Tras la anterior entrada del blog, dedicado al cine de artes marciales español, esta vez tenemos el placer de entrevistar a Steven Dasz,co-protagonista junto a su hermano Andrew de “Stunt Games”. Tras participar en numerosos proyectos en busca de su Camino, todo apunta a que su lucha en pos de un sueño va dando sus frutos, dando pasos pequeños y seguros.Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. ¿Cuándo comenzaste a practicar artes marciales, y por qué? Comencé a los 10 años. Mi padre, viendo que tenía mucha energía y no sabía contralarla nos sugirió a mí y a mi hermano comenzar a practicar algún Arte Marcial.  El gimnasio más cercano era a dos bloques de casa, donde dictaban clases de Tae Kwon Do. ¿Y tu afición al cine?

Yo diría que si no existiera el cine de artes marciales, algo faltaría en mi vida…Todavía recuerdo cuando vi por primera vez Enter the Dragon en súper 8mm, debería tener unos 4 o 5 años. Luego conocería a Chuck Norris y muchos otros. Hasta llegar a los actores Asiáticos, como Sammo Hung, Yuen Biao y Jackie Chan.

¿Cómo llegasteis a España y con qué objetivos? Siendo mi padre Español, realize la ciudadanía Europea. Y como tenia familiares lejanos viaje por primera vez a Benalmádena (Málaga) en el 2002. Donde viví un tiempo, pero como soy de ciudades grandes, me fui a Madrid en el 2003. Mi primer objetivo era  realizar un curso de especialista de cine, también comencé a tomar clases de interpretación con Adan Black (Actors Studio).  Finalmente decidí ir a USA donde tome clases de Lucha Escénica con Reuben Langdon y Kerry Wong quienes tenían experiencia  en producciones de Hollywood y Hong Kong. 4. Cuéntanos tus comienzos y andanzas en el mundo del cine a través de cortos, programas de televisión y el salto a producciones en Hong Kong o India. Mi primer corto lo rodé en Madrid en un fin de semana de Enero del 2004 con 0 grados de 00 a 5am. (The Contact). Luego en el 2005 volví a Málaga, donde realice un corto introduciendo a mi hermano Andrew. (Evolución).  También en la misma ciudad rodé un Spot Tv (Soloptical).  Mi primer trabajo como Coreógrafo de Cine lo hice en USA, en una producción de clase B (Float). También trabaje en un infocomercial (TAE BO) y un corto que se proyecto en el Egyptian Teather en Hollywood road (The New Guy). Volviendo a Madrid realize un docu-reality (Menuda Decisión), fui invitado a participar en ¿Que Apostamos? (2008)   y  en los famosos Show Records Guinnes (emitido en Italia), también estuve en un programa que seguro escucharon hablar (Hombres, Mujeres y Viceversa). Sobre (Stunt Games 2010), en realidad comenzó en 2005, cuando trabaje en el corto (Mujer de Luna),Patada viendo el profesionalismo del director David Xarach. Le comente sobre rodar juntos, la idea se hizo realidad en 2007. Cuando luego de estar en Tenerife, realizando un casting con mi hermano. Fuimos a Las Palmas de Gran Canarias y rodamos un teaser/trailer previo a la filmación. La mayor parte de la película está hecha en Las Palmas de GC y una parte en Madrid en el 2009. Luego viaje a Hong Kong, donde comencé a trabajar en producciones locales e internacionales (Medallion of Kung Fu, The Viral Factor, Chinese Zodiac), (Seven arivue) entre otras… ¿Con qué actores has trabajado? He trabajado con el creador del Tae Bo Billy Blanks, con Gordon Liu en (Medallion of Kung Fu), También estuve con las estrellas de India, Surya Sivakumar y Shruti Haasan (7 Aum Arivu). Recientemente, trabaje como reportero en el último film de Jackie Chan (Chinese Zodiac), dirigida por el mismo. Una de mis mejores experiencias. Aunque no hubo nada de acción y/o artes marciales. ¿Y con cuales te gustaría trabajar? Sin dudas, volver a trabajar con Jackie y cualquiera de los actores asiáticos del momento, Donnie Yuen, Sammo Hung, Jet Li, etc. Tras trabajar con estrellas asiáticas, ¿qué podrías decirnos de trabajar con Gordon Liu,      Nicholas Tse, Jay Chou, Wong Jin, Jackie Chan....? Tanto con Gordon como con Jackie, me sentí cómodo a la hora de rodar, será por que son practicantes de Kung Fu? A Jay y Nicholas, los considero actores de papel, son cantantes y no tienen nada de héroes  de acción. Con Wong, cuando lo vi, recordé que había trabajado en innumerables películas de los 80 8. ¿Algúna anécdota de estos rodajes? Con Gordon en The Medallion of Kung Fu, el papel fue ofrecido a mi hermano, pero como el no tenía previsto viajar a Hong Kong, yo decidí hacerlo. Estuve 6 semanas, para rodar 3 días. Recuerdo que en la primer entrevista con el Director me quede dormido y llegue tarde, por el Jet Lag. También hubo cambio de planes a la hora de rodar unas escenas de pelea con un actor Frances en un bar, donde realice la coreografía. Siendo Gordon Liu la estrella del proyecto, no podía haber una escena de pelea más larga o espectacular que la que el realizara conmigo, así que fue reducida a unos cuantos movimientos.

Con Nicholas y Jay, no tuvimos intercambio de palabras. Solo nos disparamos en una escena de la película The Viral Factor. Que por extrañas circunstancias, deletaron algunos planos míos. Estuve 14 días en Jordania, para rodar solo 4, y finalmente salir en cámara unos pocos segundos. Así es el cine... Recuerdo que un día, después de esperar todo el día para rodar y ya cambiándome para irme. Veo a un stunt vestido igual a mí. Por seguro, iba a doblarme, así que lo seguí hasta el plato y me pare al lado de él, esperando indicaciones. Aunque todos hablaban en cantones. Sabía lo que iban a hacer, y no pensaba dejar a "Mi doble" rodar la escena. Así que se hizo a un lado y rodé la acción. Con Jackie, todo fue diferente. Después de dirigirme en unas escenas y verlo trabajar es más interesante de lo que creía. El es el Actor, Director y lo que muy pocos saben, hace de Extra. Justamente, cuando mi hermano rodo su parte hablada en español. El mismo Jackie se puso una gorra, una mochila y se paseo por la escena como si fuera un extra. Steven Dasz y Billy Blanks Steven Dasz y Gordon Liu ¿Ves diferencias entre rodar en Hong Kong, Thailandia o India? Siempre es diferente, trabajes donde trabajes. Por otro lado, Hong Kong o Thailandia tiene más significado e importancia para mí, porque sigo de cerca sus producciones y conozco a sus realizadores.
10. ¿Qué impresiones te dieron todas estas estrellas, tanto actores, como directores o coreógrafos?
Steven Dasz y Yuen WahRecuerdo a Gordon Liu hablando con los actores y gente de producción, su manera de ser amigable, pero a la vez no dejaba de ser un maestro de Kung fu. Jackie, siempre será Jackie. Pasan los años, pero él sigue haciendo cine con las mismas ganas que cuando comenzó. Espero volver a trabajar con él, solo el destino lo sabe...

