Crítica de la película Harriet: En busca de la libertad

Ilustrativo homenaje de Kasi Lemmonds a la figura de Harriet Tubman: la mujer que salvó de la esclavitud a cerca de un centenar de personas.

Harriet Tubman (nominada Minty, en su época como esclava en una plantación sureña) es una heroína a la que hay que reivindicar, por su valor y dedicación a la causa de la libertad. Con tal motivo, la cineasta Kasi Lemmonds (Eve’s Bayou) ha elaborado esta activa y reveladora película; en la que pone de manifiesto la valentía de la salvadora de esclavos, a la que conocían los dueños de las plantaciones como el bandido Moses.

La trama del filme comienza con la protagonista enclavada en las propiedades de la familia Brodess, donde siempre ha sido una posesión más del clan para el que presta sus servicios. Pero la joven Minty desea que sus futuros hijos crezcan libres. Tal anhelo hace que el dueño de la finca le imponga numerosos castigos, hasta que el heredero del antiguo patrón sugiere la venta de Minty. Sin más opción que la de escapar antes de la subasta, la muchacha decide huir al norte, para evitar el alejamiento forzoso de sus familiares y de su marido. Una vez en Filadelfia, Minty cambia su nombre por el de Harriet Tubman; y, desde su nueva residencia e identidad, colabora intensamente para la creación del Ferrocarril subterráneo: una organización pensada para sacar a los esclavos del sur, y ponerlos a salvo en las extensiones en las que no existían las prácticas sureñas de explotación contra la población negra.