguno en quien esto escribe. Antes al contrario: el militarismo aplicado a la ciencia ficción no me molesta en absoluto, de hecho creo que forma parte de una curiosa manera de exorcizar miedos y fantasmas político sociales que aquejan a la sociedad norteamericana de nuestros días, así que me ofrece la oportunidad de ver plasmados en pantalla todas esas cuestiones y de paso entretenerme con algunos momentos de acción. Por otra parte militarismo había, y mucho, en el ciclo de la caballería de John Ford, y no por eso pone nadie en cuestión joyas del cine como Fort Apache, La legión invencible o Misión de audaces. De hecho la última entrega de Star Trek dirigida por J.J. Abrams tenía también algunos elementos de ciencia ficción militarista muy claros que vuelven a aparecer en Battleship, como el protagonismo del joven alocado pero líder nato que encuentra su “camino” y la manera de honrar a su familia ejerciendo como héroe en el seno del ejército, que se convierte en su otra “familia” (el concepto de ejército y familia está en John Ford repetido hasta la saciedad). Que de ese modo el alocado del principio se convierta en un hombre ponderado, equilibrado y respetable me parece más de ciencia ficción que la hipótesis de una invasión extraterrestre, pero eso es otro asunto.

De manera que, insisto, el militarismo de película de reclutamiento más bien descarada, así estilo Top Gun u Oficial y caballero que luce Battleship, ya saben: prota gamberrete y alocado encuentra churri macizorra y se pone el uniforme para conseguirla, no me molesta en exceso, quizá porque siempre me río mucho viendo a Clint Eastwood en El sargento de hierro, no me trago nada de lo que me cuentan este tipo de fórmulas argumentales y para su tranquilidad les aseguro que por muchas películas bélicas de propaganda que haya visto y mucha churri macizorra que me incluyan en la ecuación nunca se me ha pasado por la cabeza apuntarme a la Legión Extranjera o similar. Mi escepticismo me lo impide. No cuela. No me lo trago. Y como afortunadamente a mi familia la tengo en casa, no tengo que ir a buscar sucedáneos en un cuartel.

Dicho todo lo anterior, la verdad es que Battleship tiene momentos muy entretenidos y alguna que otra aportación que me ha divertido mucho, como esas ruedas alienígenas de metal destripadoras de todo lo que pillan a su paso (no me vendrían mal un par de esos bichos para abrirme paso en las procelosas aguas de la vida cotidiana), o esa manera de traducir al cine con los destructores proyectiles extraterrestres la fórmula de letra y número -D4… tocado… D5, D6,D7… ¡hundido!- que tanto nos divertían siendo chavales (lo confieso: me encantaba el juego de los barquitos, aunque pase de lo militarista olímpicamente).

Lo que no aguanto de la película, quizá porque no soy norteamericano, sino español, por la gracia de Dios, es ese descaro en meter la propaganda patriótica en el argumento poniendo en riesgo la propia credibilidad de la historia, algo que nunca hizo John Ford, algo que Clint Eastwood supo revestir de autoparodia y sentido del humor en El sargento de hierro, algo que en las novelas de ciencia ficción militarista más logradas suele estar convenientemente revestido de una tajante profilaxis en lo que a identificación de los personajes con un país concreto real y actual se refiere. Porque, miren ustedes, héroes con y sin uniforme los hay en todas partes y debajo de cada bandera que ondee al viento, tenga barras y estrellas o colores en rojo y gualda, como la bandera española, por poner un ejemplo. Pero ese panfleto de resurrección del acorazado USS Missouri y sus veteranos, derrapando entre las olas como la motocicleta del Motorista Fantasma para salvar el mundo a los acordes de una banda sonora en la que brillan, como no podía ser menos, las aportaciones de AC/DC, se me ha hecho particularmente difícil de tragar. Igual si fuera norteamericano lo vería de otro modo, pero ya digo: soy español, por la gracia de Dios. Y no cuela el alarde patriotero y la entrega de medallas a los veteranos. Así que vale: es entretenido ver cómo los alienígenas vuelven a invadir otra vez el planeta y los norteamericanos salvan por enésima vez el mundo, pero el guión es demasiado obvio como producto de reclutamiento y el desarrollo de personajes es mínimo, esquemático. Eso por no hablar de que podrían haber sacado mayor y mejor partido a los invasores propiamente dichos, en lugar de encelarse tanto con el despliegue visual dedicado a sus máquinas –imagino que lo han hecho movidos por la necesidad de replicar la fórmula de la saga Transformers que tanta pasta ha dejado en la taquilla-, además de no aprovechar la presencia de Liam Neeson en el reparto. Battleship es como un largo tráiler de dos horas y pico, trepidante, visualmente entretenido, brillante en sus efectos visuales, pero que no llega a cobrar entidad sólida como película, desplegándose sólo como un espectáculo de acción continua. Eso sí: aviso que hay una secuencia final después de unos largos títulos de crédito.  


