Crítica de El síndrome Rembrandt ★★½☆☆ (2026)

Crítica de El síndrome Rembrandt, película dirigida por Pierre Schoeller y protagonizada por Camille Cottin, Romain Duris y Céleste Brunnquell.

Una película que quiere abarcar demasiado para, al final, no llegar a nada.

De qué va El síndrome Rembrandt

Claire y su marido, Yves, llevan más de 20 años trabajando en una empresa que gestiona centrales nucleares en Francia. Sin embargo, después de una visita a la National Gallery de Londres y de encontrarse cara a cara con el arte de Rembrandt, algo cambia en el interior de Claire, que comienza a cuestionarse la seguridad y la eficiencia de las centrales en las que trabajan.

Crítica de El síndrome Rembrandt: una película caótica que no conecta bien sus ideas

El síndrome Rembrandt es una cinta bastante curiosa, pues intenta entrelazar dos temas tan diametralmente opuestos como la ecología y el arte para crear una historia que reivindique la defensa de la naturaleza ante el escenario ecológico catastrófico que podríamos tener a la vuelta de la esquina.

La palabra clave aquí es «intenta» porque, desgraciadamente, la película no consigue establecer una conexión clara entre ambas ideas. Esto supone un problema grave cuando toda la historia se sostiene sobre esa relación: sobre el hecho de que contemplar los cuadros de Rembrandt cambia algo en el interior de nuestra protagonista y la lleva a cuestionarse el trabajo de toda su vida. Sin embargo, el metraje avanza y nunca consigue ilustrar qué hay en esos cuadros que la impulsa a cambiar su perspectiva sobre su medio de vida.

La película intenta presentarse ante el espectador como una obra muy profunda, pero falla en lo más elemental: transmitir su idea y permitirnos comprender por qué los cuadros provocan esa reacción en Claire. Si la narrativa falla en este punto, es muy difícil que el resto funcione. A pesar de todo, hay alguna escena que se salva gracias al guion y que sus actores consiguen elevar. En concreto, destaca la reunión en la que se estudian las consecuencias que las centrales nucleares podrían tener a largo plazo sobre el ecosistema de Francia. Tristemente, es la única ocasión en la que la película consigue mantener un nivel tan alto.

De igual manera, al no lograr mostrar el desarrollo y las motivaciones de la protagonista —sus pensamientos y su mundo interior—, Claire acaba convirtiéndose en un personaje sumamente confuso. No está demasiado bien desarrollado y su cambio de parecer resulta completamente forzado —de nuevo, porque la película es incapaz de relacionar adecuadamente la obra de Rembrandt con los motivos por los que Claire comienza a sentirse así—.

Crítica de El síndrome Rembrandt

Un montaje a tijeretazos

La película de Pierre Schoeller también tiene un claro problema de montaje y dirección. No se debe tanto al trabajo de los actores como a la colocación de la cámara, un apartado que solo se salva gracias a algún que otro plano bastante interesante. En cuanto al montaje, da la sensación de que una parte considerable del metraje se ha quedado en el tintero. En varias ocasiones, parece que las escenas terminan mucho antes de lo que deberían. Se quedan a medias y dejan la sensación de que falta algo.

Esto también supone una dificultad a la hora de narrar la historia, pues, como he comentado antes, perjudica la construcción de su protagonista. Su arco es un borrón poco definido que nunca llega a sentirse orgánico.

A su favor juega que el mensaje que trata de lanzar es importante y que, en determinadas escenas, consigue calar. Sin embargo, la película no logra afianzarlo porque no termina de encajar bien sus piezas.

Una película perdida entre sus ideas

El síndrome Rembrandt trata de lanzar un mensaje ecologista mezclándolo con el poder inspirador del arte, pero ambas facetas no consiguen funcionar bien juntas, lo que acaba perjudicando a todos los aspectos de la cinta.

Elena Campos

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Crítica de El síndrome Rembrandt

Elena Campos
Estudié Comunicación Audiovisual porque me encantaba saber cómo se creaban mis historias favoritas. Ahora hablo de ellas y creo las mias propias a tiempo parcial y soy una apasionada de la cultura a tiempo completo

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