El actor Nacho Serapio presenta Las pruebas del guerrero, un libro sobre disciplina, superación y memoria, mientras avanza en nuevos proyectos de cine de acción como Codename Ninja, Blood Brothers y Kungfu Movie.
El cine de acción español tiene en Nacho Serapio a uno de sus nombres más persistentes. Actor, director y productor, lleva años empeñado en demostrar que el género también puede hacerse aquí… y con identidad propia. Su agenda inmediata confirma esa ambición: nuevos proyectos cinematográficos, una productora consolidándose y el desarrollo de Codename Ninja, una película inspirada en la vida del maestro de artes marciales Juan Hombre.
Pero antes de que lleguen los próximos rodajes, Serapio ha vuelto a otro tipo de narrativa. Una más personal. Más íntima. La que nace de los recuerdos.
El resultado es Las pruebas del guerrero, un libro presentado recientemente en la sede de la asociacion AccionCine Amigos del Cine, en Alcorcón, en un encuentro que reunió a público y aficionados al cine para hablar de artes marciales, aprendizaje y cine de acción.
Porque el libro, en el fondo, habla de todo eso… y de algo más.
Los próximos proyectos del actor Nacho Serapio
Serapio atraviesa un momento especialmente activo en su carrera. Tras años combinando interpretación, producción y dirección, su objetivo ahora es consolidar una línea clara de cine de acción made in Spain.
Entre los proyectos que prepara destacan varias películas de género muy diferentes entre sí. Blood Brothers, por ejemplo, se plantea como una historia de acción con espíritu ochentero: combates, ritmo directo y una narrativa sencilla pensada para el entretenimiento puro.
En paralelo, el cineasta trabaja también en Kungfu Movie, una comedia paródica que juega con el imaginario del cine de artes marciales popularizado por figuras como Jackie Chan o por los clásicos del género de los años setenta y ochenta.
Sin embargo, el proyecto más personal es probablemente Codename Ninja, una película que narrará la vida de Juan Hombre, maestro de artes marciales y figura clave en la formación de Serapio.
El proyecto lleva más de una década gestándose y ha atravesado numerosas dificultades de financiación. En un momento dado incluso se llegó a firmar un acuerdo para rodarla con un presupuesto millonario que finalmente nunca se materializó.
Aun así, el director no ha abandonado la idea. Ahora, con más experiencia y una productora propia, confía en que la película pueda salir adelante.
Y en cierto modo, Las pruebas del guerrero funciona también como una pieza más dentro de ese universo narrativo.

Un libro nacido de la memoria
Las pruebas del guerrero parte de una experiencia real. Durante los años noventa, un grupo de adolescentes viajaba cada verano a Galicia para participar en una semana de entrenamiento intensivo de artes marciales.
Aquellas jornadas incluían pruebas físicas durísimas: largas carreras por la montaña, ejercicios de resistencia, noches de silencio y retos mentales diseñados para empujar a los participantes más allá de sus propios límites.
Serapio fue uno de aquellos jóvenes.
Con el paso del tiempo decidió convertir esos recuerdos en una historia. No como una crónica literal, sino como una narración que reúne anécdotas de distintos años en una sola aventura.
“Lo escribí para no olvidar”, explicó durante la presentación.
Porque en esos campamentos no solo se entrenaba el cuerpo. También se aprendían valores.
Más que un entrenamiento
Uno de los elementos más interesantes del libro es que las pruebas no se planteaban como una competición. No se trataba de demostrar quién era el más fuerte ni quién corría más rápido.
El objetivo era otro: superar los propios límites.
Los participantes debían avanzar como un equipo. Si alguien se quedaba atrás, los demás debían ayudarle. Si alguien no podía continuar, el grupo tenía que encontrar la manera de seguir unido.
Ese espíritu colectivo transformaba el entrenamiento en algo diferente.
Las carreras de kilómetros, los ejercicios extremos o las pruebas de resistencia no eran un fin en sí mismo. Eran herramientas para aprender disciplina, perseverancia y autocontrol.
Y para descubrir algo que muchos de aquellos adolescentes ignoraban: hasta dónde podían llegar cuando decidían no rendirse.
