Crítica de la película Kingsman: Servicio Secreto

Cine de acción y espías con mala uva y mucho estilo. La clave de la película de Matthew Vaughn que está siendo un éxito en medio mundo, podría resumirse en el chiste que se puede ver en el tráiler sobre el nombre del perro del protagonista, JB, y de dónde vienen las iniciales. Ni James Bond, ni Jason Bourne. Jack Bauer, damas y caballeros. Que los otros dos lo mismo son un poco blanditos para los tiempos que corren, y Jack Bauer tortura a los malos, reparte estopa y se preocupa poco por ir rompiendo corazones, y más por ir rompiendo brazos. Hay otro chiste hacia el final de la película que no debe ser revelado antes de tiempo y que también apunta a lo que nos vamos a encontrar en Kingsman. Cine de acción y de espías, pero irreverente, distinto, vibrante, con unas secuencias de acción que son puro estilismo y potencia, llenas de violencia exagerada, sangre y humor salvaje. Y con un protagonista en muchas de ellas, como poco inesperado, como es Colin Firth, que reparte estopa de una forma nunca antes vista en su caso. Con lo formalito y caballero inglés que parecía. Una máquina de matar con buenos modales.

No he tenido la suerte de leer el cómic de Mark Millar, pero sí puedo decir que la anterior adaptación de su cine que hizo Vaughn no terminó de cuadrarme. Le faltaba parte de la mala leche del cómic, de esas relaciones padre/hijo tan demenciales que tenían los personajes centrales, y que la película prefería pasar de puntillas para centrarse en lo mucho que le costaba al personaje central echarse novia y llevársela al catre. Y luego mantener la relación. Es decir, más de lo mismo, pese a la envoltura en apariencia irreverente que tenía. Con momentos y personajes muy conseguidos, como lo era Chloe Moretz y su Hit Girl, pero poco más. Simpática, entretenida, a ratos con potencial de más… Kingsman es otra cosa, otro nivel, que explota sus posibilidades como lo hacía, en cierto sentido, otra adaptación de Millar, Wanted, quedándose con ciertas cosas, pero cambiando muchas del cómic para dar una versión diferente, única y personal del universo en el que se plantea la acción. Y en el caso de Kingsman sale muy ganadora de ese pulso ofreciendo un espectáculo de primer orden, pero también una sátira del mundo de los espías en el cine, empezando por ese Colin Firth que se rumoreó podía haber sido James Bond, pero al que nadie terminaba de verle en el papel. Demasiado héroe romántico decían. Se ha quitado la espinita a lo grande.

Porque, hablando de Firth y del reparto, menuda lista de ilustres nombres británicos y alguno americano, que han puesto en la película para acompañar al casi debutante Taron Egerton, que, por cierto, lo hace de maravilla para sacar adelante al personaje central, con su aire de chulo y quinqui de barrio que tiene mucho más que decir de lo que el mundo que le rodea espera, pero sin perder nunca la chulería. Firth lo clava como el otro protagonista de la película, con un porte elegante de caballero inglés, pero unas formas en la acción que no le suponíamos. La escena de la iglesia es perfecta para ver lo que podía haber dado de sí de haberle confiado antes alguien un personaje así. Una pasada. Y Egerton aguanta los cara a cara con el ganador del Oscar, que no son pocos y es donde está parte de la chicha del film, con mucha solvencia. Junto a ellos, Michael Caine (siempre el mejor, siempre el más grande, haga lo que haga), Mark Strong, tan brillante como siempre, o Jack Davenport. Entre los americanos, Samuel L. Jackson, riéndose de su imagen habitual y de los villanos de este tipo de películas, y un pequeño cameo/papel para Mark Hamill, que siempre queda bien. Aunque a quien no hay que perder de vista es a Sofia Boutella y su papel de despiadada asesina con espadas por piernas…

Todo en Kingsman tiene un tono festivo, exagerado, incluyendo la violencia. Que no es poca. La película no es una muestra del Hollywood edulcorado y preparado para engatusar al público adolescente. Es sangrienta y brutal, con muchas amputaciones y momentos realmente gore, pero muy exagerados, lo que añade al impacto inicial una nota de hiperrealismo que acerca la película al mundo del cómic del que parte la historia. Eso sí, la forma en que han sido rodadas por Vaughn nos mete de lleno en esas escenas tan potentes como psicodélicas. Sin olvidar nunca la psicología de los personajes, su historia que suena a cliché, pero que es convertida en entretenimiento gracias a ese tono de sátira irreverente que antes mencionábamos. Puede que no sea para todos los paladares, pero no saben lo que se estarían perdiendo.

