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Kirk Douglas. Su Biografía y vida

Nombre completo: Issur Danielovich Demsky

Nació el 9 de diciembre de 1916, Amsterdam, Nueva York (Estados Unidos) y falleció el 5 de febrero de 2020 en Los Angeles, California, Estados Unidos

Este artículo fue publicado en el número 1305 de ACCIÓN y dado que se encuentra agotado lo reproducimos para que podáis disfrutarlo.

            Siempre que me planteo hacer un repaso a la carrera de Issur Danielovitch Demsky, alias Kirk Douglas, caigo en la misma trampa: pienso en las películas que estuvo a punto de hacer, pero no ha hecho antes de pensar en las que ha llegado a realizar. Ello se debe a que la mayoría de los filmes en los que trabajó suelen ser parte imprescindible de la historia del cine, y por si les asaltan las dudas les hago un repaso rápido. El mafioso de Retorno al pasado (1947), el boxeador de El ídolo de barro (1949), el músico de jazz de El trompetista (1950), el agente de la ley enviado a llevar a un hombre a su muerte en Camino de la horca (1951), un western clásico, ejemplar, imprescindible para explicar ese cruce con el cine negro que vivió el género del lejano y salvaje Oeste en los años cincuenta, el periodista absolutamente corrupto de El gran carnaval (1951), el policía con matrimonio en crisis en Brigada 21 (1951), la primera vez que quien esto escribe vio representados en una película a los agentes de la ley estadounidenses como si fueran seres de carne y hueso, con fallos humanos… Sumen a estos títulos otros esenciales en los que Douglas encarnó mejor que cualquier otra estrella masculina de Hollywood de su misma época la imagen del antihéroe, películas como La ley de la fuerza, Río de sangre, Cautivos del mal, todas ellas rodadas en una excelente cosecha profesional en 1952, y la última, uno de los mejores retratos del cine dentro del cine. Dos años después comenzó lo que podríamos denominar el ciclo épico en la carrera de Douglas, con el personaje del héroe por excelencia, que interpretó en Europa, en una coproducción ítalo-estadounidense, Ulises (1954), abriendo paso a una serie de personajes míticos, como la encarnación del marinero de la novela de Julio Verne 20 000 leguas de viaje submarino, adaptada ese mismo año por la Disney en la película homónima, el pintor Van Gogh convertido en figura igualmente mitificada acompañado por la música de Miklós Rózsa en El loco del pelo rojo (1956), el no menos mítico Doc Holliday de Duelo de titanes (1957), Einar, el rey tuerto de los piratas del norte en Los vikingos (1958), o el gladiador rebelde que puso a la poderosa república de la antigua Roma en jaque en Espartaco (1960). Podríamos sumar a la lista un ejemplo de cine bélico donde respaldó como estrella a un joven Stanley Kubrick, Senderos de gloria (1957) y puñado de westerns esenciales que le harían buena compañía a los ya citados, como La pradera sin ley (1955), Pacto de honor (1955), El último tren de Gun Hill (1959), El último atardecer (1961) o Los valientes andan solos (1962), que el propio Douglas ha señalado siempre como su película favorita y es un buen ejemplo de western crepuscular alternativo a las visitas a dicha variante del cine de Sam Peckinpah. Incluso intentó mantener el tono épico para el cine del Oeste asociándose con otros pesos pesados del género como Richard Widmark y Robert Mitchum en Camino de Oregón (1967), con John Wayne en Ataque al carro blindado (1967), protagonizando otra vuelta de tuerca al género junto a Henry Fonda en El día de los tramposos (1970), esa divertida propuesta de mezcla de western con cine carcelario dirigida por Joseph Leo Mankiewicz. Y para confirmar que entre las principales virtudes de este actor estuvo saber elegir casi siempre proyectos interesantes podríamos acudir a su participación en una de las mejores películas sobre política de la historia del cine, Siete días de mayo (1964), historia de un golpe de estado militar en Estados Unidos, en una de las mejores películas bélicas, Senderos de gloria (1957), en un prólogo a lo que iba a ser posteriormente el cine de crimen organizado anticipándose al estreno de El padrino con Mafia (1968)…

            Fruto de su habilidad para elegir papeles interesantes, la figura de Kirk Douglas se convierte en una pieza imprescindible para explicar el cine norteamericano de los años cincuenta en adelante. Y precisamente por ello siempre que me planteo darle un repaso a su figura y aportación en la historia del cine caigo en la misma trampa de pensar en lo que un actor de su carisma y talento podría haber hecho caso de formar parte de alguno de los proyectos en los que declinó participar.