11. ¿Prefieres la parte de actor, la de especialista, coreógrafo….? Primero te comento, que no soy especialista. No me prendo fuego y no me tiro de edificios. Como especialista trabaje en Tarragona en un Stunt Show (Fort Frenzee) pero no mucho más. Sí, me considero Coreógrafo de Acción o Especialista en Lucha Escénica. Lo que más me interesa es ser Actor de Acción, aunque todavía me queda un largo camino… y:Calibri">12. ¿Piensas establecerte definitivamente en Asia? Por supuesto, estoy establecido en Asia… Hong Kong es mi hogar Cada vez que viajo fuera, extraño sus costumbres y su gente. También he estado en Macao, Shanghái, Beijing y Bangkok. ¿Qué opinas del cine de artes marciales actual? En Asia no paran de innovar, en China se ruedan superproducciones estilo Hollywood. Thailandia es el sitio del momento. Y en Indonesia se ha comenzado a rodar largometrajes de artes marciales/ acción. Sobre producciones americanas veo demasiado SGI, aunque hace poco se estreno Haywire. Un interesante trabajo que muestra unas escenas de peleas muy reales. ¿Y del papel de la mujer en este subgénero cinematográfico? Justamente en Haywire, la protagonista es Gina Carano, peleadora de Muay Thai y MMA (Artes Marciales Mixtas). Yo creo que las mujeres, tienen una buena ventaja. No hay tantas mujeres que sepan pelear, y menos que lo hagan delante de la cámara. A nivel marcial, ¿cómo es tu entrenamiento diario?Katana 02 Intento entrenar todos los días, a veces hago excepciones. Realizo entrenamiento básico de Boxeo, estiramientos y trabajo de patadas estilo Tae Kwon Do. 16. ¿Cómo es intentar ganarse la vida en el cine de artes marciales en España y en otras ciudades del mundo? Yo creo que si hubiera decidido hacer dinero como primer objetivo, seria robador de bancos. En España, la cultura es otra y todo lo que tenga que ver con algo ajeno, esta visto como extraño-o. Por lo menos esa es mi experiencia. En otras partes del mundo, como en USA es más aceptado y existen ejemplos de Actores de que viven de ello. Aunque hay mucha competencia. En Hong Kong, no hay convenio de actores, es tierra de nadie. A veces llegas a trabajar por casi nada y otras cobrar algo aceptable. También trabajo como entrenador personal y modelo de fotos. Eso me da libertad para hacer castings y/o moverme a otras ciudades. 17. ¿Cuál es tu objetivo dentro del mundo del cine? Existen diversos actores y diversos estilos de mostrar la acción. Yo busco mi lugar y tener un estilo característico. Cuéntanos la gestación y desarrollo de “Stunt Games” y cómo ha logrado la financiación y distribución en un mercado como el nuestro. Stunt Games, antes de llegar a ser una película comercial. Lo primero que tuvo es trabajo humano. El Director, yo y muchos otros que se fueron sumando al proyecto, intentamos hacer lo mejor que pudimos. Hubo empresas locales que ayudaron con el catering, otras con vestuario, etc… Luego de terminada y debido a su promoción en festivales y difusión en internet, una productora se intereso en comercializarla. Personalmente, creo que el resultado se puede mejorar. Habrá que esperar a la 2 parte… 19. ¿”Stunt Games” va a salir de España? Stunt Games, ya salió de España. Con mi hermano y yo que no paramos de movernos de ciudades como NYC, Toronto, Beijing, Shanghai y Bangkok (Aunque estamos establecidos en Hong Kong) Y David el director que hace unas semanas se estableció en Los Ángeles. No dudo que Stunt Games, abrirá nuevas puertas y oportunidades a sus realizadores. ¿Algún nuevo proyecto con el equipo de “Stunt Games”? Si por supuesto, está en fase de borrador Stunt Games 2. Personalmente, cometí algunos fallos en la primera, y aprendí de ello. Si ruedo la 2 parte, estaré preparado para no cometer los mismos errores.

Stunt Games Portada

Por último, quería agradecer a ti, al Director y a todo el equipo de la revista ACCION por el trabajo que hacéis y la oportunidad de brindarme la entrevista. Y si los lectores quieren saber más información sobre mí, pueden buscarme en el siguiente link http://www.imdb.com/name/nm2531116/

Muchas gracias.

Portfolio (Photos)
http://www.modelmayhem.com/stevendasz

Facebook &
Skype  steven dasz

FIGHT CHOREOGRAPHERS GROUP (FCG)
Acting Stunt - Fight Choreographer & Coach
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http://www.youtube.com/watch?v=KBrTtp3_crA&feature=BFa

http://www.youtube.com/watch?v=DNDiEJCoZqw

http://www.tudou.com/programs/view/4oAQ6D7ZMRk/

http://www.tudou.com/programs/view/8A5WSTmz-N8/

Crítica de la película Battleship

Battleship es como un tráiler de hazañas bélicas de dos horas y pico con arrollador despliegue visual estilo Transformers.

Somos muchos los que nos preguntábamos cómo demonios iban a poder organizar algún argumento en torno al juego de los barquitos que practicábamos con desigual fortuna siendo chavales, armados únicamente con un lápiz y una hoja cuadriculada, generalmente en el momento más soporífero de la clase de matemáticas (seamos sinceros: ¡que levante la mano el que haya tenido un profe de matemáticas que le hiciera amar esa interesante asignatura y le damos un pin al más suertudo del planeta!). Luego, claro, suspendíamos las matemáticas. Mi asignatura más odiada. Así me va en lo económico… Pero esa es otra historia. Volviendo a Battleship y el juego de los barquitos, si todo se hubiera quedado en un papel cuadriculado y un lápiz y los barquitos repartidos estratégicamente, la cosa no habría dado para una película. Pero si incorporamos a la fórmula a la firma juguetera Hasbro la cosa cambia. Porque Hasbro parece empeñada en aprovechar la ocasión y sus líneas de juguetes para abrirse paso en la industria del cine y ponerse tras la pista de la editorial Marvel y su explotación de sus personajes de cómic. El desembarco de la juguetera en la pantalla grande tuvo sus dos primeras cabezas de playa con Transformers y G.I. Joe, y ahora hasta su versión del juego de los barquitos de toda la vida, que en las tiendas de juguetes españolas creo recordar que se bautizó como Hundir la flota, o algo por el estilo, es su tercera andanada de juguete transformado en ficción cinematográfica.

Así que sí: se puede escribir un guión para una película sobre el juego de los barquitos, y el resultado es Battleship, una película larga que pasa de las dos horas y que a pesar de algunos momentos ciertamente chirriantes, se me ha hecho más corta de lo previsto. Incluso me ha convencido más que las dos primeras entregas de Transformers. Quizá porque aquí no hay robots gigantes transformándose en camiones y furgonetas varias (¿había un robot transformado en carricoche de helados en alguna o lo he imaginado en mis pesadillas sobre el particular?). O quizá porque tiene muchos elementos de la ciencia ficción militarista que me gusta leer de vez en cuando sobre personajes como Miles Vorkosigan, protagonista de las novelas de Lois McMaster Bujold, la heroína de la space opera Honor Harrington, de las novelas de David Weber, el capitán John Black Jack Geary de la saga La flota perdida, de Jack Campbell, o el guardiamarina Seafort de las novelas de David Feintuch… entre otras.

Digo esto para que quede claro que la fórmula de ciencia ficción militarista aplicada al argumento de Battleship no despierta rechazo alguno en quien esto escribe. Antes al contrario: el militarismo aplicado a la ciencia ficción no me molesta en absoluto, de hecho creo que forma parte de una curiosa manera de exorcizar miedos y fantasmas político sociales que aquejan a la sociedad norteamericana de nuestros días, así que me ofrece la oportunidad de ver plasmados en pantalla todas esas cuestiones y de paso entretenerme con algunos momentos de acción. Por otra parte militarismo había, y mucho, en el ciclo de la caballería de John Ford, y no por eso pone nadie en cuestión joyas del cine como Fort Apache, La legión invencible o Misión de audaces. De hecho la última entrega de Star Trek dirigida por J.J. Abrams tenía también algunos elementos de ciencia ficción militarista muy claros que vuelven a aparecer en Battleship, como el protagonismo del joven alocado pero líder nato que encuentra su “camino” y la manera de honrar a su familia ejerciendo como héroe en el seno del ejército, que se convierte en su otra “familia” (el concepto de ejército y familia está en John Ford repetido hasta la saciedad). Que de ese modo el alocado del principio se convierta en un hombre ponderado, equilibrado y respetable me parece más de ciencia ficción que la hipótesis de una invasión extraterrestre, pero eso es otro asunto.

De manera que, insisto, el militarismo de película de reclutamiento más bien descarada, así estilo Top Gun u Oficial y caballero que luce Battleship, ya saben: prota gamberrete y alocado encuentra churri macizorra y se pone el uniforme para conseguirla, no me molesta en exceso, quizá porque siempre me río mucho viendo a Clint Eastwood en El sargento de hierro, no me trago nada de lo que me cuentan este tipo de fórmulas argumentales y para su tranquilidad les aseguro que por muchas películas bélicas de propaganda que haya visto y mucha churri macizorra que me incluyan en la ecuación nunca se me ha pasado por la cabeza apuntarme a la Legión Extranjera o similar. Mi escepticismo me lo impide. No cuela. No me lo trago. Y como afortunadamente a mi familia la tengo en casa, no tengo que ir a buscar sucedáneos en un cuartel.

