Crítica de la película El Ritmo de la Venganza

Bien dirigida, bien protagonizada, lástima que el guión haga aguas.

Una película de la que nadie esperaba demasiado, centrada en un género tan trillado como el de las venganzas personales. Un personaje que descubre quién le arrebató algo muy querido y pone su meta en acabar con ese alguien, o esos. Nada nuevo bajo el sol, así que lo mínimo que le pedimos es que tenga un guión aseado. Nada más. Ni sorprendente, ni revelador, ni magistral. Aseado. Competente. Correcto. Coherente. No mucho más. Una historia que nos lleve de A a B y de B a C sin complicaciones. No necesita absolutamente nada más. El problema es que El Ritmo de la Venganza intenta reinventar la rueda y para ello la hace cuadrada. No sólo el invento era innecesario, sino que además no termina de funcionar.

La historia es la de una joven que tiene un futuro prometedor, una familia que la adora, un proyecto de vida… todo desaparece cuando toda su familia muere en un accidente de avión. Ella cae en el mundo de las drogas y la prostitución, incapaz de asumir la pérdida y llena de culpa. Pero cuando descubra que el accidente quizá fuese algo más, pondrá todo su empeño en encontrar a los culpables y acabar con ellos. No tiene mucho más misterio una trama que, por desgracia, está tan interesada en sorprendernos, en dejarnos sin aliento, que desaprovecha lo importante. Buenos actores, buen arranque… y todo desperdiciado cuando empiezan a ocurrir incoherencias en la historia que no hay por dónde cogerlas.

Crítica de la película El hombre invisible

Interesante nueva versión de la obra de H.G Wells que se apoya en una enorme Elisabeth Moss.

La película no resultará memorable y tiene muchas cosas mejorables en el guión de Leigh Whannell, pero es sin duda un nuevo punto de vista en el personaje, en las dudas y miedos que plantea, y en el mundo en el que vivimos. Y, sobre todo, nos muestra a una actriz que está en uno de los mejores momentos de su carrera, echándose a las espaldas la película, para meternos dentro de lo que sufre y vive su personaje, casi sin despeinarse y haciendo que parezca fácil algo tan complicado como darle la réplica a la nada. Al vacío que existe frente a ella cuando está sola y le toca reaccionar a su asaltante invisible.

Contada desde el punto de vista de la víctima, la película cuenta la historia de Cecilia, una mujer que vive en un matrimonio donde recibe malos tratos constantes, donde su marido, un hombre rico y poderoso, controla cada segundo de su vida, algo de lo que intenta escapar, lo que lleva al suicidio de él. Pero poco a poco Cecilia empieza a sentir que una presencia la acompaña. Que alguien está a su alrededor y no puede verlo. Acosándola, sin dejar que sea libre… ¿Será objeto de su imaginación debido al trauma o se encuentra realmente en peligro y su marido no está muerto, sino que ha conseguido convertirse en invisible? En cierta medida es lo que intentó proponer El hombre sin sombra de Paul Verhoeven, pero mucho mejor hecho, sin excesos morbosos y con bastante inteligencia.

Crítica de la película La llamada de lo salvaje

Buena adaptación de la novela de Jack London. Cine de aventuras para toda la familia.

Da gusto reencontrarse con este tipo de cine de aventuras que sabe cuál es su camino y no se deja arrastrar a los errores que en algunas ocasiones han servido como lastre de otras traducciones a la pantalla grande o pequeña de la novela de Jack London sobre el perro Buck.

El primer acierto de esta versión es que tiene claro y no esquiva y camufla el protagonismo del perro. No intenta meter con calzador protagonismo humano. Harrison Ford y Omar Sy sirven como compañeros de aventuras del protagonista en clave secundario humano, pero nunca desequilibran en favor del tratamiento de los personajes humanos lo que la novela de London planteó de manera muy clara.

Crítica de la película Vida oculta

Malick regresa con un relato poético y desgarrador sobre la guerra.