Porque destaca mucho en la película esas ganas de intentar reinventar un género en el que ya está todo dicho o casi. A través del humor, siempre efectivo, siempre llevándolo un paso más allá de lo esperado, y también a través de los personajes, que parten como meros arquetipos con clichés y se desarrollan de la forma más peculiar, ya sea a través de la madre del protagonista (esa escena con la niña… inquietante) o de su nuevo novio y sus matones, como de Firth y sus dos caras (con qué facilidad pasa de una a otra) o del protagonista y su evolución. Todo en Kingsman es una fiesta y como tal debe ser entendida. No quiere que la tomen en serio porque no quiere ser un remedo de 007, ni nada parecido. Quiere ser la versión de los agentes secretos para el siglo XXI y lo consigue. Hace reír, nos pone al borde de la butaca y nos presenta algunas de las mejores escenas de acción que vamos a ver este año, y eso que acaba de empezar. Una película para no perdérsela que seguramente tendrá secuela, y muy merecidamente. Un soplo de aire fresco en el género que no debe pasar desapercibido.

Jesús Usero

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Crítica de la película El Francotirador

Cine con agallas, la mejor película de Eastwood en mucho tiempo.

Por lo menos desde Cartas desde Iwojima, si no antes. Parece que el parón creativo del director le ha sentado de lujo a su cine, y, aunque en septiembre nos llegó el fallido musical Jersey Boys, parece que estaba guardándoselo todo para El Francotirador, una película que ha arrasado en la taquilla americana como pocas lo han hecho en los últimos tiempos (a la hora de escribir estas líneas llevaba más de 307 millones sólo en Norteamérica), y que se ha convertido en la de mayor éxito para su director en toda su filmografía, aunque también ha levantado una enorme polémica entre el público americano que ha acusado, una parte de él al menos, a su protagonista real, Chris Kyle, y a la película poco menos que de asesinos y de fascistas. Creo que alguien ha malinterpretado el tema de la historia y la propia película en sí. No estamos ante la historia de un asesino, estamos ante el descenso a los infiernos de un hombre, ante la crueldad del conflicto armado, sea donde sea, y ante lo que la guerra es capaz de hacerle a cualquier persona, por muy buenas intenciones que ésta tenga.

He de mencionar que, aunque considero a Clint Eastwood un genio, su cine casi nunca termina de gustarme como debería. Tiene películas magistrales que me encantan (Cartas desde Iwojima, Sin Perdón, Mystic River…) pero no soy fan. A veces me parece demasiado blando (Gran Torino, y si tienen dudas, vean la genial Harry Brown, con Michael Caine) y otras no termina de engancharme. Ojo, como espectador subjetivo, como crítico objetivo, repito, me parece un monstruo detrás y delante de las cámaras. Tiene que ver con gustos y no con la calidad de su cine. En El Francotirador me he encontrado con una de esas películas sensacionales que el director nos dedica de cuando en cuando y que se te quedan grabadas dentro, a poco que sepas separar el polvo de la paja y no te quedes sólo en la superficie. Sí, es la historia de un francotirador, el que mayor número de bajas ha causado en la historia del ejército de Estados Unidos, sí, es una película violenta, sangrienta y cruda que nos muestra lo salvaje que es una guerra. Y no, la película no juzga a su protagonista, ni fuerza las cosas. Deja que sucedan y que seamos nosotros quienes juzguemos si Chris Kyle era un héroe, un villano o simplemente un hombre que no sabía cuándo retirarse a tiempo.

Apuesten por la última, por favor. Hay una frase al inicio de la película que demuestra de lo que realmente va la historia, la explicación que el padre de Kyle da a él y su hermano (un hombre recto, pero justo) sobre los tres tipos de personas que hay en el mundo, lobos, ovejas y perros pastores. Y cómo algunos creen que el mal no existe, pero el mal existe y es deber de los perros pastores proteger a las ovejas de los lobos. Esa frase quedará grabada en el personaje y determinará quién va a ser, en quién va a convertirse, a lo largo de los años que vendrán. Sobre todo una vez se incorpore al ejército y demuestre que su verdadero talento (como ya aventuraba su padre) sea el de ser un cazador. Un francotirador. Y sí, la película tiene una estructura de thriller de acción, con escenas que recrean el conflicto en Irak, sin plantearse realmente nunca si era justo o no, si Estados Unidos debía haber invadido el país o no. Simplemente, la película no va de eso. La película analiza lo que ese conflicto deja como secuela en el corazón de un hombre.

