Crítica de la película El amanecer del planeta de los simios.

Me gusta más que la anterior y tiene más acción.

Un muy buen ejemplo de tres cosas: 1.- Que las claves de serie B traducidas a presupuesto y explotación comercial de serie A pueden dar buenos resultados a veces; 2.- Que se puede emplear bien el avance tecnológico, por ejemplo en este caso la animación por captura de movimiento, de manera que se convierta en una herramienta muy útil, pero no en protagonista, de la fábula que se nos cuenta, y 3.- Que la serialización y secuelización de algunas propuestas cinematográficas, así como los remakes, no siempre tiene que ser inferiores a los títulos anteriores.

Crítica de la película Sabotage

Cine policíaco de calidad que propone una fórmula distinta para Arnold Schwarzenegger.

David Ayer es uno de los guionistas y directores más capacitados para hacerse cargo de una trama como la que se desarrolla en Sabotage, historia de un grupo especial del FBI metido en el pantano de la corrupción cuyos miembros se convierten en blanco de una serie de asesinatos particularmente sangrientos. Ayer mezcla con ejemplar pulso distintas variantes del cine policíaco que van desde la acción pura y dura a la intriga y la trama de conspiración. Así su película pasa por tramos que la acercan a Día de entrenamiento, película que Ayer escribió, incluye algunos momentos al estilo Seven y  además encuentra sitio en su metraje para abrir hueco a elementos visuales y narrativos salidos de la estética y el embalaje argumental de series esenciales como The Wire, The Shield, por encima de la ley o The Unit. Esa capacidad para ampliar el arco de posibilidades de su oferta de relato policial es la mejor baza para hacer que la película se algo más que otro intento de explotar la imagen de Arnold Schwarzenegger como reclamo nostálgico para los aficionados al cine de acción de los años ochenta y noventa. Muy al contrario. Sabotage es una trama que saca partido al protagonismo coral, de manera que el grupo de policías amenazados es el protagonista y para ello Schwarzenegger no está respaldado, sino más bien acompañado por un competente grupo de actores entre los que destaca especialmente la aportación femenina. Olivia Williams defiende un papel de policía con marcada ambigüedad andrógina a la que Ayer le saca un enorme partido como elemento de compensación a las prestaciones de Arnold Schwarzenegger, configurando una pareja de baile que rompe todos los esquemas y además escapa a todos los tópicos. Incluso cuando la trama parece ir a meterse en el callejón sin salida del estereotipo, consigue escapar del mismo en el último momento. Indudablemente el dúo formado por el veterano tipo duro Schwarzenegger con la personalidad que le da Williams s su papel están entre lo mejor de la película. Y puede decirse lo mismo de la otra fémina de la película, Mireille Enos, una auténtica fuerza de la naturaleza desde el primer momento en que aparece en pantalla, y la primera pista clara de que lo que vamos a ver no es “otra película de Arnolc Schwarzenegger”, sino algo totalmente distinto, más amplio e interesante, también más imprevisible.

Añadan a todo lo anterior una buena trama de intriga resuelta con habilidad para no derivar hacia lo más obvio y a pesar de ello culmina en un epílogo de western crepuscular y entenderán por qué pienso que Sabotage es lo mejor que ha hecho Arnold Schwarzenegger desde que regresó al cine y es mucho mejor que muchas de las cosas que hizo antes de cambiar el cine por la política hace años. Ello se debe fundamentalmente a que el actor ha sido suficientemente inteligente como para dejar que sea la personalidad de David Ayer la que domine en este largometraje, que no deberían perderse los aficionados al cine y las series policíacas.

Miguel Juan Payán

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Crítica de la película Mil maneras de morder el polvo

Disparate de Seth MacFarlane divertido a ratos. Peor que Ted y Padre de familia.

¿Es divertida? Pues sí. ¿Te ríes? Pues también. Algunas veces. ¿Está guapa Charlize Theron? Obviamente. ¿Es buen actor Seth MacFarlane? Pues…. Uuuupsss, con eso hemos entrado en el territorio comanche de este proyecto. El primer resbalón del mismo es que Seth MacFarlane no es tan buen actor de carne y hueso como trabajando con su voz en los dibujos animados, o ejerciendo como guionista o creador de gags. Ni mucho menos. Y en esta ocasión además está entre pesos pesados que no le arropan sino que lo dejan en evidencia. Repasemos: Theron, Liam Neeson, Amanda Seyfried, Neil Patrick Harris, Giovanni Ribisi… Por favor, que alguien caritativo saque de la película al pobre MacFarlane, que está sufriendo la criatura.

