Christopher Nolan el artesano: Nolan apuesta por el rodaje tradicional en La Odisea y reabre el debate sobre el uso del CGI
Desde el comienzo del rodaje de La Odisea, Christopher Nolan ha puesto de actualidad el legendario debate sobre si el uso excesivo de las imágenes creadas por un software informático lastra la naturalidad audiovisual de una película. Las declaraciones del cineasta de El caballero oscuro, respecto al empleo de nuevas cámaras IMAX para la grabación de la citada epopeya homérica, parecen indicar que la decisión de prescindir en gran parte del metraje de los llamados computer-generated imaginery (CGI) está justificada por la espectacularidad con que Nolan pretende exhibir la historia de Ulises, y de su accidentado viaje a la isla de Ítaca.
El cineasta británico está trabajando con cámaras de película IMAX capaces de sincronizar el sonido y la imagen en el momento de la grabación (estos aparatos solían producir un ruido notable, y obligaban a tomar los diálogos aparte, con lo que se perdía la frescura del momento). Así lo ha asegurado Ryan Coogler, quien fue asesorado por Nolan para elaborar con tecnología IMAX su film Pecadores.
Las preferencias del oscarizado director de Dunkerque por el proceso de IMAX son bien conocidas, avalado por los estudios de Universal Pictures. No en vano, Oppenheimer (su último título estrenado en salas) fue rodada en película IMAX de 70 mm. Semejante defensa de esta tecnología cinematográfica viene determinada por la diferente calidad de sonido e imagen que transmite la grabación en este sistema, y que permite una involucración más sincera de los espectadores con lo que está sucediendo en la pantalla.
Por su parte, las imágenes creadas por ordenador son utilizadas para diseñar nuevos entornos y personajes, sin que sea necesaria su existencia en la realidad; algo que Nolan encuentra un poco frío y ajeno a la identificación con entornos creíbles. No obstante, el responsable de Memento también ha echado mano del software informático en sus cuidadas obras en formato de celuloide.

El regreso a los estilos de grabación más tradicionales
En la actualidad, la añoranza de los rodajes clásicos ha empezado a ganar terreno, frente al dominio del CGI proclamado por muchos de los estudios que defienden su utilización en la casi totalidad del metraje de una película, y que conllevan interesantes rebajas en los costos de financiación.
En 2014, y como defensa a ultranza de los viejos materiales de rodaje, Christopher Nolan, J. J. Abrams, Quentin Tarantino y Judd Apatow se unieron para lograr que los estudios de Hollywood lanzaran una cruzada en favor de preservar la existencia de la película Kodak para producir largometrajes.
Dentro del citado grupo resulta especialmente significativo el caso de Tarantino, amante confeso de un tipo de cine con imperfecciones en el visionado, muy en la órbita de las obras de serie B elaboradas en los años setenta del pasado siglo XX. Tal obsesión le ha llevado a mezclar la película en 35 mm, y alternarla con partes grabadas en super-8, 16 mm y material cedido por Kodak (Tarantino lo usó, por ejemplo, para algunas de las escenas de Érase una vez en… Hollywood).
Otro de los casos más conocidos de artesanía fílmica lo protagoniza Francis Ford Coppola, quien optó por métodos más tradicionales para evocar las atmósferas góticas de Drácula. Los juegos constantes entre las luces y las sombras dotaron al filme de una corporeidad sobrenatural que favoreció a la hora de elevar las emociones vampíricas que se reflejaban en la pantalla.
Reivindicaciones artesanales para mermar la manipulación audiovisual
Según los anales del séptimo arte, el CGI empezó a ganar adeptos a raíz del estreno de Almas de metal (Michael Crichton, 1973), donde la informática permitió mostrar la apariencia del androide encarnado por Yul Brynner. El mismo cineasta, Michael Crichton, volvió al software de los ordenadores para enseñar los efectos del CGI en el primer cuerpo humano realista, dentro del filme Ojos asesinos, en 1981. Una tecnología que ha alcanzado su máximo apogeo con la animación (Toy Story), la ciencia ficción (Star Wars) y el cine de superhéroes (Superman, Spider-Man).
Christopher Nolan parece no mostrarse muy favorable al uso excesivo de este tipo de grabación inventada desde la nada, y prefiere sentar las bases de los escenarios sobre imágenes reales; así como la acción que describe el guion. Sin embargo, el propio Nolan también ha recurrido en numerosas ocasiones al diseño informático para versionar la supuesta realidad (en Oppenheimer, por ejemplo, incorporó sutilmente CGI en las pruebas de las explosiones nucleares, pese a que lo negara en un principio).
Habrá que esperar hasta 2026 para apreciar la épica en clave IMAX que propone Nolan en La Odisea, quizá cierre un debate que no deja de crear una ligera controversia de vez en cuando.
Jesús Martin
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