Quizá no tenga ninguna posibilidad en los Oscars, sobre todo porque hace de tipo normal y corriente, arrastrado por las circunstancias. Pero qué pedazo de interpretación se marca Bradley Cooper como Chris Kyle. Qué sutil, llena de matices, vigorosa y auténtica. Cómo nos muestra el viaje del personaje, perfectamente orquestado por el guión y un soberbio director, para mostrarnos cómo aquél convencimiento de que está luchando por su país, queda borrado según pasan los años, para perderse y dejar simplemente el sentimiento de proteger a los suyos, al soldado que está a su lado. Salvar más vidas de los suyos. Salvarlos a todos. Algo imposible que será lo que le lleve a perderse y casi perderlo todo. Ojo a Sienna Miller y su interpretación también, injustamente olvidada en los premios y nominaciones. Con la fuerza de un ancla para salvar a su marido. Ambos son el núcleo de la historia y el corazón de una película con mucha tela que cortar y mucha miga. No es postureo lo de El Francotirador. Son agallas de no amilanarse ante el qué dirán. Sus actores también entienden eso. Además de las vibrantes secuencias de acción, Eastwood sabe exprimir a sus actores y dejar que la naturalidad fluya, que la historia nos lleve al punto donde el director quiere dejarnos meditando. Ese final sutil, sencillo y tan irónico que asusta (cuando la vean discutimos sobre esa tremenda ironía del azar, sobrecogedora). Y deja en los créditos finales imágenes de archivo para no ser él quien ponga la nota final, sino la realidad y la opinión que de todo ello se haya creado el espectador. Digan lo que digan, El Francotirador es una película antibelicista, que demuestra en qué se puede convertir un ser humano, y cómo queda por dentro cuando no es capaz de abandonar la trinchera (esa escena frente al televisor, ese momento en el bar…). No, no defiende las acciones de Chris Kyle, pero tampoco las critica. Nos deja elegir. Nos deja pensar en lo devastador que es quitar una vida o cien, incluso para el más justo de los mortales. Lo que hace a las familias. Eastwood, digan lo que digan algunos, sale vencedor y nos presenta una de esas películas que no olvidaremos con facilidad. Cine en estado puro.

Jesús Usero

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La señal ★★★

Febrero 09, 2015

Crítica de la película La señal

La señal. Ciencia ficción, intriga y algo de terror con final espectacular y toque independiente y de serie B.

Cuatro millones de dólares es el presupuesto oficial de esta producción estadounidense que aplica la fórmula del cine independiente a lo que no es sino la recuperación de las claves de serie B del género en el que se inscribe. Empieza como road movie intimista sazonada con paisaje espectacular, gira luego hacia el terror cámara al hombro estilo “bruja de Blair” y finalmente se instala con comodidad y desde la modestia de su inversión en los decorados clínicos en interior de un relato claustrofóbico que recuerda tanto algunos clásicos de la ciencia ficción cinematográfica, estilo La amenaza de Andrómeda, como películas más recientes, coincidiendo en algunos aspectos argumentales con One Point 0, Chronicle, The Machine o Ex Machina.  En su tercer acto vuelve a dar otro giro de tono, sale a exteriores, se trabaja persecuciones y espectáculo visual  de acción… Todo ello puede ser interpretado en positivo como película capaz de sorprender, inquieta e inquietante, que lo es, pero también evidencia una variabilidad de planteamientos y una indefinición de objetivos en su desarrollo argumental y visual que produce una sensación de indefinición y puede despistar a algunos espectadores. Ciertamente la película juega con astucia la capacidad de sorprender, aunque luego se deje llevar por la aplicación fiel de las fórmulas que marcaron el cine de ciencia ficción norteamericano de los años cincuenta, precisamente enfocado sobre los temas de invasión, quintacolumnismo, desconfianza hacia el prójimo, que quedaron definidos en su mejor versión en clásicos como La invasión de los ladrones de cuerpos, La cosa, el enigma de otro mundo, Invasores de Marte o Me casé con un monstruo del espacio exterior. Aquí esos planteamientos están hibridados con un arranque de cine indy. Creo que en su conjunto, y con su final abierto, es una buena propuesta de ciencia ficción e intriga, pero también me parece que en su último giro se pasa de la raya y habría sido mejor que siguiera desarrollando su parte más interesante, que no es otra que la del encierro de los personajes, hasta explotar todas sus posibilidades. En ese territorio por ejemplo saca el máximo partido a la intriga y siembra muy bien un puñado de incógnitas. De hecho es tan eficaz en ese trabajo de planteamiento de incógnitas que cuando finalmente empieza a dar respuestas algo más tópicas y previsibles en su desenlace genera cierta sensación de bajada del ritmo y el interés. El cambio de subgéneros constantes que practica a lo largo de todo su metraje no la beneficia especialmente en esa parte final, quizá porque el giro de retorno hacia el exterior se produce demasiado tarde y estamos ya cómodamente interesados en ese planteamiento de relato claustrofóbico del que hablaba anteriormente. En todo caso, después de ver su desenlace, consigue que ese fleco que deja suspendida la trama en una incógnita aún más grande que todas las que nos ha planteado hasta el momento se convierta en poderoso anzuelo para que nos apetezca conocer cómo prosigue la historia, en un ejercicio de final abierto que nos inocula el virus de la secuelitis.