Pero no sobre el frente y sobre los caídos en combate, ni siquiera un viaje a la locura como La Delgada Línea Roja. Terrence Malick nos traslada a la Austria profunda, a un pequeño pueblo de agricultores y pastores donde un hombre decide decir no a la guerra, enfrentarse sólo al nazismo por el mero hecho de negarse no sólo a luchar, sino a jurar lealtad a Adolf Hitler, lo que inicia una historia desconocida por la mayoría, una vida oculta, tapada muchas veces por las historias de heroísmo o sacrificio del frente, pero no por ello una historia menos importante. Vida oculta es un relato sobre los valores, la honestidad y la fe, algo que no se ve todos los días. Una historia pequeña y, justo por ello, grande.

La película nos habla de un joven matrimonio, formado por Franz y Fani. Tienen una granja en un pequeño pueblo en Austria. Cultivan, cuidan del ganado, tienen tres hijas preciosas… son felices. Incluso acogen a la hermana de ella y a su suegra. Pero los rumores de la guerra son cada vez más cercanos. Cuando los nazis invaden Austria un sentimiento de odio empieza a crecer, y cada vez más jóvenes son llamados a filas. Primero a entrenar, luego a combatir, jurando lealtad a Adolf Hitler. Algo que Franz no puede aceptar. No es sólo que repudie la guerra, podría ser un objetor de conciencia, o pedir destino en un hospital… es más que eso, es la idea de representar los valores nazis y jurarles lealtad lo que le impide aceptar y le llevará a seguir su propia conciencia sin flaquear nunca.

Crítica de la película Underwater

Sorprendente homenaje al género de terror bajo el agua.

De donde no esperábamos absolutamente nada, como mucho un descalabro como pudo ser Life, nos encontramos con una película que aprovecha muy bien algunos de los elementos con los que cuenta desde su inicio. Un buen reparto, lleno de rostros conocidos y buenos actores y actrices, un interesante punto de partida, y una localización inmejorable para la historia, el fondo marino. Oscuro, siniestro… pocas personas no sienten un escalofrío al pensar en la profundidad del océano, donde no llega la luz del sol y la oscuridad es absoluta, y donde, realidad o no, nuestras pesadillas, los mayores monstruos pueden hacerse realidad. La película sabe usar ese espacio para generar tensión y hacer que crezca poco a poco a lo largo del relato.

Una estación de trabajo situada en el fondo de la fosa de las Marianas, a casi 7 millas de profundidad, donde una empresa está perforando para obtener materiales del fondo marino. Un terremoto provoca un desastre que permite a algunos huir pero deja encerrados e incomunicados a un pequeño grupo de supervivientes que tendrá que embarcarse en una peligrosa aventura para sobrevivir. Aunque, lo que no saben, es que quizá no estén solos ahí abajo… Noventa y cinco minutos sólo de duración para una película que ni siquiera nos deja aburrirnos y que cuenta con un sólido y competente reparto para defender la historia, apañada, correcta, con demasiados clichés y algún momento absurdo que se repite, pero también con curiosos detalles y un giro final muy jugoso.

Crítica de la película El amor está en el agua

Yuasa nos invita a enamorarnos, emocionarnos y aceptar la realidad con su último trabajo

Este año pasado parece que ha sido el año del agua en lo que respecta a animación japonesa; Los niños del mar, El tiempo contigo y The Wonderland han tenido como elemento fundamental (en algunos casos incluso podría decirse que protagonista) el agua, y ahora nos encontramos con otro largometraje más en el que hilo conductor no es otro que este mismo, esta vez por partida doble. Masaaki Yuasa regresa a las andadas con un nuevo film titulado El amor está en el agua tras sus dos últimos proyectos cinematográficos estrenados en el país nipón en 2017, Night is short, Walk on Girl y Lu over the wall, y ya os puedo confirmar que no va a dejar indiferente a nadie.