Miguel Juan Payán

 

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Crítica de la película Infierno blanco

Una poderosa película que devuelve el cine de aventuras a la cartelera con un inmenso Liam Neeson.

Salí del cine con ganas de meterme otra vez a verla desde el principio. No digo más. Eso sí, un aviso importante: hay que tragarse unos largos títulos de crédito hasta el final para ver la verdadera última escena de la película.

El arranque con un plano protagonizado por la naturaleza llenando la pantalla seguido en la secuencia siguiente por la industrializada imagen de la planta en la que trabaja el protagonista pone sobre la pantalla desde el primer momento la claves de naturaleza contra civilización que caracterizan al género más cinematográfico que quepa imaginar, el western, dando una pista respecto al tono épico, mítico, que va a servirle al director para desarrollar esta muestra ejemplar de relato de aventuras y supervivencia servida además por uno de los actores que puede presumir de ser capaz de ejercer como heredero de las grandes estrellas del género de épocas anteriores. Liam Neeson es lo más próximo a John Wayne, James Stewart o Henry Fonda que tenemos en nuestros días, así que esperemos que nos dure mucho tiempo, porque esa materia prima no abunda entre los actores de actuales.

No es la primera vez que se aplica el título de Infierno blanco a una película de aventuras y superviencia. Hay que recordar que como El infierno blanco (con artículo delante) llegó a las pantallas españolas y más recientemente al mercado del DVD una peripecia protagonizada por John Wayne y dirigida por William A. Wellman en 1953 que no tiene nada que ver con la que en este artículo nos ocupa, pero que recomiendo igualmente porque es una excelente compañía para hacer programa doble con la protagonizada por Neeson.

Ambas películas comparten una misma mirada épica al tema de la superviviencia, si bien inevitablemente la que estrena el próximo viernes Joe Carnahan en la cartelera española incluye a unos personajes que lo son todo en el desarrollo de su trama: los lobos. A ratos, se diría que estamos viendo un fragmento de Tiburón cambiando el escualo por los canis lupus, porque en cierto momento la película deja de lado un posible desarrollo de la trama en clave de odisea de supervivencia tipo Viven, Camino a la libertad, Bajo cero o Hasta donde los pies me lleven, para decantarse por un desarrollo de persecución y caza en el que los supervivientes de un accidente aéreo astutamente narrado en todo momento desde el punto de vista del protagonista,  tienen que convertirse prácticamente en una manada de lobos para enfrentarse a unos depredadores cuyo territorio de caza han invadido sin proponérselo.