Miguel Juan Payán

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Crítica de la película Nightcrawler

Cercana a Taxi Driver, es una de las mejores películas que vamos a ver este año.

Merodeador nocturno. Ese es el oficio elegido por un inadaptado de los muchos que pasean por la noche urbanitas de nuestro tiempo inventándose su propia vida a mordiscos, dando dentelladas a la adversidad como un perro hambriento de afecto y de esa “normalidad” de vida más o menos civilizada que les está negada. El personaje que interpreta en esta película Jake Gyllenhaal y me atrevo a situar ya entre los mejores trabajos de este notable actor, no es otra cosa que un depredador. Si quieren ver un lobo feroz este fin se semana no tienen que pasearse por los bosques de Into the Woods para ver a Johny Depp, sino simplemente acercarse a ver esta película en la que el temido depredador del cuento se materializa en el cazador de noticias que cámara en mano recorre las noches de la gran ciudad dispuesto a hacer lo que sea necesario para conseguir imágenes exclusivas.

Lo primero que se nos viene a la cabeza a poco que hayamos visto algo de cine es que efectivamente Nightcrawler tiene mucho en común con Taxi Driver de Martin Scorsese. El parentesco o proximidad entre ambas puede explicarse secuencia por secuencia, y precisamente por eso es muy revelador ver las dos películas y compararlas para percibir los cambios que se han operado en el discurso cinematográfico desde el año 1976 en que Martin Scorsese dirigiera su película y la actualidad. Evidentemente, Es evidente que el Lou Bloom que interpreta Gyllenhaal tiene mucho en común con el Travis Bickle al que diera vida Robert De Niro. Comparten ambos la sonrisa crispante de pirado imprevisible asociada a unos ojos que miran al abismo de la locura y la verborrea de autoafirmación absolutamente disparatada digna de un discurso de teletienda cutre perdida en la madrugada. Repasen la escena en la que Lou y Travis piden trabajo al principio de su pesadilla urbanita y podrán comprobarlo. Repasen la secuencia en que ambos se enfrentan al espejo y notarán el trazo del guiño o el homenaje en el segundo frente a la memorable secuencia del primero, pero sin perder la personalidad propia, porque más que lo que une las dos películas, Taxi Driver y Nightcrawler, lo realmente interesante de reflexionar en este caso es lo que separa a Travis y Lou. Verán ustedes, ocurre que las dos películas tienen similar objetivo, que no es otro que retratar la alienación de nuestra sociedad, sus lados más oscuros, esto es: nuestros lados más oscuros, como individuos y como colectivo. Pero lo hacen a través de personajes que son claramente diferentes. Ambos viven un sueño de aceptación social, integración en el colectivo por la vía del éxito y redención de sus pecados a través del heroísmo. Ambos son unos alucinados. PeroTravis era una víctima. Lou es un depredador. Bastaría reparar en la manera en que intentan ligar con las mujeres que han elegido como compañeras para darse cuenta de ello, pero hay otra escena aún mejor que esa para definir lo mucho que separa a Lou de Travis. Y, como todo lo bueno, es una de esas escenas de aparente sencillez que no obstante encierra un contenido tremendo, incluso demoledor: la absoluta soledad. Es la escena en que Lou está planchando en su casa, en la tele, viendo una película de comedia de Danny Kaye. Y se ríe. Esa es la frontera que empieza a trazar las diferencias entre Travis como un poble diablo, juguete roto del sistema y sus sermones sobre el heroísmo y el sacrificio y Lou, recluta ansioso de los discursos sobre el éxito a cualquier precio en una sociedad que se devora a sí misma como un cuerpo moribundo. Y es en este segundo tema donde entramos en otros dos grandes referentes que marcan la identidad potente y vigorosa de denuncia que sin subirse al púlpito ni soltarnos falsos discursillos bienpensantes nos propone Nightcrawler. Me refiero a la reflexión sobre el verdadero papel de títeres de esa antropofagia social que están jugando los medios de comunicación en nuestros días. Es un camino por el que esta película se acerca temáticamente a lo que ya abordaron Billy Wilder en El gran carnaval (1951) y Sidney Lumet en Network, un mundo implacable (1976). Dos clásicos que merece la pena revisitar urgentemente después de ver esta excelente puesta al día de sus preocupaciones sobre el papel de los medios de comunicación en nuestra sociedad. Por ejemplo, si el papel de Lou está emparentado con el de Travis en Taxi Driver, el de la periodista Nina que interpreta Rene Russo también aporta singulares oportunidades de reflexión sobre cómo ha cambiado nuestro mundo si lo comparamos con el que en su momento interpretara Faye Dunaway en Network.

