Entrevista: Belén Rueda y Ricardo Darín

Miguel Juan Payán Noviembre 06, 2013
Entrevista: Belén Rueda y Ricardo Darín protagonistas de Séptimo

-          Belén, siempre que hablo contigo en los últimos tiempos sobre tus trabajos tengo el mismo problema: no podemos hablar mucho del personaje porque seguro que revelamos información al público y hacemos spoiler. Vuelve a pasar en Séptimo como ocurriera en El cuerpo, podemos contar poco. Pero sí quería que tanto tú como Ricardo me comentarais algo de ese final que me parece todo un desafío para vosotros como actores, contando mucho, sino todo, sobre vuestros personajes, simplemente con las miradas, casi sin diálogo.

-          Belén Rueda: Nos costó a los dos mucho. Decir con la mirada todo lo que no se puede decir con palabras. Y que se tiene que entender, porque tú tienes que resolver al final la historia que has estado contando durante una hora y media. Y con la mirada tanto él como yo tenemos que resolver y decirlo todo. Esa escenas sí que la trabajamos muchísimo.

-          Ricardo Darín: Esa fue una escena muy peleada.

-          Belén Rueda: Y tanto, que hasta tuve que volver a repetirla. Bueno, no repetirla exactamente…

-          Ricardo Darín: No repetirla, hacer otra versión de la misma escena. Esta será una discusión que tendremos hasta el fin de nuestros días. Nosotros los actores, cuando confiamos en el impacto de una mirada, en el impacto de lo que uno siente en la piel… Habíamos construido una escena final en la que había una gran economía de palabras, porque por otra parte las palabras comprometen, las preguntas obligan a respuestas, y como acá era muy difícil de explicar, confiábamos en nosotros. No es que la producción no confiara en nosotros, pero a la hora de ver el montaje pensaron que hacían falta dos o tres aclaraciones, que tienen que ver más con cuestiones judiciales que lo que es visceral, orgánico. Nosotros defendíamos una posición. Ellos defendían otra. Y como suele ocurrir en estos casos hicimos lo que decían ellos (risas), y este, la secuencia está un poco más explicada de lo que habríamos querido. Pero de cualquier forma, y no me cansaré de decirlo, el personaje de Belén creo que es el más complicado de la película. Ella jamás lo va a decir, por eso lo digo yo. Creo que es un gran trabajo y ha sido muy complicado, porque siempre que tienes un personaje de esas características la tendencia es a darle rienda, y acá precisamente la complicación era tener la rienda muy cortita.

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-          Belén Rueda: Eso ocurre también en tu personaje, en el del portero, el del policía. Siempre lo que no se dice es lo que decimos con palabras.

-          ¿Os está afectando de algún modo la crisis del cine de la que tanto se habla?

-          Belén Rueda: Sí que se nota porque de algún modo estás dentro esto y notas que hay compañeros que tienen problemas para sacar un proyecto adelante o actores que no habían parado de trabajar y ahora no llegan tantos proyectos. Lo que pasa es que el cine nunca va a morir, eso está más claro que el agua. Pese a quien le pese, el cine no va a morir ni en España, ni en Argentina ni en ningún país del mundo. Creo que además está cogiendo bastante fuerza porque de alguna manera si no nos dejan hacerlo de un modo lo vamos a hacer de otra…

-          Ricardo Darín: Está obligado a readaptarte, a encontrar otras formas. Las crisis tienen eso. La única parte positiva de las crisis es lo que te obligan a repensar, y la creatividad no se detiene. Al contrario: muchas veces la crisis es un territorio en el que uno puede levantar elementos para disparar las historias. Yo quisiera saber cuáles son las historias que van a venir ahora. Es más trabajoso, es mucho más complicado. Como dice Belén se acortan un poco las posibilidades de los proyectos, pero hay un momento en que hay que quebrar esa instancia, pasarle por encima y seguramente de esta crisis van a surgir muchas cosas.

