El mítico cineasta presentó en Londres su nueva película, El Irlandés, que ha rodado para Netflix, y volvió a reiterar sus declaraciones sobre el cine de superhéroes hechas a Empire.

Parece ser que Martin Scorsese no se preocupa lo más mínimo por las redes sociales, la polémica o lo que se diga de él y de su opinión. Desde que declaró en un artículo en Empire que el cine de superhéroes está lejos de ser cine real y es más un parque temático que una película, internet se ha levantado en armas contra el cineasta para defender el género, o incluso para defender a Scorsese, aunque no con la misma intensidad que se le ha atacado. Hasta Robert Downey Jr. intentó contextualizar las palabras de Scorsese y poner paz en la guerra que se estaba desatando, pero parece que al cineasta no le interesa la paz y está preparado para la guerra…

Crítica de la película Superlópez

Divertida adaptación del cómic bien defendida por sus actores.

El reparto es el que tiene la mayor parte del mérito de que algo tan difícil como adaptar al cine un comic de parodia de superhéroes como Superlópez salga adelante de manera correcta y resulte en una película viable como el es caso de esta película. Pero lo que me parece aún más importante es que conserva un buen tono general de parodia en su conjunto. Y tratándose de un tema como el que aborda, enfrentándose a la visión del personaje que pueda tener cada uno de los lectores que han disfrutado del personaje creado por Jan en las viñetas, insisto en que no era cosa fácil. Superlópez, por ser parodia de Supermán y sus congéneres, productos de moda en nuestros días, no sólo no lo tenía más fácil, sino que muy al contrario lo tenía aún más difícil que otros personajes adaptados al cine en imagen real en los últimos tiempos, como Mortadelo y Filemón, Zipi y Zape o Anacleto. Arrastrando tras de sí todo el abanico de la fórmula superheroica y con el icónico Supermán como referencia añadida y lastre de comparación “odiosa” para el espectador, la cosa era más complicada que en esos otros personajes sin un antecedente tan claro y popular como el del huérfano del planeta Krypton.

Éxito de la charla de ACCIÓN de Los Superhéroes en el Cine.

Desde el 21 al 23 de Septiembre el pabellón 12 de Ifema nos ha abierto sus puertas para disfrutar de este encuentro entre amantes de cine, series, superhéroes y frikis de un modo u otro.

El primer día pudimos disfrutar de Jacob Elordi, posando en un stand inspirado en su película Mi primer beso  y Kevin McNally quien compartió con todo nosotros muchas anécdotas de rodaje.

El sábado 22 contamos con la presencia de Jerome Flynn, actor que interpreta a Bronn en Juego de tronos, quien no dudó en sentarse en el trono de la serie de HBO, y Paul Wesley de Crónicas vampíricas. No podía faltar el clásico y siempre esperado concurso de cosplays.

Charla Batman v Superman, superhéroes y series de TV a cargo de Miguel Juan Payán y Jesús Usero en el Café de FNAC Callao de Madrid celebrado el 28/3/16 ‬

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©accioncine

Crítica de la película X-Men: Primera generación

Una  grata sorpresa que pone el cine de superhéroes de la Marvel en una nueva fase y como mínimo está a la altura de las dos primeras películas de la saga de X-Men dirigidas por Bryan Singer, si bien tengo que reconocer que personalmente me ha gustado más que aquellas, quizá porque la veo más “película” y menos “adaptación de personajes de cómic”. Los personajes originales son del cómic, pero aquí creo que Singer, que ha participado en la concepción de la trama oficiando también como productor, se ha sentido aún más libre para poner en pie una historia que puede presumir de ser cine más independiente de la fuente original, y adapta los personajes con menos lastres de fidelidad y complejos que sus versiones anteriores. Finalmente los personajes de la Marvel empiezan a entrar con esta película en una nueva fase de evolución cinematográfica similar a la que iniciaran los personajes de la DC Comics con Batman Begins… lo que significa que ahora están más cerca de conseguir su equivalente a El caballero oscuro.

A nivel personal me ha gustado mucho ese juego de recreación de los años sesenta, en el que se hacen notar pequeñas pinceladas de la primera saga de James Bond, con sus breves fragmentos de peripecias de espionaje protagonizadas por mutantes, sin renunciar a la parte más aventurera y de ciencia ficción que integran la saga de los mutantes tanto el cómic como en sus anteriores adaptaciones cinematográficas.