Dicho todo lo anterior, la verdad es que Battleship tiene momentos muy entretenidos y alguna que otra aportación que me ha divertido mucho, como esas ruedas alienígenas de metal destripadoras de todo lo que pillan a su paso (no me vendrían mal un par de esos bichos para abrirme paso en las procelosas aguas de la vida cotidiana), o esa manera de traducir al cine con los destructores proyectiles extraterrestres la fórmula de letra y número -D4… tocado… D5, D6,D7… ¡hundido!- que tanto nos divertían siendo chavales (lo confieso: me encantaba el juego de los barquitos, aunque pase de lo militarista olímpicamente).

Lo que no aguanto de la película, quizá porque no soy norteamericano, sino español, por la gracia de Dios, es ese descaro en meter la propaganda patriótica en el argumento poniendo en riesgo la propia credibilidad de la historia, algo que nunca hizo John Ford, algo que Clint Eastwood supo revestir de autoparodia y sentido del humor en El sargento de hierro, algo que en las novelas de ciencia ficción militarista más logradas suele estar convenientemente revestido de una tajante profilaxis en lo que a identificación de los personajes con un país concreto real y actual se refiere. Porque, miren ustedes, héroes con y sin uniforme los hay en todas partes y debajo de cada bandera que ondee al viento, tenga barras y estrellas o colores en rojo y gualda, como la bandera española, por poner un ejemplo. Pero ese panfleto de resurrección del acorazado USS Missouri y sus veteranos, derrapando entre las olas como la motocicleta del Motorista Fantasma para salvar el mundo a los acordes de una banda sonora en la que brillan, como no podía ser menos, las aportaciones de AC/DC, se me ha hecho particularmente difícil de tragar. Igual si fuera norteamericano lo vería de otro modo, pero ya digo: soy español, por la gracia de Dios. Y no cuela el alarde patriotero y la entrega de medallas a los veteranos. Así que vale: es entretenido ver cómo los alienígenas vuelven a invadir otra vez el planeta y los norteamericanos salvan por enésima vez el mundo, pero el guión es demasiado obvio como producto de reclutamiento y el desarrollo de personajes es mínimo, esquemático. Eso por no hablar de que podrían haber sacado mayor y mejor partido a los invasores propiamente dichos, en lugar de encelarse tanto con el despliegue visual dedicado a sus máquinas –imagino que lo han hecho movidos por la necesidad de replicar la fórmula de la saga Transformers que tanta pasta ha dejado en la taquilla-, además de no aprovechar la presencia de Liam Neeson en el reparto. Battleship es como un largo tráiler de dos horas y pico, trepidante, visualmente entretenido, brillante en sus efectos visuales, pero que no llega a cobrar entidad sólida como película, desplegándose sólo como un espectáculo de acción continua. Eso sí: aviso que hay una secuencia final después de unos largos títulos de crédito.  


Miguel Juan Payán

 

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Crítica de la película Infierno blanco

Una poderosa película que devuelve el cine de aventuras a la cartelera con un inmenso Liam Neeson.

Salí del cine con ganas de meterme otra vez a verla desde el principio. No digo más. Eso sí, un aviso importante: hay que tragarse unos largos títulos de crédito hasta el final para ver la verdadera última escena de la película.

El arranque con un plano protagonizado por la naturaleza llenando la pantalla seguido en la secuencia siguiente por la industrializada imagen de la planta en la que trabaja el protagonista pone sobre la pantalla desde el primer momento la claves de naturaleza contra civilización que caracterizan al género más cinematográfico que quepa imaginar, el western, dando una pista respecto al tono épico, mítico, que va a servirle al director para desarrollar esta muestra ejemplar de relato de aventuras y supervivencia servida además por uno de los actores que puede presumir de ser capaz de ejercer como heredero de las grandes estrellas del género de épocas anteriores. Liam Neeson es lo más próximo a John Wayne, James Stewart o Henry Fonda que tenemos en nuestros días, así que esperemos que nos dure mucho tiempo, porque esa materia prima no abunda entre los actores de actuales.

No es la primera vez que se aplica el título de Infierno blanco a una película de aventuras y superviencia. Hay que recordar que como El infierno blanco (con artículo delante) llegó a las pantallas españolas y más recientemente al mercado del DVD una peripecia protagonizada por John Wayne y dirigida por William A. Wellman en 1953 que no tiene nada que ver con la que en este artículo nos ocupa, pero que recomiendo igualmente porque es una excelente compañía para hacer programa doble con la protagonizada por Neeson.

Ambas películas comparten una misma mirada épica al tema de la superviviencia, si bien inevitablemente la que estrena el próximo viernes Joe Carnahan en la cartelera española incluye a unos personajes que lo son todo en el desarrollo de su trama: los lobos. A ratos, se diría que estamos viendo un fragmento de Tiburón cambiando el escualo por los canis lupus, porque en cierto momento la película deja de lado un posible desarrollo de la trama en clave de odisea de supervivencia tipo Viven, Camino a la libertad, Bajo cero o Hasta donde los pies me lleven, para decantarse por un desarrollo de persecución y caza en el que los supervivientes de un accidente aéreo astutamente narrado en todo momento desde el punto de vista del protagonista,  tienen que convertirse prácticamente en una manada de lobos para enfrentarse a unos depredadores cuyo territorio de caza han invadido sin proponérselo.

Neeson clava el papel de líder de esa manada humana integrada por el habitualmente variopinto grupo de individuos que tienen sus enfrentamientos y en algunos momentos son, cierto es, presas del tópico, pero se le pueden perdonar esos momentos previsibles del pasado y las ensoñaciones de los personajes porque están cuidadosamente insertados en flashback en la narración y consiguen no romper el ritmo de la aventura propiamente dicha. Se le puede perdonar también que esa supuesta sorpresa final sobre el motivo que llevó al personaje de Neeson a separarse de su esposa no sea tanta sorpresa porque lo veíamos venir de lejos. Se le pueden perdonar ambas cosas porque están respaldadas por otro flashback, el del protagonista en la infancia, con su padre, y por esa poesía que marca y hace crecer el tono épico de la lucha del personaje de Neeson contra los lobos: “De nuevo en la lucha/el último gran combate que yo conoceré/Vivir y morir en este día/Vivir y morir en este día”

El tono de ese poema otorga a esta adaptación del relato Caminante fantasma de Ian Makenzie Jeffers, que ha escrito el guión junto con el propio director, un tinte épico que no es fácil ver en el cine en nuestro tiempo y que lamentablemente pocos actores pueden servir con solvencia, lo que me recuerda el papel de Ed Harris en Camino a la libertad, por ejemplo. El resultado es la mejor película dirigida hasta el momento por un director, Carnahan, que siempre me entretiene y me resulta convincente como dispensador de cine de evasión, pero hasta ahora nunca había conseguido incorporar en sus trabajos – Sangre, balas y gasolina, Narc, Ases calientes, El equipo A- ese giro final que consigue que una película nos deje con ganas de volver a entrar a verla otra vez. Con Infierno blanco, por lo menos en lo que a mí respecta, lo ha conseguido.

¿Por qué? En primer lugar por su gran capacidad para entretenerme con una trama que suele invitar a caer en el tópico, tanto en el tratamiento de los personajes como de las situaciones. De hecho, yo diría que es inevitable. Incluso el gran Robert Aldrich incurrió en algunas trampas, tópicos y estereotipos en una película que por otra parte me parece un buen ejemplo de cine de aventuras, El vuelo del Fénix, allá por 1965. No pasa nada por ello. La clave está en darle al espectador suficiente materia prima más o menos diferente o sorpresiva para que pueda tolerar esos lugares comunes casi inevitables, y Carnahan lo consigue haciendo de su película una astuta mezcla de cine de aventuras, historia de superviviencia y… ¡terror! Los ataques de los lobos permiten establecer una pauta de inquietud añadida a todo el relato,  que se convierte así en una historia de perseguidores y perseguidos en la que la belleza de los entornos naturales presente en todos y cada uno de los planos no consigue sobreponerse en protagonismo a la tensión que provoca esa carrera para huir de las dentelladas.

En segundo lugar, Infierno blanco incluye una de las escenas de muerte más inquietantes que hemos visto en los últimos meses en la pantalla. Me refiero a la que ocurre casi al principio de la odisea de supervivencia, dentro del refugio en el que se convierte el fuselaje del avión.