Bueno, pero ¿te ríes? Que sí, que te ríes, que tiene unos cuantos chistes buenos. Y muchas ovejas. Aunque, claro, se le ha ido algo la pinza con los chistes más simplones, los escatológicos. Me explico: hay un buen chiste de pedos en la taberna. Luego hay muchos más chistes de pedos que no tienen ni puñetera gracia. Y un momento en el duelo con Neil Patrick Harris que es la mejor prueba de que a MacFarlane a veces se le pasa el arroz y le queda la paella churruscada e inservible. Muy eficaz en los chistes cortos y visuales, en este caso se le va la pinza en el gamberreo hacia el territorio infantil, de humor de parvulitos, el caca-culo-pedo-pis, que encaja mal con sus muchos más eficaces chistes de sátira y escarnio social. Hay un momento en que sus chistes de pedos dejan ya de hacer gracia, por cansinos, porque los prolonga en exceso, como si de repente se hubiera convertido en ese amiguete gamberro que no sabe cuándo hay que dejar de hacer el gilipollas. En eso esta película no tiene medida. Exprime algunas situaciones en exceso. No sólo las escatológicas. Por ejemplo le ocurre lo mismo con el chiste de los bigotes, al que incluso le dedica uno de esos números musicales que tan difíciles son de encajar en el ritmo de la comedia. Y le ocurre lo mismo con el metraje. El largometraje el sienta peor al humor de MacFarlane que las dimensiones del capítulo de televisión. La película le sale demasiado larga, tiene un bajón de ritmo cuando se pone romántica con Theron, en el entrenamiento y demás. Desaprovecha sin embargo dos de los personajes más propicios para darle un aire más disparatado y gamberro al asunto desde la sátira social, el amiguete interpretado por Ribisi y su novia prostituta interpretada por Sarah Silverman (el mayor desperdicio de la película).  Para quien esto escribe son los más divertidos y eran el mejor camino para desarrollar la fórmula que seguramente habría sido más jugosa desde el punto humorístico que meterse en el huerto de la peripecia romántica. Esa fórmula está en el título: Mil maneras de morder el polvo… en el oeste. Si MacFarlane se hubiera mantenido en la explotación de esa especie de manual o guía de sátira cínica sobre la mitificación del pasado de los Estados Unidos a través del western que impone en los primeros compases de esta película, repasando esas mil maneras de morder el polvo, es muy posible que le hubiera ido mejor. Habría obtenido mejores resultados que con esta especie de actualización de las claves de la sátira del cine del oeste que ya propusiera hace muchos años, allá por 1974, Mel Brooks, en Sillas de montar calientes.

De manera que sí, te ríes. Sí, hay algunos chistes muy buenos, y unos cameos muy divertidos. Pero a la película se le atraganta el protagonista, el metraje, la historia de amor y los chistes de pedos.

Es el típico fenómeno en el que los actores se deben haber divertido mucho haciendo la película, por ejemplo en la escena de Theron, la flor y Neeson, pero esas risas no consiguen trasladarse al patio de butacas.

Miguel Juan Payán

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Crítica de la película X-Men: Días del futuro pasado

Bryan Singer pone a los mutantes a nivel Vengadores con su propia personalidad.

Hagamos un poco de historia. En su momento Singer demostró con X-Men cuál era el camino para adaptar superhéroes de la Marvel al cine: traduciéndolos a un género concreto de manera que cualquier espectador pudiera entrar en la trama aunque nunca hubiera leído un solo tebeo sobre los personajes protagonistas. En el caso de X-Men ese género fue la ciencia ficción. Más tarde Christopher Nolan repetiría la jugada adaptando las tramas de Batman al cine negro, especialmente en El caballero oscuro. De ese modo, lo que eran personajes de cómic encontraron el camino hacia la explotación mainstream en el cine que se les había resistido hasta ese momento en la explotación audiovisual salvo en el caso puntual de las películas de Supermán interpretadas por Christopher Reeve. Singer abrió así paso con sus mutantes, y asociado inevitablemente al éxito comercial del Spiderman de Sam Raimi, a la explotación de los superhéres en la pantalla grande y en la pequeña que hoy se ha convertido en fuente principal de la explotación de franquicias del cine estadounidense. Así es cómo Marvel pudo llegar a rodar Los Vengadores.

El breve repaso para abrir este comentario viene a cuento porque muchos lectores me han preguntado si pienso que el retorno de Singer a la franquicia de mutantes con X-Men, días del futuro pasado es del nivel Vengadores, y lo cierto es que creo que sí, pero con la personalidad propia que Singer le dio a su saga mucho antes de que se rodara Los Vengadores. Esa personalidad que le permite confirmarse como una tercera vía o camino para adaptar los superhéroes al cine perfectamente válida y épica, pero con su propio estilo, como digo cronológicamente anterior a Los Vengadores. Vamos que entiendo la pregunta siempre que no olvidemos que los mutantes de Singer están en este baile antes que Los Vengadores de Joss Whedon, e incluso antes que El caballero oscuro de Christopher Nolan.

