Crítica de Obsession, película dirigida por Curry Barker con Michael Johnston, Inde Navarrette, Cooper Tomlinson y Megan Lawless.
Divertido y grotesco relato de las relaciones tóxicas de pareja.
Obsession supera a la otra campeona de taquilla en el cine de terror de este año, Backrooms, por varios motivos, entre los cuales el principal es su riqueza de capas de interpretación de lo que ocurre en pantalla. Eso sitúa al espectador desde el primer momento —con esa escena de apertura muy reveladora sobre el ambiguo rol del protagonista en la trama— en una incómoda posición de testigo y cómplice de lo que ocurre.
Una posición incómoda y perturbadora
Es el principio de una especie de montaña rusa en lo referente a las corrientes de simpatía y antipatía de los espectadores por el truculento viaje que hace el protagonista.
Y ahí es donde entran en funcionamiento las distintas capas de interpretación que forman la compleja identidad temática de Obsession, que pueden convertirla fácilmente para nosotros en una variante de la prueba de Rorschach.
Varias capas de interpretación
Por un lado, a través de pinceladas musicales y algunos diálogos, podría parecer que estamos ante una comedia romántica de chavalito tímido que no se atreve a manifestar sus sentimientos a la Dulcinea de turno, Nikki —por cierto, temo por las cuerdas vocales de la actriz que la interpreta en los momentos más intensos del personaje—. Pero, desde la dirección de la película y su despliegue visual, la puesta en escena, la fotografía y la luz, con esa Nikki que no vemos —por un buen motivo que no puedo revelar para no destripar la película, pero que tiene plena lógica—, e incluso desde la interpretación del protagonista a partir del momento de la cafetería, nos llegan mensajes muy claros del tono siniestro que se oculta tras esa primera impresión. Y esa capa más superficial se rompe con el gato y el plano de la cama que introduce el título.
Así que la película no nos engaña, aunque juegue con nosotros como un gato con un ovillo de lana, enviándonos mensajes contradictorios como los que se intercambian algunos de los personajes. Lo cual es un ejercicio de coherencia en el guion y la construcción del relato muy apreciable en estos tiempos de historias bidimensionales y poco elaboradas que nos está sirviendo la mayoría del cine de géneros.
Obsession explora con habilidad y arrogancia gamberra —muy saludable y cínica— los límites de la fusión de géneros para revelar su verdadera naturaleza y, de paso, ponernos en evidencia respecto a lo que pensamos sobre lo que hace el personaje. Y es así como nos lleva hasta una segunda capa de interpretación como sátira y advertencia sobre las relaciones tóxicas de pareja, servida con un sangriento sarcasmo capaz de arrancarnos alguna que otra carcajada en momentos puntuales cuidadosamente escogidos.
Pero detrás de todo eso acecha algo mucho más inquietante. Llegados aquí, conviene tener en cuenta el empeño en situar en numerosas ocasiones al protagonista en el centro del plano, así como su total omnipresencia en casi todo el metraje, o el plano de la pareja practicando sexo, que nos invitan a reflexionar sobre la torpeza de confundir el encaprichamiento de corte inmaduro —casi diríamos que adolescente, pero básicamente sexual— con el verdadero afecto y el amor, imposibles en la relación que nos propone la película.

Su verdadera naturaleza y el horror de la víctima
Por ese camino entra Obsession en el aún más interesante túnel de su verdadera naturaleza más oscura, revelándose plenamente como una trama de abuso en toda regla. En ella, algunos momentos me llevan a concebir la película como una especie de Psicosis narrada desde el punto de vista de Norman Bates, y todo el proceso de destrucción de la mujer idealizada recuerda a Repulsión, una hija de Psicosis en la que Roman Polanski seguía la pista de Alfred Hitchcock. El menú se completa con una sarcástica advertencia final sobre las trampas del amor romántico, Romeo y Julieta y tal, que confieso que me ha arrancado una siniestra sonrisa.
Amigos, esta película puede confundiros solo si os dejáis confundir. Lo mismo que las señales que se pueden malinterpretar. Cuidado con lo que deseáis.
Obsession es, con todo lo anterior, un inteligente ejercicio que adquiere tonos escalofriantes cuando materializa con el sonido el horror de la víctima y la facilidad con la que cualquiera puede convertirse en verdugo.
Miguel Juan Payán
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Crítica de Obsession



