Crítica Bajo un volcán película dirigida por Martín Cuervo con William Levy, Maggie Civantos, Adriana Torrebejano
Con el alma de una disaster movie de los noventa, Bajo un volcán intenta hacer algo pocas veces visto en nuestro cine.
De qué va Bajo un volcán
Mario Torres, piloto militar, llega a Tenerife ante una posible catástrofe natural que ponga el volcán en erupción. Todo peligro parece haber pasado, pero una vulcanóloga, Dani, parece convencida de que el volcán va a entrar en erupción, pese a la oposición del resto de expertos. La relación entre Dani y Mario será tensa, y ambos tendrán que lidiar con sus diferencias para descubrir qué va a suceder en la isla.
Cine de catástrofes, un género en el que no nos prodigamos en España
El cine de catástrofes naturales no es un género en el que nuestros directores se prodiguen en exceso. Podemos contar Lo imposible, de J.A. Bayona, o Los últimos días, quizá. Pero no es algo habitual porque es un género que requiere de una fuerte inversión económica para dar al público lo que espera de este género, un género que en los noventa triunfaba en las salas de cine. También en los setenta, claro, pero creo que podemos decir que Bajo un volcán está más cerca del espíritu noventero de este tipo de historias.
Por eso es digno de elogio el esfuerzo de Sequoya Producciones por hacer una película de este tipo, con sus limitaciones, pero que pueda brindar a la audiencia un espectáculo visual de primer orden en el que sintamos el peligro de un volcán en posible erupción. Hay todo un trabajo considerable de producción por parte del equipo de la película, pero también del director, Martín Cuervo, por llevar la historia a buen puerto, con una duración ajustadísima que no alcanza los noventa minutos, y con un reparto más que interesante. Porque cuando llega la hora de la verdad, Bajo un volcán cumple y ofrece justo lo que la audiencia busca.
Y, como hemos dicho, el reparto cumple y nos permite entrar en la historia, liderado por William Levy y Maggie Civantos como los dos personajes centrales. Ambos tienen una más que buena química en pantalla y el viaje romántico de los personajes está bien servido para los espectadores, que buscarán algo así en la trama, como mandan los cánones del género. También aporta mucho la presencia de nombres como Adriana Torrebejano, Elia Galera o Fabiola Guajardo, aunque el guión no dé mucho espacio a las dos últimas, como tampoco explota como debería la vis cómica de Antón Lofer.

Problemas de guión, pero espectáculo garantizado.
Quizá en la mejor vertiente del propio género, su debilidad es su guión. Su estructura es demasiado simple, tan simple que cuesta implicarse en la historia, especialmente en el romance, porque no da contexto a los personajes secundarios como debería, y porque hay diálogos que son difíciles de digerir. Es un guión que necesitaba una vuelta de tuerca más, una revisión que permitiese conocer mejor a los personajes, enfrascarse en su historia y que no cayese en contradicciones de los mismos que pueden llegar a ser desconcertantes para el espectador.
Pero el resto lo hace bien, y ofrece algo que no vemos habitualmente. Hasta el punto de ser una de esas películas que merecen la pena verse en una pantalla cuanto más grande mejor. Y entretiene los suficiente como para que nunca nos aburramos. Su duración es tan ajustada que, cuando quieres darte cuenta, la película ha terminado y se encienden las luces. Economía de medios y narrativa para una simpática producción de catástrofes que demuestra que, puestos a ello, no hay ningún género que se nos resista.
Jesús Usero
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