Lo que Singer demuestra es que su opción para continuar las peripecias de los mutantes es claramente superior a la tercera entrega de la saga que no llegó a dirigir, X-Men: la decisión final, pero además es más completa que sus dos películas anteriores y que X-Men: primera generación, con la que no obstante encaja e interactúa a la perfección. Además, Singer ha inaugurado su propia “fase 2” en lo referido a explotación de estos personajes en el cine, como demuestra claramente la escena extra tras los créditos de esta película. Vista dicha escena que anticipa X-Men: Apocalypsis me atrevo a afirmar que ese próximo largometraje va a estar todavía más cerca del nivel Vengadores que el que ahora se estrena.

Lo que es principalmente X-Men: Días del futuro pasado es un ajuste de cuentas de Singer con ese tercer capítulo de la trilogía que él había iniciado y no llegó a concluir.  La mejor prueba de ello son los cameos finales que ha incorporado a esta película.  Su volantazo a la saga es definitivo, ordena algunas cosas, abre puertas más compleja para otras, deja que algunos personajes reencuentren su puesto en esta franquicia y de paso completa su primer paseo por la saga mutante al mismo tiempo que sirve como puente para abrir una nueva fase con el próximo largometraje.

Y todo eso con un guión que consigue lidiar con un montón de personajes de mutantes, encuentra el camino del sentido del humor (principalmente a través del personaje de Mercurio), maneja a la perfección y con gran dominio de la narración en paralelo el tema de los viajes en el tiempo, con un toque Terminator que hace honor a la fuente de origen del relato, el cómic Días del futuro pasado. Y además saca el máximo rendimiento a la reunión en el reparto de los pesos pesados de la saga. En ese sentido, hay que decir que el peso recae principalmente sobre las mejores aportaciones interpretativas de esta entrega, que son las de Michael Fassbender, James McAvoy y Jennifer Lawrence, asociados con Hugh Jackman, que con su papel de Lobezno y tras esta película se confirma como el cemento esencial de la saga, vínculo de unión esencial de todas sus partes.

El resultado es una muy buena película de superhéroes a la que además le aplaudo su capacidad para mostrar alternativas y personalidad propia frente a Los Vengadores. La mejor de toda la saga cinematográfica de mutantes. No es ni mejor ni peor que el cómic, porque su naturaleza como adaptación cinematográfica la sitúa fuera de ese tipo de comparaciones con una creación de otro medio. Es la mejor adaptación posible del cómic al cine, eso sí lo tengo claro.

Es un soplo revitalizador para una franquicia que estaba en un momento comprometido, tras el encadenamiento de fiascos de X-Men: la decisión final y la primera película de Lobezno, y después de que X-Men: Primera generación y la segunda película de Lobezno nos hicieran concebir ciertas esperanzas de revitalización de la propuesta que quedan plenamente confirmadas con este notable trabajo de Singer retomando las riendas de todo el asunto.

Lo que le falta es un tercer acto más potente, aunque el que tiene está bien e incluye una batalla épica en varias líneas temporales que está casi, casi, aunque no llega a alcanzarlo, al despliegue de acción épica de Los Vengadores o de Capitán América: el Soldado del invierno, que para mi gusto en sus desenlaces siguen estando algo por encima de esta nueva entrega de X-Men. Eso se debe, principalmente, a que el estilo Singer es más sobrio en las secuencias de acción, siempre lo ha sido, así que no creo que sea una pega, sino simplemente una nota de personalidad propia dentro de su propia concepción de lo que debe ser una película de superhéroes.

Por otra parte pienso que hace falta más Lobezno en ese tercer acto, que también habría ganado si hubieran recuperado el papel de Mercurio, en el que Evan Peters destaca como la mejor incorporación de esta entrega.

Miguel Juan Payán

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Jesús Usero

Maléfica ★★★

Mayo 29, 2014

Crítica de la película Maléfica

Angelina Jolie se hace la dueña y señora de este cuento de hadas.

La compañía que ha reinado durante décadas en el género de los cuentos y las princesas en el campo de la animación (la más reciente el taquillazo de Frozen que es ya la quinta película que más ha recaudado de la historia en todo el mundo), y ahora nos trae una revisión de un clásico como La Bella Durmiente pero en imagen real, pasando el protagonismo a la “villana” de la función, Maléfica, pero manteniendo el estilo en muchos aspectos y el aspecto de cuento de hadas en sí. Aunque todo queda supeditado a la protagonista y su forma de interpretar a Maléfica, sin duda el punto realmente fuerte de la película, sobre todo porque se nota que la actriz se lo ha pasado en grande con un proyecto que la devuelve en carne y hueso a nuestras pantallas tras varios años alejada de las mismas. Desde que protagonizó The Tourist junto a Johnny Depp.