            Pienso así, por ejemplo, en una versión de Los siete magníficos donde habría encarnado el personaje que finalmente interpretó Steve McQueen. Su mano a mano con su amigo Burt Lancaster en Duelo de titanes hizo que a Yul Brynner, promotor de ese remake americano de la película japonesa de Akira Kurosawa Los siete samuráis se lo pensara dos veces antes de ficharle, por miedo a que su protagonismo quedara limitado por la habilidad de Douglas para robar planos. Lo que el pobre Brynner no sabía es que el tipo al que había fichado en su lugar, McQueen, aparentemente un jovenzuelo con cierta popularidad televisiva merced a su trabajo en la serie Wanted, Dead or Alive, era tan habilidoso para atraer la atención de la cámara y quedare con los planos como el propio Douglas. Y tenía mucha más hambre por estar al comienzo de su carrera en la pantalla grande.

            Quizá en los reparos de Brynner para fichar a Douglas pesaba también, y no poco, el hecho de que el segundo le hubiera levantado al primero prácticamente de debajo de los hocicos el personaje de Espartaco, sobre el que el protagonista de Los siete magníficos se había planteado rodar una película al mismo tiempo. Brynner se quedó sin su Espartaco como Douglas se quedó sin poder sacar adelante un curioso proyecto con financiación del productor Samuel Bronston, el que rodara en España, entre otras, El fabuloso mundo del circo, La caída del Imperio romano, El Cid o 55 días en Pekín. La película pensada por Douglas era la historia del español Hernán Cortés en México, una propuesta de biografía épica que estuvo a punto de interpretar aceptando a cambio protagonizar para Bronson La caída del Imperio romano. Al final ese proyecto de Cortés no llegó a buen puerto, según cuenta el propio actor en su biografía El hijo del trapero, así que el acuerdo con el productor se rompió y Douglas no estuvo en aquella de romanos que finalmente interpretó Stephen Boyd.

            Además, Douglas quiso hacer excepción a la regla de su habilidad para elegir trabajos interesantes rechazando dos personajes que le consiguieron el Oscar a sus sustitutos. Billy Wilder le ofreció meterse en un campo de concentración alemán en la Segunda Guerra Mundial e intentar sobrevivir al enemigo y a sus propios compañeros que le consideran un chivato en Traidor en el infierno, un papel que acabó siendo el único Oscar de William Holden. Lo mismo puede decirse de Lee Marvin que ganó su única estatuilla sustituyéndole en La ingenua explosiva. La renuncia de Douglas a interpretar estos papeles nos ha dejado con la duda de si alguno de ellos le habría conseguido un más que merecido reconocimiento de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood que le ha esquivado hasta el momento a pesar de haber sido nominado en tres ocasiones, por El ídolo de barro, Cautivos del mal y El loco del pelo rojo. Al final, Douglas se ha tenido que conformar con llevarse a casa el Oscar honorario que le concedieron en 1996 “por 50 años ejerciendo como fuerza moral y creativa en la comunidad cinematográfica”.

            Y fuera de la comunidad cinematográfica estadounidense, todo hay que decirlo, porque sus personajes, casi siempre a medio camino entre el bien el mal, pero la mayor parte de las veces decantados hacia las posiciones más éticas, esos antihéroes con fallos humanos, que son los que mejor nos llegan, han servido como ejemplo a no pocos espectadores en formación existencial, esto es, sumidos en los despistes de la adolescencia. Douglas podía llegar mejor al público precisamente por no ser un héroe inmaculado e infalible al uso y elegir con más frecuencia de la que han hecho gala muchos de sus compañeros de oficio, personajes de decantación moral como mínimo ambigua. En eso fue un auténtico factor de modernización de personajes, tramas y situaciones en el cine de Hollywood desde los tiempos en que empezó a ganar fama y popularidad interpretando al boxeador de El ídolo de barro, un papel que prefirió interpretar antes que al sargento de marines de Arenas sangrientas, que finalmente interpretó John Wayne.