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Uno de los logros de la película es ese equilibrio para meter en el contenido de la trama de un solo largometraje temas como la venganza de Erik, el vínculo familiar que se establece entre Xavier y Mística, el reclutamiento de la primera agrupación de X-Men, Cerebro, y además presentando al Club Fuego Infernal con un Kevin Bacon ejemplar como villano, en un papel que le sitúa rápidamente entre los mejores villanos del cómic adaptado al cine desde que sale por primera vez en pantalla. Además de hacer transitable para todo tipo de público la incorporación de los mutantes a un suceso de tanta importancia para la historia del siglo XX como fue la crisis de los misiles cubanos, X-Men la primera generación tiene tiempo para plantear los conflictos a los que se ven sometidos los principales protagonistas de la trama. Por ejemplo asistimos al complejo de búsqueda de afecto de Mística y queda muy claro por qué en X-Men 1 nos la encontramos aliada con Magneto, y a base de breves pinceladas la vemos saltando de un intento de relación sentimental a otra entre tres de los personajes masculinos, sin que en ningún momento eso sirva de lastre para el resto del relato o el argumento de intriga y acción propiamente dicho. También asistimos al dilema que enfrenta la Bestia, además de la presentación de toda una nueva galería de personajes con superpoderes.

En ese proceso sólo podemos reprocharle a la película que no preste la misma atención al desarrollo de los villanos que al de los héroes, pero teniendo en cuenta el ritmo del relato y la duración del mismo, así como la enorme cantidad de información que incorpora para el espectador, además de su definitorio título (es la primera generación de los X-Men no de los miembros del Club Fuego Infernal), cabe entender que a la hora de plantear el guión y con gran astucia sus artífices hayan optado por confiar la parte del león de los villanos al gran talento de Kevin Bacon para poner a los “malos” del cómic de superhéroes que pasan del cine a la televisión en una nueva dimensión, personificando al temible Sebastian Shaw. Por otra parte el desenlace abre la puerta a un más que previsible desarrollo de esos personajes de villanos en próximas entregas de la saga.

Considerando todo lo anterior me parece que los comentarios que le buscan a esta película la pega de que no tiene tantos ni tan perfeccionistas efectos visuales como las anteriores sobran. La magia del cine está primero en el guión, luego en la dirección, la interpretación, y en definitiva las películas que mejor nos llegan y más nos gustan son las que están mejor construidas. En ese sentido aplaudo que se preste más atención, como es este caso, a un buen desarrollo de la historia y los personajes antes, y si los efectos visuales no son para los ojos más quisquillosos en esa parcela el máximo que permite la tecnología del momento, me da lo mismo. Me basta con que cumplan su cometido como herramientas para contar la historia, y me sobran siempre que dichas herramientas se convierten en protagonistas sobre personajes o trama, cosa que lamentablemente viene ocurriendo con frecuencia en el cine de acción evasión de los últimos tiempos.

En ese sentido, X-Men la primera generación es en su conjunto un excelente trabajo que bien podría estudiar y aprenderse de memoria el amigo George Lucas en lo referido a cómo organizar la información para una precuela y las “caídas en el lado oscuro” de los personajes sin necesitar ni tres películas ni ser tan previsible como él lo fue en su no obstante bien abastecida de efectos visuales primera trilogía de Star Wars.

Creo que con esta película el cine de superhéroes prosigue en el camino que ya iniciara Christopher Nolan con Batman Begins y El caballero oscuro, esto es: hacer que las adaptaciones al cine de los superhéroes del cómic adquieran su propia identidad como producto cinematográfico, sin por ello dejar de rendir el merecido homenaje a sus fuentes, pero desarrollándose según la propia personalidad del medio para el que han sido concebida. Creo además que es un buen ejemplo que demuestra que una película empieza a ser buena o mala cuando comienza a construir su historia y organizar su información en el guión. Esa es la base.

Por eso me parece que con esta nueva entrega de X-Men, que es el mejor ejercicio de precuela que recuerdo, el cine de superhéroes entra en una nueva fase. Esperemos que se mantenga en este interesante camino.

Miguel Juan Payán

Crítica de la película Thor

Tan buena como X-Men y X-Men 2, mejor que Iron Man e Iron Man 2. No es la mejor adaptación del cómic al cine, porque sigue estando ahí arriba, muy arriba, El caballero oscuro de Christopher Nolan, pero no cabe duda de que Thor es un encuentro mucho más acertado del talento de un director con estilo propio y personalidad (Kenneth Branagh) a un personaje de la Marvel de lo que fue la versión Ang Lee de Hulk. Creo que con estas pistas sitúo más o menos a Thor en el lugar que me parece ocupa dentro de las adaptaciones del universo superheróico de la Marvel al cine, concretamente a la altura de los logros de Bryan Singer con sus dos películas sobre los mutantes.

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Seamos sinceros: el tema de las adaptaciones de las viñetas al cine en lo referido a la Marvel está necesitado de que directores de talento y experiencia, con productos de calidad a sus espaldas y una formación clásica, le metan mano a los personajes de superhéroes. Es por ello una pena que Darren Aronofsky se haya bajado del proyecto de filmar la segunda entrega de Lobezno, ya que sin duda de ese choque entre el talento veterano y con imaginación y características de cine de autor y las fantasías de la Marvel pueden salir cosas muy buenas…

Thor es un buen ejemplo de los resultados positivos que se derivan de ese tipo de encuentros, incluso con sus pequeño defectos, tanto más pequeños cuanto que es una película trepidante, visualmente espectacular, con una buena construcción de la historia y un ritmo ejemplar, que resulta muy entretenida y llega al tope en lo que a verosimilitud de las peripecias superheróicas en la pantalla se refiere sin renegar o traicionar en modo alguno la fuente original de los cómics que le sirven como base.