Neeson clava el papel de líder de esa manada humana integrada por el habitualmente variopinto grupo de individuos que tienen sus enfrentamientos y en algunos momentos son, cierto es, presas del tópico, pero se le pueden perdonar esos momentos previsibles del pasado y las ensoñaciones de los personajes porque están cuidadosamente insertados en flashback en la narración y consiguen no romper el ritmo de la aventura propiamente dicha. Se le puede perdonar también que esa supuesta sorpresa final sobre el motivo que llevó al personaje de Neeson a separarse de su esposa no sea tanta sorpresa porque lo veíamos venir de lejos. Se le pueden perdonar ambas cosas porque están respaldadas por otro flashback, el del protagonista en la infancia, con su padre, y por esa poesía que marca y hace crecer el tono épico de la lucha del personaje de Neeson contra los lobos: “De nuevo en la lucha/el último gran combate que yo conoceré/Vivir y morir en este día/Vivir y morir en este día”

El tono de ese poema otorga a esta adaptación del relato Caminante fantasma de Ian Makenzie Jeffers, que ha escrito el guión junto con el propio director, un tinte épico que no es fácil ver en el cine en nuestro tiempo y que lamentablemente pocos actores pueden servir con solvencia, lo que me recuerda el papel de Ed Harris en Camino a la libertad, por ejemplo. El resultado es la mejor película dirigida hasta el momento por un director, Carnahan, que siempre me entretiene y me resulta convincente como dispensador de cine de evasión, pero hasta ahora nunca había conseguido incorporar en sus trabajos – Sangre, balas y gasolina, Narc, Ases calientes, El equipo A- ese giro final que consigue que una película nos deje con ganas de volver a entrar a verla otra vez. Con Infierno blanco, por lo menos en lo que a mí respecta, lo ha conseguido.

¿Por qué? En primer lugar por su gran capacidad para entretenerme con una trama que suele invitar a caer en el tópico, tanto en el tratamiento de los personajes como de las situaciones. De hecho, yo diría que es inevitable. Incluso el gran Robert Aldrich incurrió en algunas trampas, tópicos y estereotipos en una película que por otra parte me parece un buen ejemplo de cine de aventuras, El vuelo del Fénix, allá por 1965. No pasa nada por ello. La clave está en darle al espectador suficiente materia prima más o menos diferente o sorpresiva para que pueda tolerar esos lugares comunes casi inevitables, y Carnahan lo consigue haciendo de su película una astuta mezcla de cine de aventuras, historia de superviviencia y… ¡terror! Los ataques de los lobos permiten establecer una pauta de inquietud añadida a todo el relato,  que se convierte así en una historia de perseguidores y perseguidos en la que la belleza de los entornos naturales presente en todos y cada uno de los planos no consigue sobreponerse en protagonismo a la tensión que provoca esa carrera para huir de las dentelladas.

En segundo lugar, Infierno blanco incluye una de las escenas de muerte más inquietantes que hemos visto en los últimos meses en la pantalla. Me refiero a la que ocurre casi al principio de la odisea de supervivencia, dentro del refugio en el que se convierte el fuselaje del avión.

Finalmente, y temo que por tratarse de una muy entretenida película de aventuras esto que voy a comentar sea injustamente pasado por alto, Liam Neeson hace una composición ejemplar de su personaje en conflicto, y no me refiero tanto a las escenas de anuncio de perfume bajo la sábana con su esposa perdida, sino a esos primeros planos sobre su rostro, por ejemplo el que nos lo muestra bebiendo en el bar al principio, donde con una sola mirada perdida nos explica que su personaje lo ha perdido todo. Sospecho que el profundo dolor que aparece en los ojos de Neeson en esas secuencias nace desafortunadamente de su propia experiencia como viudo de Natasha Richardson, fallecida en un desafortunado accidente en marzo de 2009. Y esa mirada al abismo de la pérdida es lo que otorga mayor verosimilitud y consistencia a una historia que sin este enorme actor al frente sería sin duda algo menos interesante.
Por otra parte, ese final con un par de agallas hace aún más grande la película, y la convierte en una invitación a seguir luchando con uñas y dientes, algo muy esencial en estos desafortunados tiempos que vivimos.
Miguel Juan Payán

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