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-          ¿En qué medio os sentís más cómodos?

-          Belén Rueda: Creo que el medio favorito es cuando te enamoras del proyecto. Y no importa que sea en un medio o en otro. Lo que está claro es que por ejemplo en televisión puedes estar un tiempo determinado comprometido con ellos. Yo por lo menos soy así. Sé que hay gente que utiliza la televisión como un medio para darte a conocer y después no quieres saber nada. Yo si he dicho que sí a algo, estoy en ese proyecto hasta el final. Y eso supone que se alarga en el tiempo. Si te llegan otros proyectos estupendos que quieres hacer y hay una buena relación con la gente que estás trabajando en televisión pues les dices: podríais mandarme unos cuantos capítulos a Australia para poder hacer esto otro… Pero realmente la decisión de hacer un proyecto o no es que el proyecto te enamore, o por ejemplo en teatro, que suele pasar mucho, que tengas una obra que te haya gustado mucho o alguien con quien quieras trabajar y entonces lo haces. No es una cuestión de pensar si te gusta más esto o lo otro. Hay momentos en la vida en los que sí es cierto que te apetece hacer teatro, y entonces insistes un poco más. Pero eso no significa que no quieras hacer otras cosas.

-          Ricardo Darín: A mí toda la vida me gustó el teatro. He hecho muchísima televisión, he hecho radio, era muy chico y trabajaba en radio, televisión, nací prácticamente en los estudios de televisión, así que prácticamente mis cuentas están saldadas con la televisión. Pero eso no quiere decir que no pueda volver a hacerlo, en la medida que te enamore un proyecto. Por supuesto es más difícil que eso ocurra en una tira diaria, donde los objetivos perseguidos son otros, es más de corte efectista, los tiempos de trabajo no te permiten demasiada profundización en el personaje y demás. En una serie semanal uno tiene un poco más de chance de poder trabajar los conflictos, las relaciones, los personajes. A mí me gusta mucho el cine… me gusta mucho ir al cine. El trabajo en el cine para los actores es un poco perverso. Nadie nos explica nunca cómo es y lo tienes que aprender todo sobre la marcha, sobre el terreno. Hay una metodología de trabajo del actor aplicada al cine que es muy complicada, aún para los mejores. Hay que aprender esa especie de equilibrio de estar a cargo de todo lo que está ocurriendo en esa especie de cosmos que está girando alrededor tuyo. A la hora de tener un primer plano donde tienes que hacer creer que estás solo en el peor momento de tu vida estás rodeado de 45 personas que te pasan un cable por aquí, otra cosa por allá, y entonces no te puedes mover porque te sales de la marca… Convivir con todo eso para luego poder borrarlo y hacer creer que estás solo, metido en un baño, sufriendo, es interesante y es atractivo como desafío pero es muy complicado. Yo creo que este no es un buen momento para preguntarme sobre cine porque he hecho muchos trabajos con una frecuencia además agobiante y necesito un descanso del cine, y el cine necesita un descanso de mí. Estoy disfrutando de esta etapa en la que me planteo hacer teatro, que es un poco  como el taller, el ejercicio cotidiano de aplicar lo que encontraste ayer en la función de mañana. Esa parte y ese aprendizaje me gusta mucho. Todo ocurre ahí, para bien o para mal, en una función. Y el teatro tiene una peligrosidad que no tiene el cine, esa peligrosidad de que de pronto se levante un espectador en medio de la sala y diga: No estoy para nada de acuerdo y tú me pareces un gilipollas. Y hay que lidiar con eso, porque puede pasar. Ese riesgo, esa membrana fácilmente traspasable es lo que le da un vértigo y una identidad al hecho teatral que a mí me atrae mucho. Me gusta esa adrenalina de que de pronto todo se vaya al carajo y no haya forma de recuperarlo. Me apasiona”.

 Miguel Juan Payán

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Modificado por última vez en Sábado, 16 Noviembre 2013 11:21