Finalmente, y temo que por tratarse de una muy entretenida película de aventuras esto que voy a comentar sea injustamente pasado por alto, Liam Neeson hace una composición ejemplar de su personaje en conflicto, y no me refiero tanto a las escenas de anuncio de perfume bajo la sábana con su esposa perdida, sino a esos primeros planos sobre su rostro, por ejemplo el que nos lo muestra bebiendo en el bar al principio, donde con una sola mirada perdida nos explica que su personaje lo ha perdido todo. Sospecho que el profundo dolor que aparece en los ojos de Neeson en esas secuencias nace desafortunadamente de su propia experiencia como viudo de Natasha Richardson, fallecida en un desafortunado accidente en marzo de 2009. Y esa mirada al abismo de la pérdida es lo que otorga mayor verosimilitud y consistencia a una historia que sin este enorme actor al frente sería sin duda algo menos interesante.
Por otra parte, ese final con un par de agallas hace aún más grande la película, y la convierte en una invitación a seguir luchando con uñas y dientes, algo muy esencial en estos desafortunados tiempos que vivimos.
Miguel Juan Payán

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Crítica de la película El Invitado

Cine de acción con nervio y dos grandes protagonistas, a veces pasado de revoluciones. El Invitado nos propone una curiosa mezcla dentro del género de acción más trepidante, que se degusta como un caramelo debido a la escasez que tenemos últimamente dentro del género y más si es de calidad. O con unos mínimos aceptables de calidad que demuestren que no nos toman por tontos. En este caso tenemos lo que podría considerarse una buddy movie, dos tipos contra el mundo y contra ellos mismos, pero pasado por el tamiz de la daga Bourne, que es sin duda el referente del cine de acción de mayor peso en la actualidad. Aquí se aprovecha todo de la saga de Matt Damon, desde la estética y la imagen a la narración. Con dispares resultados, eso sí.

Pero es cierto que el aficionado al cine de acción lleva un tiempo algo abandonado por las productoras. Me refiero al cine de acción más “clásico”, no a productos derivados que caen en la acción, como Sherlock Holmes o Misión Imposible. Una película del estilo de las mencionadas de Jason Bourne, o los últimos James Bond, La Jungla de Cristal… Cosas de esa terna. Nos lo ofrece El Invitado con una trama que implica a la CIA y un piso franco, su controlador, un invitado y un grupo de asesinos detrás de ambos. No conviene decir mucho más para que el público no vaya a la sala sabiendo demasiado. Aunque sus giros de guión sean algo toscos y previsibles.

Pero la película es como una descarga de adrenalina en vena. Ambientada en Sudáfrica, la textura con exceso de grano y demás de la que hablábamos antes, le sienta genial a la ciudad, que desde los pocos minutos se convierte en un laberinto de gente, asesinos, persecuciones y violencia, un territorio hostil del que nunca sabes de dónde puede venir el peligro (balas perdidas, coches que surgen de la nada o explotan sin previo aviso). Es una forma de darle realismo y tensión a la trama y funciona. No funcionan tan bien  las escenas de acción, montadas de esa forma que cuando se pelean dos tipos, no sabes qué demonios sucede en pantalla. Las persecuciones y tiroteos quedan mejor, pero las peleas… Cuenta pendiente de la película. Hay una en una barriada de chabolas, por la noche, que no sabes si está peleando Denzel Washington o se está apareando un león o están remodelando un piso. Cualquier opción podría ser.

Los actores principales se defienden solos con su nombre, lo mismo que los secundarios, aunque Denzel tiene un par de momentos que suele tener últimamente en sus películas en los que a su personaje, sin motivo aparente, se le va la pinza, empieza a hablar en plan jeroglífico. Reynolds ya ha demostrado con creces que es un gran actor (ojo a su primera muerte con sus propias manos), y estar acompañados de nombres como Brendan Gleeson, Vera Farmiga o Sam Shepard ayuda mucho. Aunque la presencia de Robert Patrick y Rubén Blades sea sólo testimonial, por desgracia.

Le falta algo de personalidad propia, de no mimetizar otras fuentes y ser una película por sí misma, pero supone un entretenimiento de lujo, más adulto de lo habitual, con un tono moral extraño hoy en día (los personajes amorales pagan sus deudas y esas cosas) y con mucha adrenalina y tensión.

Jesús Usero

Crítica de la película Cowboys and Aliens

Palomitera y veraniega total, Cowboys y Aliens lleva escrita su naturaleza en su título, no engaña, da lo que promete: uno de los ratos más entretenidos que he pasado en el cine este verano. En referencia a su mezcla de géneros, acierta a manejar los elementos de los dos géneros principales que la habitan, de manera que nunca deja de ser del todo un western para convertirse en película de ciencia ficción. Eso sí, es un western más cercano a las variantes practicadas sobre dicho género en los años sesenta y setenta que a la etapa clásica del mismo, con las películas del retorno de Clint Eastwood a Estados Unidos como modelo principal para el personaje encarnado por Daniel Craig. En lo referido al elemento de ciencia ficción, estamos ante una variante de las películas de invasiones más tradicionales, las que habitaron el cine de los años cincuenta en Estados Unidos, con algunos elementos de terror incorporados en las grutas alienígenas y un aroma de serie B con presupuesto de serie A.  De todo ello se traduce un digno entretenimiento que personalmente no me ha defraudado.

La mezcla es definitivamente la baza elegida por el cine comercial y de entretenimiento de nuestros días para llevar a cabo sus asaltos a la taquilla, y en ese sentido, desde su naturaleza de híbrido movido en según las claves de la sinergia entre varios géneros, Cowboys y Aliens funciona a distintos niveles genéricos. Eso podría despistar al espectador, pero no es el caso, porque la dosificación de elementos está muy clara desde el principio y sus artífices han sabido gestionar con notable coherencia y equilibrio los elementos que forman esta especie de puzzle genérico.  La claves es que domine un género concreto como guía esencial para no desorientar o confundir al espectador, y en este caso todo se construye sobre un andamio central  formado por el western. Desde ahí, con una presentación del personaje principal que es una aceptable actualización de las claves del género para los tiempos que corren, ayudada por el carisma de Daniel Craig, que en esta ocasión recuerda incluso más que en otras al gran Steve McQueen, la película va creciendo cuando tiene que crecer incorporando elementos que sin renunciar a ese punto de partida en el cine del oeste la llevan a convertirse en una peripecia con invasiones extraterrestres capaz de recordar las claves más atractivas de los más disparatados cómics de ciencia ficción, por ejemplo en la línea de algunas historias publicadas en la revista británica 2000 A.D. Dicho sea de paso, en una revista especializada en ciencia ficción británica he leído algún que otro chiste sobre qué va a ser lo próximo que nos proponga Hollywood, y entre las propuestas estaban soldados y dinosaurios, monos y robots, piratas y ninjas, vampiros y monjas y cavernícolas y astronautas. Cachondeo al margen, la revista 2000 A.D. publicó una serie de peripecias en viñetas que en mi opinión bien merecerían su correspondiente adaptación al cine en una línea similar a la que nos ha propuesto Cowboys y Aliens, Flesh, una historia de cowboys del futuro y dinosaurios bastante curiosa y visualmente muy jugosa. Dicho cómic estaba además inspirado por otro híbrido notable en el paisaje de la ciencia ficción cinematográfica que de algún modo podríamos decir es un antecedente de Cowboys y Aliens, Almas de metal (Westworld), dirigida por Michael Crichton en 1973 con Yul Brynner encarnando a un antecedente del Terminator de James Cameron en un parque de atracciones del futuro en el que los visitantes pueden viajar al mundo del oeste para medirse con pistoleros robóticos, lo que permite al director hacer una mezcla de géneros entre western y ciencia ficción bastante curiosa y en muchos aspectos antecedente de la que ahora nos propone Jon Favreau.