            ¿Se imaginan cómo habría sido la historia del cine de los ochenta si tal como él propuso para aceptar interpretar el personaje del coronel Trautman en Acorralado en el final de la película y en total coherencia con el final de la novela, John Rambo hubiera muerto a manos de su personaje?

NADANDO CONTRA CORRIENTE: VÍCTIMA DEL ANTISEMITISMO

            Dejando de lado las variantes en la quiniela de trabajos hechos y no hechos por el gran jefe Kirk, lo cierto es que su propia vida real ya podría haber sido argumento para una de sus películas.

            En cierta ocasión, Kirk Douglas afirmó: “Soy el hombre más odiado de Hollywood”, entre bromas y veras. Y en el mismo tono, parte chanza, parte queja, Burt Lancaster, que fue uno de sus compañeros más notables en la era dorada del cine norteamericano en la mítica Duelo de titanes, dijo de él: “Puede que él mismo sea el primero en admitir que es difícil trabajar con él… pero yo soy el segundo”. Lancaster y Douglas volverían a reunirse en una operación estilo Los mercenarios protagonizando juntos, ya en edad provecta, Otra ciudad, otra ley (1986), donde Lancaster volvió a ser el tipo ponderado y reflexivo, y Douglas se parodió a sí mismo encarnando a un veterano delincuente adicto al ejercicio físico y un punto exhibicionista. Un punto este último que encajaba con la anécdota que contó uno de sus compañeros en el rodaje de Espartaco (1969), en una biografía de Stanley Kubrick: al parecer Douglas convocó a Laurence Olivier, Peter Ustinov, Charles Laughton… para hacer una lectura del guion en su casa, y tras recibirlos desapareció un momento y reapareció totalmente vestido como el gladiador rebelde dispuesto a darlo todo con mucho énfasis en su interpretación, cosa que sorprendió a sus compañeros, vestidos cómodamente de calle.

            Que Douglas fuera acusado por alguno de sus colegas de su era dorada de ser un compañero de oficio algo difícil de llevar, con un carácter fuerte y exigente, es algo que el propio astro no solo no niega, sino que reconoce en las biografías que ha publicado hasta el momento, sacando el máximo partido a sus peripecias como actor en su faceta como escritor, y de paso ajustando cuentas con la Academia de Hollywood por no haberle dado nunca un Oscar como reconocimiento a alguno de sus mejores trabajos.

            Nacido el 9 de diciembre de 1916 en Ámsterdam, Nueva York, Issur Danielovitch tiene a sus espaldas más de sesenta películas que adornan el puzle de una vida plena en lo personal y en lo profesional.

            Su padre, Herschel, huyó de Rusia buscando una salida a la persecución contra los judíos que allí se llevaba a cabo y de paso escapando al cumplimiento del servicio militar en la guerra contra Japón. De ese modo fue como llegó a Estados Unidos en 1908, encontrándose con su esposa, Bryna Sanglel dos años después.

