Ismael ★★★

Diciembre 27, 2013

Crítica de la película Ismael con Belén Rueda y Mario Casas

Drama familiar de buenos sentimientos y un reparto ejemplar. Y tras las cámaras un director que sabe lo que quiere y cómo quiere contarlo. Marcelo Piñeyro es un magnífico director argentino, al que muchas veces olvidamos debido al talento impresionante de gente como Juan José Campanella, pero que tiene en su haber películas tan interesante como Plata Quemada o El Método, o directamente joyas como Kamchatka (es difícil olvidar ese enorme y agridulce final), y que además tiene la virtud de saber aprovechar la posibilidad de rodar en Argentina y España. Aunque en esta ocasión no llega al nivel de trabajos anteriores, pero no por su elegante y precioso trabajo. Pero nos deja una más que apreciable película para las Navidades.

La historia de un niño de ocho años que se fuga de casa y viaja a Barcelona para conocer a su padre biológico, que no sabe nada de él. Allí conocerá a su abuela y a su padre, y, juntos, toda la familia intentará encontrar un camino que cierre viejas heridas y abra nuevos caminos. Una perfecta historia para esta época del año, con un par de giros interesantes, un muy buen director y un reparto que está a la altura de las circunstancias y nos ofrece humanidad, cercanía y sencillez en sus interpretaciones, para contar esta pequeña gran historia. Aunque, claro, habrá que quien la ataque sin piedad por su actor protagonista, lo cual empieza a ser tan obvio y ridículo que asusta.

Negarle a Mario Casas su talento a estas alturas de película resulta absurdo. El actor ha protagonizado un buen puñado de películas en las que se come la pantalla, por no hablar de lo mucho que atrae al público su presencia en una pantalla. Grupo 7, La Mula, Las Brujas de Zugarramurdi y ahora Ismael, deberían bastar para demostrar la variedad de registros y el enorme talento del actor, muchas veces encasillado por crítica y público. Si lo acompañamos de Belén Rueda (mucho más ligera y cómica que de costumbre, y se agradece ver que le dan otros papeles), el siempre enorme Sergi López, Juan Diego Botto o Ella Kweku, quien debuta junto al alma de la película, el niño Larsson do Amaral, cuya frescura resulta difícil de igualar.

Piñeyro sabe contar la historia, colocar el humor y dejar escenas muy bellas, conmovedoras, sencillas pero únicas, de tal forma que su elegancia narrativa hace que suba puntos la película, cuyo mayor pero es el guión, que no es ni mucho menos malo, pero tiene detalles que son bastante mejorables (el tema del racismo en el bar de carretera, la escena en el paseo marítimo, el pasado de la pareja, algún diálogo…). Si tirase menos de la historia romántica y más de la paternal, la película ganaría enteros. Pero con todo eso, Ismael hace sonreír, emociona y tiene golpes de humor geniales. Tiene corazón y tiene verdad detrás, tiene actores y un gran director. Y tiene detalles de Kamchatka, más que de Plata Quemada, para que me entiendan. De la vida real. Del futuro por escribir y las promesas por cumplir. Por todo ello merece la pena verla.

Jesús Usero

©accioncine

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Crítica de la película Tengo Ganas de Ti

 

Fiel adaptación de la novela que hará las delicias de quien disfrutó de la primera entrega. Babi y Hache vuelven a la gran pantalla para completar esa gran historia de amor escrita por Federico Moccia con las novelas A 3 Metros sobre el Cielo y Tengo Ganas de Ti, que ya fueron adaptadas en su Italia natal y que ahora, un año y medio después del estreno de la primera adaptación española, regresan para volver a llenar las salas de cine como también lo consiguió 3 Metros sobre el Cielo con más de 10 millones de euros recaudados, cifra a la que aspira, sin duda, Tengo Ganas de Ti. Y en una época en la que el cine español anda de capa caída y el fútbol mantiene al público alejado de las salas, una película como ésta, destinada mayoritariamente al público femenino, puede resucitar la taquilla y dar una alegría a nuestro cine, que buena falta le hace.

Grupo 7 ★★★★

Abril 01, 2012

Crítica de la película Grupo 7.