La otra mezcla que preside Cowboys y Aliens es de carácter industrial. Si argumentalmente sabe sacarle partido a la mezcla poniendo en pantalla un espectáculo de evasión bastante conseguido, que tampoco aspira a más, industrialmente es ejemplo perfecto de cómo los argumentos, personajes y situaciones más tradicionales de la serie B se aplican en el cine actual a presupuestos y repartos de serie A para dar a luz esa especie de monstruos de Frankenstein cinematográficos que domina en la cartelera de la era del blockbuster. Dicho ejercicio no siempre sale bien. De hecho la mayor parte de las veces deja bastante que desear y suele defraudar, pero creo que en esta ocasión el asunto ha quedado bastante aseado y la película sabe combinar sus elementos esenciales para que nuestra atención no decaiga durante un metraje largo que no lo parece, porque se hace corto. Ello se debe a la alternancia de su arranque como western con su posterior pincelada de invasión, seguida rápidamente de un planteamiento de aventuras con viaje en el que progresa desde el protagonismo único inicial a un protagonismo más coral que administra a su grupo de personajes con acierto. El acierto al que me refiero consiste en darle cancha a los personajes secundarios a través de breves pinceladas, escenas cortas, que van construyendo cierta personalidad para los mismos buscando que sean algo más que meros comparsas del trío principal formado por Craig, Harrison Ford y Olivia Wilde. Ocurre así en la relación breve pero eficaz que se establece entre el predicador y el cantinero, o entre el niño y Ford y también en la historia del indio adoptado por Dollarhyde.

Pero a pesar de haberme resultado entretenida, la película tiene también algunos defectos, al menos en opinión de quien esto escribe. Por ejemplo, nunca debes plantear una muerte de un personaje principal en un guión si no estás dispuesto a mantenerla hasta sus últimas consecuencias. Lo contrario será visto por el espectador, con lógica aplastante, como un retroceso, una bajada de pantalones, una forma de recular ante una situación extrema que tú mismo has creado. No voy a decir más sobre el particular, pero si aclaro que esa situación pone al límite la suspensión de credibilidad del espectador frente a la historia, restándole eficacia a la película a partir de ese momento, por haber introducido en la mezcla de géneros demasiado tarde una clave más de corte fantástico que de ciencia ficción traída por los pelos, que huele a deus ex machina y nos saca totalmente de la película.

En general el guion gestiona bien casi todos sus personajes secundarios, pero llegado un momento, tras la impactante presentación de Craig, parece no saber qué hacer con ese personaje principal inicialmente tan potente, que poco a poco queda convertido en mero boceto y es el que peor gestionan y menos crece de toda la trama. Los viajes a su pasado no son suficientemente interesantes como para sustentar el crecimiento del personaje y hacer que vaya a más. Si alguien ha visto la serie Fringe, por poner un ejemplo, entenderá que un buen ejercicio de introducción del pasado para hacer crecer los personajes lo tenemos allí en toda la historia de Walter y Walternativo. Además en ese caso se cumple un axioma esencial: haz crecer bien un personaje y harás crecer bien toda la trama. En este caso, el personaje de Craig se va frenando y acaba por ser menos de lo que podría haber sido. Gestionan además mal     la peripecia romántica. Desde ese punto de vista sale mejor parado el personaje de Harrison Ford,  aunque un poco más de coherencia con su presentación inicial, más oscura, y la permanencia de la misma en el resto de la aventura no habría estado mal. En cuanto al personaje de Olivia Wilde está mal aprovechado, se desdibuja entre una función de consorte de los papeles masculinos y crece demasiado tarde en la trama para engancharnos.

Finalmente creo que la película habría ganado mucho dándole mayor protagonismo al elemento extraterrestre, que ciertamente entra en escena arrolladoramente pero demasiado hacia el final. El ejercicio me recuerda nuevamente otra película en la que trabajaron mejor ese aspecto: la primera entrega de Depredador.

Dicho todo lo anterior, insisto: no me ha defraudado, aunque podría haber llegado a mucho más. Me convence sobre todo como entretenimiento y evasión y sobre todo por su gestión de la mezcla de géneros dándole al western el mayor protagonismo. Pero en lo referido a sus personajes, gestiona mejor los secundarios que los principales.

Miguel Juan Payán

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Crítica de la película Transformers, El Lado Oscuro de la Luna

A ver, con la mano en el corazón y la mayor honestidad posible, ¿cuántas veces hemos dicho que el cine de Michael Bay es malo? ¿Qué es un mal director o que sus películas no tienen guión y sólo son una acumulación de cuerpos Danone y explosiones? Más de uno y más de dos, creo. Ahora, siguiendo con la honestidad, ¿cuántas películas de Michael Bay no hemos ido a ver al cine? Desde Dos Policías Rebeldes a la saga Transformers sus películas son, con excepción de La Isla, algunos de los éxitos de taquilla más importantes de los últimos años. Y no, no estoy diciendo que eso las convierta en buenas películas, pero algo tendrá su cine cuando, pese a las críticas, sigue llenado salas de cine. Y lo seguirá haciendo.

Bay es el más listo de la clase. O de los más listos. Sabe lo que el público desea en una producción veraniega y se lo ofrece en cantidades industriales. Da lo que promete. Adrenalina, efectos visuales de última generación y un tipo de empatía con el espectador que convierte su cine en muchas ocasiones, en un placer culpable. Al menos a mí me sucede así. Su cine no es bueno (a excepción de La Roca), pero tiene algo que engancha. Como la comida basura. Pueden decirnos que las verduras son mucho más sanas, pero eso no implica que no sigamos cenando pizza de vez en cuando. Y que, sabiendo que no es buena ni saludable, encima la disfrutemos.

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Su última película, Transformers, El Lado Oscuro de la Luna, cumple con rigor con todos los preceptos del cine de Bay. Escaso desarrollo de guión o personajes, muchos efectos visuales y pirotecnia, esa épica de andar por casa tan habitual en sus películas y un reparto que mezcla actores consagrados con jóvenes de muy buen ver o prometedor futuro. Y mucha desvergüenza a la hora de mezclarlo todo en la pantalla. Pero también mucho saber y conocer al público. Es, sin lugar a dudas, la mejor entrega de la saga, la que tiene el argumento más trabajado (sin ser nada del otro mundo) y ofrece al personaje central de Sam Witwicki mayor desarrollo dramático. Es la que mejor dirigida está, seguramente para evitar marear con el 3D, así que hay mucha cámara lenta para que podamos ver cómo explotan los robots y media ciudad de Chicago sin perdernos detalle. Y cambia por completo el escenario de las dos entregas anteriores, con menos viaje por el mundo y sin un objeto que todos buscan y sólo Sam puede utilizar para salvar el día. Intenta cambiar de registro para ofrecer algo distinto a las otras dos películas y consigue uno de los espectáculos visuales más salvajes, brutales y geniales del año. Ojo, sólo como espectáculo visual, nada de guión o interpretación. No nos confundamos. Pero tampoco le hace falta y eso lo sabe el director a la perfección.

La hora final de proyección, con esa batalla que arrasa Chicago, con los buenos en inferioridad y con cientos de robots poblando el panorama, es una de las batallas más impactantes que se han rodado en los últimos años. Demencial, violenta, grandiosa y diferente a todo lo que hemos visto antes, en la saga y en la mayoría de películas que llegan a nuestras pantallas. Tiene momentos que son simplemente geniales por exceso, como ver a Optimus Prime arrasando enemigos a cámara lenta y en 3D, en un plano secuencia que te deja sin aliento y pidiendo más. De hecho, termina la película y uno acaba deseando ver más. Más de todo.

Cierto es que la película tarda un poco en arrancar y que a la hora y media de proyección se hace un pelín pesada de digerir. Marea demasiado la perdiz y uno no termina de cogerle el tranquillo a tanto ir y venir de personajes sin mucha enjundia ni rumbo. Pese a escenas de acción como la de Chernobil. Y cierto es que el guión y el director no se preocupan por presentar a los personajes de forma realista o creíble, pero no le hace falta, ni mucho menos. Todo eso lo suple Bay con mucha caradura y simpatía genuina. Si no me creen observen cómo es presentado el personaje de la nueva protagonista femenina y lo entenderán. Michael Bay es como un adolescente con las hormonas revolucionadas y quizá por ello el público, sobre todo el joven, sigue acudiendo en masa a ver sus películas.

Por cierto, hablando de Rosie Huntington-Whiteley , una mujer de bandera que alegrará las corneas de todo heterosapiens de pro, como diría mi compañero Miguel Juan Payán, pero que carece de algo que Megan Fox tiene, ese aire de animal de la pantalla que hipnotiza y hace que se te olvide cualquier otra cosa que haya en pantalla cuando ella está en el plano. Esta chica es preciosa, pero no es Megan Fox. El resto del reparto cumple con creces ante los pocos mimbres que se les da. Desde el siempre convincente Shia LaBeouf, líder indiscutible de la película, a un divertidísimo John Malkovich o un Ken Jeong que roba la película en los 10 minutos que aparece en pantalla. Todos ellos dan la impresión de que se lo están pasando en grande. Y se nota.