Juan Hombre, el maestro
En el centro de la historia aparece Juan Hombre, maestro de artes marciales y figura clave tanto en el libro como en la vida de Serapio.
Durante el encuentro celebrado en ACCIÓN quedó claro que su influencia fue mucho más allá de las técnicas de combate. Para muchos de sus alumnos, Juan Hombre fue una referencia vital.
Serapio lo resumió de manera sencilla: para él fue como un segundo padre.
El maestro insistía en que la verdadera enseñanza no consistía en formar luchadores, sino en formar personas. Las pruebas físicas eran solo un medio para desarrollar una mentalidad más fuerte.
Una mentalidad capaz de afrontar dificultades sin perder el equilibrio.
Un relato de formación
El libro funciona también como una historia de iniciación.
El joven protagonista comienza su camino movido por una motivación casi infantil. Como el propio Serapio reconoció durante la presentación, él empezó a practicar artes marciales porque quería ser un superhéroe.
Las películas, los cómics y las historias de ninjas habían construido ese imaginario.
Sin embargo, la experiencia real fue muy distinta.
Durante aquella semana en Galicia, los jóvenes se enfrentaban a desafíos físicos agotadores, pero también a momentos de reflexión, relatos sobre filosofía marcial y enseñanzas sobre disciplina mental.
Todo ello en un entorno que reforzaba la sensación de aventura: montañas, antiguos poblados celtas, lugares cargados de historia.
Era, en cierto modo, un ritual de paso.
Una narración con espíritu cinematográfico
Quizá no sorprenda que muchas escenas del libro parezcan pensadas para la pantalla.
Antes de dedicarse al cine, Serapio dibujaba cómics. Esa formación visual se percibe en la forma de narrar: escenas muy claras, situaciones que se desarrollan casi como secuencias cinematográficas y una estructura que recuerda a los relatos de aventuras.
El propio autor reconoció que, cuando leyó el libro autobiográfico de Juan Hombre años atrás, imaginó inmediatamente una película.
De ahí nació el deseo de llevar esa historia al cine.
Acción con narrativa
Durante la presentación también hubo espacio para hablar de cine.
Serapio defendió que una buena escena de acción debe tener un propósito narrativo claro. No basta con golpes espectaculares o coreografías llamativas.
La acción tiene que servir para contar algo.
Si una escena puede eliminarse sin que la historia cambie, entonces no tiene sentido incluirla. Es una idea que resume bastante bien la filosofía del cine que intenta desarrollar: entretenimiento, sí, pero siempre ligado al desarrollo de los personajes.
Qué significa ser un guerrero
La conversación terminó con una pregunta sencilla pero profunda: qué significa hoy ser un guerrero.
La respuesta de Serapio y Juan Hombre coincidió en un punto esencial. Ser guerrero no consiste en pelear más fuerte que los demás.
Consiste en mantener la templanza.
En seguir adelante cuando las cosas se complican.
En confiar en uno mismo.
Las pruebas descritas en el libro —correr kilómetros, soportar el cansancio, enfrentarse al miedo— no eran más que metáforas de algo mayor.
Las dificultades de la vida real.
Las pruebas del guerrero.
Las pruebas del guerrero de Nacho Serapio (Autor) Detrás de cada artista marcial hay algo más que técnica
Hay existencias
Una historia sobre crecer
En última instancia, Las pruebas del guerrero no es solo un libro sobre artes marciales.
Es un relato sobre el crecimiento personal. Sobre los maestros que dejan huella. Sobre los amigos que acompañan en momentos decisivos.
Y sobre esas experiencias de juventud que, con el paso de los años, se revelan como momentos clave.
Serapio sigue trabajando en nuevos proyectos cinematográficos y en la expansión de su productora. Pero este libro ocupa un lugar distinto dentro de su trayectoria.
Porque, antes que una película o una coreografía de combate, lo que cuenta es una historia real.
La de un grupo de jóvenes que, durante una semana en Galicia, descubrieron que el verdadero combate siempre empieza dentro de uno mismo.
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El actor Nacho Serapio: del cine de acción a las pruebas del guerrero