            Al venir al mundo, el futuro Kirk Douglas tenía ya otros tres hermanas mayores, Pesha, Kaleh y Tamara; la familia posteriormente se completó con el nacimiento de dos gemelas, Hashka y Siffra, y más tarde Raquel. La infancia del actor en lo referido a la escuela fue inicialmente problemática porque no hablaba bien el inglés, a lo que se añadía el hecho de que en su barrio se respirara un ambiente de antisemitismo, hasta el punto de que algunos trabajos estaban prohibidos para los judíos. El padre empezó a trabajar como trapero llevando a casa un sueldo que apenas alcanzaba para dar de comer a su numerosa prole, lo que llevó a la familia, como confesó el propio Douglas en su filmografía, a pasar hambre. El niño cambió su nombre de Issur por el de Izzir para camuflar su verdadero origen racial al efecto de esquivar dentro de lo posible el maltrato y más tarde se integró en algunas bandas callejeras juveniles que bien podrían haber estado representadas por los jóvenes protagonistas de la película de Bogart Calle sin salida. No obstante, siguió los preceptos de la educación y la religión judía durante esa etapa de formación, asistiendo a la escuela judía cuando terminaba sus clases en la escuela de los gentiles. Frecuentemente convertido en víctima de las palizas como otros niños judíos a los que sus maltratadores acusaban de haber matado a Jesucristo como excusa para propinarles una tunda cuando les venía en gana, el futuro Kirk Douglas tuvo una experiencia de vida en la calle particularmente dura que forjó un carácter de clara tendencia peleona en su posterior carrera profesional. La situación de la familia empeoró aún más cuando se convirtieron en un puñado de víctimas más en la crisis económica de 1929. Siguiendo el ejemplo de sus hermanas, que comenzaron a trabajar muy jóvenes para mantenerse, Issur empezó a trabajar como repartidor de periódicos para pagarse los estudios, al mismo tiempo que destacaba en las aulas ganando premios por recitar poemas, aunque el antisemitismo siempre reaparecía en su trayectoria juvenil para complicarle la vida en el momento en que sus compañeros advertían que era judío. Eso no le impidió ganar en 1934 el premio al mejor actor y al mejor discurso en el instituto, antes de desplazarse a la universidad, donde ensayó cambiar su nombre por el de Dominic Dempsey para esquivar la ola de antisemitismo en Estados Unidos. Matriculado en la universidad, tuvo que seguir trabajando en un taller metalúrgico paralelamente a los estudios para poder mantenerse. Incorporado al equipo de lucha destacó como atleta universitario, capeando de ese modo el antisemitismo merced a sus éxitos deportivos, hasta conseguir ser presidente de su casa de estudiantes cuando cursaba el cuarto año de universidad, lo cual levantó ampollas entre algunos de sus compañeros que pensaban que tal distinción no debía ser disfrutada por un semita. Una vez terminada su etapa universitaria decidió seguir finalmente su instinto y se estableció en la ciudad de Nueva York donde comenzó a trabajar en la compañía teatral Tamarack y de paso eligió un nuevo nombre artístico: Kirk Douglas.

ENCHUFADO EN EL CINE POR LAUREN BACALL

            Matriculado en la Academia de Arte Dramático con una beca que no obstante en algunas ocasiones no le daba ni para comer (en su biografía afirma que se pasó un día de Acción de Gracias esperando una larga cola en un comedor para los sin techo y no llegó a tiempo de conseguir sentarse a la mesa ni siquiera en esa situación), consiguió pasar al segundo curso pero fue advertido por alguno de sus profesores de que no tenía madera para ser actor. El profesor no era precisamente un visionario, porque Douglas permaneció en la academia y no solo consiguió orientar su carrera sino que allí encontró a la que iba a convertirse en su primera esposa, una compañera de aula, Dina Dill, que años después apareció con él en Pacto de honor (1955). Dina era la blanca que intentaba atar al aguerrido explorador interpretado por Douglas, más inclinado a dejarse tentar por los encantos de la india interpretada por Elsa Martinelli que por los acercamientos de la rubia colona empeñada en convertirle en padre de familia. Se casaron el 2 de noviembre de 1943 y se divorciarían el 23 de febrero de 1951 después de tener dos hijos, el también célebre Michael Douglas, nacido el 25 de septiembre de 1944, y que tenía seis años cuando sus padres se divorciaron y se fue a vivir con su madre, y Joe Douglas, nacido el 23 de enero de 1947. En esa misma Academia de Arte Dramático, Kirk Douglas se encontró con otra futura estrella, Lauren Bacall. Terminados sus estudios en 1941, Kirk comenzó el habitual recorrido en busca de oportunidades profesionales que no surgieron con facilidad. Su primer trabajo como actor profesional en Broadway le llegó en la obra Spring Again, en 1941, donde su talento acabó ganándole el ofrecimiento de interpretar el papel principal en la gira de ese montaje, que declinó para seguir en los escenarios de Nueva York interpretando un papel más secundario en la obra Las tres hermanas. En 1943 Douglas se alista en la Marina sirviendo como oficial de transmisiones hasta que resultó herido en la explosión accidental de una granada. Posteriormente cayó presa de una disentería amebiana que le llevó a ser relevado del servicio, lo que le permitió volver a la vida civil, continuar la vida conyugal con su esposa, que estaba ya embarazada de su primer hijo, y de paso reiniciar su carrera como actor respaldado por su compañera y amiga Lauren Bacall, que metida ya a esas alturas en la industria del cine hollywoodiense, le consiguió una prueba para un papel en la película que acabó convirtiéndose en el primer trabajo de Kirk Douglas para la pantalla grande, El extraño amor de Martha Ivers (1946), dirigida por Lewis Milestone y situada en el ámbito del cine negro: historia de una mujer (papel interpretado por Barbara Stanwyck) que planea el asesinato de su marido ayudada por un amante más joven. Otros dos actores posteriormente célebres, Richard Widmark y Montgomery Clift, se presentaron a la prueba para conseguir el papel, pero no tenían tras de sí el enchufe o la ayuda que podía prestarle a Douglas su amistad con su antigua compañera de clase Lauren Bacall, así que ellos se quedaron con las ganas y el bueno de Kirk Douglas, que era inicialmente reticente a dejar el trabajo en el teatro para ponerse ante las cámaras, comenzó así su brillante carrera cinematográfica, motivado inicialmente por sus obligaciones familiares y la necesidad de conseguir dinero para hacerse cargo de sus responsabilidades como marido y padre. A título de anécdota, el actor asegura en sus biografías que fue en ese primer trabajo para el cine, y siguiendo las exigencias del guion, cuando empezó a fumar.