Además la película aprovecha que sus protagonistas no son humanos para ser ultraviolenta y casi gore, lo cual la hace aún más divertida. Eso sin contar con ese brillante e impresionante 3D que nos mete dentro de la película, sobre todo en el tramo final, y que hace que merezca la pena pagar un poco más por la entrada.

Antes de que despedacemos Transformers 3, seamos honestos y veamos a qué clase de película nos enfrentamos. Ni Bay es Christopher Nolan ni lo pretende. Sólo quiere que pasemos un rato a lo grande dejando el cerebro desconectado o en casa. Y lo consigue. De una forma incontestable. Y si alguien quiere ver algo con más enjundia o un guión impecable, quizá tendría que optar por ver la última de Woody Allen.

Los que vamos a ver Transformers sabemos a lo que venimos. Digo yo…

Jesús Usero

 

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Crítica de la película Micmacs

Muchas veces cuando me pongo a dar la brasa en estas líneas acerca de lo tarde que nos llegan muchas películas, el lector puede pensar que hablo sólo de la filmografía americana, que, no cabe ninguna duda, es la más importante y comercial del planeta. También es de cajón que muchas películas de todos los rincones del mundo se pierden y nunca llegan, sean de lugares tan lejanos como la India, Japón o China, o tan cercanos como Francia. Todo no puede llegar. No hay sitio y seguramente tampoco haya mercado. Pero también me refiero a películas importantes, de cierto peso y relevancia. Que la última película de Jean Pierre Jeunet llegue con dos años de retraso y encima de una forma tan limitada… Pues, qué quieren que les diga, los cinéfilos y seguidores de este director deben estar algo moscas.

Porque Jeunet no es un donnadie ni un cualquiera. En su haber tiene películas como La Ciudad de los Niños Perdidos, Delicatessen o Largo Domingo de Noviazgo, sin olvidarnos de la película que le ha convertido en un ídolo en medio mundo, Amelie, de la que hay seguidores por todos los rincones, y que debería garantizar una mayor proyección internacional de su cine, que además el buen hombre hace una película cada cuatro o cinco años. Y sí, Micmacs no arrasó precisamente en la taquilla gala, pero como para tener que esperar dos años para que llegue a España… Pues es demasiado tiempo. Repito, es el director de Amelie.

Y en un verano cargado de secuelas de todos los tipos y géneros, de cintas de animación que a veces son algo cansinas, de estrenos que repiten una y otra vez las mismas claves argumentales, narrativas y visuales, la película de Jeunet es un soplo de aire fresco, algo completamente diferente a lo que podemos ver en cartelera sin dejar de llevar el sello de su creador, una mirada distinta a una película que busca entretener y emocionar. Que busca que el espectador disfrute durante 100 minutos de proyección en este peculiar universo.

Digo que lleva el sello de su creador porque si se ha visto Amelie o Delicatessen, a los 5 minutos ya sabemos de quién es la película. Tiene una forma de narrar, de contar historias, personal, única e inconfundible. Su cine está plagado de referencias y claves que llevan de una de sus películas a otra. Antes he mencionado Amelie y Delicatessen porque ésta es un cruce entre ambas con un despliegue visual y de imaginería que ya quisieran para sí el 99% de las historias que nos llegan. Es poderoso y casi hipnótico, y cae en lugares comunes (ese ojo en la cerradura…) que son parte imprescindible de sus universos.

Unos universos que son uno en realidad y cuyos personajes son perfectamente extrapolables entre películas. Bazil, el protagonista de Micmacs, bien podría ser vecino de Amelie antes de su desgracia, y si apareciese alguien tocando el serrucho en esta película, a nadie le extrañaría. Sus personajes son cautivadores, bizarros, divertidos, irrepetibles… Incluso cuando se puso más serio y nos trajo la que, para mí, es su mejor película, Largo Domingo de Noviazgo, ciertas cosas permanecían como parte imprescindible de su cine, como la presencia de Dominique Pinon. Son señas de identidad. Son las cosas que hacen que todas sus películas (a excepción de Alien Resurrección), parezcan formar parte de un mismo engranaje.

Aquí la historia nos lleva a la vida de Bazil, un joven amante del cine que ve cómo su vida es destrozada en dos ocasiones por las armas. Primero cuando pierde a su padre por una mina personal, después ya de adulto, cuando una bala perdida se le aloja en el cráneo sin poder ser extraída, lo que puede matarle en cualquier momento. Y además le hace perder su casa y su trabajo, le lleva a la calle, donde conoce a un grupo de personas sin par y además se permite preparar una venganza contra los responsables de su tragedia. Los directivos de las dos empresas fabricantes de las armas que le han llevado a ser un vagabundo. Pero también a entender la vida de otra forma.

Todo ello está contado como una fábula, un cuento con moraleja que permite a los personajes participar en las más dispares aventuras y misiones, con un aire a caballo entre la serie de televisión Misión Imposible y Ocean’s Eleven. Pero como en todo cuento, los malos son malísimos y los buenos son buenísimos. No hay grises en este mundo.

Lo que hace realmente a la película una maravilla no sólo visual, son los personajes que la habitan. Esa gente como el hombre bala, el inventor, la contorsionista, la madre o el propio protagonista, encarnado por un encantador Dany Boon. Esos personajes son tan maravillosos que no dejan que salgamos de la película en ningún momento. La llegada a la casa de los vagabundos de Bazil, con los personajes presentándose y sus historias es simplemente magistral.

El humor es blanco, como si de una peli de Pixar se tratara (tiene algo de Toy Story), y efectivo, y sirve las historias secundarias con una economía de medios y un ritmo excelente (la historia de amor, el récord Guinness…), dejando a los protagonistas en la piel de adultos con corazón de niños, porque un cuento tiene que estar protagonizado por niños. Y si no, vean cómo reaccionan al sexo, con que humor y con unos ojos casi infantiles. Sin olvidar el hecho de que son huérfanos adoptados por una peculiar madre.

El caso es que siempre queremos saber más de ellos y de sus historias. Y sí, el tema de las armas como trama central es algo obvio y peca de moralina, como todos los cuentos. Y ya no cuenta con el factor sorpresa de las películas anteriores de Jeunet. Y quizá no es tan buena como ellas. No es una película perfecta. Pero si sumamos a todo eso el homenaje al músico Max Steiner, al cine clásico y su peculiar forma de entender la vida, tenemos una muy buena película. Diferente, fresca, única.

De esas que merece mucho la pena ir a ver.

Jesús Usero

 

 



Crítica de la película Hannah

Joe Wright es uno de los directores jóvenes británicos más interesantes que han surgido en los últimos años. Con menos de cuarenta años ha dirigido cuatro películas que se sostienen muy bien por sí mismas y que son bastante dispares entre sí. De la ambientación de época de Orgullo y Prejuicio al drama romántico con tintes de cine bélico de Expiación, pasando por el drama social de El Solista y terminando con un thriller como Hanna, todos ellos géneros dispares en principio, pero que en el fondo ocultan unas inquietudes similares y un interés por cierto tipo de historias centradas más en los personajes que en la historia misma que les rodea.

Como he dicho siempre resultan películas interesantes, incluso muy buenas alguna de ellas, donde Wright se destaca como un excelente director de actores y un buen narrador, que sabe componer los planos otorgándoles una fuerza y belleza muy particular (aquel plano secuencia de la playa en plena guerra en Expiación es difícil de olvidar), pero al final acaba por faltarle algo, como si tanto preocuparse por sus personajes le acabase haciendo perder el norte de hacia dónde quiere dirigir su película. Quizá sea cosa de los guiones, quizá sea el punto de madurez que le queda por alcanzar al realizador. El caso es que ninguna de sus películas terminan de ser productos redondos.

Algo similar le ocurre a Hanna, donde el director da un nuevo salto de género a un thriller de acción con una joven que es una asesina entrenada por su padre, un ex operativo de la CIA, que la tiene apartada del mundo hasta que decide enviarla en una misión, lo que la llevará por media Europa siendo perseguida y perseguidora a su vez, mientras descubre la verdad sobre su pasado. Sorprende que Wright se lance al ruedo del thriller y sorprende que la protagonista sea una joven asesina, que apenas ha llegado a la pubertad, pero que es más letal que el mejor de los soldados.

