Crítica de la película Cartas a Roxanne

Colorista y libre aproximación de Alexis Michalik a la vida de Edmond Rostand, cuando este dio pie a la idea de escribir Cyrano de Bergerac.

     Los mecanismos de la creatividad son caprichosos, y muchas veces llegan sin sentir. Algo así plantea el cineasta novel Alexis Michalik, en esta ópera prima sobre la existencia de uno de los dramaturgos franceses más populares en el país de La Marsellesa, merced a su obra Cyrano de Bergerac.

     La acción arranca en el París del caso Dreyfuss y de los primeros ensayos del cinematógrafo de los hermanos Lumière. Allí, en la Ciudad de la Luz y del arte de vanguardia, el joven Edmond Rostand intenta sacar adelante su carrera como autor de textos teatrales. Sin embargo, su estrella parece apagada, y no hace más que fracasar una y otra vez. Pese a que la actriz Sarah Bernardt es su mentora, la inspiración no hace mella en la imaginación del autor y poeta. No obstante, el encuentro con el dueño de una brasserie –momentos antes de acudir a una cita con el famoso intérprete Constant Coquelin- enciende la luz de las musas en Rostand; al dar por casualidad con la historia de un héroe marcado por la desgracia y el talento, llamado Cyrano de Bergererac. Con solo apuntes de lo que tiene en mente y su facilidad de palabra, Edmond consigue interesar a Coquelin, y empezar a pergeñar lo que posteriormente será Cyrano de Bergerac.