Crítica de Toy story 5 película dirigida por Andrew Stanton
Más drama que aventura, más tristeza que risas, en una fórmula agotada.
Esta quinta entrega de la franquicia de juguetes de Pixar no ha encontrado el camino para salir adelante como una alternativa de continuidad a la trilogía original de películas. Ni siquiera consigue emular el entretenimiento que estaba presente en la cuarta entrega, su predecesora, aunque aquella tampoco llegara a estar a la altura de los tres primeros largometrajes.
Falla el relevo del protagonismo
No les funciona cambiar el protagonismo de Woody por el de la vaquera Jessie, principalmente porque lastran a esta última con el peso de tener que ser el epicentro de una trama de timidez extrema de la coprotagonista humana. Eso corta el rollo de la habitual sucesión de chistes con doble sentido y aventura disparatada que caracterizó las películas anteriores. Hay aquí mucho drama sobre aceptación y rechazo en el argumento central de la muñeca y su niña, que apenas deja espacio para respirar a la intervención de Woody y Buzz Lightyear.
De manera que han ahogado todo el potencial que Jessie tenía de partida para tomar el relevo del personaje de Woody, empeñados en darle la vuelta al calcetín a la fórmula original que ha convertido esta franquicia en icono: abordar los problemas de los humanos a través de las peripecias de los juguetes, no los problemas de los juguetes a consecuencia de las decisiones de los humanos.
Se hace larga y es repetitiva
Hay aquí mucha niña tímida con problemas para hacer amigos y poco momento gamberro y simpático de absurdo. Se rompe así el concepto más interesante: que sean los juguetes los que definan a sus dueños, en lugar de que los dueños queden definidos por las neuras de los juguetes. Esto, por otra parte, ya había sido explorado en la película anterior sin restarle tanto espacio ni peso a la aventura juguetera propiamente dicha.
El resultado es una película que se hace larga, en la que las partes de acción son repetitivas en recursos y propuestas ya explotadas hasta la saciedad en entregas anteriores. Sorprendentemente, la película no tiene nada nuevo que aportar. Se fuerza el relevo de protagonismo para nada y, en general, se va desmoronando todo el ritmo y la magia de las tres primeras películas, e incluso la posibilidad de ser un potable entretenimiento como la cuarta.
Porque, para decirlo más claro, esta película se hace, en general, aburrida, repetitiva y muy desorientada a la hora de desarrollar con el ritmo adecuado su fórmula argumental de tres líneas de peripecias en paralelo.
En tal paisaje, Toy Story 5 vuelve a mostrar los síntomas de agotamiento de la franquicia que se insinuaban ya en Toy Story 4, pero se muestra más torpe en su intento de ampliar la fauna de personajes que incorpora y parece haber olvidado la necesidad de mantener un tono de humor muy por encima del drama. Se le va mucho la pinza en la llorera y mata las risas. No cuenta con una escena icónica potente que resuma todo el argumento de manera sólida, como sus predecesoras; no saca partido de ese ejército de personajes que maneja, una idea, por otra parte, demasiado manida y quizá excesivamente mimética de la de los Minions de la competencia, pero con la cual no son capaces de explotar sus posibilidades para generar momentos de humor eficaces. El viaje de los Buzz se desperdicia, el potencial de Jessie se desperdicia y el regreso de Woody y Buzz Lightyear también.

Falta de ingenio para sacar partido a su tema
Tampoco acierta Toy Story 5 en su intento de plantear lo que podría haber sido lo más interesante de su propuesta. La reflexión sobre el efecto de la pandemia de pantallas entre la infancia y la juventud, como alternativa de ocio frente a los juegos y juguetes tradicionales que estimulan la imaginación de los más jóvenes, es un recurso demasiado trasnochado para construir una crítica sólida contra la ineptitud, la impaciencia y el aceleramiento que está mostrando nuestra especie en su abordaje, uso y abuso de la inteligencia artificial. Por otra parte, no se atreve a posicionarse ante dicha cuestión claramente, moviéndose de perfil en una tímida crítica que priva a toda la trama de la capacidad para generar debate desde la sátira presente en las cuatro películas anteriores.
Es una pena que, a pesar de la importancia y el interés de este asunto, les haya faltado el afilado ingenio para sacarle partido que sí mostraron las tres primeras entregas. Pocas ganas de ver más entregas.
Miguel Juan Payán
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Crítica de Toy story 5



