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sábado, noviembre 26, 2022
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Men ⭐⭐⭐

Men ⭐⭐⭐

Crítica de Men

Crítica de la película Men

Más interesante en su principio que en su exhibicionista final.

      Historia de una mujer enfrentada a una pesadilla que nace de una situación real de maltrato que brota en toda su virulencia precisamente cuando busca distanciarse del hecho que la provocó en un entorno natural aislado, Men confirma la tendencia del cine de Alex Garland de ser mejor en sus principios y en su ecuador de lo que acaba siendo en su final, cuando le toca resolver todo lo que ha sembrado. Otro tanto podría decirse incluso de su mejor película hasta el momento, Ex_Machina (2014), y más aún en el caso de Aniquilación (2018). Mención aparte merece su miniserie Devs (2020), que claramente sería superior en su conjunto a Aniquilación y a Men, y estaría a la altura de Ex_Machina.

         Men también confirma, al menos en sus primeros compases, el trabajo brillante de Garland en relación con los paisajes urbanitas o rurales, interiores o exteriores de sus historias, siendos siempre el territorio de interiores una especie de reflejo de lo urbanita que oficia a modo de isla perdida en la naturaleza remota. Y siendo, en Men como en el resto de sus propuestas, nota de autoría del director el choque urbano-rural, incluso cuando no llegamos a ver una ciudad como tal, sino solo en retazos, una especie de espejo en el que se miran los conflictos que sus personajes suelen arrastrar al territorio de lo natural.

Men ⭐⭐⭐

         El protagonismo de la mujer y de lo femenino en sus películas-fábulas de intriga/ciencia ficción, o en el caso que nos ocupa, Men, más bien intriga/terror, se mantiene también en este trabajo, adquiriendo si cabe un talante de mayor intensidad en la visión de lo masculino por el camino del tremendismo.

         Y finalmente, al menos en mi opinión, vuelvo a detectar una influencia del cine de Tarkovski con elementos de Lars von Trier en su arranque, aunque el desenlace de Men me recuerde más bien las pesadillas de la nueva carne propias del cine de David Cronenberg. Todo ello con un juego de intimismo pleno de significados construido desde la relación de la protagonista con la luz y el color que constituye otra de las características definitorias de los trabajos de Alex Garland.

         Espero que todo lo anterior valga para dejar claro que creo que Alex Garland es un director interesante y lo sigue siendo en el caso de Men, aunque ésta última me haya apartado por la vía del exceso de casquería gore innecesaria que me ha chocado aún más por exhibicionista frente al recuerdo de elegancia visual que presidía Ex_Machina.

Pienso que Garland es un director de autoría indiscutible al que siempre hay que acudir cuando estrena película o cualquier otra propuesta audiovisual. Su cine mantiene su atractivo e interés pisando con firmeza a la hora de entrar en el territorio de los géneros desde un punto de vista de autoría personal arriesgada y atrevida que sirve como dinamo de la relación de sus películas con los espectadores sin hacer concesiones a la galería.

         En su conjunto, y añadiendo Men, el cuerpo de obra de Alex Garland me parece estimulante para entrar en los géneros por puertas distintas a las habituales, incluso cuando cae en el exceso y la reiteración de la misma idea que he observado en esta película.

         Resultado de todo ello es que Men me parece mejor en su primer y segundo acto de lo que finalmente resuelve en el tercero, y que jugando la vía del simbolismo y un innecesario juego críptico deja más inconsistencias y flecos y temas abiertos de los que debería, incluso si la valoramos como un trabajo en proceso a completar por el propio espectador.

Por otra parte me parece demasiado obvia e incluso un punto simple en su recreación, inicialmente interesante, de la pesadilla recurrente de la protagonista como metáfora de las pesadillas que viven las mujeres bajo la presión de hombres posesivos y abusadores físicos y psicológicos. Esa ingenuidad y obviedad sale a la luz incluso en el planteamiento visual y la composición de planos como el del sacerdote y la protagonista sentados en el banco, sobre la pared exterior trasera de la iglesia, y con una cruz apoyada en el suelo en un extraño escorzo que define visualmente la contradicción en el personaje del sacerdote. Esa pesadilla en la cual todos los rostros masculinos se convierten en el mismo, una y otra vez, hasta el infinito. Hasta la náusea incluso, algo que la película consigue recrear con habilidad.

         El problema es que me gusta más en su arranque y cuando siembra preguntas que cuando me ofrece algunas respuestas abusando de la simbología. Me gusta más en su inicios de su juego con la naturaleza como oposición a lo urbano, en su recreación de la ciudad, y en la manera de mostrar esa especie de metáfora de la crucifixión del marido en la verja, así como en la propuesta de mitología precristiana. Me parece un astuto juego de materialización de visiones y pensamientos de la protagonista, dejando en el aire y a gusto del consumidor interpretaciones posibles sobre la pesadilla en que llegó a convertirse la relación con su marido, donde tienen cabida incluso el conflicto con la maternidad, quizá incluso un aborto, acompañando inseguridades, inmadurez y ataques de celos del marido posesivo y tóxico, añadidas a la incomprensión del resto de la sociedad sobre lo ocurrido.

         En su conjunto, y desde esos caminos, me ha recordado otras películas que han caminado en un momento u otro por parecido filo de la navaja, salvando todas las distancias entre las distintas claves autorales y/o visuales y narrativas de sus autores, películas que cito aquí a modo de recorrido cronológico por un camino de similitudes y diferencias con Men que espero me sepan perdonar pero al mismo tiempo confío en que pueda servir como pista para quienes estén interesados en  acercarse a un puñado de propuestas interesantes, como son Repulsión (Roman Polanski, 1965), La posesión (Andrzej Zulawski, 1981), Inseparables (David Cronenberg, 1988), o Anticristo (Lars von Trier, 2009). Cada cual en su línea y no necesariamente intercambiables entre sí o con Men, por mucho que personalmente y a título particular me haya surgido esta especie de mapa de parentesco entre todas ellas mientras veía esta película de Alex Garland.

Miguel Juan Payán

                                             

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Miguel Juan Payán
Miguel Juan Payán
Profesor de Historia del cine, Géneros cinematográficos y Literatura dramática

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