La propia Jolie ha comentado recientemente que prefiere dedicarse a su carrera como directora, donde tiene pendiente de estreno su segundo largometraje, y a su labor humanitaria, y que la interpretación va a quedar en un segundo plano para proyectos como Maléfica, que sepa que le pueden aportar algo. Imagino que no habla de premios, sino de la posibilidad de dar vida a un icono Disney y al mismo tiempo darle forma a su antojo, algo que como actriz supongo que le interesará bastante, porque, por el resultado, el proceso ha tenido que ser muchas cosas, pero aburrido no creo. Aunque puede que a la película le pese el hecho de que la moda de hacer revisiones de los cuentos clásicos nos haya traído versiones tan descafeinadas como las dos de Blancanieves (Maléfica es bastante superior a ambas en muchas cosas), Jack el Cazagigantes, que era muy interesante pero la taquilla la ignoró casi por completo, o la propia Alicia en el País de las Maravillas de Disney, que se quedaba bastante por debajo en mala uva y oscuridad de la versión de animación de los 50.

Maléfica intenta suplir esas carencias de películas como Alicia creando un universo de criaturas magníficas que viven en un bosque y que van de pequeños duendes y ninfas adorables, a aterradores espíritus del bosque en forma de árboles animados, serpientes de tierra (qué pena que no aprovechen más a ese bicho, porque es magnífico) o incluso dragones. Por no mencionar a la propia Maléfica, que es un hada pero con aspecto casi de demonio, aunque cuando realmente impone es cuando aparece con el traje de la versión animada, un homenaje que no es el único de la película. Es más, en los créditos ya nos dicen que está basada en el cuento clásico de Charles Perrault y en la película de animación de Disney. Así que es lógico que muchas cosas tengan ese aire tan familiar de la popular película, aunque siempre desde el punto de vista de Maléfica.

Otro de los cambios es que parecen haber metido en una coctelera la historia de la Bella Durmiente, junto a Narnia, algo que se nota desde el principio, con batalla campal incluida. Ayuda con el ritmo de la película y ayuda para que los mayores no se distraigan de lo que parece un producto para el público infantil, pero claro, como pasaba con Harry Potter, por ejemplo, o con la propia Narnia, los más pequeños se asustarán, y serán los mayores de ocho años los que disfrutarán del despliegue de criaturas, efectos y aventuras que propone la película de Robert Stromberg, un tipo que ha ganado dos Oscars y que ha sido responsable de efectos especiales de decenas de películas, y diseñador de producción de otras como Avatar u Oz. Se nota su mano en lo cuidado del aspecto visual de la película, en la riqueza del mundo que plantea, en las criaturas, en ese bosque tenebroso para unos y luminoso para otros.

Más cambios, la princesa. No estamos ante una Kristen Stewart o una Lilly Collins. Aquí la princesa es casi una niña, una adolescente con los rasgos de la siempre interesante Elle Fanning, quien muestra asombro e inocencia a partes iguales, pero que al reducir la edad del personaje, hace que el mismo pierda presencia, pierda algo de interés y vea sus tramas alteradas, desde el romance con el príncipe al momento de la rueca, donde lo que verdaderamente interesa al director es la villana, lo que hace y por qué lo hace. Porque la película intenta justificar a Maléfica, por qué es quien es, por qué gobierna el bosque como lo hace, por qué se enfrenta a los humanos… Y por qué cambia. Hasta el tema del beso que despierta a la Bella, Aurora, tiene un peculiar giro.

Claro que, por muy bien que se lo pase Angelina, por muy bien que nos lo haga pasar, eso hace que la película dé demasiados tumbos, que no sepamos qué historia quiere contarnos realmente, como si hubieran reescrito el guión sobre la marcha varias veces. Algo que se ve en el personaje del rey, interpretado por Sharlto Copley, de quien nunca llegamos a entender sus motivaciones o sus cambios, a veces algo radicales. También choca ver ciertas cosas que suenan a película de dibujos (diálogos, trajes…) con un ambiente tan oscuro y con tintes terroríficos a veces. Ese despiste produce cierta sensación de insatisfacción, de no entender el verdadero propósito de la película, y de falta de valor con el personaje central, valor que sí tuvieron (aunque el resultado final fuese peor) Charlize Theron y Julia Roberts en las dos versiones de Blancanieves, por ejemplo. Pero, claro, para los fans del cine fantástico entonces aparece un dragón soltando fuego y se te olvida todo. O una serpiente gigante que atraviesa la tierra como el agua. O un monstruo árbol montado en una especie de jabalí. Y se te llenan los ojos, vuelves a ser un niño, y pasas un rato entretenidísimo viendo la película. Que de eso se trata, nada más. Y encima con Angelina Jolie reinando sobre todos y todo.

Jesús Usero

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Jesús Usero

Crítica de la película Al filo del mañana

De lo mejor que ha protagonizado Tom Cruise en ciencia ficción, aunque patine en el final.

Mejor que La guerra de los mundos y que Oblivion y casi tan buena como Minority Report, esta nueva propuesta de ciencia ficción protagonizada por Tom Cruise está también entre lo mejor en cine de ciencia ficción que hemos visto en el último par de años. Por ejemplo es mejor que Elysium, y más entretenida.

