Crítica de la película Monos

El brasileño Alejandro Landes muestra una gran capacidad narrativa con esta intensa película.

     Un lugar perdido en la selva de un país no identificado, un conflicto armado del que tampoco se dan datos, y un grupo revolucionario que no se sabe muy bien qué es lo que busca ni cuáles son sus demandas específicas. Bajo estos parámetros de misteriosa trascendencia, el cineasta Alejandro Landes monta un cuadro coral contundente y con suficiente fuerza escénica, como para transmitir un conjunto de emociones diversas entre los espectadores.

     La trama arranca con unos adolescentes en actitud marcial, los cuales se machacan en una montaña alejada de cualquier foco de civilización. Allí llega un hombre que les instruye en ejercicios tácticos y entrenamiento militar, al tiempo que les pone al corriente de lo que la supuesta organización en la que se han alistado espera de ellos. Los muchachos son reclutas al servicio de una causa revolucionaria, y –entre otros cometidos- deben mantener en buen estado a una doctora norteamericana que se encuentra secuestrada (a la vez de una vaca a la que tienen que proteger para obtener leche de ella). Lobo, Lady (Leidi), Sueca, Pitufo, Perro, Bum Bum, Pata grande y Rambo son los apodos que estos jóvenes portan en el campamento. Poco a poco, la selva y el aislamiento hacen que estos perdidos protagonistas se enfrenten entre ellos, mientras la violencia del entorno penetra en su psique y determina sus actos de manera irremediable.