Mi opinión general sobre la película es por tanto muy positiva. Si ahora mismo tuviera que elegir comprarme tres películas de adaptación de los personajes Marvel al cine esta trilogía la formarían sin duda las dos de Singer con los mutantes y este trepidante y muy logrado encuentro de Branagh con el universo de Thor (vale, luego sacaría pasta de donde fuera para añadir las dos de Iron Man porque me parecen muy divertidas, aunque sé que están algo por detrás de las otras tres).

En Thor concretamente creo que han trabajado muy bien esa mezcla de mundo real y fantasía, y visualmente la recreación de Asgard, que no era nada fácil, y de los nueve reinos unidos por el árbol Yggdrasil, está muy lograda, adornándose además con una mezcla de mitología y ciencia ficción que es una de las mejores maniobras de hibridación entre géneros que he visto en el cine en los últimos años. Branagh ha sabido además exorcizar todos los fantasmas que sobrevolaban su participación en el proyecto. Los seguidores de Thor en el cómic temíamos que pudiera convertirse en otra víctima de su natural inclinación por las obras de Shakespeare, tal y como ocurrió en su versión de Frankenstein (que reconozco que a mí me gustó, aunque le hayan dado tantos palos), y eso no ha ocurrido. En manos de Branagh, Thor sigue siendo Thor, y para ser sincero, hay menos Shakespeare que guerra de sexos tipo screwball comedy, hay más de Howard Hawks en La fiera de mi niña, o más de Preston Sturges en Los viajes de Sullivan, porque todo el largometraje funciona bastante bien como mezcla de aventuras, comedia y una pincelada de romance. Es en la dosificación de elementos de todo el proyecto en lo que Branagh ha tenido más acierto, ya que la parte épica y de acción no resta un ápice de funcionalidad a la creación de personajes y al mismo tiempo el contenido mitológico y trágico, más shakespeariano, de la familia real de Asgard, no resta efectividad a la peripecia de Thor en la Tierra. Branagh sabe decir mucho sobre los personajes con muy poco, y además tiene bastante controlado el tema de la dirección de actores para sacar el máximo partido a las herramientas humanas de su narración en un reparto que está suficientemente bien pertrechado de talento para sacar adelante con muy pocas apariciones personajes que en las viñetas tienen un largo recorrido y un más amplio arco de desarrollo.

Creo además que Branagh ha sabido salir con la habilidad que le otorga su veteranía de las trampas a que están sometidos todos aquellos directores enfrentados al encargo de trasladar las fantasías de las viñetas de la Marvel al cine. Las trampas son muchas, pero entre todas ellas destacan especialmente la necesaria presentación de personajes al público que no sigue sus peripecias en el cómic, que en algunos casos ha operado como lastre de la propia historia. La otra traba destacada es el aparentemente insoslayable carácter episódico de estas producciones, heredado sin duda de su anterior vida en el mundo de las viñetas. Concebidas en clave de trilogías, y con ese entramado entre las distintas sagas (Hulk, Iron Man, Thor, Capitán América…), en las que ejerce como cemento unificador o vínculo común la organización Shield y las apariciones de Samuel L. Jackson ejerciendo como Nick Furia, las películas que adaptan las peripecias de los superhéroes Marvel tienen un ritmo y una forma de narrar que se basa más en la acumulación de episodios y la construcción de personajes a pinceladas breves, sin profundizar, lo que conduce todas las tramas a una inevitable superficialidad episódica que en el cómic no es un lastre, porque número a número va construyendo un arco de desarrollo de personajes más complejo del que puede permitirse una película en más o menos dos horas de metraje. Simplemente el cine no tiene tiempo suficiente para profundizar más en estas historias si quiere mantener su personalidad como producto de evasión y entretenimiento, de manera que es imprescindible que los guionistas y realizadores sean muy hábiles para contar mucho en muy poco tiempos sobre las situaciones y personajes. Es por eso que seguramente la televisión sería mejor medio para adaptar este tipo de producto al audiovisual que el cine. No obstante, creo que en ese sentido Branagh en Thor ha hecho un gran trabajo. La película se sostiene como relato independiente, y aun haciendo gala de la inevitable característica episódica de este tipo de producciones, consigue incluso  levantar unos personajes secundarios eficaces más allá de los papeles protagonistas. Y si hay algo de Shakespeare, está de forma coherente expresado en Loki, el Yago de la historia, y en esos guerreros amigos del héroe, que personalmente tanto me recuerdan al grupo protagonista de la obra Mucho ruido y pocas nueces

Miguel Juan Payán

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