Su primer acierto es hacer una buena mezcla de géneros. Empieza como película bélica en toda regla, con Tom Cruise en un papel que recuerda al de Cliff Robertson en Comando en el Mar de China (Robert Aldrich, 1970), pero luego consigue salirse del camino más trillado del género jugando con su clave argumental de repetición del mismo día para elaborar una clásica trama de entrenamiento y misión suicida sin caer en redundancias o lugares comunes. Dicho sea de paso, Tom Cruise saca el máximo partido a la parte inicial más cínica de su personajes, reticente a acudir al frente y que humaniza al héroe de la historia por el camino del antihéroe. Además sabe cómo construir la evolución de este héroe a la fuerza hasta su fase final como soldado dispuesto a sacrificarse. Es un abordaje del heroísmo ciertamente interesante que propone mucha reflexión sobre la manera en la que se fabrican los héroes y los líderes.

Crítica de la película Redención de Steven Knight con Jason Statham

Nueva película de Jason Statham, ligeramente distinta al resto. O al menos al resto de películas que más acostumbrados estamos a ver de él, sea en solitario (Transporter, Crank…) o acompañado (Los Mercenarios). Desde que Statham dio el salto al cine americano buscando convertirse en la nueva gran estrella del cine de acción internacional, algunos incluso le llamaban el nuevo Bruce Willis, ha regresado periódicamente a su Inglaterra natal para ponerse al frente de proyectos pequeños, de menor presupuesto, pero que, al final, resulta que muchas veces son sus mejores películas. Desde Revolver a London. Oscura Obsesión, pasando por la infravalorada injustamente Blitz, la genial El Robo del Siglo o esta Redención.

Olvídense de la acción por la acción y la espectacularidad de su cine más habitual. Redención es una película que intenta apoyarse en los personajes y en la que la violencia es real, palpable y terrible, aunque la ejecute nuestro protagonista, un soldado fugado en medio de Londres, que acaba tomando la personalidad de otro hombre y entrando en el mundo criminal de Londres, jugando a la vez a ser el ángel protector de un grupo de vagabundos a los que pertenecía. Esa es la dualidad y ambigüedad del protagonista, un tipo violento, que trabaja con y para criminales, que no es precisamente un santo, pero que intenta compensar lo malo con lo bueno. Y al mismo tiempo, cuando su historia se convierte en una cruzada, el bien que intenta hacer, le arrastra más aún al pozo del crimen y la violencia en el que se ha metido, con el trauma de la guerra pendiendo continuamente sobre él.

No, no hay carreras de coches espectaculares, ni peleas imposibles, ni excesos que no sirvan a la historia. El genial guionista Steven Knight (responsable de la sensacional serie Peaky Blinders, guionista de Promesas del Este) pone aquí una historia dura que nos pasea por lo peor de Londres con un personaje en busca de redención, obviamente, aunque quizá por el camino equivocado. Quizá demasiado tarde. Quizá no sea posible. Y mezcla escenas de una fuerza y un dramatismo magnífico (el carguero chino, la pelea con los futboleros o con los que atacan a los vagabundos, Isabel…), con otras que parecen de cara a la galería, indignas de un guionista tan bueno. La relación con la monja, babas, inverosímil, metida con calzador en la trama… O cómo roba la identidad de otro hombre, inicio de la trama…

No se toma tiempo inicial para contarnos el pasado del personaje y sus motivos para escapar de un hospital militar, pero funciona porque permite revelar poco a poco el trauma y permite apreciar más al personaje, que es todo lo contrario a un santo. Al final Redención resulta una película que mezcla la acción muy medida y moderada (aunque cuando aparece te deja sin aliento), con una trama de suspense mezclada con policíaco, con ese hombre perdido que busca el camino a casa, sin saber encontrarlo. Si no tuviese el elemento romántico, a la monja y se desviase con ello de la trama central, sería una gran película de género británica, en la línea de Blitz o London Boulevard. Se queda en buen cine de género, que no es poco. Ahora, quien busque Crank se va a llevar un chasco enorme.

Jesús Usero

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Jesús Usero

Godzilla ★★★

Mayo 13, 2014

Crítica de la película Godzilla

Godzilla. Entretenida y espectacular en lo visual, falla en el desarrollo del guión, personajes y ritmo. El cine norteamericano ha vuelto a tropezar en la misma piedra que ya tropezara Roland Emmerich a la hora de adaptar Godzilla a los códigos y claves del cine estadounidense. Esta versión es sin duda mucho mejor película que la de Emmerich. Está mejor dirigida. Pero debo reconocer que la de Emmerich me resultaba más divertida. Además, está por debajo de la otra oferta de película con monstruo gigante que nos llegó el pasado verano, Pacific Rim, de Guillermo del Toro, que es mejor que ésta, de lejos.