Todo el inicio de la película es una excelente presentación de personajes donde aprendemos a conocer y apreciar a su protagonista, con pocas palabras, con los intercambios de miradas entre padre e hija, con la vida extrema que llevan y con lo que aprende y cómo lo aprende la protagonista, con ese libro que contiene tanto saber pero tan pocas experiencias reales. Conmovedor el momento en la cabaña en la que la protagonista le pregunta a su padre por la música y ante la descripción de diccionario de él, ella le pide, casi con vergüenza, que lo que quiere es oír música. Sentirla. Algo que tendrá su peso a lo largo de la historia.

Es curioso cómo un thriller puede ganar muchos enteros cuando te dedicas a presentar a los personajes de forma real, interesante e intrigante, sin decirlo todo, pero dando a entender mucho. Tanto el guión, como el director parecen muy interesados en que entendamos a todos los personajes, sus motivaciones, su forma de actuar. Y para ello aprovecha el talento de un excelente reparto que se esfuerza por convertir a sus personajes en seres vivos. Saoirse Ronan es una de las mejores actrices juveniles que hemos visto en los últimos años, junto a nombres como Dakota Fanning, capaz de convertirse en víctima de un crimen, niña movida por los celos o asesina adolescente que descubre el mundo por primera vez pero que no es capaz de dejar atrás su pasado ni sus orígenes. Imprime un carisma excelente a sus personajes y Hanna, pese a que la hemos visto matar a un hombre con sus propias manos, es un personaje capaz de despertar la simpatía y el cariño del espectador.

A Eric Bana y Cate Blanchett no los vamos a descubrir aquí ahora, pero están magníficos, sobre todo ella dando dimensión a un personaje que bien podría haber sido un villano más lleno de tópicos y que es el personaje que menos cuida el guión, pese al tiempo que permanece en pantalla. También se agradece la labor de gente como Jason Flemyng u Olivia Williams, que redondean un elenco de actores que saben muy bien cómo cumplir con su trabajo y a los que el director mueve con elegancia e inteligencia.

Tampoco los aficionados a la acción tendrán muchos problemas para disfrutar de la película, porque las secuencias están perfectamente elaboradas y son de una brutalidad que deja muy buen sabor de boca, sobre todo cuando nos enfrentamos a tanta escena infantilizada o a tanto director que parece tener problemas por mantener un plano el tiempo suficiente de saber qué está sucediendo y quién golpea a quién. Eric Bana en el parking, Hanna en una peculiar sala o en un muelle de carga… Momentos memorables de cine de acción, en serio.

Pero que dejan ganas de más. El problema de Hanna es que en su bloque central aburre. Su divagar por la historia sin nada de contar, los momentos contemplativos como la escena del flamenco nocturno (por mucho que se vea a Hanna reaccionar a la música por primera vez) o el eterno viaje a través de Europa, pueden hacer que más de un espectador desconecte de una historia que se queda estancada por momentos y parece no avanzar hasta llegar al tercer acto, donde todo sucede demasiado deprisa, de improvisto, sin dejarnos saborear lo que llega y con un giro final que no sorprende absolutamente a nadie. Que un thriller se haga aburrido… es un problema.

Eso sin contar con una banda sonora de los Chemical Brothers que es muy buena, pero que está completamente fuera de lugar y no encaja en ninguna de las secuencias en las que aparece. No son grandes delitos de la película, todo sea dicho, sobre todo porque uno nunca llega a desconectar del todo de la misma, pero sí que son las cosas que hacen que la película no termine de ser redonda y pudiese ser mucho mejor de lo que es al final. Y que sigamos esperando esa película perfecta de Joe Wright.

Jesús Usero

 

Crítica de la película X-Men: Primera generación

Una  grata sorpresa que pone el cine de superhéroes de la Marvel en una nueva fase y como mínimo está a la altura de las dos primeras películas de la saga de X-Men dirigidas por Bryan Singer, si bien tengo que reconocer que personalmente me ha gustado más que aquellas, quizá porque la veo más “película” y menos “adaptación de personajes de cómic”. Los personajes originales son del cómic, pero aquí creo que Singer, que ha participado en la concepción de la trama oficiando también como productor, se ha sentido aún más libre para poner en pie una historia que puede presumir de ser cine más independiente de la fuente original, y adapta los personajes con menos lastres de fidelidad y complejos que sus versiones anteriores. Finalmente los personajes de la Marvel empiezan a entrar con esta película en una nueva fase de evolución cinematográfica similar a la que iniciaran los personajes de la DC Comics con Batman Begins… lo que significa que ahora están más cerca de conseguir su equivalente a El caballero oscuro.

A nivel personal me ha gustado mucho ese juego de recreación de los años sesenta, en el que se hacen notar pequeñas pinceladas de la primera saga de James Bond, con sus breves fragmentos de peripecias de espionaje protagonizadas por mutantes, sin renunciar a la parte más aventurera y de ciencia ficción que integran la saga de los mutantes tanto el cómic como en sus anteriores adaptaciones cinematográficas.

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Uno de los logros de la película es ese equilibrio para meter en el contenido de la trama de un solo largometraje temas como la venganza de Erik, el vínculo familiar que se establece entre Xavier y Mística, el reclutamiento de la primera agrupación de X-Men, Cerebro, y además presentando al Club Fuego Infernal con un Kevin Bacon ejemplar como villano, en un papel que le sitúa rápidamente entre los mejores villanos del cómic adaptado al cine desde que sale por primera vez en pantalla. Además de hacer transitable para todo tipo de público la incorporación de los mutantes a un suceso de tanta importancia para la historia del siglo XX como fue la crisis de los misiles cubanos, X-Men la primera generación tiene tiempo para plantear los conflictos a los que se ven sometidos los principales protagonistas de la trama. Por ejemplo asistimos al complejo de búsqueda de afecto de Mística y queda muy claro por qué en X-Men 1 nos la encontramos aliada con Magneto, y a base de breves pinceladas la vemos saltando de un intento de relación sentimental a otra entre tres de los personajes masculinos, sin que en ningún momento eso sirva de lastre para el resto del relato o el argumento de intriga y acción propiamente dicho. También asistimos al dilema que enfrenta la Bestia, además de la presentación de toda una nueva galería de personajes con superpoderes.

En ese proceso sólo podemos reprocharle a la película que no preste la misma atención al desarrollo de los villanos que al de los héroes, pero teniendo en cuenta el ritmo del relato y la duración del mismo, así como la enorme cantidad de información que incorpora para el espectador, además de su definitorio título (es la primera generación de los X-Men no de los miembros del Club Fuego Infernal), cabe entender que a la hora de plantear el guión y con gran astucia sus artífices hayan optado por confiar la parte del león de los villanos al gran talento de Kevin Bacon para poner a los “malos” del cómic de superhéroes que pasan del cine a la televisión en una nueva dimensión, personificando al temible Sebastian Shaw. Por otra parte el desenlace abre la puerta a un más que previsible desarrollo de esos personajes de villanos en próximas entregas de la saga.

Considerando todo lo anterior me parece que los comentarios que le buscan a esta película la pega de que no tiene tantos ni tan perfeccionistas efectos visuales como las anteriores sobran. La magia del cine está primero en el guión, luego en la dirección, la interpretación, y en definitiva las películas que mejor nos llegan y más nos gustan son las que están mejor construidas. En ese sentido aplaudo que se preste más atención, como es este caso, a un buen desarrollo de la historia y los personajes antes, y si los efectos visuales no son para los ojos más quisquillosos en esa parcela el máximo que permite la tecnología del momento, me da lo mismo. Me basta con que cumplan su cometido como herramientas para contar la historia, y me sobran siempre que dichas herramientas se convierten en protagonistas sobre personajes o trama, cosa que lamentablemente viene ocurriendo con frecuencia en el cine de acción evasión de los últimos tiempos.

En ese sentido, X-Men la primera generación es en su conjunto un excelente trabajo que bien podría estudiar y aprenderse de memoria el amigo George Lucas en lo referido a cómo organizar la información para una precuela y las “caídas en el lado oscuro” de los personajes sin necesitar ni tres películas ni ser tan previsible como él lo fue en su no obstante bien abastecida de efectos visuales primera trilogía de Star Wars.