HA NACIDO OTRA ESTRELLA

            Dado que su primer trabajo para el cine no fue precisamente un éxito de taquilla, Douglas continuó alentando serias dudas sobre su futuro como actor en el cine y decidió volver al teatro aceptando un papel en la obra Woam Bites Dog, antes de regresar al cine con pocas ganas para cumplir obligaciones contractuales ejerciendo como villano en Retorno al pasado, junto a Robert Mitchum, un clásico del cine negro al que siguió la adaptación de la obra de Eugene O’Neill A Electra le sienta bien el luto (1947), dirigida por el guionista Dudley Nichols, por la que la protagonista, Rosalind Russell (en un papel inicialmente ofrecido a Katharine Hepburn), recibió una nominación al Oscar, a pesar de que el montaje original del director fue mutilado por la productora tras la mala acogida que tuvo la película en varios pases previos con público de prueba. Después Douglas se midió por primera vez con Burt Lancaster en Al volver a la vida (1948), un clásico del cine negro dirigido por Byron Haskin que sería el primer encuentro de los cinco que protagonizaron ambos actores. Ni su contrato ni el nacimiento de su segundo hijo, ni su matrimonio, que se iba deteriorando día a día, hacían de Douglas un hombre feliz en esos primeros tiempos trabajando para la maquinaria de ocio de Hollywood, que le obligaba a aceptar papeles que le traían sin cuidado. Trabajó por encargo hasta que tropezó con una de esas encrucijadas que suelen marcar la vida de las estrellas. Le ofrecieron integrarse en un reparto de lujo que se había reunido para rodar El gran pecador, adaptación de El jugador, de Dostoievski, junto a Gregory Peck, Ava Gardner, Walter Huston, Melvyn Douglas, Ethel Barrymore… dirigidos por Robert Siodmak. Se trataba de una tentadora producción de serie A de la Metro Goldwyn Mayer. Al mismo tiempo le ofrecieron integrarse en una producción más independiente y modesta donde sin embargo tendría el papel protagonista de un boxeador: El ídolo de barro, dirigida por Mark Robson. En contra del consejo de su representante, Douglas optó por rodar la segunda en lugar de hacer la elección más obvia, y así fue como comenzó a construir su carrera como estrella. Empeñado en no utilizar doble para las secuencias de combate en el ring, el actor estuvo entrenando durante varios meses antes de comenzar el rodaje, a lo largo del cual se enfrentó a antiguos boxeadores para darle mayor realismo a las escenas de acción de la película, protagonizando así una de las visiones del mundo del pugilato más interesantes de la historia del cine. El éxito profesional no le acompañó en el paisaje personal, donde su primer matrimonio tocó a su fin con un divorcio amistoso.

