Crítica de Casi todo bien, película dirigida por Andrés Salmoyraghi y Rafael López Saubidet e interpretada por Marcel Borràs, Silma López, Julián Villagrán, Rita Rodríguez, Secun de la Rosa y Lorenzo Ferro.
Divertida comedia sobre un hombre que busca su identidad.
¿De qué va Casi todo bien?
Hilario (Marcel Borràs) es un literato frustrado que trabaja en una librería y da clases de escritura creativa por internet. El autor en ciernes ha creado una obra a lo largo de nueve años que ninguna editorial quiere publicar. La incapacidad para demostrar su talento al mundo lleva a Hilario a comportarse de manera agresiva y distante con los demás. Esto es así hasta que conoce a Carolina (Silma López), una profesora de gimnasia a quien no le gusta leer, pero que transmite al protagonista una manera distinta de ver la vida.
Crítica de Casi todo bien
Los directores argentinos Andrés Salmoyraghi y Rafael López Saubidet presentan una ópera prima llena de matices, que invita, sin estridencias, a dejarse llevar por las vicisitudes del personaje protagonista de una manera natural, con la única guía de las situaciones extrañas y humorísticas en las que se ve inmerso el ingenuo Hilario.

La obsesión por la literatura y por la creación de obras memorables son los elementos que, en apariencia, vertebran el argumento del film, aunque en realidad se trata de localizar las claves emocionales y existenciales de un hombre perdido al enfrentarse a sus propias desilusiones profesionales y humanas. Los problemas de Hilario para relacionarse satisfactoriamente con su entorno más próximo conforman un conjunto de secuencias cómicas que aportan un toque agradable a una película que escenifica con verosimilitud la evolución psicológica del personaje principal. En medio de ese camino de autoconocimiento, la ciudad de Madrid —con su apego a los libros desgastados e inmortales— se erige como un espacio de comprensión activa entre el enfermizo Hilario y su amor hacia lo que él considera literatura de calidad.
El actor Marcel Borràs realiza una caracterización convincente y efectiva del voluble Hilario, una especie de Quijote sin coraza casera ni molinos de viento a los que acometer. El intérprete catalán construye con imaginación la máscara invisible de intelectual que retrata el rol del autor frustrado que no reniega de sus sueños para convertirse en un autor admirado por la crítica y el público. La cercanía con la que Borràs despliega su trabajo permite la conexión del espectador con las inquietudes y fracasos de este individuo superado por las circunstancias. Junto a Marcel Borràs, Silma López construye con determinación el polo opuesto de Hilario, como la chispeante e irreflexiva Carolina. López realiza una excelente configuración de la alocada chica que deslumbra al escritor protagonista con su espontaneidad y su manera tan desenfadada de plantear su día a día.

Salmoyraghi y Saubidet —al lado de su compañero Ricardo Uhagón Vivas— diseñan una galería pintoresca y singular de personajes, los cuales cobran corporeidad a través de las virtudes y defectos de Hilario y Carolina. Así es como crecen en importancia el escritor que sigue las modas —Secun de la Rosa está muy convincente como Hugo Valmayor— o el amigo argentino de Hilario, que quiere abrir su propia librería —Lorenzo Ferro dota de verosimilitud sensible al sincero Pabli—.
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Se pueden establecer puntos de conexión existencial entre Hilario y muchos de los personajes protagonistas y secundarios de las películas de Woody Allen.
Jesús Martín
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