Creo que con esta película el cine de superhéroes prosigue en el camino que ya iniciara Christopher Nolan con Batman Begins y El caballero oscuro, esto es: hacer que las adaptaciones al cine de los superhéroes del cómic adquieran su propia identidad como producto cinematográfico, sin por ello dejar de rendir el merecido homenaje a sus fuentes, pero desarrollándose según la propia personalidad del medio para el que han sido concebida. Creo además que es un buen ejemplo que demuestra que una película empieza a ser buena o mala cuando comienza a construir su historia y organizar su información en el guión. Esa es la base.

Por eso me parece que con esta nueva entrega de X-Men, que es el mejor ejercicio de precuela que recuerdo, el cine de superhéroes entra en una nueva fase. Esperemos que se mantenga en este interesante camino.

Miguel Juan Payán

Crítica de la película El sicario de Dios

La hibridacion de géneros y elementos procedentes de distintas fuentes preside esta propuesta de cine de evasión pura y dura que llega a la cartelera con el atractivo de recuperar a los vampiros como las alimañas molestafamilias que siempre han sido. Hay que ir a verla con la caja de palomitas adosada y con muchas ganas de festejar las piruetas visuales que se nos ofrecen. En sus tres cuartas partes es entretenida y funciona bien como relato de aventuras en el que se cruzan el western, la ciencia ficción, el terror y una influencia clarísima en lo visual y en la planificación de las escenas de acción del manga coreano.

Adiós a los romeos colmilludos. Adiós a los iconos románticos con adicción por morder la yugular ajena. Adiós los chupasangres torturados y con alma, sumidos en la angustia de enamorarse del ganado que les sirve como alimento. Hola a las alimañas noctámbulas que no aguantan el sol ni con una crema de protección de más de 100, viven en cuevas malolientes y además son tan feos como un pecado. Hola a los vampiros de la especie más letal y peligrosa, los que matan para comer, los que llevan años librando una guerra con los humanos, los que se agrupan como insectos en una colmena y son todo dientes y garras.

Solo por ese portazo a la imagen descafeinada de los vampiros como héroes románticos que nos ha venido proporcionando el cine en los últimos tiempos ya me hace gracia El sicario de Dios. Pero es que además creo que al menos en su primer y segundo acto se maneja muy bien con ese juego de hibridación de varios géneros en el que se mete de cabeza y con ganas dispuesta a sacarle el jugo a un argumento que claramente nos remite a un clásico del western, Centauros del desierto: veterano de una guerra ya terminada es abandonado como juguete roto cuando llega la paz pero encuentra la ocasión de reciclar sus cualidades más belicosas iniciando una cruzada para rescatar a su sobrina, en la película de Ford, de los indios, y en ésta otra de los vampiros, que son como indios pero con dientes afilados… Se repite claramente la idea del vínculo sentimental con la esposa del hermano. Se repite la asociación con un joven novato que añade el tema del camino de iniciación al resto del argumento de cruzada y rescate propiamente dicho. No hay caballos, pero hay motos. No hay indios, pero hay vampiros. Sí hay reservas, y desiertos, y sheriff y vendedores de pócimas milagrosas (el papel interpretado por Brad Dourif está algo desaprovechado, pero es todo un guiño a esos personajes secundarios que dan color a las grandes historias del western), y un asalto al tren… Incluso uno de los acólitos sirvientes de los vampiros encerrados en la reserva suelta el típico discurso en la línea de Gerónimo,  quejándose de lo que los blancos (traducido aquí: los humanos) han hecho con los indios (es decir, los vampiros), que eran guerreros orgullosos y han sido exterminados u obligados a domesticarse y vivir miserablemente en reductos infectos…

De manera que la primera pieza está clara: esto es un western, variante futurista, pero sobre todo western al fin y al cabo.

La segunda pieza ya no está tan bien manejada como la primera, esto es: resulta menos sólida en su desarrollo en pantalla, porque básicamente es algo epidérmico, el envoltorio exterior, el papel de celofán de la historia. Se desarrolla en las ciudades, donde nos encontramos con un planteamiento visual que podría parecernos remite a la influencia de Blade Runner en películas como Criatura perfecta, Daybreakers, Equilibrium o incluso Dark City… Es un boceto apresurado de ese mundo futuro, sumido en las tinieblas éticas impuestas por una dictadura de la religión que suena algo falsa y dibuja más como boceto apresurado, más endeble incluso que esa otra dictadura futurista de la religión mostrada en Babylon A.D., y por todo ello, meno temible o inquietante que aquella.

En este futuro que se desarrolla como una aberración altamente improbable y renuncia a todo intento de hacer una prospectiva sólida y creíble de cómo pueden influir los credos y las religiones organizadas en el futuro, habría hecho falta mayor rigor y profundización, menos apresuramiento a la hora de pensar esa sociedad distópica de la que sólo se nos dice que la Iglesia se ha convertido en el poder absoluto, se nos insiste en el mensaje orwelliano que afirma que “ir en contra de la Iglesia es ir en contra de Dios” y se desperdicia a un actor como Christopher Plummer en un papel que es poco más que una caricatura apresurada del tradicional villano manipulador y despótico. Ese apresuramiento en el tratamiento de lo que podríamos denominar la parte urbana de la fábula acaba convirtiéndose en un lastre que perjudica a la parte de western, aunque incluye un plano muy curioso, el de los confesionarios puestos en fila,  y un fragmento, el de la confesión electrónica propiamente dicha, que con poco metraje acierta a decir muchas cosas sobre la situación en que vive el personaje y su relación con la Iglesia, así como sobre el tipo de sociedad en la que nos encontramos. Casi redime la parquedad en esa parte de la historia, y me hizo pensar en lo interesante y astuto que habría sido incorporar en la parte urbanita del relato elementos de la parte de la novela de Phillip K. Dick ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? que sirvió como base a Blade Runner. Me refiero a todo lo referido a la religión del mercerismo, la “caja de empatía” que opera electrónicamente y permite a los usuarios revivir el martirio y el ascenso de William Mercer, en un ciclo de vida, muerte y renacimiento que recuerda a la figura de Cristo. En Blade Runner se eliminó esa parte de la novela de Dick, pero aquí habría sido una buena oportunidad de darle algo más de fuerza a la representación de un régimen dictatorial de carácter religioso que tal como está queda casi como un espectáculo de guiñol tocado además por un peregrino y algo infantiloide anticlericalismo de libro, al parecer “políticamente correcto”.

El tercer elemento que aparece en este entretenido híbrido es el terror, aportado sobre todo de manera muy convencional por esa entretenida recuperación de los personajes de vampiro en clave de alimaña asesina y con todo el espíritu de la serie B fantástica de toda la vida,  la más festiva, con entradas en cuevas, peleas en galerías oscuras, aparición de bestezuelas varias, amputaciones de todas las formas y colores y efusiones sangrientas autorizadas para menores de 13 acompañados, esto es, en plan de aventuras fantásticas, más que de gore del duro, y sin echar tripas contra la cámara. Muy funcional, esta recuperación de las criaturas de la noche, que diría el Conde Drácula, es mero pretexto para aportar una amenaza monstruosa a la trama, y cumple con eficacia su función de adorno terrorífico para el relato.

Por  último el puzzle se completa con toda la influencia de la fuente de origen de la película, un manga coreano, la novela gráfica Priest, de Min-Woo Hyung, que además de servir como base argumental y de personajes para El sicario de Dios aporta ese giro hacia el spaguetti western que viene marcado por el personaje del vampiro humano (incluso su forma de vestir es propia de la variante de eurowestern practicada en corea en películas como El bueno, el malo y el raro, de Kim Jee-Woon), y nos lleva hasta un desenlace de enfrentamiento y combate con asalto al tren a base de coreografía con cables que recuerda también el anime y cierra la película con una espectacular escena de acción que inevitablemente trae a la memoria la resolución de Mad Max 2: el guerrero de la carretera. Aquí ya la manera de resolver visualmente el enfrentamiento es más floja, por demasiado prolongada en el tiempo y poco original en su propuesta visual, así como por su tendencia a acumular momentos de acción poco creíbles más propios de las exageraciones de un dibujo animado asiático que de una película en imagen real.

Esa resolución final estropea en parte el conjunto de la película, que cae así en lo más previsible.

A pesar de ello, creo que El sicario de Dios tiene elementos sobrados para ser una competente y entretenida película de palomitas.

Miguel Juan Payán

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