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Crítica Desastre y total: Agencia de detectives Nº1 ★★★

Crítica Desastre y total: Agencia de detectives Nº1 ★★★

Crítica de la película Desastre y total: Agencia de detectives Nº1

Un canto a la imaginación que no tiene toda la fuerza que debería.

La imaginación es el refugio de aquellos que sufren la soledad. Conforma nuestra forma de pensar y de ver el mundo. Nos hace diferentes. Únicos. Por ello, los niños necesitan ver películas como Desastre y Total para descubrir que no es tan malo remar a contracorriente. Basada en la obra homónima de Stephan Pastis, el director Tom McCarthy (Spotlight) cuenta la historia de Timmy (Winslow Fegley), un imaginativo niño de once años que dirige Total Failure, la mayor agencia de detectives del país, junto a su amigo, un gigantesco oso polar imaginario.

Narrada en primera persona a través de la voz en off del protagonista, pronto nos metemos en la cabeza de Timmy para descubrir un personaje con múltiples capas y muy diferente a los que suelen poblar las películas de Disney. A pesar de que la imaginación desbordante del protagonista y su trabajo como detective privado puedan hacer pensar en un personaje infantil e ingenuo, lo cierto es que su comportamiento, pensamientos y lenguaje son maduros para su edad. Se puede observar en su sentido del deber, pero también en la forma de abordar los paréntesis surrealistas que tienen lugar en su cabeza. Es fácil sentirse identificado con la forma en la que magnifica sus miedos ante la incomprensión del mundo adulto y su intransigencia frente a unos cambios que todos hemos experimentado, como el salto a la secundaria. Por todo ello, quizás los espectadores más pequeños abandonen la aventura a mitad del camino.

Crítica Desastre y total: Agencia de detectives Nº1 ★★★

La forma de ver el mundo del protagonista y su universo fantástico con osos polares sabuesos atrapa la atención en los primeros compases de la película, pero las situaciones que tiene que sortear el protagonista no resultan especialmente ingeniosas. Con un punto de partida semejante y la compañía de un oso se echa en falta una pizca más de locura y aventuras dentro de la propia cotidianeidad. La investigación del robo de una mochila resulta apropiada, pero escenas como la del banco podrían y deberían haber sido mucho más divertidas. Parte de culpa la tiene la poca presencia de personajes secundarios realmente memorables, pues ni siquiera la relación entre Timmy y el oso destila complicidad. La escena de la presa, la más divertida de toda la película, funciona por la relación que el profesor tiene con Timmy. Ahí estaba la clave de la película, en no centrarse en exponer sus rarezas verbalmente sino en su interacción con el resto del mundo, que consiguen darles más valor aún. De esa forma se podría haber evitado que la madre fuera un mero cliché y haber explorado lo verdaderamente interesante: el resquebrajamiento de la familia y la llegada del oso.

Viniendo de Tom McCarthy, que ya había firmado un guion desbordante de ingenio y sensibilidad como el de Up, se esperaba mucho más de su nueva incursión en el terreno del cine familiar. Su defensa de la imaginación como vía de escape de una realidad triste calará entre los niños, convirtiéndose la película en una simpática rareza, pero como diría Timmy, se cometieron errores. Lo que le falta a la película es precisamente lo que le sobra a su protagonista: imaginación.

Alejandro Gómez 

 

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Crítica Desastre y total: Agencia de detectives Nº1 ★★★

 

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Alejandro Gómez
Todo en uno: cinéfilo, seriéfilo, melómano, lector voraz y tragaldabas.

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