Nightcrawler tiene por tanto muy buenos padrinos en el cine clásico, pero debería convertirse en un título de culto por méritos propios, y es en mi opinión de las mejores películas que vamos a ver este año. Una de esas que ves varias veces, porque tiene toda la cualidad hipnótica del cine que nos hace mirar al abismo de nuestras propias miserias.

No es buena. Es muy buena.

Miguel Juan Payán

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V3nganza ★★★

Enero 12, 2015

Crítica de la película V3nganza - Venganza 3

Sabemos a lo que venimos, así que pasen y disfruten. Lo dije desde la primera entrega de la saga, Venganza siempre me ha parecido una variante de las películas de serie B de Steven Seagal pero con un actor de verdad delante de las cámaras, lo que hace que la calidad de la película suba bastante sólo por su mera presencia. Sí, tiene mucho de aquellas películas de justicieros de los 70 y 80 con Charles Bronson y demás, pero las peleas cuerpo a cuerpo, las escenas de acción trepidantes, hasta las tramas… todo me recuerda a Seagal, quien se quejó de que Neeson les quitaba el pan a las verdaderas estrellas del cine de acción. No les quita el pan. Es que el público prefiere a Liam Neeson. Y con razón.

Mejor que la segunda entrega, con una trama de verdad, pero con el mismo descaro y la misma sana intención de entretener sin más al espectador que busca un par de horas de cine de acción sin complejos, V3nganza nos lleva a Los Angeles para presentarnos a Bryan Mills en su última peripecia, esta vez mucho más acorde con el título en castellano, porque cuando el protagonista sea acusado del asesinato de su exmujer buscará vengarse de los responsables mientras intenta no ser detenido por la policía. El resto se lo pueden imaginar sin que les dé demasiados detalles. El caos y la destrucción se desatan en la ciudad de Los Angeles y, pese a que la trama tiene un par de giros interesantes y nunca se hace aburrida, la coherencia en general del relato no es lo que más interesa a los responsables.

Por un lado cambiamos el actor que da vida al marido actual de Famke Janssen, de Xander Berkeley a Dugray Scott, por otro el final de la segunda entrega dejaba entrever que las cosas no son como al inicio de esta tercera entrega entre Neeson y Janssen, y por otro tras lo que sucede en esta película las consecuencias para el protagonista son… de chiste. Por poner unos ejemplos. Pero, ¿qué más da? Lo importante es el entretenimiento, el viaje junto a Liam Neeson, el único actor del mundo capaz de hablar con un oso de peluche gigante sin que nos entre la risa floja. Sólo por él merece la pena todo. Y si le sumamos la presencia de Forrest Whitaker, Dougray Scott, Leland Orser o Maggie Grace, pues mejor.

No, no va a ganar ningún premio. Pero el público pasará un gran rato de la mano de este enorme actor metido a héroe de acción. Está en las antípodas de Caminando entre las Tumbas, pero eso no es malo cuando se sabe a lo que se va a una sala de cine. Y no, tampoco es la primera e irrepetible entrega. Pero cumple su cometido, la ciudad de Los Angeles luce de maravilla y tiene un buen puñado de escenas de suspense y acción que harán las delicias de los fans. Es más, aunque esté anunciado que es la última entrega, si quieren hacer una cuarta, que cuenten conmigo. Sólo si vuelve Liam Neeson y el guión tiene el mismo grado de parodia y sentido del humor. Quien espere otra cosa… se ha equivocado bastante.