El problema esencial es que en su traducción del célebre monstruo nipón, los norteamericanos olvidan que básicamente se trata de una criatura del cine de serie B, una gamberrada lagartona que requiere la autoparodia como sustancia esencial para plantear sus aventuras. Por el contrario, cada vez que los estadounidenses se acercan a Godzilla intentan llevárselo al territorio de la serie A y proporcionarle sobre todo seriedad como personaje. Grave error.

Godzilla es un fenómeno  construido por y para friquis. Y todo lo que suponga tomárselo en serio y con ningún sentido del humor, como pretende esta nueva propuesta norteamericana del personaje, es llevarlo a un territorio que le resulta extraño y ajeno al personaje original y genera el tipo de problemas de construcción, ritmo y funcionamiento dramático que presenta esta película.

Vamos por partes. En primer lugar hay que decir que es muy de agradecer que hayan metido todo el dinero que han aplicado a esta versión épica del asunto, sin duda mucho más espectacular que casi cualquier versión que podamos haber visto anteriormente. Pero el problema es que esto no es cuestión de dinero, sino de guión. Y creo que empiezan bien pero luego se tuercen. Creo que meten la pata prescindiendo con excesiva celeridad de personajes como el de Juliette Binoche y Bryan Cranston, que podrían haber tenido un recorrido mucho más interesante en la trama, y al menos en la primera parte de la misma demuestran que un buen actor puede marcar la diferencia incluso dando vida a personajes tan tópicos y poco desarrollados como los que se manejan en esta producción. Da la impresión de que han volcado todo el interés en el despliegue de los efectos visuales y las secuencias de acción épica, descuidando gravemente la construcción de personajes interesantes que vayan más allá del mero boceto o el tópico. Así es como se dilapida el talento de gentes como Aaron Taylor-Johnson,  Elizabeth Olsen, Ken Watanabe o David Strathairn. El personaje de Taylor-Johnson está cosido a tópicos y además su presencia como epicentro de todos los acontecimientos que se producen en la trama está bastante traída por los pelos argumentalmente hablando. Le rodea la casualidad. Y el careo final con el monstruo es excesivo incluso para el más crédulo de los espectadores. A Elizabeth Olsen parecen haberla fichado para reírse, llorar y mirar hacia arriba con cara de espanto. Y correr. Un desperdicio de una de las actrices más interesantes de nuestros días. A Ken Watanabe le han fichado porque es japonés y puede poner cara y acento de japonés cuando dice “¡Godzilla!”… aunque en realidad debería decir ¡Gojira!, pero mejor eso lo dejamos de lado y no nos ponemos exigentes. Además tiene otro “careo” absurdo con el monstruo, cuyo tamaño, dicho sea de paso, es bastante variable de un plano a otro. Tampoco nos pondremos exigentes con eso, dado que es característica habitual de casi todas las películas con monstruo gigante y edificios cercanos. Strathairn está tan desperdiciado en su papel de comandante supremo de la cosa militar como en su momento lo estuviera Liam Neeson en Battleship.

Hay momentos buenos, que suelen ser los que tienen cierto “toque Spielberg”: el niño contemplando al catástrofe de la central nuclear en el final del prólogo, la primera parte, con Cranston de protagonista, la incursión en la zona cero de la catástrofe inicial, la primera aparición del monstruo en la central nuclear, el puente por el que debe pasar el tren militar, los paracaidistas bajando sobre la ciudad… Pero es una especie de variante de Spielberg en plan guiño de J.J. Abrams. Esto es: mejor que las peripecias catastrofistas de Michael Bay en Transformers, de lejos, pero por debajo de los auténticos Spielberg, y algo por detrás del cine con ecos spielbergianos que suele marcarse J.J. Abrams.

De manera que les ha salido una película entretenida, que es más cercana al Godzilla original que la que dirigiera Roland Emmerich, aunque si les soy sincero, aquella me entretuvo más que ésta.

Creo que mis pegas para este largometraje se entenderán mejor si les propongo que la comparen con la película que sospecho han tomado como referente o fuente de inspiración los artífices de este nuevo Godzilla: Godzilla 2000, que fue la reivindicación japonesa de la franquicia tras la fallida propuesta de Roland Emmerich. Con ella comparte ese tono “spielbergiano” en algunos momentos, aunque si les soy sincero, me gusta mucho más Godzilla 2000, que es plenamente consciente de la propia identidad de la franquicia y no intenta disfrazarse de lo que no es. En este Godzilla encontramos algunos momentos, como el paso por el túnel o el ataque final de Godzilla con su aliento, que junto con esa intención de reflejar la mirada humana del monstruo como motivo central visual de la trama, comparte con Godzilla 2000. Pero creo que a Godzilla 2000 le salió mucho mejor la jugada. De hecho, creo que incluso el King Kong setentero era mejor, porque siendo flojo o regularcillo, incorporaba unas claves erótico-festivas con el personaje de Jessica Lange que no están en esta especie de equivalente actual, que además de no tener sentido del humor es argumentalmente un panfleto propagandístico de la familia y el ejército como elementos esenciales de la civilización, el último reducto de orden en el caos. Aunque lamentablemente ni siquiera esa idea está desarrollada en el argumento. Sólo está esbozada.

