
No es una mala película, ni mucho menos. Aunque los puristas y aquellos que aman demasiado la original pueden sentirse dolidos o incluso ofendidos, creo que sin motivo, por esta versión, que es cierto aporta muy poco a la original, pero sabe exprimir la necesidad de que los que eran niños en 1991 cuando se estrenó aquella, lleven ahora a sus hijos más de 25 años después a disfrutar de la magia de Disney. En ese sentido la película sirve como nexo de unión entre ambas generaciones, como puente para que las familias disfruten de la experiencia en salas de cine, algo que ya no pueden hacer con la película animada. Y verla en el salón de casa no es lo mismo.
Funciona la película porque entretiene, porque el reparto se lo curra y ofrece una réplica magnífica de aquellos personajes, porque el diseño de producción es espectacular, empezando por el maravilloso castillo, porque el humor sigue funcionando y todos recordamos las canciones, incluido servidor que no es precisamente fan de los musicales. Funciona porque la historia ya funcionaba sin problemas y tenía encanto. Sigue entreteniendo y, pese a su duración de más de dos horas, no se hace larga, salvo que quien la vea sienta que le están traicionando (créanme, le ha pasado a más de uno y seguirá pasando).
El mayor problema es que pese a su presencia y magnífica puesta en escena, pese al presupuesto y el reparto, pese a la música y los decorados, la película no tiene magia. No encandila, no emociona como la otra. Bill Condon parece un director poco visual para este tipo de inventos y muchas veces la película parece estar rodada como un telefilm más que como cine, y eso se nota en la mítica escena del baile en el salón del castillo, con la canción que todos conocemos. No hay personalidad ni alma. Y se parece tanto, tanto, tanto a la película animada, que no tiene magia. No hay nada que sorprenda y hasta los nuevos números musicales parecen parte de la original. No respira como ente independiente, sino como copia de la otra. Para ese viaje no hacían falta tantas alforjas. Al contrario que la nueva versión de El Libro de la Selva, por poner un ejemplo, aquí nada va a sorprendernos, ni a maravillarnos. Es buena, sí, pero si se hubiesen arriesgado un poco (como con el tema de los personajes homosexuales, un gran avance para Disney) podía haber sido mucho mejor.
Jesús Usero
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