Jesús Usero

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Crítica de la película La teoría del todo

La teoría del todo. Un monumento a la épica de lo cotidiano. Gran trabajo de actores y director.

Empiezan a perfilarse candidatas y candidatos a los premios de cine del año, con el Globo de Oro como aperitivo y los Oscar a la cabeza, y todo apunta que esta película será una de las destacadas en esa parcela. Pero si me interesa y le pongo cuatro estrellas no es por eso, sino por su habilidad para tratar con una de las fórmulas más intratables y mal utilizadas en el cine comercial, el biopic, esas biografías adornadas, melosas, falsarias, que suele permitirse el cine comercial en torno a figuras famosas, populares o destacadas por uno u otro motivo. Personalmente considero que en la mayor parte de los casos, esos biopic son una peste inaguantable del cine convertido en pura farsa, pero en este caso el director de La teoría del todo ha sabido aplicar la fórmula con una elegancia y un estilo visual que consigue vendernos la fórmula sin que nos sintamos insultados emocional o intelectualmente. Y eso además tratando una figura, la de Stephen Hawking, que se prestaba a crear un pastiche melodramático inaguantable y vomitivo. Ha conseguido justo lo contrario, para mí una de las mejores películas del año, precisamente porque sabe el terreno que pisa, los riesgos que corre de caer en el pantano del peor melodrama, y los esquiva con prodigiosa habilidad respaldado por unos actores notables, pero también por una manera de entender la vida de sus personajes que hace honor a los mismos e incluso los homenajea aplicando sencillez y cotidianeidad a una historia nada común y nada cotidiana. Uno de los aciertos de la película es precisamente mostrarnos a Hawking y su esposa como gente corriente y cercana a la que las circunstancias y su talento sitúan en una esfera nada común y nada cotidiana. Un ejemplo de ello es la alternancia de las secuencias de Hawking jugando con sus hijos o ligando con su secretaria mientras la persigue al grito de los Daleks de la serie Doctor Who: ¡¡¡Exterminar!!! ¡¡¡Exterminar!!!, bajo la atenta mirada de su esposa, que es la autora del libro autobiográfico en el que se basa la película, y se convierte en el puente que nos introduce como testigos invitados a compartir esa vida durante el tiempo que dure la proyección. Esa sensación de conseguir que el público participe de la historia plenamente coincide con el trabajo de divulgación que ha hecho Hawking de la ciencia, así que estamos ante un ejercicio de homenaje, respeto y coherencia con los personajes. Además esa visión de lo cotidiano, que es lo mejor de la película, queda perfectamente equilibrada y explicada visualmente con esa introducción de progreso por el pasillo de palacio y ese desenlace que nos habla de lo que realmente importa en este mundo nuestro, un cierre perfecto para la manera en la que el director ha decidido acercarse a la vida de Stephen Hawking. Sin lágrimas fáciles, sin lloriqueo baboso. El resultado es un monumento a la épica de lo cotidiano que ningún buen aficionado al cine debería perderse.

Miguel Juan Payán

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El séptimo hijo ★★★

Diciembre 29, 2014

Crítica de la película El séptimo hijo

Divertida propuesta de cine fantástico al estilo Percy Jackson. Evasion y aventura para toda la familia.

