Crítica F1: La película ★ ★ ★ ★ (2025) guion frugal para lucir técnica brillante

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Crítica F1: La película película dirigida por Joseph Kosinski con Brad Pitt, Damson Idris, Javier Bardem, Kerry Condon

Una de las dos mejores películas de carreras filmadas hasta el momento

Joseph Kosinski repite con éxito la jugada de Top Gun: Maverick sin apartarse lo más mínimo de su biblia como director, que esencialmente consiste en crear espectáculos cinematográficos de acción visualmente arrolladores poniendo la técnica de la filmación como epicentro de la propuesta, dejando el desarrollo de guion y personajes a un nivel que puede ser básico, pero no lo es. Es frugal, se dosifica y administra sus recursos mientras proporciona al público general, incluso a los no iniciados en el mundo de la Fórmula 1, las claves esenciales para poder moverse en la fábula que nos cuenta, de los neumáticos a la estrategia desarrollada en las pistas.

Recomendable incluso para no aficionados  a la Fórmula Uno

Fórmula 1 es un éxito en su desarrollo visual, absolutamente inmersiva y envolvente para el espectador. El espectáculo y el entretenimiento está garantizado incluso para quienes, como quien esto escribe, no sean aficionados al deporte que retrata.

Es cierto que su guion está habitado por personajes arquetípicos escasamente desarrollados sobre el papel, pero al mismo tiempo hay que señalar que desde ese minimalismo, dichos personajes están terminados de construir muy sólidamente incluso desde su esquematismo y para lo que se requiere de ellos merced al trabajo de los actores encargados de interpretarlos. Ejemplo: la química de Bardem con Pitt es sólida y creíble y sirve fielmente como hilo conductor de la trama más por el trabajo actoral que por lo que tienen escrito en guion sobre sus personajes.

Crítica F1: La película

En ese aspecto, F1 y la fórmula de trabajo aplicado por su director son muy fieles al modelo de producción de blockbuster imperante en el cine estadounidense desde los años ochenta, y desde ahí apunta maneras para ser una de las películas más vistas y mejor recibidas por el público de este verano.

Sale así adelante la sencillez de su guion dejando paso a la verdadera arma principal de la propuesta, que no es otra que la planificación y filmación de las secuencias de acción, muy capaces de mantener al espectador pegado a la butaca y bien sujeto por la intriga trepidante que se desarrolla en la pantalla cada vez que los pilotos se suben a su monoplaza.

En el marco de ese planteamiento podríamos decir que se establece un curioso paralelismo entre la película y el mundo de las carreras automovilísticas que retrata: el rodaje de F1 se mira en el espejo de la complejidad y el despliegue tecnológico que mueve todo el circo de la Fórmula 1, los monoplazas y los pilotos que los conducen. Y describiendo ese mundo de las carreras la película se describe a sí misma a través de su ficción.

Crítica F1: La película

Película de filmación y montaje

En ese sentido Kosinski se mueve más en el rango de un experimentador y aplicador de nuevos recursos e ideas para mantener viva la acción de su fábula acercándose a planteamientos similares a los de James Cameron. Y, como Cameron, no es que descuide, sino que simplemente dosifica la posibilidad de desarrollar tramas, personajes y conflictos más complejos simple y llanamente porque ese no es el objetivo de su propuesta. Esa no es su guerra. Su visión del asunto es otra.

Actúa así tanto el director como su película con una absoluta coherencia interna con los objetivos de la película y una notable sinceridad frente al espectador.  

Kosinski desarrolla un trabajo brillante como narrador de acción que le permite meternos de lleno en dos horas y media de metraje trepidante y con ritmo impecable. No deja tiempo al espectador para tomar en consideración esa voluntaria frugalidad en el desarrollo de los personajes, aunque el guion sea muy inteligente a la hora de darle al espectador lego en la materia claves esenciales, pinceladas y detalles distribuidas esencialmente en los personajes secundarios.

Buscan así una economía de recursos dramáticos sometida a su apuesta por el despliegue visual en el rodaje de las competiciones, en las que, con un notable montaje, nos sitúa en todo momento en una posición de espectadores privilegiados, tanto dentro de los coches como mirándonos a título de espejo en las reacciones del equipo que respalda a los pilotos.

Para aclarar más todo esto, F1 es una película firmemente construida desde filmación y montaje, mientras que Le Mans ´66, de James Mangold, es una película de guion y desarrollo de personajes. Y las dos pueden compartir fácilmente, cada una desde su diferente abordaje, el título de ser las dos mejores películas de carreras automovilísticas.

                                           Miguel Juan Payán      

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Crítica F1: La película

Miguel Juan Payán
Profesor de Historia del cine, Géneros cinematográficos y Literatura dramática

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