Una carta de amor a los inicios del cine, acompañada del caos y la destrucción de los Minions.
De qué va Minions & Monsters.
En su empeño por encontrar al mejor villano al que ayudar desde el inicio de los tiempos, una nueva tribu de minions llega por casualidad, tras muchos intentos fallidos, a Hollywood, la meca del cine, en sus orígenes, con la ciudad despertando. Lo que parece una aventura inocua pronto se transforma en una lucha por la salvación de la humanidad cuando los Minions invocan al ser equivocado, quien está dispuesto a todo para conquistar el mundo una vez más, destruyendo Hollywood por el camino.
Los Minions se van a Hollywood.
Cuesta mucho, cuando ya estamos en la tercera entrega del spin-off protagonizado por las carismáticas criaturas amarillas —y la séptima película si contamos las cuatro películas de Gru, mi villano favorito donde también aparecen—, mantener la frescura y hacer un proyecto interesante para la audiencia. La clave con los minions siempre ha sido el caos, el humor que provocan como agentes del caos: no importa lo que hagan, siempre la acaban liando todavía más. Pero no siempre han encontrado, entre sus muchas aventuras, el elemento adecuado para que los personajes brillen como podían.
En cierta medida, lo entiendo. Los guiones de Illumination, el estudio detrás de los personajes, nunca han terminado de brillar realmente y han sido, habitualmente, excusas para colocar una serie de gags cómicos con una historia lo suficientemente coherente para encajar. Y nada más. No han tenido la profundidad o el interés por temas más profundos como Pixar, por ejemplo, o algunos proyectos de DreamWorks. Pero tampoco necesitan mucho más. Humor, caos y disparate continuo. Con solo esas claves, ya tenemos la mitad de la película hecha. Pero, en esta ocasión, los responsables han sabido ir un paso más allá. Nada del otro jueves, pero han jugado sus bazas de forma muy inteligente.
Trasladar el mundo de los Minions a Hollywood en sus orígenes es todo un acierto. Los cinéfilos reconocerán todas las ideas, los guiños y los homenajes al origen de la meca del cine, además de observar ese cambio del cine mudo al sonoro, lo que llevó a la pérdida de muchas carreras que no pudieron adaptarse al nuevo medio. Pero, además, nos habla de la ciencia ficción, de la acción, del humor —los homenajes son maravillosos, de verdad— y de todo aquello que creó el Hollywood dorado. Todo ello con un humor desbordante y salvaje. Quizá sea la más salvaje de todas las películas de la franquicia.

Visualmente correcta, pero se ganará a la audiencia por su humor.
Evidentemente, no estamos hablando de una película que esté al nivel de otras producciones de animación en lo que tiene que ver con el aspecto visual. Cumple, como todas las películas de Illumination, pero está a años luz de lo que otros pueden alcanzar. No les importa. Los Minions son sencillos, solo necesitan un universo que poner patas arriba, aunque no sea el más bonito del mundo. Y vaya si lo consiguen. Los diez primeros minutos son puro disparate, con un nivel de locura nunca antes visto en la franquicia.
Luego se calma un poco, pero sigue funcionando sin problemas. Sigue siendo hilarante y despreocupada, desvergonzada como no podía ser de otro modo. Además, la presencia de una nueva tribu o clan de minions ayuda a aportar frescura, porque no son los personajes que ya conocemos: son nuevos y tienen nuevas y divertidas peculiaridades. Por eso, no solo funciona, sino que lo hace mejor que anteriores entregas.
Te gustará si te gustó.
La saga de los Minions y Gru, mi villano favorito, porque los Minions son únicos e incomparables, pese a sus defectos.
Jesús Usero.
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Crítica de Minions & Monsters