Mejor que Hansel y Gretel, cazadores de brujas, y en una línea de aventuras con monstruos al estilo de las aventuras de Percy Jackson, el ladrón del rayo y demás, El séptimo hijo tiene todo el aire de esas aventuras de Simbad el Marino que cocinaba Ray Harryhausen con sus monstruos legendarios para adornar las navidades de los jóvenes aficionados al cine hace tres o cuatro décadas. Mezclando elementos del género de terror con los de las historias de espada y brujería, a ratos resulta incluso cercana a los paisajes de las aventuras de Conan el Bárbaro o Solomon Kane. Tiene además a su favor la contribución en los papeles de maestro del héroe y principal antagonista a dos pesos pesados de la interpretación que animan con su trabajo un argumento que peca de previsible y algo monótono en sus distintas fases del relato, pero bien interpretado y adornado con las criaturas creadas por JohnDykstra, resulta mucho más trepidante y divertido de lo que muchos nos esperábamos. Jeff Bridges en el papel del cazador de brujas que entrena al héroe hace una competente mezcla del Rooster Cogburn que interpretó a las órdenes de los hermanos Coen en Valor de ley y el clásico personaje tipo Obi Wan Kenobi de Star Wars o Gandalf de El señor de los anillos y El hobbit, y le añade un sentido del humor que acompaña la narración desde el primer momento haciéndola más digerible y amena. Dicho sea de paso, el esquema argumental de todo el asunto presenta, sobre todo en su principio, un parentesco mucho más que casual con la fórmula de Star Wars (la escena de la pelea en la taberna es un buen ejemplo de ello, si bien no el único). La parte del villano, villana en este caso, está muy bien servida por Julianne Moore, que para mi gusto supera en su encarnación de la pérfida reina bruja los intentos similares desplegados en fecha reciente por Charlize Theron en Blancanieves y la leyenda del cazador y Angelina Jolie en Maléfica, películas de las que también recibe algunas influencias esta que nos ocupa. Todas las comparaciones son odiosas y estamos hablando de tres de las mejores actrices de nuestros tiempos, pero lo cierto es que el trabajo de construcción del personaje que hace Julianne Moore supera, al menos en mi opinión, al que hicieron en su momento las otras dos, y por supuesto está mucho mejor que el que hiciera otra de mis féminas favoritas pero no obstante menos atinada, Famke Janssen en Hansel y Gretel

Otra ventaja es que la inevitable subtrama romántica no lastra el desarrollo de la trama aventurera central, y además los protagonistas de la misma me resultan mucho menos empalagosos que los de otros intentos similares extraídos de las novelas juveniles que se estilan en nuestros días como fuente de inspiración para el cine. Esperaba más leña por ese lado, pero me ha sorprendido ver la sobriedad y rapidez con el que solventan ese asunto para mantener en primer término siempre el código de aventuras, dejando el romance propiamente dicho en un segundo término.

Conclusión: una muy recomendable película de entretenimiento, evasión y aventuras para toda la familia, con cierto puntito siniestro que quizá inquiete a los más pequeños de la casa pero no a cualquier chaval adicto a los videojuegos o amiguete de las películas con monstruo.

Miguel Juan Payán

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Musarañas ★★★

Diciembre 22, 2014

Crítica de la película Musarañas

Atrayente cinta entre el misterio y el terror, que dirigen Juanfer Andrés y Esteban Roel. En ella, Macarena Gómez y Nuria de Santiago mantienen un duelo interpretativo de notable carga dramática.

Ambientada en la España de la posguerra, Musarañas narra la historia de un par de hermanas, las cuales viven en el domicilio familiar tras la muerte de la madre y la desaparición del padre. Montse (Macarena Gómez) es la mayor: una modista aquejada de una extraña agorafobia que la impide salir del piso. La mujer ha tenido que hipotecar su juventud para cuidar de su sister menor (Nadia de Santiago), una gachí con el miedo en el cuerpo de la que se desconoce el nombre (guiño mitómano y novelístico que puede remitir a Rebeca).

Ouija ★★

Diciembre 03, 2014

Crítica de la película Ouija.

Terror con y para adolescentes amigos del susto fácil y las leyendas urbanas presas del tópico.

Michael Bay sigue produciendo miedo fácil para adolescentes con pocas ganas de machacarse las neuronas pensando más de la cuenta. Ahora le ha tocado el turno a otro juego de la Hasbro Games, Ouija, que como se pueden suponer sigue fielmente todas las normas del género paso por paso y con pocas sorpresas. Pilla de aquí y de allá todos los lugares comunes que le salen al paso: el golpe en la puerta, la gente arrastrada por el sueldo (dos veces, se repiten), los sustos facilones con golpes de sonido, el espíritu avanzando hacia la cámara como una casera furiosa a la que le debemos el alquiler de medio año, el ático “con pasado” en el que se descubre la clave del enigma que ha desatado la maldición, (el terror oriental ha dejado su huella… piensen en El grito), las fotos rarunas que dan mal rollo, la bajada al sótano oscuro en el que falla la linterna, el trapicheo con el mundo de los espíritus con la infancia de por medio (El grito 2)… Seguro que me salto alguno, pero ustedes pueden terminar de rellenar la quiniela de tópicos. Poco original, la película ha sido un éxito en la taquilla americana precisamente por su extrema sencillez lindante con la simpleza. De vez en cuando empieza a desarrollar cierto aire de imitación del cine de terror de James Wan, moviendo la cámara como testimonio de “la presencia del mal”… pero ni en eso tiene continuidad. Interrumpe esa herramienta abruptamente y acaba en un plano contra plano totalmente anodino y previsible. Tampoco es que tenga muertes especialmente llamativas para que los aficionados al terror puedan ampliar su colección de momentos escabrosos, porque no tiran por el gore, sino por el “truco o trato”. Eso sí, aviso que en esta película pasarse el hilo dental es deporte de riesgo, así que si me obligan a elegir me quedo con la muerte por  hilo dental y chichón, que la encuentro muy socorrida. En el final no se han quebrado mucho las neuronas pensando: incluso en los efectos copian la fórmula visual para exorcizar demonios de la serie Sobrenatural