Como su propio título sugiere, la trama se centra en una historia de amor entre una chica, Hinako, que, tras verse envuelta en unos acontecimientos, conoce al amor de su vida, Minato. Antes comentaba que el agua estaba presente por partida doble, y es que Hinako, es una apasionada del surf, mientras que Minato es un chico cuyo propósito en la vida es ayudar a los demás, motivo por el que se hace bombero. Se que muchos estaréis pensando: “Otra película animada japonesa más cuyo tema principal es el amor”, y en parte no os falta razón, pero Yuasa demuestra con este proyecto que la cosa va más allá de una simple cursilería (que de esto tiene mucho, y eso que a mí no me suele molestar este aspecto), dando un giro en la trama que a más de uno os sorprenderá si no sabéis realmente de que trata todo esto. Sugiero, de hecho, que evitéis cualquier trailer, sinopsis y contenido de la película para que no estéis condicionados ni sepáis apenas nada, de esta forma os aseguro que disfrutareis más de ella.

Opinión sobre los rumores sobre que Disney y Lucasfilms quieren que Taika Waititi se haga cargo de una de las nuevas películas de Star Wars y también sobre la posible filtración del guión del Episodio IX de Colin Trevorrow

 

Crítica de la película Cuestión de justicia

Michael B. Jordan salva una repetitiva película de juicios

El cine de tribunales y hechos reales empieza a asomar las orejas en la cartelera como ocurre cada año en estas fechas cuando se cumple el tiempo límite para estrenar película que pueda optar a los premios del año y jugar la baza de la denuncia social como clave argumental para repetir fórmulas genéricas que van necesitando cierta renovación.

Cuestión de justicia es un buen ejemplo de ello. Es repetitiva y a ratos un puntito telefílmica, sino por ello dejar de ser sólida dentro de la repetición de la fórmula en la que se desarrolla. Esa solidez se la presta en primer lugar su protagonista, Michael B. Jordan, que demuestra que puede hacerse con todo tipo de papeles y reniega con fuerza de todo encasillamiento, demostrando que estamos ante un actor todoterreno que puede meterse en cualquier proyecto y darle brillo con su trabajo. Lo hemos visto ya en suficientes registros como para que eso quede puesto de manifiesto, pero su papel como el joven abogado de este largometraje, basado además en un personaje real, lo confirma.

Crítica de la película Aguas oscuras

Inquietante y muy bien dirigida película de intriga sobre caso real.

Todd Haynes nos cuenta con gran habilidad y personalidad una trama de intriga corporativa y envenenamiento de la población que aún siguiendo cuidadosamente los pasos de este tipo de películas de denuncia y fórmula del viaje del héroe, gana puntos por el trabajo de dirección. Está muy bien contada y con un muy buen ritmo. No llega a tener el gancho de Spotlight, pero engancha por su solidez a la hora de plantearse un relato que fácilmente podría haberla llevado al lenguaje visual del telefilme o hacerla perecer en las aguas del tópico.

Hay muchas películas que pueden haber abordado temas similares al que aquí se nos cuenta, pero Haynes le aporta un juego visual a su propuesta que le hace ganar distancia de las mismas. Le pasa lo contrario que a Cuestión de justicia, que partiendo de un caso real pierde fuerza al entregarse a una fórmula a medio camino entre la denuncia temática del abuso racista y la pena de muerte y la entrega a la fórmula de intriga típica de las novelas de John Grisham. Nada de eso ocurre en este caso porque Haynes consigue desarrollar una propuesta muy seria, y por tanto inquietante, siguiendo el recorrido de la fórmula, cierto, pero sin entregarse al tópico.

Crítica de la película Bad Boys for life

La mejor de toda la franquicia. Divertida y cumple bien con su cometido.

Las paradojas del cine: ha hecho falta que Michael Bay no dirigiera esta entrega para que sea la más sólida de las tres que ahora mismo integran la saga, con el guión mas solvente, haciendo el mejor uso posible de las características de la franquicia, y añadiendo con acierto el elemento del grupo de jóvenes policías.

A los protagonistas les sienta bien envejecer en esta tercera entrega que cuenta con el mejor Martin Lawrence de toda la saga y curiosamente le da más protagonismo y peso que en las anteriores, dejando que sea el motor de la película en muchos momentos, sirviendo para refrescar la propuesta en los momentos en que podría resultar reiterativa.