No puedo hablar de mucho más sin hacer spoiler o destripar temas claves de la película que prefiero que descubran ustedes mismos, así que para terminar este comentario simplemente les diré que me parece que Godzilla tiene menos protagonismo del que debería en este largometraje que a ratos (el momento del niño japonés “adoptado” por el protagonista, o ese empeño en el reencuentro familiar) me hace pensar que tenían un ojo puesto también en el cine de catástrofe más reciente y más concretamente en Lo increíble.

Para mí el error es que quieren convertir Godzilla en un personaje mainstream serie A, cuando esencialmente es cine de serie B, y para conseguirlo acuden a las más obvias y flojas claves del cine de catástrofe (la secuencia del puente en San Francisco con el autobús cargado de niños es una buena prueba de ello).

Así que la película es entretenida, visualmente espectacular, pero no me convence del todo. 

Miguel Juan Payán

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Jesús Usero

Crítica de la película Snowpiercer (Rompenieves)

Grata sorpresa. Ciencia ficción apocalíptica original y de calidad.  Muy recomendable.

Los aficionados esperaban con interés esta nueva película del surcoreano Joon-ho Bong, director de Crónica de un asesino en serie y The Host que con Rompenieves vuelve a demostrar que puede imponer un estilo propio y sorprendente a cualquier género que decida abordar. En esta ocasión, y como ya hiciera con las películas de monstruos gigantes en The Host, el realizador le da un repaso a las claves esenciales de la ciencia ficción apocalíptica mostrándonos un fin del mundo que nuevamente consigue convertir en una sucesión de sorpresas que además no se quedan en mero fuego de artificio visual, sino que sirven para reactivar la narración en ese triple viaje que nos propone la película. Porque, a su manera, Rompenieves se una roadmovie muy elaborada y con la filosofía de una muñeca rusa matrioska a la hora de ir desvelando las claves esenciales de su argumento. Como digo, la película es argumentalmente un cuádruple viaje de iniciación, autoconocimiento y desarrollo de los personajes principales que  tiene su propia carga filosófica y de reflexión. El primer viaje es el que hace todo ese tren futurista que a modo de arca y con algunas características de la ciencia ficción retrofuturista, contiene a los últimos supervivientes de la especie humana enfrentados al apocalipsis climático desatado por el propio hombre. El tren avanza imparable haciendo frente a todo tipo de obstáculos en la vía, en una incesante progresión por todo el planeta helado como una especie de reedición de la serpiente Uróboros con la cola en la boca que representa el ciclo eterno de las cosas, el eterno retorno, cuyo viaje comienza de nuevo en el mismo momento que concluye. El segundo viaje es el que emprenden los desarrapados rebeldes de los vagones de cola emprenden una revolución perpetrando su propia versión del asalto al Palacio de las Tullerías que es la cabecera del tren, donde se encuentra la máquina que impulsa todo su mundo hacia adelante, el refugio de los viajeros privilegiados. Su objetivo es subvertir el frágil orden social de castas establecido en el tren. Finalmente el antihéroe, un saludable cambio de registro para Chris Evans lejos del superhéroe marvelita Capitán América, hace su propio viaje forjándose en el liderato desde la aceptación de los pecados que le persiguen desde el pasado, hasta conocerse mejor a sí mismo. Finalmente el propio espectador viaja con los personajes descubriendo ese mundo helado y el interior del tren y sus habitantes, todo un microcosmos futurista que en opinión de quien esto escribe es uno de los más interesantes que nos ha propuesto desde hace muchos años la ciencia ficción apocalíptica, con detalles que vinculan esta visión del género con la que suelen desarrollar los cómics de ciencia ficción europeos (un ejemplo es la entrada en el vagón de los pintorescos “antidisturbios” que nos propone la película).

Añadan a todo lo anterior un reparto bien elegido para construir un sólido protagonismo coral (John Hurt, Ed Harris, Tilda Swinton, Jamie Bell, Octavia Spencer, Kang-ho Song…) que arropa al antihéroe interpretado por Chris Evans, paisajes espectaculares, secuencias de acción impactantes que recuerdan en sus combates la pelea con el martillo de Old Boy, resoluciones de secuencias que esquivan el tópico como el desenlace de la escuela, los huevos, la profesora, y un final que es toda una declaración de principios, y tendrán ante sus córneas una de las mejores propuestas de ciencia ficción que nos ha hecho el cine en mucho tiempo, perfecta para volver engancharse al género y con algunas claves, como el antihéroe, la comida de los furgones de cola, el sacrificio final del brazo, la manera de introducir un flashback verbal para explicar el pasado de los personajes que habitan la película y sus motivaciones y conflictos, que devuelven a la ciencia ficción la madurez de las propuestas cinematográficas desarrolladas por el género en los años setenta, con títulos como El planeta de los simios, El último hombre vivo, Soylent Green, cuando el destino nos alcance, La fuga de Logan, Nueva York año 2012… antes de que el fenómeno Star Wars redirigiera los esfuerzos cinematográficos en ese género hacia la space opera.