En su conjunto me ha recordado esas películas de terror para adolescentes que se producían en los años ochenta y noventa en las que la militancia en los pagos de la serie B no las eximía de tener un guión más bien pobre (aquí por ejemplo todos se echan mucho de menos, un personaje, muy dolido por la desaparición de una amiga, de repente parece pasar olímpicamente de lo que le ocurra a su pareja sentimental en la parte final de la película, vamos que se queda tan fresca y sigue a lo suyo, dale que te pego al tema de pelearse con los espíritus…).

Tengo que decir no obstante que he sentido saltar unas cuantas veces a algún que otro compañero crítico que estaba conmigo viendo el pase, así que le auguro un éxito en la cartelera alimentado por el mismo tipo de público que llenó las salas para ver Annabelle, por poner un ejemplo reciente.

Miguel Juan Payán

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Crítica de la película Exodus: Dioses y reyes

Más sólida y madura que Gladiator aunque también más fría.

Espectacular y muy bien dirigida, esta versión de la trama de Moisés que ya conocemos se enfrenta al reto de encontrar su propia personalidad más allá de todos los estereotipos e imágenes asumidas por un público que además tiene en la cabeza su propia versión de la historia que Ridley Scott pretende contarnos. Entran ademas en juego todo tipo de idealizaciones y prejuicios a favor o en contra de la vertiente mítica o religiosa incorporada al relato. Añadan a todo eso que si usted cree en Dios, o en cualquier equivalente de entidad creadora supranatural seguramente tendrá su propia imagen del mismo, lo cual complica mucho más todo el asunto porque obviamente Scott no puede tirar a estas alturas de la versión pirotécnica que aplicara a este mismo tema Cecil B. de Mille en Los diez mandamientos. No es viable y no puede funcionar, por mucho que todos sigamos recordando aquella versión del tema que vimos siendo niños o muy jóvenes y recordemos al impresionante Charlton Heston abriendo las aguas con su bastón. Esta es otra época, otro público mucho más escéptico y encima adicto a los documentales de recreación histórica de Nacional Geographic. Scott sale de todo este lío connota alta, pero para ello ya tenido que rebajar el tono épico que caracterizada Gladiator y buscar su camino hacia una mayor verosimilitud de la propuesta trabajando sobre actores y equilibrando muy bien los fragmentos épicos de batalla, plagas y prodigios varios con lo que realmente le interesa, que es el reto de creer o no creer, el sacrificio doble del héroe que alejado de su familia adoptiva egipcia, de su esposa y de su hijo, y convertido en líder de un pueblo al que en realidad no conoce para obedecer a un Dios al que no acaba de entender y con el que suele discutir amargamente. Creo que Christian Bale defiende muy bien ese papel incluso en los momentos más delicados por todo lo que he enumerado al principio, otro tanto se puede decir de su antagonista, un Ramses que a ratos se da cierto aire a Russell Crowe y al que Scott humaniza eficazmente a través de sus miedos con una escena que demuestra su notable talento como director, el faraón que intenta combatir la oscuridad encendiendo antorchas en un desesperado intento de proteger a su hijo. Scott maneja bien la elipsis, impone lo visual sobre lo verbal, y a cierta en muchas cosas, por ejemplo imponiendo un protagonismo del paisaje que me ya recordado Lawrence de Arabia, de David Lean. Pero falla en otras. No llega a desarrollar lo suficiente ningún personaje salvo Moisés y Ramses. Desperdicia a Sigourney Weaver. Y en su persecución de la credibilidad renuncia en exceso a lo épico, algo que ya le ocurrió en El reino de los cielos. Esta película es no obstante mejor que aquélla y mejor que Robin Hood. Y una vez más Scott reina en lo visual.

Miguel Juan Payán

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