No es sólo buena. Es muy buena. Una película policíaca redonda, con todos los elementos del género. No lo duden: hay que verla. Retrocedemos a finales de los ochenta en una Sevilla que se prepara para celebrar la Exposición Universal a principios de los noventa y nos encontramos con una película policíaca ejemplar capaz de demostrar que se puede hacer cine de género sin perder las características del cine de autor, con escenas de acción trepidantes como la persecución por los tejados que se marca Mario Casas al principio de la película, y con interpretaciones tan contenidas y sobresalientes como la del co-protagonista, Antonio de la Torre. Con historias de policías corruptos o a medio corromper, que nos creemos más que las de sus tópicos equivalentes norteamericanos porque en el fondo son gente más cercana, y no me refiero sólo al idioma, sino a su manera de bromear, quedar para tomar cañas en un bar, pasar el domingo con la familia o apañarse la vida entre redada y redada de camellos en una calles ejemplarmente tratadas como un protagonista más de la película. Esa conversación entre el poli veterano y el novato, que se repite luego, sobre la foto del niño, “mu bonito”, es parte del alma de una película que además de la trama policial central tiene distintas subtramas bien construidas, capaces de dar vida y verdad a las peripecias de esos cuatro policías enfrentados además a uno de los antagonistas mejor construidos del cine policíaco que hemos visto en los últimos años. Mejor construido y mejor administrado en el guión, porque va creciendo y definiéndose apenas con algunas pinceladas a lo largo de toda la película, hasta aparecer finalmente en una secuencia de ajuste de cuentas que tiene la capacidad para no dejar que la tentación de montar un estallido melodramático exagerado se cargue la credibilidad con la que el director ha venido construyendo su historia y la existencia de sus personajes hasta ese momento.

Esto no es cine norteamericano, amigos, y se nota. Se nota para bien. Se nota en esa trama del policía Rafael poniendo velas a la virgen con el aplomo de un tipo duro del polar francés clásico, de esos que hablan poco con la boca y mucho con los ojos y con los gestos, pero sin perder su identidad española, más aún, su identidad sevillana. Se nota en ese trepa con buenas intenciones, pero no por ello menos trepa (una especie muy española, todos para nuestra desgracia conocemos alguno) que interpreta Mario Casas, un actor que por encima de ser un icono mediático en clave de sex-symbol demuestra aquí que puede echarse a la espalda un papel protagonista tranquilamente sin descomponer el gesto y ganándose a la cámara y al espectador sin despeinarse. Se nota en esos tres papeles femeninos, breves pero fundamentales, Elena (Inma Cuesta), Lucía (Lucía Guerrero) y Marisa (Diana Lázaro), que abren otro paisaje de la trama principal. O en esos dos segundos protagonistas, no secundarios, porque tienen su propio peso en el relato, Mateo (Joaquín Núñez) y Miguel (José Manuel Poga), y en ese chota, chivato o confite que le pasa información al policía, encarnado por Julián Villagrán, al que no hace mucho le hemos visto construyendo otro papel completamente distinto en Extraterrestre de Nacho Vigalondo, y que si me permiten la opinión, puede hacer el papel que le dé la gana, porque va a clavarlo fijo. En esos actores es en lo que se basa la calidad de una película que además visualmente está bien servida de talento por un director que consigue captar no sólo en las localizaciones, sino en la forma de presentar su historia, una especie de alma del cine policíaco de los ochenta, el buen cine policíaco de los ochenta quiero decir, hasta el punto de que con esos planos para situarnos cronológicamente y con la música que los acompaña, me recordó o puso tras la pista de una de las mejores películas del género que produjo la década de los 80: Vivir y morir en Los Ángeles, dirigida por William Friedkin en 1985. De manera que Grupo 7 es un buen ejercicio de cine de autor desde las claves del género, o un buen ejercicio del cine de género desde las claves de autor. Tanto da. Elijan ustedes lo que más les guste, pero tengan claro que es una de las mejores películas españolas que vamos a ver este año. Y una de las mejores películas policíacas, españolas o no, que he visto en mucho tiempo. Bien construida, con personajes interesantes, con un reparto que borda su trabajo. Y narrada con pulso firme y con habilidad para meter calidad entre las imprescindibles claves del género que aborda. En mi opinión, este es el tipo de cine español que hay que apoyar en la taquilla, porque sin ceder terreno en hacer una propuesta de calidad, busca entretener a la mayoría, hacer que salgan ustedes del cine con la impresión de haber recibido aquello por lo que pagaron: evasión. Creo que en estos tiempos de crisis que vivimos, el cine de género abordado con la calidad y el talento que exhibe Grupo 7 es la mejor forma para mantener la industria en marcha. Miguel Juan Payán

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