            Había nacido otra estrella y en su nuevo papel como actor protagonista fichado por la Warner Bros., que rápidamente le dio un papel junto a su antigua compañera de clase e introductora en el mundo del cine, Lauren Bacall, en El trompetista, al tiempo que en su nuevo estatus como celebridad de Hollywood recién divorciado la peripecia privada del actor se adornaba con relaciones con algunas de las féminas más famosas del Hollywood de la época, como Rita Hayworth, Patricia Neal o Gene Tierney.

            Su contrato con Warner Bros. le condujo por varios papeles que sin llegar a interesarle realmente al menos le mantenían en su función como actor protagonista, introduciéndose así en su primera película del Oeste, Camino de la horca, dirigida por Raoul Walsh. A Douglas no le gustaba nada la película y empezaba a tener serias dudas sobre su vinculación contractual con la Warner, de manera que después de rodar para ellos otro clásico que tampoco le convenció mucho, Brigada 21, aceptó rodar sin cobrar nada La ley de la fuerza (1952), un western sobre leñadores, para que la productora le permitiera poner fin a su contrato y le dejara volar libre como independiente, algo que estaba convirtiéndose en uno de los síntomas más destacados del ocaso del sistema de estudios de Hollywood.

            Su primera película como estrella independiente fue Río de sangre, de Howard Hawks, donde pilló una neumonía rodando una escena en un río recreado en el interior del estudio para replicar los espectaculares paisajes naturales que adornaban  este western de aventuras con indios, en una etapa en la que estuvo ligado sentimentalmente a Marlene Dietrich, antes de aceptar el papel principal de un ambicioso productor de Hollywood en Cautivos del mal, personaje que había rechazado interpretar Clark Gable. Aficionado al circo, aceptó trabajar en uno de los fragmentos del largometraje Tres amores (1953), Equilibrium, interpretando el papel de trapecista y enganchándose sentimentalmente con su compañera de reparto, Pier Angeli, que también fue la fémina inalcanzable de James Dean. Ni Douglas ni Dean consiguieron sacar adelante sus relaciones con ella. Douglas incluso aceptó rodar varias películas para intentar reencontrarse con ella, lo que le llevaría en realidad a reencontrar sus raíces judías en el largometraje Hombres olvidados (1953), dirigido por Edward Dmytryk, donde encarnó a un superviviente de los campos de concentración nazis, y además pudo dar vida al mítico Ulises en un antecedente del péplum italiano. En ese periplo europeo entre equipos que no hablaban casi inglés recibió la ayuda de la que iba a convertirse en su segunda esposa, Anne Buydens, que fue su asistente durante el rodaje en Francia de Acto de amor (1953) y con la cual se casó en Las Vegas el 29 de mayo de 1954, después de romper sus relaciones con Pier Angeli. De ese matrimonio nacieron otros dos hijos: Eric Anthony Douglas, que vino al mundo el 21 de junio de 1958 y falleció víctima de una sobredosis el 6 de julio de 2004, y Peter Douglas, nacido el 23 de noviembre de 1955. Ambos se dedicaron también a trabajar en distintas facetas cinematográficas probando suerte como actores, aspecto en el cual el heredero indiscutible de Kirk ha sido su hijo Michael Douglas.

Miguel Juan Payán

Kirk Douglas falleció el 5 de febrero de 2020 anunciándolo su hijo Michael Douglas en redes sociales

Es con tremenda tristeza que mis hermanos y yo anunciamos que Kirk Douglas nos dejó hoy a los 103. años. Al mundo era una leyenda, un actor de la edad dorada de las películas que vivió bien en sus años dorados, un humanitario cuyo compromiso con la justicia y las causas en las que creía establecer un estándar para que todos nosotros aspiramos.

Pero para mí y mis hermanos Joel y Pedro él era simplemente papá, para Catherine, un maravilloso suegra, a sus nietos y bisnieto su amoroso abuelo, y a su esposa Anne, un maravilloso esposo.

La vida de Kirk fue bien vivida, y deja un legado en película que perdurará durante generaciones venideras, y una historia como un reconocido filántropo que trabajó para ayudar al público y traer paz al planeta.

Déjame terminar con las palabras que le dije en su último cumpleaños y que siempre seguirá siendo verdad. Papá, te quiero mucho y estoy muy orgullosa de ser tu hijo.
#KirkDouglas

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Modificado por última vez en Jueves, 06 Febrero 2020 10:06
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