Miguel Juan Payán

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Jesús Usero

Crítica de la película 3 días para matar

Entretenida recuperación de Kevin Costner como protagonista, pero con lastre sentimentaloide.

El cine producido y/o dirigido por Luc Besson peca siempre de un exceso de formulismo comercial y tópicos de explotación que vuelven a repetirse en esta ocasión en la que además ejerce como co-guionista. La acción está bien. La intriga de partida tiene interés. La estrategia de rodear al protagonista de personajes y situaciones que se salen de los tópicos (en este caso los ocupas de su piso, la bicicleta color púrpura, el antagonista y al mismo tiempo confidente de sus problemas como padre Mitat), es acertada y funciona, presta solidez a la propuesta. Y sin duda Kevin Costner tiene la misma solvencia para manejar, resolver y darle entidad a personajes tópicos y más bien bidimensionales que Liam Neeson. De manera que esa es la parte positiva.

Lo malo es que, como ocurre siempre en el cine de Besson, la película parece servir a dos amos a la vez. Y junto a la trama de intriga, bien llevada con esos elementos que he mencionado, nos encontramos un paquete sentimentaloide de propaganda familiar que es habitual en las propuestas de este productor, guionista y director. Y servir a dos amos es la mejor manera de cargarse el invento. En la parte más moñas y simplona, de mensaje tradicionalista tontorrón, vemos al asesino de la CIA interpretado por Costner enseñando a montar en bicicleta a su hija, que por otra parte es ya demasiado zángana para dedicarse a tal menester. Además le vemos enseñándola a bailar para. Y finalmente el moribundo agente acaba por estar más vivo cuando se está muriendo y hasta le tira los tejos a su mujer, dicho sea de paso una espectacular Connie Nielsen. Rematando la faena nos tropezamos una imagen de pasteleo turístico con el protagonista destacado en la noche parisina con la torre Eiffel iluminándose al fondo del plano que casi me hace salir disparado camino del retrete para vomitar.

Esa parte, la peor de la película, convive y es un lastre para la intriga. Hay un momento concreto en la que  3 días para matar pierde todas las posibilidades de desarrollarse como una variante de Venganza, otra producción de Besson bastante mejor. Es el momento en el que el protagonista rescata a su hija de una violación en grupo, muy tópica, con un plano de salida de esa situación que parece sacado de la parte más vomitiva de El guardaespaldas, con la moza en brazos y todo. A partir de ese momento el pastelón familiar devora la intriga y lastra la acción. De hecho la película parece perder el contacto con otro de sus personajes interesantes, la maquiavélica y curvilínea Vivi interpretada por Amber Heard, personaje desaprovechado para dejarle sitio a los paseos de Costner con su niña y su bicicleta, que no nos importan absolutamente nada.

El problema es que por servir a dos amos, algo que también se observaba en la otra producción de Besson estrenada en los últimos meses, Malavita, la película acaba peleándose consigo misma, buscando una alianza imposible entre la acción y las babas. La idea de partida es prometedora, pero se frustra con un tramo final de la narración en la que la acción se convierte en un recurso manido para darle vida a una intriga que ha muerto estancada en lo sentimentaloide. Una pena, porque Costner defiende muy bien su papel y consigue hacer sobrevivir el interés y el entretenimiento incluso en el tramo final del relato, hasta el último plano de la película, un pastelón que sin su presencia habría sido intragable. A pesar de que en la resolución de las secuencias de acción abusen tanto de la imagen de Costner sufriendo los efectos alucinatorios de su enfermedad.

Podría haber sido una película mucho mejor jugando una baza más seria en el tratamiento de la familia perdida y la enfermedad. No era preciso llegar a las claves mucho más interesantes y dramáticas de, por ejemplo, El amigo americano, de Wim Wenders, pero al menos le hace falta más solidez y sobriedad en sus excesos sentimentales, las lecciones de bicicleta y demás, simplones y moñas.

Lo mejor es Costner recuperando un papel protagonista en clave de acción y demostrando que merece más oportunidades de estar encabezando el reparto en lugar de ser sólo un secundario estrella como en la última peripecia de Jack Ryan.

De hecho, después de ver la película, creo que alguien debería empezar a plantearse en serio hacer algo para poner a Liam Neeson y Costner frente a frente. Podrían saltar chispas.

Miguel Juan Payán

©accioncine

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